Una guía católica para “La Guerra de las Galaxias”

Aaron Lambert

Hace muchos años en una galaxia muy muy lejana…

Estas palabras aparecen en la pantalla, y la musicalización épica de John Williams hace eco, casi instintivamente, en la mente de cualquier aficionado a la Guerra de las Galaxias.

El pasado 15 de diciembre estas palabras aparecieron una vez más en los teatros de todo el mundo cuando llegó a las pantallas la muy anticipada siguiente entrega de La Guerra de las Galaxias, “Los últimos Jedi”. Después de una espera de dos años, desde “El Despertar de la Fuerza” en el 2015, los fanáticos tanto casuales como incondicionales han estado especulando acerca de qué impactantes revelaciones traería “Los últimos Jedi”, y finalmente, todo fue revelado.

Si usted es aficionado a La Guerra de las Galaxias, entonces ya sabe qué esperar. Sin embargo, si nunca ha visto estas películas y tiene curiosidad por saber de qué se trata, le recomiendo que lea esto para que sepa por qué necesita ver La Guerra de las Galaxias:

Además de ser una de las películas más deslumbrantes y épicas que jamás se hayan creado, La Guerra de las Galaxias está propulsada por una historia cautivadora llena de algunos de los personajes más memorables en la historia del cine. Incluso aquellos con un interés pasajero en esta serie de películas están más que familiarizados con los nombres Luke Skywalker, Darth Vader, Han Solo, La princesa Leia y Chewbacca. Este hecho por sí solo habla del impacto de gran alcance que La Guerra de las Galaxias ha tenido en la cultura.

Como cualquier otra gran historia, La Guerra de las Galaxias tiene de todo: drama, romance, acción, luchas épicas entre el bien y el mal, giros inesperados y muchas otras cosas más.

“Los últimos Jedi” es parte de la nueva «trilogía de secuelas» que fue lanzada en 2015 con “El despertar de la fuerza”. La película continúa la historia que comenzó en la trilogía original de 1970 compuesta por Episodio IV: “Una nueva esperanza o La guerra de las galaxias”; Episodio V: “El Imperio contraataca” y Episodio VI: “El retorno del Jedi”. La siguiente trilogía, lanzada en 1999 con el nombre deLa amenaza fantasma”, sigue el camino de Anakin Skywalker al convertirse en Darth Vader.

El mensaje central de La Guerra de las Galaxias es el propio destino. Es sobre convertirse en quién debes ser. Cada uno de los personajes involuntariamente se ve envuelto en una batalla por algo más grande que ellos mismos, y establece fuertes paralelismos con la vida cristiana y lo que significa ser humano, lo que probablemente explica por qué es una serie de películas tan querida.

También es una historia sobre el triunfo del bien sobre el mal. Existe cierto elemento de espiritualidad en La Guerra de las Galaxias llamado «la Fuerza». Es una energía invisible que fluye y une a todos los seres vivos y solo ciertas personas son capaces de utilizarla. La moral también juega un papel importante en cómo se usa la Fuerza; por un lado, para cosas buenas y para ayudar a los demás, y puedes ser entrenado como Jedi. Sin embargo, usa la Fuerza para el mal y el lado oscuro de la Fuerza te corrompe lentamente.

Al final, el bien siempre triunfa sobre el mal, pero la victoria no existe sin la batalla. Mientras que los personajes en La Guerra de las Galaxias están luchando por el destino de la galaxia, las personas humanas están atrincheradas en su propia batalla.

El cristianismo nos enseña que Jesucristo ya venció la muerte y no tenemos nada que temer. Aun así, el enemigo logra meterse en nuestras vidas con el pecado, y en nuestra naturaleza caída es una batalla que debemos combatir día tras día.

Pero la esperanza permanece, y por encima de todas las cosas, La Guerra de las galaxias es una historia sobre la esperanza. Sin esperanza los personajes no tendrían nada por qué luchar. La esperanza es la razón por la que las batallas se libran.

A veces, estas batallas son abrumadoras, agotadoras y parecen casi imposibles de superar. Pero es la esperanza de algo mejor y un futuro más brillante lo que lleva a cada uno de nosotros a enfrentar esas batallas de frente. En La Guerra de las Galaxias lo hacen con la ayuda de la Fuerza. Pero los cristianos tenemos algo mucho mejor que eso; tenemos al Creador del universo de nuestro lado.

Historias como la de La Guerra de las Galaxias son emocionantes, pero, más que eso, son motivadoras. Puede que no hayamos vivido hace mucho tiempo en una galaxia muy muy lejana, pero como muestran estas películas, la humanidad no cambia mucho, no importa el tiempo – o la galaxia – donde cada uno pueda vivir. Por lo tanto, toma algunas palomitas de maíz, lánzate a ver La Guerra de las Galaxias y escapa un poquito de la realidad; te sorprenderá lo mucho que esa galaxia tan lejana se parece a la nuestra.

Próximamente: La oración es la mejor arma

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¿Sabías que diariamente cada uno de nosotros ve centenares – si no son miles – de avisos publicitarios? De hecho, el censo entre los investigadores de marketing dice que es posible que se vean o escuchen hasta 4 mil por día.

Estamos bombardeados de mensajes y al mismo tiempo nos consuelan las palabras de San Pablo en su carta a los tesalonicenses: “Estad siempre alegres. Orad constantemente. En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros” (I Tes 5. 16 – 18).

