V Encuentro: Se hace camino al andar

Obispo Jorge Rodríguez

La comunidad hispana en los Estados Unidos ha comenzado un camino que la llevará al V Encuentro. A nivel parroquial, diocesano, regional y nacional se ha comenzado un camino hacia el V Encuentro, cuya meta principal es la de discernir maneras en que la Iglesia en los Estados Unidos pueda responder mejor a la presencia hispana/latina y fortalecer los modos en que los hispanos responden al llamado de la Nueva Evangelización como discípulos misioneros al servicio de la Iglesia.

Caminando como comunidad, nos damos cuenta de que no hemos llegado. Como en aquel poema de Antonio Machado, que Juan Manuel Serrat inmortalizó en su canción: “Caminante, no hay camino”: “Caminante, son tus huellas / el camino, y nada más;/ caminante, no hay camino, / se hace camino al andar. / Al andar se hace camino, / y al volver la vista atrás / se ve la senda que nunca / se ha de volver a pisar. / Caminante, no hay camino, / sino estelas en la mar.”

Pero el camino del V Encuentro tiene un punto de llegada: el encuentro con el Señor y con los hermanos. Nuestros representantes parroquiales dieron el primer paso y se pusieron en camino hacia el Encuentro Diocesano, que en Denver se tuvo el 16 de septiembre. En febrero se darán cita en el Encuentro Regional en Phoenix, del 23 al 25; y finalmente confluirán en el Encuentro Nacional del 20 al 23 de septiembre en Gaylord, Texas. Pero la verdad es que todos estamos en camino hacia el encuentro con el Señor.

A veces al caminar nos cansamos, miramos atrás y nos regresamos. El camino hacia el V Encuentro -y el camino de nuestra vida- pudiera parecer difícil y largo. Pero no hay que olvidar que es un camino acompañados. Jesus, como con los discípulos de Emaús, camina con nosotros. El camino al V Encuentro es un caminar con Cristo.

Todos estamos en camino al encuentro del Señor. Caminamos para encontrar al Señor cuando nos desplazamos para asistir al necesitado, al que sufre, al enfermo, al que está en la cárcel. Caminamos para encontrar al Señor cuando nos ponemos en oración y recorremos espacios infinitos hasta llegar a la presencia del Dios Altísimo. Caminamos cuando vamos a la Iglesia para celebrar la Eucaristía y nos encontrarnos con el Señor Resucitado. Caminamos en el tiempo para encontrarnos con el Señor que viene al final de nuestra vida. Caminamos en la historia para encontrarnos con el Señor que viene triunfante al final de los tiempos.

Pero el camino del V Encuentro tiene una meta particular: Es un caminar como Iglesia, como Iglesia joven hispana, pero es un caminar que nos transforma mientras caminamos: nos transforma en discípulos y misioneros. Es como decía Machado: no hay camino, tú haces el camino al caminar, tú eres el camino. El encuentro con el Señor va a suceder en ti, en tu corazón, en tu alma. Y ese encuentro, como dice el Señor en el Evangelio llenará tu vida de fruto: los frutos buenos del encuentro son la alegría profunda, la paz, el amor, el fuego apostólico.

Tu caminar es tu discipulado ¡Su fruto es transformarte en fuego apostólico y misionero por la causa del Evangelio! Entonces sí, el camino de tu vida, tu camino hacia el Encuentro será la construcción de una casa sobre la roca que nadie ni nada podrá derribar. La roca en tu vida es tu encuentro con el Señor Jesús.

No vuelvas la mirada atrás porque ya no verás el camino, sino solo “estelas en la mar” (es decir, olas que no te dicen por dónde venía el camino), porque el camino ya no existe. Existes tú, hecho ya un discípulo de Cristo. Y tu único camino es el que tienes adelante: ¡el camino del misionero!

Les invito a entender el camino de la vida y el camino al V Encuentro como una peregrinación espiritual: un camino de Denver, un camino de Phoenix, un camino de cada una de las diócesis que participan; que en la compañía y el intercambio -sobre todo con el viajero invisible que los acompaña- nos va transformando en discípulos que aprenden durante el camino y llegan al lugar de destino transformados en misioneros, con un nuevo sentido en la vida, con una vida nueva, ¡con una vida misionera!

No dejen de informarse sobre este momento eclesial tan importante que la comunidad hispana de la Iglesia en los Estados Unidos está viviendo. El V Encuentro es un tiempo de gracia para tomar consciencia del carácter providencial que tiene la presencia de la comunidad hispana en la Iglesia católica en América y para renovar nuestro compromiso misionero. Visita: https://vencuentro.org/

 

 

 

 

Próximamente: “Bautiza a tu hijo”, insistió su amiga. Hoy él es sacerdote.

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Foto de Andrew Wright. De izquierda a derecha Angela Brown, el padre Angel y María Delfin.

