“Un sacerdote es lo que es por Jesucristo”

Conoce la vida y la vocación del obispo auxiliar electo Jorge Rodríguez.

Carmen Elena Villa
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Fotos cortesía Padre Jorge Rodríguez.

Tras haber recibido el nombramiento del Papa Francisco como obispo auxiliar de Denver, el hoy padre Jorge será ordenado obispo el próximo 4 de noviembre en la Basílica Catedral Immaculate Conception de Denver.  El padre Rodríguez, nacido en 1955 en Mérida, México es el quinto de seis hijos. Creció en un hogar católico: “Íbamos a Misa los domingos, pero no recuerdo que estuviéramos muy involucrados en la vida de la parroquia. Eso sí, el nombre de Dios se respetaba en mi casa”, confiesa el Obispo electo, en diálogo con El Pueblo Católico.

Cuando tenía siete años el pequeño Jorge iba a Misa de 7 a.m todos los días: “Solito iba a la iglesia, que estaba a unas cinco calles de mi casa. Ayudaba en la Misa y luego iba a mi casa, desayunaba, y de ahí me iba a la escuela”.

Recordó también cómo transcurría su vida en Mérida: “Era tipo provincia, era una ciudad muy segura, tranquila, teníamos un sentido de familia muy grande, a la mexicana, cuando había una festividad, pues todo el mundo estaba presente. Y recuerda que sus padres quisieron siempre que sus hijos estudiaran en colegios católicos.

Comenzó a sentirse atraído por la vocación sacerdotal gracias al testimonio de algunos religiosos: “Recuerdo a un sacerdote, el padre P. Manuel Vargas Gongora, que tenía una parroquia muy pobre pero muy activa en la periferia. Yo siempre lo admiré porque trabajaba muy fuerte en un medio tan pobre. Veía que estaban construyendo una iglesia nueva y tenían que hacer el techo. Él era uno más de los que cargaba en sus hombros los cubos de cemento y los vaciaba en el techo. Esta figura me ayudó mucho”, confiesa.

Igualmente, el obispo Rodríguez se vio influenciado por una religiosa de la comunidad de las Hermanas Guadalupanas, la hermana Consuelo Ojeda. “Le hacía el favor de transportarla porque ella no manejaba y yo ya tenía mi coche”, cuenta. “Ella me pedía llevarla a recoger una canasta de frutas o mercado que le iban a regalar” y mientras manejaba, él le contaba sus inquietudes sobre la vida sacerdotal. Ella le dio un consejo: “Esto no lo hables con nadie más que con Dios y con tu director espiritual. No lo comentes con personas que te puedan disuadir”.

Camino al sacerdocio

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Con su madre Nery Novello.

Después de terminar la preparatoria, Jorge viajó a España a estudiar Humanidades Clásicas para formarse como sacerdote. En esos años se dedicaba “a la oración, al silencio, al recogimiento y eso me ayudó mucho en mi vida espiritual”. Luego regresó a México para pasar un tiempo haciendo misiones en la prelatura de Chetumal en el sur de este país.

Más adelante se trasladó a Roma donde estudió en el Instituto de Estudios Superiores. “Estando allí me llamaba mucho la atención la universalidad de la Iglesia que uno toca con la mano cuando va a esas grandes celebraciones. Ver gente de todo el mundo ahí rezando en la misma Misa, aunque sea en diferentes lenguas”, dijo. El Obispo electo se ordenó sacerdote en 1987 en Roma.

Rostro humano

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Siendo seminarista tuvo la oportunidad de encontrarse con el hoy San Juan Pablo II.

Algunos libros que le han tocado profundamente son “La imitación de Cristo” de Tomás Kempis, que le regaló su padre. También “El poder y la gloria” de Graham Greene sobre la persecución religiosa en México y “Silencio” de Shusaku Endō, que narra la historia de un misionero jesuita enviado a Japón en el siglo XVII.

Le gustan las películas históricas como Ghandi, Ben Hur (aún no ha visto la nueva versión) y la Lista de Schindler.

En sus ratos libres le gusta sentarse a conversar con otros sacerdotes de la arquidiócesis: “El último domingo del mes nos reunimos en casa de uno de ellos. Cenamos, conversamos, la pasamos bien. Eso me descansa”, comenta.

