“Tras el terremoto de México se fue el egoísmo y creció la fe”

Testimonio de Tomás Lozoya, sobreviviente del terremoto del 19 de septiembre

Carmen Elena Villa

Tomás Lozoya, quien ha sido colaborador en varias oportunidades de Denver Catholic en Español, se encontraba en Ciudad de México cuando esta fue sacudida por el  terremoto  de 7.1 grados en la escala Richter que dejó 369 muertos. Conmovido por lo vivido, quiso compartir esos momentos en los que la esperanza floreció en medio del dolor y el pánico.

No es la primera vez que vive una experiencia como esta. Él todavía recuerda aquel 19 de septiembre de 1985, cuando fue testigo del devastador movimiento telúrico de 8.1 grados escala de Richter en el que murieron alrededor de diez mil personas. En ese entonces Tomás era un joven universitario.

Y 32 años después, Lozoya revivió aquel momento con un nuevo sismo: “Estaba trabajando, me encontraba en un quinto piso y comenzó a temblar muy fuerte. Pensamos primero que era un camión que pasaba por en frente del edificio, segundos después nos dimos cuenta de que era un temblor. Yo me agarré de una columna del edificio donde también se encontraban dos compañeras más las cuales traté de abrazarlas también de los nervios. Pudimos evacuar por las escaleras cuando ya se tranquilizó todo”, describe.

Llamado a ser voluntario

Al ver la desesperación y el caos que ocasionó aquel sismo, dejando su saco y su mochila de lado, y aun vistiendo su ropa de oficina, Tomás tomó la determinación de unirse como voluntario a las brigadas de rescate en el Distrito Federal donde participó en una empresa textilera entre las calles de Chimalpopoca y Fray Servando en el centro de la ciudad.

Al día siguiente el escenario de ayuda fue otro: La escuela Enrique Rébsamen, que se encuentra a una milla de su casa y cuyas edificaciones se vinieron abajo cobrando la vida de 19 menores de edad y nueve adultos. Allí llegó a las 5:30 de la mañana para ofrecerse como voluntario.

Tomás fue uno de los encargados de facilitar las herramientas necesarias para las diferentes tareas de rescate: picos, palas, cinceles, marros, pata de cabra, boquillas, casco, esmeril entre otras. “Yo tenía un altavoz y decía las herramientas que necesitaba”, recuerda. De esta manera los voluntarios trabajaron para que los escombros no terminaran de derrumbarse y para facilitar la seguridad de los topos (aquellos que buscan entre los escombros si hay sobrevivientes). “Eran gente humilde los que estaban sirviendo allí. Luego empezaron a llegar más profesionales”, cuenta.

Tenía puesta su camiseta de los broncos, ya que el color naranja lo hacía más visible ante las necesidades de los voluntarios. Cada 30 minutos debía alzar las manos y cerrar el puño como señal de petición de silencio (un gesto que se ha convertido en emblemático de esta tragedia), para que así los rescatistas pudieran escuchar si había sobrevivientes gritando y pidiendo ayuda entre los escombros.

“Se hizo un pasillo para acceso fácil para que pudieran pasar las personas rescatadas, pero había mucha gente que no estaba apoyando. Les decía que se pusieran atrás de la cuerda”, describe Lozoya.

Un signo de esperanza

Tomás encontró entre los pedazos de la edificación un objeto que se ha convertido en algo emblemático para él: un cuaderno que tenía el nombre de una de las estudiantes de cuarto grado: Kamila Monserrat Castro Toscano. Esa fue según él, una señal de esperanza.

En su cuaderno Kamila destacaba algunos valores como la cooperación y el respeto entre hombres y mujeres, pero lo que más le impactó a Tomás fue lo que había en la primera página: un dibujo del planeta tierra que dice: “¡Cuídame!”.

“Este cuaderno dice mucho. Nos pide que cuidemos al mundo desde el aspecto natural, político, religioso”, asegura.

Lozoya lo guardó y continúo apoyando las brigadas de rescate durante más de 24 horas continuas, en las cuales pudo ser testigo del rescate de muchas personas en quienes vio reflejada la esperanza de Kamila.

“Tenía pensado estar sino hasta la 1 p.m. porque tenía que trabajar. Pero viendo las necesidades me quedé hasta las 7:30 a.m. del día siguiente”, recuerda.

 

Solidaridad

Impactado por lo que vivió en el terremoto, Tomás destacó la solidaridad durante los días posteriores a esta tragedia: “Aquí el egoísmo y la vanidad se van y la fe crece. Somos uno solo quien está apoyando. Pueden ser ingenieros muy bien preparados o gente muy humilde, pero tenemos algo en común: estamos al frente del cañón, buscando rescatar gente, queriendo sacar nuestro país adelante”.

