Y tú, ¿qué haces para detener el aborto?

Se realizó en Denver la Marcha por la Vida

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Abbi Johnson

Para Abby Johnson, ex empleada de la multinacional Planned Parenthood, el objetivo de la lucha pro-vida no es hacer que el aborto vuelva a ser ilegal sino que sea algo “impensable”.

Así lo dijo durante el discurso que ofreció en el mitin que se realizó previo a la Marcha por la Vida, el pasado 14 de enero en frente del capitolio de Colorado.

A la marcha asistieron decenas de miles de participantes para defender la vida del no nacido y conmemorar el 44 aniversario del caso Roe v. Wade, aprobado en 1973 por la Corte Suprema estadounidense, con el que se logró que el aborto fuera legalizado en todos los estados del país.

“Y tú, ¿qué haces para detener el aborto?”, preguntó Abby a los asistentes. “Venir a esta marcha no es suficiente. Vayan a sus casas hoy y disciernan cómo van a tomar los valores pro vida y vivirlos cada día de sus vidas” exhortó la hoy líder pro-vida.

 

Presencia hispana

32194544791_051a60d4c4_bEste año la Marcha por la Vida contó con la presencia de un buen número de hispanos que se atrevieron a caminar por los alrededores del capitolio, desafiando las bajas temperaturas propias de esta época.

El evento estuvo presidido por cuatro misas en español que se celebraron de manera simultánea. Una de ellas fue en la parroquia – santuario Our Lady of Guadalupe y estuvo presidida por el obispo auxiliar de Denver monseñor Jorge Rodríguez.

“El niño siente dolor cuando lo descuartizan. ¡Pobre niño! Grita de dolor silenciosamente y nada se escapa a la mirada de Dios”, dijo el Obispo en su homilía refiriéndose al no nacido que es abortado.

“Nunca olvidemos en nuestra lucha por la vida, todo temor será destruido. Porque hay misericordia para quien se arrepiente, hay misericordia para quienes han cometido esos crímenes, hay misericordia para el pasado. Si no hemos hecho nada por esto, también hay misericordia para nuestra apatía e indiferencia. (…) Dios está de nuestra parte y nos ofrece toda su ayuda para el futuro”, puntualizó monseñor Rodríguez.

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Monseñor Samuel Aquila, arzobispo de Denver.

Por su parte, el arzobispo de Denver monseñor Samuel Aquila, durante el discurso que pronunció antes de la marcha, dio la bienvenida en español a los hispanos presentes.

“La triste realidad es que la comunidad latina es uno de los objetivos fuertes de la industria del aborto”, dijo. Por ello la presencia de los hispanos “ayuda a que estas mentiras estén cada vez más expuestas”.

“Yo los les insto a que sigan recurriendo a Nuestra Señora de Guadalupe como su inspiración para proteger a los no nacidos, a los ancianos, discapacitados y a todos aquellos cuyas vidas están amenazadas”, indicó el prelado.

El Arzobispo señaló también la importancia de la oración para que la vida sea respetada en todos sus estadios. Asimismo invitó a todos los participantes a qe estén “políticamente vigilantes y activos” y a “entrar en la plaza pública. Esto es lo que significa ser misioneros”.

 

Jóvenes en primera fila

31472247194_c90d8771fd_bLa Marcha por la Vida contó con una gran afluencia de jóvenes. El Pueblo Católico entrevistó a algunos participantes entre ellos Jessica Rocha de la parroquia Annunciation: “Soy una joven de 20 años y estoy esperando un hijo. En esta cultura se ve como un obstáculo, como algo que te va a destruir la vida. A mí me han preguntado por qué no he pensado en abortarlo y yo les he dicho que veo a mi bebé como una bendición. Nunca sabemos cómo la llegada de un hijo te puede ayudar”.

Mientras tanto Cristóbal, un joven de 15 años de la parroquia Saint Pius X dijo que al participar en este evento está ayudando a “salvar más vidas”. “Desde niño me han enseñado que la vida es un don. Los jóvenes tenemos que involucrarnos, ir a los centros de aborto y rezar por los que ya están allí”, indicó el adolescente.