Lo que más disfruta de vivir en Colorado es “la naturaleza maravillosa, la gente tan buena, amable y acogedora que he encontrado tanto en la comunidad americana como hispana”. Le gusta la nieve “pero no manejar en la nieve, ¡a eso sí le tengo mi respeto!”

Lo que más extraña de México es su familia: “Por estar lejos no siempre he podido disfrutar de la familia. A mi padre no lo pude ver morir (falleció en 1982) ni pude estar en su sepelio”. Su madre Nery Novello tiene 97 años. A ella la dejó de ver por mucho tiempo, pero ahora puede ir a visitarla una o dos veces al año. Dada su edad avanzada, Nery pierde la memoria fácilmente y retiene poco la información. Sin embargo, fue capaz de enviarle un mensaje de voz por Whattsapp cuando se enteró de su nombramiento episcopal. “Me dijo: «tienes que ser muy fiel a Dios, que el Señor te bendiga», palabras muy sencillas, pero me dio gusto que a su edad hubiese tenido un momento en el cual se diera cuenta de que el Señor me había dado esta gracia”, admite el Obispo electo.

Sus raíces

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Administrando el sacramento del Bautismo al hijo de una comunidad afro descendiente.

El padre Jorge admira mucho la piedad de los mexicanos, “la manera como celebran su fe, como rezan. Es una fe muy viva, muy arraigada en la tradición porque México tiene un alma muy católica. Tienen una fe de mucho valor, de mucho amor a la Virgen, a la Eucaristía, mucho respeto al Santo Padre, a los sacerdotes y son muy generosos”. Y dice que quisiera “que la fe de los más sencillos estuviera más formada. No solo en el conocimiento o el contenido de nuestra fe católica sino también en el sentido más moral”.

Por ello quisiera que los inmigrantes hispanos intensifiquen el estudio de la Biblia. “Esto les daría una base muy buena” y les recomienda que cuando lleguen a Estados Unidos “se encuentren con una comunidad, se involucren con ella porque a veces venimos desprendidos de nuestras raíces y se hace muy fácil perder nuestra fe. Que no se contenten con ir a Misa sino que se integren con la comunidad parroquial”.

El Obispo electo se considera muy mariano y admite que su amor a la Madre de Dios “es una devoción trabajada”.  Cuando era joven no tenía mucha piedad a María: “Tenía la tentación de preguntarme por qué no podíamos rezarle solo a Jesús” pero como sacerdote estudió un diplomado en Mariología en la Pontificia Universidad Teológica Marianum de Roma. “Me di cuenta de la grandeza y la maravilla de María de Nazaret quien, independientemente del folclor de las formas devocionales, merece todo nuestro respeto y nuestro amor”.

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Aunque desde muy joven salió de México el padre Jorge guarda en su memoria con mucho cariño su país natal que visita frecuentemente.

Admira mucho a San Juan Pablo II quien visitó cinco veces su país.  De joven tuvo la oportunidad de servirle en la Misa cuando estudió en Roma. Siendo sacerdote, concelebró con él dos veces en su capilla privada durante la fiesta de la Virgen de Guadalupe. “Pude ver de cerca cómo rezaba y tengo muy fresco su fervor”, comparte.  “Después de la Misa se quedaba rezando y dándole gracias. Ahí solito. Se tomaba su tiempo y luego nos saludaba personalmente. Los gestos de este Papa le hacían pensar… “El Romano Pontífice, con todo lo que tiene que hacer (los sacerdotes solemos decir «¡ay! ¡soy tan ocupado!»), tiene tiempo de orar largamente antes y después de Misa”.

Para el Obispo, ser sacerdote “es poder servir al pueblo de Dios pues si no fuera por ellos no tendría sentido mi llamado” y un aspecto en el que medita constantemente es: “Si yo no lo hago ¿quién lo va a hacer?”, cuando se refiere a celebrar la Eucaristía o perdonar los pecados por medio de la Confesión.

Cuando se le acerca algún joven con una inquietud vocacional el padre Jorge les ofrece el siguiente consejo: “Dale la oportunidad a Dios de hablar” y “no lo descartes sin antes tratar”.