Ángela y María eran dos grandes amigas cuando estudiaban en la escuela Estudios Espaillat de Santo Domingo, República Dominicana. Cuando cursaban 6 y 7 octavo respectivamente quisieron hacerse una promesa mutua, algo así como un pacto de amistad: “cuando tenga mi primer hijo, tú serás la madrina”.

En la foto se ven Ángela sosteniendo a su hijo Ángel el día de su Bautizo.

Pasaron los años, se graduaron de secundaria, cada una tomó su rumbo y María pasaba la mayor parte del tiempo en los Estados Unidos. Era 1987 y Ángela esperaba su primer hijo. María se enteró del embarazo de Ángela y no olvidó su promesa. “¿Cuándo será el Bautizo?”, le preguntó. La pregunta tomó por sorpresa a Ángela. No tenía entre sus planes bautizarlo. Ni siquiera ella había recibido este sacramento. “Cuando pensé que María podía ser la madrina de mi hijo, lo veía más como un compromiso social”, confesó Ángela a Denver Catholic en español. Sin embargo, tras la insistencia de su amiga, esta mujer decidió bautizar a su hijo cuando tenía 17 días de nacido.

María regresó a los Estados Unidos y no volvió a saber nada de Ángela ni de su ahijado. Meses después se mudó definitivamente a este país.

Una vocación que floreció

Ángel creció alejado de la Iglesia pero aún así se veía en él un espíritu solidario y abnegado. “Cuando él tenía entre 3 y 5 años, noté que poseía una bondad poco usual a esa edad”, confiesa su madre.  “Le encantaba compartir sus juguetes con otros niños, no para él jugar, sino para que ellos jugaran”.

Cuando Ángel tenía 14 años un grupo de misioneros tocó la puerta de su casa. Querían invitarle a él y a su familia a una catequesis del Camino Neocatecumenal. Así, tanto él como su madre comenzaron un itinerario de fe. Ángela fue bautizada después y se casó por la Iglesia.

En 2008, el joven participó en una peregrinación a Nicaragua y allí sintió que Dios lo llamaba a ser sacerdote. Le asignaron el seminario Redemptoris Mater de Denver como su lugar de formación. Llegó en enero de 2011, luego de haber estudiado dos años en el seminario de su ciudad natal.

“El buen Dios, que ya lo había elegido, puso a María en mi vida para que con urgencia él recibiera el primer sacramento de iniciación cristiana”, reconoce la madre del hoy padre Ángel.

Y retomaron el contacto

María, su madrina, hasta el momento desconocía el paradero de Ángel. “No viajaba con frecuencia a Santo Domingo. Hace dos años estuve allí y fui a visitar a la madre de Ángela pero justo había salido. La esperé un rato pero no regresó. No tenía cómo retomar el contacto”, comparte.

Y cuando Ángel ya estaba terminando sus estudios en el seminario su madre se propuso buscar a María a través de las redes sociales hasta que la encontró. Meses antes de la ordenación sacerdotal Ángela le comunicó a María un deseo que su hijo tenía: “Él quiere que tú estés presente cuando reciba el sacramento del orden”. María se sintió un poco avergonzada, pues no lo acompañó como madrina durante todos estos años. Aún así decidió viajar con su esposo Julio desde Orlando – Florida, donde residen actualmente. “La noche anterior no dormí bien, estaba muy emocionada y nerviosa. La última vez que lo vi fue el día de su Bautizo, hace 31 años”, confiesa.

El día antes de su ordenación, ella llegó con su esposo al seminario Redemtporis Mater, “entré al comedor y ahí lo vi, junto con varios seminaristas, le dije: ‘Soy tu madrina’ y él me abrazó”, comparte María mientras dejaba escapar un par de lágrimas.

El padre Angel Miguel Pérez-Brown se ordenó el pasado 19 de mayo en la catedral- basílica Immaculate Conception de Denver, Colorado junto con otros cuatro nuevos sacerdotes.  “No recuerdo haberme sentido tan feliz como hoy”, dijo María horas después de la ceremonia.

“Él pensaba ser ingeniero”, recuerda su madre. “Si yo hubiera asistido a su graduación me sentiría muy complacida pero me complace doblemente verlo como sacerdote porque su misión es salvar almas y hacer que las personas intenten ganar el cielo”.

El nuevo sacerdote asegura que su madrina “ayudó a plantar esta semilla” por eso él quiso “que ella fuera testigo de los frutos que ha dado”. “Si ella no hubiese influenciado a mi madre quien sabe dónde estaría hoy”, confiesa.

Al despedirse de María cuando se marchó de regreso a Orlando, el padre Angel le dijo: “Ya tuviste como madrina 31 años de vacaciones. Ahora por favor acompáñame rezando por mí, porque solo con la oración podré ser un sacerdote fiel”.