Viernes 13 de octubre: de la superstición a la consagración

El arzobispo Samuel Aquila consagró la Arquidiócesis al Inmaculado Corazón de María

Therese Bussen

Según las tradiciones de la superstición el viernes 13 es una fecha de mala suerte. Sin embargo, la Arquidiócesis tomó este como un día sagrado.

Con motivo de la celebración del centenario de la aparición final de la virgen a los pastorcitos de Fátima y del milagro del sol, el pasado 13 de octubre centenares de personas se reunieron en la Catedral Basílica Immaculate Conception y cientos más asistieron a las ceremonias que se celebraron de manera simultánea en sus respectivas parroquias a lo largo y ancho de la Arquidiócesis de Denver, cuando el arzobispo Samuel Aquila consagró la arquidiócesis al Inmaculado Corazón de María.

El evento, que se transmitió en directo vía live Stream, comenzó con una procesión y exposición del Santísimo Sacramento, seguido de momentos de silencio. Luego el director de vocaciones de la Arquidiócesis, el padre Ryan O’Neill dirigió el rezo del santo rosario y después realizo una explicación de la importancia de esta consagración.

Padre Ryan O’Neill. Foto de Anya Semenoff.

“Estamos aquí en la oscuridad de un día de mala suerte para celebrar algo bello y santo: la fiesta de Nuestra Señora de Fátima”, dijo el padre O’Neill. “Hoy es un día de mucha suerte para nosotros, es más, es un día bendecido. En medio de nuestros miedos viene una mujer vestida de blanco”.

Luego de un momento de adoración silente en frente de la Eucaristía, el arzobispo Aquila se dirigió a los fieles antes de la oración final de consagración, recordando el milagro que ocurrió hace 100 años aquel día.

“Nuestra Señora dijo: ‘al final mi inmaculado corazón triunfará’ (…) en esto, nosotros vemos el corazón de María y su amor por Jesús. Las últimas palabras que se registran de María son: ‘Haced lo que Él os diga’. Ella constantemente nos recuerda a su hijo y su más profundo deseo es que tengamos un corazón tan puro como el suyo”, dijo el Prelado.

El arzobispo Aquila recordó a los fieles que Nuestro Señor “nos prometió darnos un nuevo corazón y María quiere que abramos nuestros corazones a la salvación y a Jesús”.

El prelado hizo alusión a cuatro temas que nos pueden llevar a tener una intimidad más profunda con Jesús: El don de la fe, de la conversión, la oración por la paz y el recuerdo constante de la esperanza que da el mensaje de Nuestra Señora.

“María nos invita a poner nuestra fe en Dios, a creer en su amor por el mundo y en poner nuestra confianza en Él”, dijo. “Necesitamos orar por nuestra propia conversión, así como por la conversión del mundo entero”, agregó.

“Ella también nos recuerda que debemos orar por la paz del mundo”, puntualizó el Arzobispo. “Puede que no estemos viviendo una guerra mundial, pero hay muchas guerras pequeñas. Vemos amenazas de guerra en Corea del Norte y existe esa angustia, pero ¿qué tan seguido le pedimos al Señor que nos conceda la paz?”.

“La paz que el Señor nos da no está exenta del sufrimiento de la cruz”, agregó el Arzobispo. “Esta es la paz que María conoció al pie de la cruz. Estamos orando por esa paz hoy”.

El arzobispo Aquila concluyó, recordándole a la arquidiócesis que con las apariciones de María siempre viene un mensaje de esperanza – que la vida tiene un significado y que existe la vida eterna.

El padre O’Neill también señaló tres eventos en la vida de María que nos ofrecen un ejemplo de sus virtudes que deben ser imitadas: la anunciación, las bodas de Caná y su amor a los pies de la cruz.

En la anunciación el padre O’Neill dijo: “María recibe el don que Dios quiere darle”, y que, a menudo, nosotros deseamos cosas muy diferentes a la gran bendición que Dios quiere darnos.

En Caná, María mostró una humilde confianza. Ella le hizo ver a Jesús una necesidad de manera muy confidencial y tenía la certeza de que Jesús le respondiera como Él quiso”, dijo el padre O’ Neill.

“Santa Teresa oraba así”, dijo el director de vocaciones. “Ella dijo que aún si las cosas no resultan como tú quieres, recuerda que Jesús te ama tanto que si tú pudieras ver este amor morirías de éxtasis. No por lo que Él te da sino por lo que Él es”.

El tercer ejemplo está en la cruz. “Cada cruz es una preparación para una bendición más grande, una maduración de nuestra alma para una gracia más grande. Yo quiero que ustedes vean la cruz como algo bueno que viene a tu vida”, dijo el padre O’Neill.

Como la arquidiócesis se ha unido al arzobispo en la oración de consagración al Inmaculado Corazón de María, los fieles rezan: “Que cada país, cada persona en el mundo venga a tu amor maternal a través de tu intercesión, que cada ser humano encuentre a tu hijo Jesucristo y que convierta en la persona que Él quiere que sean”.