Y destaca la ayuda que muchos de sus compatriotas brindaron. “A nivel económico, en aquellos que llevaron víveres y donaciones con sus camionetas. El apego a las cosas materiales pasa a ser un segundo plano en estas situaciones. Había por ejemplo una taquería que se la pasó repartiendo tacos gratis para que rescatistas y sobrevivientes pudieran alimentarse. Vi mucha solidaridad en la gente que se ofrecía para llevar a otros a su casa o su lugar de trabajo, ya que no había transporte público. Esto lo viví en primera persona. Así lo hicieron conmigo”, comenta.

Tras sobrevivir al terremoto y pasársela ayudando durante tantas horas, Tomás llegó a una conclusión: “Al final de cuentas todos los seres humanos somos iguales y hay que tener humildad en lo que hacemos independientemente del estatus económico, la raza o religión porque estuvimos apoyando unos a los otros”.

 

 

Recuadro 1

Palabras del Papa

“En este momento de dolor, quiero manifestar mi cercanía y oración a toda la querida población mexicana. Elevemos todos juntos nuestra plegaria a Dios para que acoja en su seno a los que han perdido la vida y conforte a los heridos, sus familiares y a todos los damnificados. Pidamos también por todo el personal de servicio y de socorro que prestan su ayuda a todas las personas afectadas”. Papa Francisco. Audiencia general. Miércoles 20 de septiembre.

 

Recuadro 2

¿Cómo donar a México desde el exterior?

Puede hacerse a través de tres medios:

  1. Donaciones a través de la Cruz Roja Mexicana: https://cruzrojadonaciones.org
  2. Donaciones en especie para la cruz Roja mexicana:

Ingresa a la página https://www.amazon.com.mx/ y haz click en “Fuerza México. Donar y ayudar nos une” y sigue las instrucciones.

  1. Fidecomiso Fuerza México:Estas donaciones se enfocarán en los esfuerzos de reconstrucción de los estados afectados con la participación de líderes de las principales cámaras empresariales del sector privado.

Cuenta Clabe Pesos Mexicanos / Number Account Mexican Pesos: 012180001109759075

Cuenta Clabe Dólares Americanos / Numbre Account USD: 012180001109759156

 

Para ambas cuentas:

Razón Social / Name Account: NACIONAL FINANCIERA  SNC COMO FID DEL F 80755 FUERZA MEXICO

Swift:   BCMRMXMM

Banco: BBVA Bancomer

Sucursal: 0095

Dirección: Av. Paseo de la Reforma N. 510 Col. Juárez, CP 06600

Información suministrada por el consulado de México en Denver

 

Próximamente: Monseñor Rodríguez habla sobre su primer año como obispo

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En entrevista con Denver Catholic en Español el obispo auxiliar de Denver monseñor Jorge Rodríguez habla sobre su primer año en el episcopado, sobre las nuevas tareas que ha debido asumir y sobre las reflexiones que le surgen en estos primeros doce meses.

 ¿Cuáles han sido los momentos más destacados en este primer año como obispo?

La ceremonia de ordenación el 4 de noviembre del año pasado, mi visita como obispo a mi diócesis de origen y la celebración con mi familia. También el encuentro con el Papa Francisco el pasado 14 de septiembre.

¿Cómo ha sido para usted esta experiencia de transición de ser párroco de Holy Cross a obispo auxiliar de Denver?

No fue fácil. Como sacerdote uno tiene necesidad de su familia parroquial. Tuve que dejarla y con ella dejar los planes y sueños en que veníamos trabajando. Como obispo el ritmo de trabajo es más intenso que el que tenía en la parroquia, pero muy diverso.

Recientemente fue también nombrado Vicario para el Clero ¿cómo es su experiencia de acompañar a los sacerdotes de la arquidiócesis?

Descubrí que la oficina del Vicario para el Clero incluye mucho trabajo de administración. Mi reto es no dejarme absorber por ella, sino estar disponible y en contacto frecuente con mis hermanos sacerdotes. Gracias a Dios, siempre he tenido mucho aprecio por mis hermanos sacerdotes y me da mucho gusto estar en su compañía. Mi nueva posición me da la oportunidad de transformar la amistad con ellos en servicio y apoyo. Ojalá que ellos también sientan que cuentan conmigo, más como hermano que como un burócrata encargado de supervisarlos. Los sacerdotes, junto con nuestro Arzobispo y nuestros hermanos diáconos, formamos una unidad. Quiera Dios que esta unidad que viene y fue querida por nuestro Señor Jesucristo, pase también por el corazón y la fraternidad.

¿Cómo ve la comunidad hispana en esta arquidiócesis? ¿Qué fortalezas y cuáles aspectos por mejorar?

