V Encuentro: Es el tiempo de soñar como Iglesia

Carmen Elena Villa

(Foto periódico The Catholic Sun en Phoenix)

“Dios nos llama por medio del Espíritu Santo a ser voz y conciencia eclesial en los Estados Unidos”, dijo el doctor Hosffman Ospino, profesor de teología pastoral y catequesis en la Escuela de Teología y Ministerio de Boston College y miembro del equipo coordinador central del V Encuentro de la Pastoral Hispana.

La región XIII está compuesta por las diócesis de Cheyenne, Wyoming, Salt Lake City, Utah. Colorado tiene tres diócesis: Denver (Arquidiósesis),  Colorado Springs y Pueblo. Nuevo México tiene también tres diócesis: Gallup, Las Cruces y Santa Fe (Arquidiócesis) El estado de Arizona está compuesto por las diócesis de Phoenix y Tucson.

El doctor Ospino realizó una intervención denominada “Dar fruto” durante el V Encuentro de la región XIII (que comprende los estados de Utah, Wyoming, Colorado, Arizona y Nuevo México) y que se realizó en Phoenix del 23 al 25 de febrero.

El conferencista destacó la manera como las comunidades parroquiales y diocesanas “han avanzado es un proceso intenso de análisis, reflexión y diálogo”, el cual “ha estado basado en el ejercicio de la escucha atenta” y destacó cómo todos los bautizados somos Iglesia: “mujeres y hombres bautizados que hemos aceptado vivir en comunión con Jesucristo, el Señor. Cuando la comunidad habla, la Iglesia habla”.

“No podemos reducir este encuentro a una reunión en la cual nos vemos los mismos con las mismas. Nos sentimos bien y luego regresamos a nuestras comunidades de fe como si nada hubiese pasado”, más bien, en el V Encuentro se tratra de “caminar juntos, de oler a oveja, de escucharnos, de sentirnos” y advirtió que el V Encuentro “es un proceso que toma tiempo”.

La voz del pueblo

Ospino exhortó a los allí presentes a ser dóciles a aquello que el Espíritu Santo quiera suscitar durante y después de este proceso de consulta.

“El documento de trabajo – que es el resultado de las consultas a nivel parroquial y diocesano – es una prueba indiscutible de que este ejercicio de escucha ha sido serio”, dijo.

“Las áreas prioritarias indican dónde está el corazón del pueblo de Dios en esta parte del país.  Como comunidad creyente hemos identificado las estrategias para que marquen el derrotero evangelizador”.

Ospino también destacó algunos de los frutos que ya se están viendo de este proceso de consulta como son la creación de espacios claros para expresar la voz de los hispanos católicos en los Estados Unidos. “Los obispos y otros líderes pastorales que están en posiciones de decisión han escuchado y por eso estamos agradecidos. Ahora ellos cargan con la responsabilidad de actuar después de escuchar a su pueblo”, indicó el conferencista, quien destacó el papel de las mujeres en el ministerio hispano, las cuales son “abanderadas de la actividad pastoral de la Iglesia como líderes, estudiantes, madres de familia, abuelas, esposas y evangelizadoras”. Y dijo que el el V Encuentro “ha sido un espacio para reconocer las contribuciones y su importancia”.

Este proceso de consulta ha destacado la necesidad de “servir a los jóvenes hispanos”, los cuales componen un 60 por ciento de los católicos en los Estados Unidos. “No podemos hablar de un futuro vigoroso si los ignoramos”, advirtió Ospino. También, dijo, la pastoral hispana en los Estados Unidos ha tomado una mayor consciencia de la realidad que enfrentan las familias. “En nuestros círculos eclesiales se ha tenido la tentación de idealizar y romantizar a la familia hispana”, sin embargo, destacó cómo “nuestras familias son afectadas por realidades como la pobreza, inestabilidad, divorcio, violencia, bajos niveles, incertidumbre migratoria, sexismo etc.” La familia, al ser la célula de la sociedad y cuna de nuevas vocaciones, necesita una mayor atención pastoral y, por lo tanto, una inversión más grande, dijo el doctor Ospino.

El conferencista, colombiano de nacimiento, dijo sentirse orgulloso de su pueblo católico hispano “por su capacidad de reflexión profunda”, e indicó que una vez culminadas las consultas del V Encuentro, los fieles podrían caer en la tentación de conformarse con tener una nueva Misa en español o con que existan más hispanos trabajando en las estructuras eclesiales de los Estados Unidos. “Lo más seguro es que esto iba a ocurrir debido a los cambios demográficos y culturales en este país”, indicó. Más bien, dijo haciendo alusión a la parábola del sembrador, que la calidad de los frutos que traiga el V Encuentro “dependerán del suelo en el que la semilla se plante”.

“Es un tiempo para soñar como Iglesia, para hacer nuestra una visión utópica” la cual no debe entenderse como un imposible sino “como una visión grande que sí es posible y nos inspira al igual que el pueblo de Dios quien camina con las diferentes culturas para construir su reino” y concluyó la ponencia preguntándole a cada uno de los asistentes: “¿Cuál es tu sueño?”.