“Cada vida cuenta ante Dios”, aseguró en su discurso Chris Stefanick, otro de los oradores invitados a la marcha y fundador de Real Life Catholic.

Stefanick dijo que Jesús “nos revela lo importante que somos para Él cuando muere en la cruz. Ese es el mensaje del Evangelio”.

Y dijo que la manera como los niños empiezan a identificarse “no es mirándose al espejo sino mirando el rostro de su mamá y su papá. Nosotros miramos el rostro de Dios para conocer cuál es nuestra dignidad”.

“Vivimos en un mundo que ha olvidado la corona que Dios ha puesto en nuestras cabezas” y luego se dirigió a los inmigrantes, los habitantes de la calle, los enfermos y los no nacidos: “Estamos aquí para celebrar la vida”.

Con la colaboración de Therese Aaker y Rocío Delgado.

Próximamente: La ballena de la muerte

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La semana pasada se dieron a conocer las infelices declaraciones del supuesto autor del juego “La Ballena Azul”. Philipp Budeikin, ruso, de 22 años, expulsado de la facultad de psicología y detenido desde noviembre pasado, dijo sin mostrar ningún tipo de remordimiento: “Sí, realmente lo hice, murieron felices. Les di lo que no tienen en la vida real: calidez, comprensión y comunicación”.

Y según sus declaraciones, Budeikin se cree con el criterio de dividir a los adolescentes en dos grupos: “personas” y “residuos biodegradables”.  De incitar a los jóvenes que pertenecen al segundo grupo (según su tétrica clasificación) a quitarse la vida. “Los residuales son aquellos que no tienen ningún valor para la sociedad, sino que, al contrario, le hacen daño a esta. Yo estaba limpiando la sociedad de esas personas residuales”, comentó a la prensa.

Cincuenta retos en cincuenta días que se aprovechan de jóvenes vulnerables, (¡cuántos de nosotros lo fuimos también!) que viven quizás en alguna situación de soledad o que pasan por un momento de tristeza o confusión y que, al no hallar un sentido en su vida real, buscan refugio en el mundo virtual. Es allí donde estas mentes tan moldeables se encuentran con un juego que los atrapa, con maestros anónimos por quienes se dejan “guiar” y hacia quienes sienten temor por las amenazas que reciben en contra de sus familias si no les hacen caso.

Uno de los retos es ver por un día entero películas de terror enviadas por su “maestro” para alterar sus emociones, hacerlos más vulnerables y predisponerlos para aceptar los retos más peligrosos: cortarse la piel hasta tatuarse una ballena, pararse frente a un piso alto y finalmente lanzarse desde un edificio para morir.

Al ver este fenómeno, que al parecer también ha cobrado víctimas en Colombia, me pregunto por la situación de estos jóvenes. Quizás muchos de ellos adolecían de esa “calidez, comprensión y comunicación”. Quizás sus padres estaban demasiado ocupados y pensaron que la mejor manera de entretenerlos era llenándolos de aparatos. A lo mejor no hubo tiempo para una adecuada supervisión sobre lo que veían en las redes. Ni para un diálogo abierto sobre los peligros de navegar solos en el ciberespacio sin ningún límite.

Es normal que los adolescentes se hagan preguntas sobre el sentido de su propia vida. Que experimenten una fuerte necesidad de ser queridos y orientados. En sus mentes van gestándose los sueños que serán decisivos para el desarrollo de su vida adulta.

Necesitan sentirse valiosos (¡y lo son!) y superar retos en los que descubran sus capacidades. Pero estas inquietudes deben plantearse en el mundo real y no a maestros anónimos. Es en el seno de una buena familia, de profesores comprometidos donde encontrarán la “calidez, comprensión y comunicación” pero no aquella inventada por Budeikin sino la que ofrecen de seres humanos que buscan orientarlos en un momento que es clave, hacia una vida llena de sentido. En la que entiendan están muy lejos de ser “residuos biodegradables”.