Urgente: Necesitamos matrimonios apóstoles

Escritor Invitado

Por: Viviana Martínez 

Durante este verano que ya está finalizando reflexioné sobre cómo vivimos la fe los hispanos en Estados Unidos y sobre la respuesta que como familia damos a la Iglesia Católica. Estos pensamientos vinieron a mi mente con motivo de la entrevista que el canal de televisión de la madre Angélica (EWTN), nos dio la oportunidad de hacer en su programa de noticias.

Cuando hablamos de los hispanos desde el punto de vista de la fe, se nos viene a la mente las diversas experiencias de vida de cada uno y de los puntos que tenemos en común. Por ejemplo, la comprensión de las enseñanzas de la Iglesia y la importancia de tener una vida espiritual. Muchos hispanos dan testimonio de su fe porque creen en Dios y buscan ser consecuentes, se esfuerzan por mantener sus valores, aman y defienden la vida, y se encomiendan a la Virgen María entre otras cosas. Muchos de ellos conforman matrimonios que están conscientes de la necesidad de revitalizar la relación matrimonial para que ese amor que un día los unió les dure para toda la vida.

También están aquellos que quieren recibir el Sacramento del Matrimonio, y comienzan a prepararse porque han descubierto la importancia de tener a Dios en su vida matrimonial y familiar, al igual que aquellos que inician el proceso de convalidar la relación que tienen y que en muchos casos ya incluye hijos. Sin embargo, en esta diversidad de experiencias de vida, también están aquellos que no han podido responder desde la fe a los desafíos que se presentan porque esa fe no encontró donde crecer. Comienzan a buscar las respuestas a sus problemas en medio del mundo y confundidos creen que  la hallarán, hundiéndose más en sus dolores. De aquí surge la necesidad urgente de hacer apostolado a esos matrimonios y familias que no se han dado cuenta de lo esencial que es la presencia de Dios en la vida matrimonial, el encontrarse con la persona de Jesús a través de la oración, con el acompañamiento, orientación y testimonio de matrimonios que viven a la luz del Evangelio.

Cuando mi esposo y yo nos casamos, nos dimos cuenta de la necesidad de continuar viviendo nuestra experiencia de fe dentro de una comunidad. Ya no podíamos seguir siendo parte del grupo de jóvenes porque nuestro llamado tenía que ver con las prioridades de la vida matrimonial y aunque todavía éramos jóvenes nuestras necesidades eran otras. Con la experiencia matrimonial que da el primer año de casados decidimos continuar haciendo apostolado pero ahora nos dedicaríamos a los matrimonios y las familias. Esa primera comunidad se formó con nuestros amigos que también comenzaron a casarse y esto hace casi 20 años.  En esos pasos se estaba gestando “Dios entre Nosotros”, una iniciativa apostólica que surge como respuesta a la necesidad de formación y acompañamiento espiritual en la vida matrimonial.

Dios entre Nosotros ayuda a la preparación matrimonial en la Arquidiócesis de Denver. Para nosotros, liderar los retiros, que preparan a los novios para contraer el sacramento del Matrimonio, significa renovarnos constantemente en nuestra relación de esposos para dar lo mejor a estas parejas. Nadie da lo que no tiene, por lo tanto, resulta esencial   alimentarse  de los  sacramentos, perseverar en la vida de oración, y  buscar los medios para que toda la familia tenga la oportunidad de encontrarse con la persona del Señor Jesús entre otras cosas.

En el área del enriquecimiento familiar, actualmente estamos invitando a la comunidad a participar del evento con el Padre Ángel Espinosa de los Monteros quien nos visitará el próximo domingo 20 de agosto en Regis Jesuit High School. En su última visita nos dejó un mensaje  fácil de entender, práctico y profundo para la vida matrimonial y familiar, según los testimonios de algunas de las 500 personas que se congregaron en ese evento.

En la entrevista de EWTN me preguntaron cómo podíamos hacer todo esto y además ser padres de cinco hijos. Quienes están en mi situación saben que nada es fácil. Este itinerario de la vida matrimonial y familiar no está exento de dificultades, desafíos diarios que todo matrimonio y familia enfrentan, y por eso sabemos que todo esto es posible por la gracia del Espíritu Santo. Hay un llamado que Dios mismo hace y que por su gracia somos capaces de responder de acuerdo a  nuestras posibilidades y capacidades para mayor gloria de Dios.

Los esposos Viviana Martinez y Jorge Paredes son los fundadores de la iniciativa apostólica Dios entre Nosotros, para más información visite: www.diosentrenosotros.com

Próximamente: “Bautiza a tu hijo”, insistió su amiga. Hoy él es sacerdote.

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Foto de Andrew Wright. De izquierda a derecha Angela Brown, el padre Angel y María Delfin.

