“Un nuevo mundo se abrió para mí”

9 futuros sacerdotes vivieron un mes con la comunidad hispana

Mayé Agama

“Realmente me sorprendí al venir a Centro”, dijo Nicholas Larkin, “un nuevo mundo se abrió para mí”.

Este seminarista de 24 años, que se prepara para ser sacerdote en el Seminario Saint John Vianney, compartió con El Pueblo Católico que está muy impresionado con todo lo que ha visto en Centro San Juan Diego, durante el programa de 4 semanas de inmersión que él, junto con otros 8 seminaristas vivieron del 2 al 27 de junio.

Se trata de una iniciativa del Arzobispo de Denver, Samuel J. Aquila, quien desea que los seminaristas conozcan los distintos ministerios de la arquidiócesis, especialmente aquellos dirigidos a la comunidad hispana, en vistas a su futuro ministerio sacerdotal. Sin duda, algo muy necesario, especialmente en una diócesis en la que más de la mitad de los católicos, son hispanos.

Además de Nicholas Larkin, los otros ocho seminaristas que participaron en esta aventura son: Matt Magee, Mateusz Ratajczak, Christopher Considine, John Paul Almeida, Josh Meier, Tomislav Tomic, Derek Curnow y Juan Madrid, el único hispano del grupo. Cinco de ellos están en el Seminario San Juan Vianney, mientras que los otros cuatro son del Redemptoris Mater.

Luis Soto, Director del Ministerio Hispano y de Centro San Juan Diego estuvo a cargo del programa en Centro. Respondiendo a la inquietud del Arzobispo, Soto explicó a los futuros sacerdotes la realidad de la comunidad en el norte de Colorado, abriendo sus horizontes para que más adelante, ellos mismos estén aptos para servir a esta realidad, con su propio ministerio.

“Ellos están en proceso de formación y el objetivo de sus años en el seminario es que se preparen para ser buenos sacerdotes. Dios mediante, cuando ellos sean buenos sacerdotes, estarán mejor preparados para servir a diferentes comunidades”, afirmó Soto.

Algunas de las iniciativas que conocieron fueron Cursillos, Encuentro Matrimonial, Prevención y Rescate, Movimiento Familiar Cristiano Católico, grupo de arte juvenil Evangelizarte. También participaron en los servicios de Bienestar Servicios Familiares. Y el último fin de semana del programa, ayudaron en el Congreso Anual de la Renovación Carismática, que fue todo un éxito.

Incluso tuvieron un “tour” por la oficina de USCIS (U.S. Citizenship & Immigration Services) para conocer los servicios de inmigración y entender mejor estos procesos.

Matt Magee, seminarista de 25 años original de Denver, expresó su gratitud por haber participado en el programa. “Yo no sabía que íbamos a hacer, pero me gustó mucho. Me encantó conocer la realidad, estar con la comunidad, conocer a la gente de Encuentro Matrimonial”, dijo Matt, parroquiano de la parroquia Our Lady of Loreto, quien habla español fluidamente.

Una de las cosas que más valoró de las 4 semanas, fue conocer al staff de Centro. “Todos son muy comprometidos y apasionados. Aprender de ellos fue lo mejor”, concluyó.

Mateusz Ratajczak, seminarista de origen polaco también participó en el programa. “Desde que llegué a Estados Unidos, me sentí querido y aceptado por la comunidad hispana. Me siento en casa con ellos”, afirmó.

Algo que le gustó mucho fue “visitar las distintas realidades de la comunidad. Especialmente me gustó la sinceridad de las personas que conocí en Prevención y Rescate”.

Juan Madrid, el único seminarista hispano que participó en el programa en Centro dice que le recomendaría a todos los seminaristas que participen en esta experiencia. “Fue bastante bueno conocer la realidad de la arquidiócesis y de la comunidad hispana. A mí me ayudó mucho a ver a lo que yo estoy llamado como futuro presbítero de la Arquidiócesis de Denver”, concluyó Juan.

Me ha gustado mucho visitar las parroquias, estar con los jóvenes, ver al grupo Evangelizarte.

Pienso que es fundamental que los demás seminaristas conozcan primero Centro, luego el programa. Y creo que hay mucho más que se puede aprender.