De esta manera los hispanos católicos en los Estados Unidos podrán hacer vida lo que el Papa Francisco planteó en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium (en cuya estructura se ha basado la metodología de consulta del V Encuentro): “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación”.

 

 

 

 

 

 

Próximamente: “Bautiza a tu hijo”, insistió su amiga. Hoy él es sacerdote.

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Foto de Andrew Wright. De izquierda a derecha Angela Brown, el padre Angel y María Delfin.

Ángela y María eran dos grandes amigas cuando estudiaban en la escuela Estudios Espaillat de Santo Domingo, República Dominicana. Cuando cursaban 6 y 7 octavo respectivamente quisieron hacerse una promesa mutua, algo así como un pacto de amistad: “cuando tenga mi primer hijo, tú serás la madrina”.

En la foto se ven Ángela sosteniendo a su hijo Ángel el día de su Bautizo.

Pasaron los años, se graduaron de secundaria, cada una tomó su rumbo y María pasaba la mayor parte del tiempo en los Estados Unidos. Era 1987 y Ángela esperaba su primer hijo. María se enteró del embarazo de Ángela y no olvidó su promesa. “¿Cuándo será el Bautizo?”, le preguntó. La pregunta tomó por sorpresa a Ángela. No tenía entre sus planes bautizarlo. Ni siquiera ella había recibido este sacramento. “Cuando pensé que María podía ser la madrina de mi hijo, lo veía más como un compromiso social”, confesó Ángela a Denver Catholic en español. Sin embargo, tras la insistencia de su amiga, esta mujer decidió bautizar a su hijo cuando tenía 17 días de nacido.

María regresó a los Estados Unidos y no volvió a saber nada de Ángela ni de su ahijado. Meses después se mudó definitivamente a este país.

Una vocación que floreció

Ángel creció alejado de la Iglesia pero aún así se veía en él un espíritu solidario y abnegado. “Cuando él tenía entre 3 y 5 años, noté que poseía una bondad poco usual a esa edad”, confiesa su madre.  “Le encantaba compartir sus juguetes con otros niños, no para él jugar, sino para que ellos jugaran”.

Cuando Ángel tenía 14 años un grupo de misioneros tocó la puerta de su casa. Querían invitarle a él y a su familia a una catequesis del Camino Neocatecumenal. Así, tanto él como su madre comenzaron un itinerario de fe. Ángela fue bautizada después y se casó por la Iglesia.

En 2008, el joven participó en una peregrinación a Nicaragua y allí sintió que Dios lo llamaba a ser sacerdote. Le asignaron el seminario Redemptoris Mater de Denver como su lugar de formación. Llegó en enero de 2011, luego de haber estudiado dos años en el seminario de su ciudad natal.

“El buen Dios, que ya lo había elegido, puso a María en mi vida para que con urgencia él recibiera el primer sacramento de iniciación cristiana”, reconoce la madre del hoy padre Ángel.

Y retomaron el contacto

María, su madrina, hasta el momento desconocía el paradero de Ángel. “No viajaba con frecuencia a Santo Domingo. Hace dos años estuve allí y fui a visitar a la madre de Ángela pero justo había salido. La esperé un rato pero no regresó. No tenía cómo retomar el contacto”, comparte.

Y cuando Ángel ya estaba terminando sus estudios en el seminario su madre se propuso buscar a María a través de las redes sociales hasta que la encontró. Meses antes de la ordenación sacerdotal Ángela le comunicó a María un deseo que su hijo tenía: “Él quiere que tú estés presente cuando reciba el sacramento del orden”. María se sintió un poco avergonzada, pues no lo acompañó como madrina durante todos estos años. Aún así decidió viajar con su esposo Julio desde Orlando – Florida, donde residen actualmente. “La noche anterior no dormí bien, estaba muy emocionada y nerviosa. La última vez que lo vi fue el día de su Bautizo, hace 31 años”, confiesa.

El día antes de su ordenación, ella llegó con su esposo al seminario Redemtporis Mater, “entré al comedor y ahí lo vi, junto con varios seminaristas, le dije: ‘Soy tu madrina’ y él me abrazó”, comparte María mientras dejaba escapar un par de lágrimas.

El padre Angel Miguel Pérez-Brown se ordenó el pasado 19 de mayo en la catedral- basílica Immaculate Conception de Denver, Colorado junto con otros cuatro nuevos sacerdotes.  “No recuerdo haberme sentido tan feliz como hoy”, dijo María horas después de la ceremonia.

“Él pensaba ser ingeniero”, recuerda su madre. “Si yo hubiera asistido a su graduación me sentiría muy complacida pero me complace doblemente verlo como sacerdote porque su misión es salvar almas y hacer que las personas intenten ganar el cielo”.

El nuevo sacerdote asegura que su madrina “ayudó a plantar esta semilla” por eso él quiso “que ella fuera testigo de los frutos que ha dado”. “Si ella no hubiese influenciado a mi madre quien sabe dónde estaría hoy”, confiesa.

Al despedirse de María cuando se marchó de regreso a Orlando, el padre Angel le dijo: “Ya tuviste como madrina 31 años de vacaciones. Ahora por favor acompáñame rezando por mí, porque solo con la oración podré ser un sacerdote fiel”.