Visitando parroquias con ministerio hispano

Fieles de Colorado agradecer cercanía de Mons. Aquila

Mayé Agama

“El obispo tiene que fomentar la comunión misionera en su Iglesia diocesana… a veces estará delante para indicar el camino y cuidar la esperanza del pueblo, otras estará simplemente en medio de todos con su cercanía sencilla y misericordiosa y en ocasiones deberá caminar detrás del pueblo para ayudar a los rezagados”. Con estas palabras de la Evangelii Gaudium, el Papa Francisco marcó la misión de los prelados en el mundo. Aquí en Denver, durante el mes de diciembre, el Arzobispo se encargó de hacerlas propias, visitando varias parroquias, 3 de las cuales trabajan con la comunidad hispana.

Amor a la Morenita

“Pese a la inclemencia del clima, nuestro Arzobispo está con su pueblo. Haga frío o calor, él está ahí”, dijo Teresa Ríos, parroquiana de la parroquia Our Lady of Guadalupe, en Denver, al ver a Mons. Samuel J. Aquila presidir la procesión del 8 de diciembre pasado, en honor a la Morenita. Se trataba de la primera visita pastoral del Arzobispo, quien también celebró la Eucaristía que dio inicio a las celebraciones guadalupanas de la zona.  “Esto me recuerda las palabras del nuestro Santo Padre que ha dicho que los pastores necesitan estar con sus ovejas; que tienen que oler a oveja. Nuestro Arzobispo está dándonos ese testimonio hoy”, agregó Teresa agradecida.

“Como todos ustedes saben, yo tengo un amor y devoción especial a la Virgen de Guadalupe y por eso me alegra estar aquí, sobre todo porque Ella quiere que nos acerquemos a Jesús”, dijo el Arzobispo al comenzar su homilía. Alentó a los presentes a crecer en la intimidad y amistad con Jesús y para ello, los instó a recurrir al sacramento de la Reconciliación. “No tengan  miedo, no teman recurrir a este Sacramento de misericordia y salvación. Si hace años no te confiesas, no importa. Anda y reconcíliate con Dios”, afirmó el Arzobispo.

La Misa fue concelebrada por el párroco, P. Benito Hernández y dos sacerdotes más de la comunidad. Estuvo adornada no sólo con rosas de las fiestas guadalupanas, sino también con cantos y rezos.

Al final de la Misa, Mons. Aquila salió en procesión junto con el P. Benito y más de 300 fieles, siguiendo la Cruz y la querida imagen de la Lupita. Fue en una de las mañanas más frías de Colorado, con 9 grados farenheit.

Cristo siempre en el centro

Días después, el 15 de diciembre, Mons. Aquila visitó la parroquia St. Joseph, en Denver para dedicar el altar central, en una solemne ceremonia realizada el tercer domingo de Adviento, el de la alegría. Sin duda, fue una gran alegría porque los parroquianos recibían por primera vez a su pastor, y además celebraban el 125 aniversario de fundación de su parroquia.

Al iniciar la ceremonia, el Arzobispo dio unas palabras en castellano, pues el 90% de los parroquianos es hispano. “Estoy muy contento de estar acá con ustedes porque tendremos una ceremonia muy importante al consagrar el altar, pues nos recordará que el verdadero altar es Jesucristo”.

Durante su homilía, Mons. Aquila afirmó que el altar “nos recuerda siempre, el sacrificio de Cristo en el que murió por ti y por mí”. Cada vez que celebramos la Eucaristía, dijo, “se nos recuerda el gran acto de amor que Jesús ha hecho por cada uno de nosotros”.

Durante el rito de la dedicación, el Arzobispo ungió el altar con el sagrado óleo, luego lo incensó y finalmente encendió las velas, como símbolo de que la verdadera Luz que es Cristo, se hará presente en el sacrificio del altar.

Los parroquianos contemplaron en silencio cada gesto litúrgico, mientras un grupo de seminaristas de Denver, entonó las letanías, el Veni Crator Spiritus y Jesu, Rex Admirabilis. La Iglesia lucía hermosa, no sólo por la solemnidad de la ceremonia, sino también por las renovaciones realizadas en los últimos tiempos, gracias a la ayuda de los mismos parroquianos.

El Arzobispo concelebró la Eucaristía con el párroco, P. Mario Ramirez y el sacerdote redentorista, P. Tat-Thang  Hoang.

“Fue una experiencia tremenda, sentí que nuestro Señor llegó hacia mi corazón porque nunca antes había estado en una misa tan especial, con la consagración del altar”, dijo Susana Navarro de Gutiérrez, parroquiana desde hace 6 años. “Fue una experiencia muy bonita porque además vi al Arzobispo muy feliz, y me dije, el Señor está aquí. Le doy gracias a mi padre Dios por ello”.

En adoración

2 días antes de Nochebuena, el Arzobispo tomó rumbo hacia el norte de Denver, hacia Loveland. El motivo fue la dedicación de la nueva Capilla de Adoración Perpetua de la parroquia St. John the Evangelist, bajo el nombre de Nuestra Señora de Guadalupe.

Es hermoso bendecir esta capilla, dijo Mons. Aquila el 22 de diciembre, “porque nos ayudará a reconocer el gran regalo de la Eucaristía”.

“Los invito a que cuando estén en adoración eucarística, abran siempre su corazón al Señor para escuchar la voz de Jesús y para que sus corazones ardan de amor por Él”, agregó el Arzobispo.

“Todos estuvieron felices y arrebatados por la visita”, dijo el párroco, P. Frank García. “La Misa estuvo preciosa, el Arzobispo habló muy bien, y los rostros de todos estaban llenos de alegría”, agregó el padre. “Después de 12 años de trabajo, fue muy especial ver nuestro sueño hecho realidad. Hoy finalmente ya tenemos nuestra capilla”, compartió agradecido el sacerdote de origen cubano.

La capilla de adoración en Loveland, será la primera del norte de Denver que tendrá adoración perpetua, 7 días de la semana, durante las 24 horas del día. “Será un lugar donde tendremos el Santísimo Sacramento expuesto siempre, para que la gente pueda venir a adorarlo y contemplarlo en silencio sagrado”, señaló el P. García.

St. John the Evangelist está creciendo mucho, y cada vez recibe a más miembros de la comunidad hispana. Según el párroco, cada domingo llegan a la misa en español un promedio de 300 personas, provenientes no sólo de Loveland, sino de Greely, Fort Collins, entre otros.

 

Próximamente: Memorias de la hermana Lucía

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