¿Cómo formar discípulos jóvenes?

Carmen Elena Villa

A poco más de un año el Sínodo de Obispos convocado por el Papa Francisco sobre “Los jóvenes y el discernimiento vocacional” que se llevará a cabo en el Vaticano en octubre de 2018, se realizó en Denver el Congreso Catequético que tuvo como tema “formando discípulos jóvenes”. Uno de sus ponentes, el padre Jason Wunsch de la parroquia Ascension de Denver, habló con Denver Catholic en Español sobre tres desafíos que presentan los agentes pastorales al transmitir la belleza de la fe a aquella generación nacida después del año 2000.

La realidad

El primer desafío es el de la cultura del indiferentismo: “Aquella que dice que nada es importante, que no hay verdades objetivas y que puedes hacer lo que te dé la gana”. Así la verdad de la fe puede entrar a ser solo una opción más entre muchas, que se toma y se deja pero que en algunas ocasiones impide el encuentro con la persona de Jesús.  “Si no hay verdades objetivas, no hay valores objetivos, esto crea una cultura donde nada es realmente valioso o importante”.

A esto se le suma la característica de la auto- determinación.  “Yo determino mi existencia y mi realidad. Pretendo vivir un evangelio a mi medida en el que pretendo buscar todo para mí. Esto es lo opuesto a lo que te pide Jesucristo: dar la vida para encontrarla”, el sacerdote señaló cómo los niños aprenden desde la etapa escolar que pueden cambiar lo que ellos quieran de la realidad para sentirse más a gusto, “incluso el cambio de sexo”, agregó.  El tercer gran desafío es el cientificismo que dice que el único conocimiento es “el que se puede demostrar con la ciencia” y con él “la realidad trascendente como Dios y el alma humana no existen porque no pueden ser demostrados con el método científico”.

Los jóvenes hispanos en los Estados Unidos afrontan un desafío más y es la brecha que hay entre los padres y los hijos en cuestiones de idioma, costumbres y acceso a las nuevas tecnologías “a veces los jóvenes no son capaces de tener contacto con el mundo real. Según un estudio realizado por Common Sense Media survey los adolescentes pasan un promedio de nueve horas al día viendo su celular o cualquier otro aparato electrónico”, comenta el sacerdote.

La esperanza

Y frente a este panorama ¿existe esperanza de seguir trasmitiendo la fe? El padre Wuncsh ve las enseñanzas de la Iglesia como “una luz que brilla en la oscuridad”, porque enseña una fe que se ve traducida en las obras y en el testimonio de muchos santos tanto de tiempos antiguos como de la vida moderna.  Una fe que nos enseña que “la felicidad viene al dar la vida, no al guardarla”.

Al concluir su ponencia el padre Wuncsh dijo que la respuesta frente al indeferntismo podemos responder con la belleza de nuestra fe, frente a la auto-determinación la respuesta está en el bien de nuestra fe y frente al cientificismo, la verdad de nuestra fe.

Con estas reflexiones, los agentes pastorales de la arquidiócesis de Denver buscan, como indica el documento preparatorio del Sínodo de los Obispos 2018, “salir de los propios esquemas perfeccionados encontrándolos (a los jóvenes) allí donde están” y también “tomarlos en serio en su dificultad para descifrar la realidad en la que viven y para transformar un anuncio recibido en gestos y palabras, en el esfuerzo cotidiano por construir la propia historia y en la búsqueda más o menos consciente de un sentido para sus vidas”.

 *Los tres desafíos fueron presentados también en una ponencia que realizó el obispo auxiliar de Los Ángeles, monseñor Robert Barron el pasado mes de julio en la convocatoria de líderes católicos realizada en Orlando – Florida.

 

 

 

Próximamente: Nuevas tragedias, nuevos héroes

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Las malas noticias, como la del tiroteo en la escuela Marjory Stoneman Douglas de Parkland en Florida el pasado 14 de febrero, siempre traen historias de humanidad, heroísmo, acciones rápidas y solidarias que sorprenden y que reflejan la bondad en algunas personas quienes en cuestión de segundos se olvidan de sí y que son capaces de dar la vida para que otros no mueran.

A veces se vuelve incluso un lugar común que, tras un tiroteo haya una o dos historias de personas que se inmolaron y que se metieron en el fuego cruzado para salvar vidas y terminaron muriendo ellos.

Y creo que, más que recursos periodísticos para seguir dándole vuelta a la misma noticia trágica y sacar, al menos algún ángulo positivo después de un acto de tanta maldad, aquí se trata de ver cómo ante el pánico que genera un repentino tiroteo, hay quien, sin pensarlo reacciona casi instintivamente para salvar vidas a costa de la propia.

Es el caso de Aaron Freis, un entrenador de futbol de 37 años y ex alumno de esta escuela secundaria. Un estudiante declaró a Fox news que Freis “Se puso en medio de un par de personas y los protegió. Las balas le cayeron a él y con seguridad salvo sus vidas”.

La portavoz del equipo de futbol Denise Lehtio dijo que “murió de la misma manera como vivió – se puso a él en un segundo lugar”, luego lo describió como “un alma noble, un buen hombre”. Hoy Freis hace parte de la lista de víctimas pero quizás esta lista hubiese sido más numerosa si él no hubiera tomado la decisión instantánea de protegerlos e inmolarse por ellos.

El profesor de geografía Scott Beigel, 35 años también murió para salvar a varios alumnos cuando, en medio del tiroteo, abrió la puerta del aula para permitir que los estudiantes que huían de las balas entrasen al salón y se protegieran. Así ocurrió. Solo que él no logró cerrar la puerta y el joven atacante Nikolas Cruz lo sorprendió y le disparó. Así Beigel terminó siendo una víctima más. “Estoy viva gracias a él”, dijo una estudiante al programa Good Morning America.

Los actos de maldad de un atacante desquiciado contrarrestan con las acciones nobles de quienes aman tanto la vida que deciden sacrificarse por ella. Son historias que conmueven, que nos hacen preguntarnos qué hubiésemos hecho en su lugar y que nos permiten ver que la verdadera humanidad se manifiesta en actos de heroísmo que están presentes no solo en las películas de ficción sino en tantas almas nobles que, después de muertos, salen del anonimato para darnos lecciones de grandeza.