Igualmente, dice que todo sacerdote debe tener “una relación muy personal e íntima con nuestro Señor Jesucristo” y cuando eso falta “todo se hace como una especie de profesión en la cual yo represento y hago cosas, pero no soy lo que soy”.

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Próximamente: Andrea Polito, virgen consagrada, esposa de Cristo

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Durante el Viernes Santo del año 2012, viendo la película “La pasión de Cristo”, Andrea Polito contempló la imagen de María Magdalena al pie de la cruz acompañando a Jesús durante su agonía y muerte. Delante del Señor sufriente le preguntó: ¿qué quieres de mí? Así sintió el llamado a dejarlo todo y seguirlo, para ser la esposa de Cristo ¿Vida religiosa? fue la siguiente pregunta. Andrea, quien es enfermera de profesión y amante de su trabajo, le comentó estas inquietudes a su director espiritual el padre John Nepil. “Le describí todos los deseos que tenía en mi corazón, que quería seguir viviendo en el mundo y siendo a la vez la esposa de Cristo”. El sacerdote le presentó un camino para hacer vida ese deseo. Una vocación, hasta ese momento desconocida para ella: la de ser de virgen consagrada.

Foto de Joshua Paul Photography. Andrea Polito, postrada en el suelo en símbolo de humildad y súplica mientras los fieles recitaban el rezo de las letanías de los santos.

Andrea comenzó con un tiempo fuerte de estudio y oración y así esclareció sus dudas y tuvo la confirmación de que Dios la llamaba a seguirlo en este camino.

La consagración de una virgen es uno de los sacramentales más antiguos en la Iglesia y el cual ha resurgido después del Concilio Vaticano II. En la Iglesia primitiva, antes de que existieran las órdenes religiosas, muchas mujeres consagraban su virginidad al Señor para dedicarse a tiempo completo a la evangelización.

Vive en medio del mundo, en unión íntima con Dios, ofreciendo el don de su virginidad física a Cristo como signo de la donación total de su vida entera a Él. No se le dice “hermana”, viste de manera seglar, recatada, le debe obediencia al obispo local y lleva un anillo como símbolo de este compromiso.

Foto de Joshua Paul Photography. Andrea recibiendo de manos del arzobispo la Liturgia de las Horas, como símbolo de su unión a la Iglesia en oración por el bien del mundo.

Polito realizó su consagración el pasado 22 de julio, fiesta de su santa amiga María Magdalena, en la Catedral Basílica Immaculate Conception de Denver, en una ceremonia presidida por el arzobispo Samuel Aquila y en la que concelebraron más de 20 sacerdotes.

El Arzobispo recordó en su homilía que fue compañero de escuela del padre de Andrea hace 50 años. Destacó cómo su vocación es un testimonio en este mundo y este tiempo que una mujer opte por ser “virgen, esposa y madre” y puso como ejemplo a María Magdalena, la primera mujer en encontrar a Cristo resucitado y a quien le tenía un amor muy profundo.

La nueva virgen consagrada tiene 31 años, es original de San Diego, California. Vive en Denver desde el año 2010.  Es la menor de cinco hijos y creció en una familia católica. Confiesa que tuvo un momento de conversión durante su tiempo en High School. Luego estudió enfermería en la Franciscan University en Steubenville, Ohio. Siempre con el deseo de servir a Cristo por medio de las personas enfermas.

Hoy trabaja en un hospital de niños con cáncer y problemas en la sangre. Su misión consiste en acompañarlos y estar cercana a sus familias. Así logra ser fermento de la masa en medio del mundo.

Después de su consagración Polito se descubre muy unida a Cristo, su esposo, en la misión que Él la llama. “Como María Magdalena, apoyar a los sacerdotes, también a los apóstoles, ser un testimonio para ellos y orar por ellos. En esta arquidiócesis estamos especialmente bendecidos con sacerdotes muy buenos (también con los obispos) quiero estar cerca de ellos. Su misión es también la misión de la Iglesia”. Hoy Andrea asegura que desde que encontró su vocación (hace 5 años) su deseo de Dios “se ha cumplido más que en los 26 años precedentes”.