“Mientras que oramos al Inmaculado Corazón de María oremos con fe… para que amemos al Señor Jesús como María lo amó, para que oremos por la paz y oremos por la esperanza, enraizada en la promesa de la vida eterna”, concluyó el Arzobispo. “Esto solo sucederá si tenemos nuestros corazones fijos en Jesús”.

Próximamente: “Bautiza a tu hijo”, insistió su amiga. Hoy él es sacerdote.

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Foto de Andrew Wright. De izquierda a derecha Angela Brown, el padre Angel y María Delfin.

Ángela y María eran dos grandes amigas cuando estudiaban en la escuela Estudios Espaillat de Santo Domingo, República Dominicana. Cuando cursaban 6 y 7 octavo respectivamente quisieron hacerse una promesa mutua, algo así como un pacto de amistad: “cuando tenga mi primer hijo, tú serás la madrina”.

En la foto se ven Ángela sosteniendo a su hijo Ángel el día de su Bautizo.

Pasaron los años, se graduaron de secundaria, cada una tomó su rumbo y María pasaba la mayor parte del tiempo en los Estados Unidos. Era 1987 y Ángela esperaba su primer hijo. María se enteró del embarazo de Ángela y no olvidó su promesa. “¿Cuándo será el Bautizo?”, le preguntó. La pregunta tomó por sorpresa a Ángela. No tenía entre sus planes bautizarlo. Ni siquiera ella había recibido este sacramento. “Cuando pensé que María podía ser la madrina de mi hijo, lo veía más como un compromiso social”, confesó Ángela a Denver Catholic en español. Sin embargo, tras la insistencia de su amiga, esta mujer decidió bautizar a su hijo cuando tenía 17 días de nacido.

María regresó a los Estados Unidos y no volvió a saber nada de Ángela ni de su ahijado. Meses después se mudó definitivamente a este país.

Una vocación que floreció

Ángel creció alejado de la Iglesia pero aún así se veía en él un espíritu solidario y abnegado. “Cuando él tenía entre 3 y 5 años, noté que poseía una bondad poco usual a esa edad”, confiesa su madre.  “Le encantaba compartir sus juguetes con otros niños, no para él jugar, sino para que ellos jugaran”.

Cuando Ángel tenía 14 años un grupo de misioneros tocó la puerta de su casa. Querían invitarle a él y a su familia a una catequesis del Camino Neocatecumenal. Así, tanto él como su madre comenzaron un itinerario de fe. Ángela fue bautizada después y se casó por la Iglesia.

En 2008, el joven participó en una peregrinación a Nicaragua y allí sintió que Dios lo llamaba a ser sacerdote. Le asignaron el seminario Redemptoris Mater de Denver como su lugar de formación. Llegó en enero de 2011, luego de haber estudiado dos años en el seminario de su ciudad natal.

“El buen Dios, que ya lo había elegido, puso a María en mi vida para que con urgencia él recibiera el primer sacramento de iniciación cristiana”, reconoce la madre del hoy padre Ángel.

Y retomaron el contacto

María, su madrina, hasta el momento desconocía el paradero de Ángel. “No viajaba con frecuencia a Santo Domingo. Hace dos años estuve allí y fui a visitar a la madre de Ángela pero justo había salido. La esperé un rato pero no regresó. No tenía cómo retomar el contacto”, comparte.

Y cuando Ángel ya estaba terminando sus estudios en el seminario su madre se propuso buscar a María a través de las redes sociales hasta que la encontró. Meses antes de la ordenación sacerdotal Ángela le comunicó a María un deseo que su hijo tenía: “Él quiere que tú estés presente cuando reciba el sacramento del orden”. María se sintió un poco avergonzada, pues no lo acompañó como madrina durante todos estos años. Aún así decidió viajar con su esposo Julio desde Orlando – Florida, donde residen actualmente. “La noche anterior no dormí bien, estaba muy emocionada y nerviosa. La última vez que lo vi fue el día de su Bautizo, hace 31 años”, confiesa.

El día antes de su ordenación, ella llegó con su esposo al seminario Redemtporis Mater, “entré al comedor y ahí lo vi, junto con varios seminaristas, le dije: ‘Soy tu madrina’ y él me abrazó”, comparte María mientras dejaba escapar un par de lágrimas.

El padre Angel Miguel Pérez-Brown se ordenó el pasado 19 de mayo en la catedral- basílica Immaculate Conception de Denver, Colorado junto con otros cuatro nuevos sacerdotes.  “No recuerdo haberme sentido tan feliz como hoy”, dijo María horas después de la ceremonia.

“Él pensaba ser ingeniero”, recuerda su madre. “Si yo hubiera asistido a su graduación me sentiría muy complacida pero me complace doblemente verlo como sacerdote porque su misión es salvar almas y hacer que las personas intenten ganar el cielo”.

El nuevo sacerdote asegura que su madrina “ayudó a plantar esta semilla” por eso él quiso “que ella fuera testigo de los frutos que ha dado”. “Si ella no hubiese influenciado a mi madre quien sabe dónde estaría hoy”, confiesa.

Al despedirse de María cuando se marchó de regreso a Orlando, el padre Angel le dijo: “Ya tuviste como madrina 31 años de vacaciones. Ahora por favor acompáñame rezando por mí, porque solo con la oración podré ser un sacerdote fiel”.