“Ha sido una bendición tenerlos con nosotros, poder convivir con ellos de una manera más cercana”, dijo Jennie Marquez, Directora de Operaciones de Centro San Juan Diego. Según Marquez, ha sido un encuentro muy interesante, pues no sólo ellos pudieron conocer  a la comunidad, sino que también la comunidad los conoció a ellos.

Por su parte, Viviana Martínez, responsable del Ministerio de la Familia Hispana dijo que fue una alegría recibir a los seminaristas. “Me acompañaron a visitar los movimientos en grupos de tres,  fue muy interesante”. Según Martínez, “ellos han visto la necesidad de hablar español, o por lo menos entenderlo; y eso ya es muy importante. Pero además, se han esforzado por entender la cultura, la gente”.

De hecho Nicholas Larkin decía que antes de vivir este mes en Centro San Juan Diego, la idea de aprender español no lo motivaba, “pero ahora viendo la comunidad y conociendo a la gente, de hecho quiero aprender español. Creo que ha sido excelente que el Arzobispo nos haya enviado acá. He recibido mucho”.

Entre las cosas que ha recibido y aprendido, Nicholas señala “la verdadera devoción mariana que da calidez a mi corazón; su pasión por vivir la fe, como por ejemplo la comunidad carismática que vive su fe de manera muy bonita, de cuerpo y alma; y su fortaleza y su capacidad para sufrir con fe. Creo que es un hermoso testimonio y lo agradezco”.

Al evaluar el programa, Luis Soto señaló que está dispuesto a repetirlo. “Creo que sin duda ha sido una muy provechoso, tanto para ellos como para nosotros en centro San Juan Diego; han compartido tiempo entre ellos mismos y con la comunidad hispana y eso es una experiencia formativa de gran valor”, concluyó Soto.

 

Próximamente: Monseñor Rodríguez habla sobre su primer año como obispo

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En entrevista con Denver Catholic en Español el obispo auxiliar de Denver monseñor Jorge Rodríguez habla sobre su primer año en el episcopado, sobre las nuevas tareas que ha debido asumir y sobre las reflexiones que le surgen en estos primeros doce meses.

 ¿Cuáles han sido los momentos más destacados en este primer año como obispo?

La ceremonia de ordenación el 4 de noviembre del año pasado, mi visita como obispo a mi diócesis de origen y la celebración con mi familia. También el encuentro con el Papa Francisco el pasado 14 de septiembre.

¿Cómo ha sido para usted esta experiencia de transición de ser párroco de Holy Cross a obispo auxiliar de Denver?

No fue fácil. Como sacerdote uno tiene necesidad de su familia parroquial. Tuve que dejarla y con ella dejar los planes y sueños en que veníamos trabajando. Como obispo el ritmo de trabajo es más intenso que el que tenía en la parroquia, pero muy diverso.

Recientemente fue también nombrado Vicario para el Clero ¿cómo es su experiencia de acompañar a los sacerdotes de la arquidiócesis?

Descubrí que la oficina del Vicario para el Clero incluye mucho trabajo de administración. Mi reto es no dejarme absorber por ella, sino estar disponible y en contacto frecuente con mis hermanos sacerdotes. Gracias a Dios, siempre he tenido mucho aprecio por mis hermanos sacerdotes y me da mucho gusto estar en su compañía. Mi nueva posición me da la oportunidad de transformar la amistad con ellos en servicio y apoyo. Ojalá que ellos también sientan que cuentan conmigo, más como hermano que como un burócrata encargado de supervisarlos. Los sacerdotes, junto con nuestro Arzobispo y nuestros hermanos diáconos, formamos una unidad. Quiera Dios que esta unidad que viene y fue querida por nuestro Señor Jesucristo, pase también por el corazón y la fraternidad.

¿Cómo ve la comunidad hispana en esta arquidiócesis? ¿Qué fortalezas y cuáles aspectos por mejorar?

La veo como un regalo providencial de Dios, como una infusión de vida, de fe, de tradiciones y de alegría en nuestra Iglesia Católica. Los católicos hispanos traen una fuerte devoción a la Eucaristía, a la Virgen María, al Santo Padre. Tienen mucho aprecio por sus sacerdotes y llenan de actividad las comunidades, por medio de los grupos de oración y los movimientos apostólicos.