La veo como un regalo providencial de Dios, como una infusión de vida, de fe, de tradiciones y de alegría en nuestra Iglesia Católica. Los católicos hispanos traen una fuerte devoción a la Eucaristía, a la Virgen María, al Santo Padre. Tienen mucho aprecio por sus sacerdotes y llenan de actividad las comunidades, por medio de los grupos de oración y los movimientos apostólicos.

Pero la comunidad hispana viene a insertarse en la Iglesia Católica que vive en los Estados Unidos y que tiene también su propia belleza y dones. Esto significa que hay que aprender a adaptarse a sus modos organizativos y a su empeño personal y económico con la parroquia. Al venir a los Estados Unidos, los hermanos hispanos se encuentran en un medio diverso, donde la mayoría pertenece a una grande variedad de iglesias protestantes. Por ello es importante que se eduquen en la fe, que conozcan su fe católica para que puedan responder a sus cuestiones y retos. Nuestra comunidad hispana tiene un corazón católico grande, pero necesita crecer en su conocimiento de la fe.

Las estadísticas dicen que solo el 3% de los seminaristas de Estados Unidos son hispanos ¿Cómo incentivar la pastoral vocacional en esta comunidad?

Nos conviene hacer un plan. El plan debe partir de las familias porque está comprobado que las vocaciones sacerdotales suelen venir de familias católicas sólidas y practicantes. Las vocaciones nacen más naturalmente de familias que rezan unidas, que asisten juntos a la Santa Misa los domingos; familias honestas donde se vive la fe y el amor.

Pero también hace falta una pastoral vocacional hecha de oración por las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada; de un programa de retiros, charlas y actividades en las que se presente a los jovencitos y chicas la belleza de consagrar la vida a Dios y al servicio de los hermanos; actividades de servicio a los más necesitados y a los que sufren, donde los jóvenes sientan la alegría del dar y que se ensanchen sus corazones para la donación total. El plan también debería incluir una participación más directa de los párrocos, que son los primeros en descubrir signos de vocación en los jóvenes.

En la vida de hoy se hace más difícil escuchar la llamada de Dios. El ruido del mundo impide que nuestros jóvenes oigan ese susurro en su corazón. Creo que parte del plan sería también encontrar medios para proteger a los jóvenes de la superficialidad y  el egoísmo del mundo, y abrirlos a la vida de oración, a la vida interior y a la apertura al llamado de Dios.

Los inmigrantes afrontan hoy muchos desafíos con el nuevo gobierno y el anuncio de la cancelación del DACA. ¿Qué mensaje podemos darles?

El mensaje de la esperanza. No está dicha la última palabra. Los gobiernos pasan, cambian, rechazan leyes, hacen leyes nuevas, las modifican. Dios es el Señor de la historia y del mundo. Su Palabra nos invita a poner toda la confianza en Él. ¿No nos dijo Jesús que valemos mucho más que los pajarillos y los lirios, que Dios cuida con tanto afecto y atención? ¿Y que no cae la hoja del árbol sin que Dios lo sepa? La vida sigue adelante y nunca hay que renunciar a los sueños. Siempre hay que ser un dreamer en la vida.

¿Qué frutos puede traer el V Encuentro a la pastoral hispana de Estados Unidos?

Creo que el V Encuentro tendrá un primer gran fruto en los que lo están caminando porque cada uno de ellos descubrirá al final del camino, que ahora posee un alma misionera, que está encendida por el amor de Dios. Estos líderes misioneros llevarán el fuego del V Encuentro a sus comunidades. Esto podría convertirse en un gran incendio del fuego del Espíritu, capaz de transformar la Iglesia Católica en los Estados Unidos, pasando de ser una Iglesia encerrada en sí misma a ser una Iglesia misionera.

Otro fruto creo que será darnos cuenta de la fuerza transformante que los jóvenes hispanos poseen en nuestra Iglesia. Ellos tomarán conciencia de su grande protagonismo, y los adultos nos daremos cuenta de la vida y futuro que los jóvenes representan para todos.

Usted estuvo recientemente en Roma en una reunión de nuevos obispos con el Santo Padre ¿Cómo fue esta experiencia? ¿Cuál fue el mensaje del Papa a quienes comienzan en el ministerio episcopal?

Siempre estar en la presencia del Santo Padre te da una emoción especial. Sabemos que es un hombre, pero al mismo tiempo como que nos hace sentir a Jesús, y nos hacer sentir Iglesia. Es un hombre sencillo en sí mismo, sin pretensiones y cercano. Cuando te saluda te mira a los ojos y hace ese momento fugaz muy personal. Cuando lo tuve enfrente aproveché para agradecerle su apoyo a los inmigrantes en los Estados Unidos.

Su mensaje a los nuevos Obispos fue de apertura al Espíritu Santo, que es quien guía a la Iglesia; apertura a nuevos modos, nuevas ideas, nuevas estrategias, evitando la rigidez y cerrazón en esquemas pasados que ya no corresponden a la realidad.