Esta columna es la tercera y final de una serie de artículos que he escrito sobre la Exhortación Apostólica del Papa Gaudete et Exsultate, Regocijaos y alegraos, (las otras dos columnas se han publicado en nuestra página web n.d.t) la cual tiene como objetivo inspirar a todas las personas a la santidad. Como expliqué en mi columna anterior esta semana estaré reflexionando sobre la sección “En oración constante” y “Combate, vigilancia y discernimiento”. He escogido focalizarme específicamente en estas secciones porque ellas nos indican cómo los cristianos debemos interactuar y ver el mundo en el cual vivimos.

Y las preguntas sobre nuestra cosmovisión son especialmente importantes ya que la verdad se vuelve más difícil de descubrir con la avalancha de información que experimentamos.

El Papa Francisco dedica la última sección de su capítulo sobre la santidad al tema “En oración constante”, como la exhortación que hace San Pablo de orar continuamente. Esto suena imposible, y lo sería si tuviéramos que confiar solo en nuestras fuerzas o en nuestra capacidad de concentración. Pero sabemos que “para Dios todo es posible” (Mt. 19, 26).  Este reto es tan importante que el Papa Francisco dice: “No creo en la santidad sin oración” (GE 147).

La batalla que cada uno de nosotros enfrenta cada día y cada minuto está entre las realidades inmediatas que nos rodean en este mundo y las realidades sobrenaurales que se encuentran de manera simultánea en el trabajo. Tendemos a concentrarnos en lo que podemos ver y olvidamos aquello que no podemos ver. El Papa Francisco escribe. “El santo es una persona con espíritu orante, que necesita comunicarse con Dios. Es alguien que no soporta asfixiarse en la inmanencia cerrada de este mundo, y en medio de sus esfuerzos y entregas suspira por Dios, sale de sí en la alabanza y amplía sus límites en la contemplación del Señor” (GE 147).

Estar en oración continua no quiere decir recitar plegarias en todo momento o esperar siempre emociones intensas. Significa más bien permanecer en presencia de Dios en todo lo que hagamos.  Hacemos de Dios el final de cada acción, pensamiento o palabra. El Santo Padre cita a San Juan de la Cruz para describir esta manera de vivir. “Procure ser continuo en la oración, y en medio de los ejercicios corporales no la deje. Sea que coma, beba, hable con otros, o haga cualquier cosa, siempre ande deseando a Dios y apegando a Él su corazón” (GE 148).

El secreto de permanecer conectados con Dios en todo momento está en la relación con la Santa Trinidad.  Cuando sepas en tu corazón que tu identidad más fundamental es la de hijo de Dios Padre, serás capaz de pasar tiempo en silencio, descansando en la presencia del Espíritu Santo y escuchando atentamente su palabra. “En ese silencio es posible discernir, a la luz del Espíritu, los caminos de santidad que el Señor nos propone”, dice el Papa Francisco (GE 150).

El tiempo que empleamos encontrando a cada persona de la Santa Trinidad es lo que inflama nuestros corazones y nos cura. Nos permite profundizar en la realidad y aviva nuestra experiencia. El Papa se inspira en una hermosa experiencia de Santa Teresita de Lisieux para describir cómo una comunidad puede ser transformada.

“Una tarde de invierno estaba yo cumpliendo, como de costumbre, mi dulce tarea”, cuenta Santa Teresita. “De pronto, oí a lo lejos el sonido armonioso de un instrumento musical. Entonces me imaginé un salón muy bien iluminado, todo resplandeciente de ricos dorados; y en él, señoritas elegantemente vestidas, prodigándose mutuamente cumplidos y cortesías mundanas. Luego posé la mirada en la pobre enferma, a quien sostenía. En lugar de una melodía, escuchaba de vez en cuando sus gemidos lastimeros (…). No puedo expresar lo que pasó por mi alma. Lo único que sé es que el Señor la iluminó con los rayos de la verdad, los cuales sobrepasaban de tal modo el brillo tenebroso de las fiestas de la tierra, que no podía creer en mi felicidad” (GE 145).

El Santo Padre también reconoce que hay una batalla constante librada por el diablo para alejarnos de la vida centrada en Dios. Al principio del capítulo cinco, refiriéndose al combate espiritual, el Papa Francisco marca un punto en el que dice que cuando hablamos de la batalla con el mal, la Iglesia no solo está hablando de enfrentar una mentalidad mundana o esforzarse por superar las debilidades humanas (cf GE 158 – 159). Satanás es real; él es “un ser personal que nos acosa” (GE 160).  Esto se demuestra, dice el Papa, con el poder destructivo del maligno en el mundo que nos rodea.

Al mismo tiempo, no tenemos por qué sentirnos intimidados por esta batalla, sepamos que Jesús en la cruz venció el pecado, a la muerte y a Satanás. “Nadie resiste si opta por quedarse en un punto muerto, si se conforma con poco, si deja de soñar con ofrecerle al Señor una entrega más bella”, (GE, 163). La clave está en participar de esta lucha dependiendo de Jesús, cultivando todo aquello que es bueno, verdadero y hermoso, profundizando en nuestra vida de oración y creciendo en el amor.

Y mientras que comenzamos este tiempo de verano, oro para que tú puedas fortalecerte con la armadura de la oración constante, para que, tanto tú como las personas sobre las cuales tienes influencia se acerquen más a Jesucristo. Te invito a que crezcas en tu devoción y atención a la Eucaristía, a que reces el Rosario en familia. Que las palabras del Papa Francisco en la Evangelii Gaudium te inspiren a aceptar este desafío: “El triunfo cristiano es siempre una cruz, pero una cruz que al mismo tiempo es bandera de victoria, que se lleva con una ternura combativa ante los embates del mal” (EG 85).