Pero la comunidad hispana viene a insertarse en la Iglesia Católica que vive en los Estados Unidos y que tiene también su propia belleza y dones. Esto significa que hay que aprender a adaptarse a sus modos organizativos y a su empeño personal y económico con la parroquia. Al venir a los Estados Unidos, los hermanos hispanos se encuentran en un medio diverso, donde la mayoría pertenece a una grande variedad de iglesias protestantes. Por ello es importante que se eduquen en la fe, que conozcan su fe católica para que puedan responder a sus cuestiones y retos. Nuestra comunidad hispana tiene un corazón católico grande, pero necesita crecer en su conocimiento de la fe.

Las estadísticas dicen que solo el 3% de los seminaristas de Estados Unidos son hispanos ¿Cómo incentivar la pastoral vocacional en esta comunidad?

Nos conviene hacer un plan. El plan debe partir de las familias porque está comprobado que las vocaciones sacerdotales suelen venir de familias católicas sólidas y practicantes. Las vocaciones nacen más naturalmente de familias que rezan unidas, que asisten juntos a la Santa Misa los domingos; familias honestas donde se vive la fe y el amor.

Pero también hace falta una pastoral vocacional hecha de oración por las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada; de un programa de retiros, charlas y actividades en las que se presente a los jovencitos y chicas la belleza de consagrar la vida a Dios y al servicio de los hermanos; actividades de servicio a los más necesitados y a los que sufren, donde los jóvenes sientan la alegría del dar y que se ensanchen sus corazones para la donación total. El plan también debería incluir una participación más directa de los párrocos, que son los primeros en descubrir signos de vocación en los jóvenes.

En la vida de hoy se hace más difícil escuchar la llamada de Dios. El ruido del mundo impide que nuestros jóvenes oigan ese susurro en su corazón. Creo que parte del plan sería también encontrar medios para proteger a los jóvenes de la superficialidad y  el egoísmo del mundo, y abrirlos a la vida de oración, a la vida interior y a la apertura al llamado de Dios.

Los inmigrantes afrontan hoy muchos desafíos con el nuevo gobierno y el anuncio de la cancelación del DACA. ¿Qué mensaje podemos darles?

El mensaje de la esperanza. No está dicha la última palabra. Los gobiernos pasan, cambian, rechazan leyes, hacen leyes nuevas, las modifican. Dios es el Señor de la historia y del mundo. Su Palabra nos invita a poner toda la confianza en Él. ¿No nos dijo Jesús que valemos mucho más que los pajarillos y los lirios, que Dios cuida con tanto afecto y atención? ¿Y que no cae la hoja del árbol sin que Dios lo sepa? La vida sigue adelante y nunca hay que renunciar a los sueños. Siempre hay que ser un dreamer en la vida.

¿Qué frutos puede traer el V Encuentro a la pastoral hispana de Estados Unidos?

Creo que el V Encuentro tendrá un primer gran fruto en los que lo están caminando porque cada uno de ellos descubrirá al final del camino, que ahora posee un alma misionera, que está encendida por el amor de Dios. Estos líderes misioneros llevarán el fuego del V Encuentro a sus comunidades. Esto podría convertirse en un gran incendio del fuego del Espíritu, capaz de transformar la Iglesia Católica en los Estados Unidos, pasando de ser una Iglesia encerrada en sí misma a ser una Iglesia misionera.

Otro fruto creo que será darnos cuenta de la fuerza transformante que los jóvenes hispanos poseen en nuestra Iglesia. Ellos tomarán conciencia de su grande protagonismo, y los adultos nos daremos cuenta de la vida y futuro que los jóvenes representan para todos.

Usted estuvo recientemente en Roma en una reunión de nuevos obispos con el Santo Padre ¿Cómo fue esta experiencia? ¿Cuál fue el mensaje del Papa a quienes comienzan en el ministerio episcopal?

Siempre estar en la presencia del Santo Padre te da una emoción especial. Sabemos que es un hombre, pero al mismo tiempo como que nos hace sentir a Jesús, y nos hacer sentir Iglesia. Es un hombre sencillo en sí mismo, sin pretensiones y cercano. Cuando te saluda te mira a los ojos y hace ese momento fugaz muy personal. Cuando lo tuve enfrente aproveché para agradecerle su apoyo a los inmigrantes en los Estados Unidos.

Su mensaje a los nuevos Obispos fue de apertura al Espíritu Santo, que es quien guía a la Iglesia; apertura a nuevos modos, nuevas ideas, nuevas estrategias, evitando la rigidez y cerrazón en esquemas pasados que ya no corresponden a la realidad.