Ángela y María eran dos grandes amigas cuando estudiaban en la escuela Estudios Espaillat de Santo Domingo, República Dominicana. Cuando cursaban 6 y 7 octavo respectivamente quisieron hacerse una promesa mutua, algo así como un pacto de amistad: “cuando tenga mi primer hijo, tú serás la madrina”.

En la foto se ven Ángela sosteniendo a su hijo Ángel el día de su Bautizo.

Pasaron los años, se graduaron de secundaria, cada una tomó su rumbo y María pasaba la mayor parte del tiempo en los Estados Unidos. Era 1987 y Ángela esperaba su primer hijo. María se enteró del embarazo de Ángela y no olvidó su promesa. “¿Cuándo será el Bautizo?”, le preguntó. La pregunta tomó por sorpresa a Ángela. No tenía entre sus planes bautizarlo. Ni siquiera ella había recibido este sacramento. “Cuando pensé que María podía ser la madrina de mi hijo, lo veía más como un compromiso social”, confesó Ángela a Denver Catholic en español. Sin embargo, tras la insistencia de su amiga, esta mujer decidió bautizar a su hijo cuando tenía 17 días de nacido.

María regresó a los Estados Unidos y no volvió a saber nada de Ángela ni de su ahijado. Meses después se mudó definitivamente a este país.

Una vocación que floreció

Ángel creció alejado de la Iglesia pero aún así se veía en él un espíritu solidario y abnegado. “Cuando él tenía entre 3 y 5 años, noté que poseía una bondad poco usual a esa edad”, confiesa su madre.  “Le encantaba compartir sus juguetes con otros niños, no para él jugar, sino para que ellos jugaran”.

Cuando Ángel tenía 14 años un grupo de misioneros tocó la puerta de su casa. Querían invitarle a él y a su familia a una catequesis del Camino Neocatecumenal. Así, tanto él como su madre comenzaron un itinerario de fe. Ángela fue bautizada después y se casó por la Iglesia.

En 2008, el joven participó en una peregrinación a Nicaragua y allí sintió que Dios lo llamaba a ser sacerdote. Le asignaron el seminario Redemptoris Mater de Denver como su lugar de formación. Llegó en enero de 2011, luego de haber estudiado dos años en el seminario de su ciudad natal.

“El buen Dios, que ya lo había elegido, puso a María en mi vida para que con urgencia él recibiera el primer sacramento de iniciación cristiana”, reconoce la madre del hoy padre Ángel.

Y retomaron el contacto

María, su madrina, hasta el momento desconocía el paradero de Ángel. “No viajaba con frecuencia a Santo Domingo. Hace dos años estuve allí y fui a visitar a la madre de Ángela pero justo había salido. La esperé un rato pero no regresó. No tenía cómo retomar el contacto”, comparte.

Y cuando Ángel ya estaba terminando sus estudios en el seminario su madre se propuso buscar a María a través de las redes sociales hasta que la encontró. Meses antes de la ordenación sacerdotal Ángela le comunicó a María un deseo que su hijo tenía: “Él quiere que tú estés presente cuando reciba el sacramento del orden”. María se sintió un poco avergonzada, pues no lo acompañó como madrina durante todos estos años. Aún así decidió viajar con su esposo Julio desde Orlando – Florida, donde residen actualmente. “La noche anterior no dormí bien, estaba muy emocionada y nerviosa. La última vez que lo vi fue el día de su Bautizo, hace 31 años”, confiesa.

El día antes de su ordenación, ella llegó con su esposo al seminario Redemtporis Mater, “entré al comedor y ahí lo vi, junto con varios seminaristas, le dije: ‘Soy tu madrina’ y él me abrazó”, comparte María mientras dejaba escapar un par de lágrimas.

El padre Angel Miguel Pérez-Brown se ordenó el pasado 19 de mayo en la catedral- basílica Immaculate Conception de Denver, Colorado junto con otros cuatro nuevos sacerdotes.  “No recuerdo haberme sentido tan feliz como hoy”, dijo María horas después de la ceremonia.

“Él pensaba ser ingeniero”, recuerda su madre. “Si yo hubiera asistido a su graduación me sentiría muy complacida pero me complace doblemente verlo como sacerdote porque su misión es salvar almas y hacer que las personas intenten ganar el cielo”.

El nuevo sacerdote asegura que su madrina “ayudó a plantar esta semilla” por eso él quiso “que ella fuera testigo de los frutos que ha dado”. “Si ella no hubiese influenciado a mi madre quien sabe dónde estaría hoy”, confiesa.

Al despedirse de María cuando se marchó de regreso a Orlando, el padre Angel le dijo: “Ya tuviste como madrina 31 años de vacaciones. Ahora por favor acompáñame rezando por mí, porque solo con la oración podré ser un sacerdote fiel”.