Sobre la misión de Our Lady of Visitation

Cuando uno llega a Colorado se encuentra con una grande comunidad inmigrante proveniente de Latinoamericana. Pero pronto identifica otra comunidad muy particular que habla inglés, pero entiende el español y hasta es capaz de hablarlo dejando al descubierto un vocabulario muy particular. En el contacto con ellos se descubre que comparten algunas tradiciones y modos de vida propios del mundo hispano. Cocinan tamales y green chili, hacen “bizcochitos”, recuerdan las procesiones de los “penitentes” y poseen un fuerte sentido de familia. Muchos tienen apellidos de origen español o portugués: Maestas, Vigil, Archuleta, Gallegos Olguín, Martinez, Valdez, entre otros. Ellos son Latinos o Hispanos que trazan sus raíces lejos en el tiempo, algunos incluso antes de la llegada del Mayflower, en los pueblos y ciudades de New México y otros territorios del sur.

El pasado 27 de abril tuve la oportunidad de conocer una representación de esta comunidad. Gente formidable y agradable. Tienen en mucho honor sus raíces, grande amor a su tradición y costumbres y sano orgullo de ser latinos y profundamente americanos. Me refiero a los miembros de la misión Our Lady of Visitation con los que me reuní en esa ocasión.

El motivo de la reunión era importante y al mismo tiempo difícil. La arquidiócesis decidió terminar el servicio de la Misa dominical en esa misión. Pude tocar con la mano la pena que eso estaba causando en la comunidad. Sin embargo, la decisión, por difícil que fuera, se tomó pensando en el bien espiritual de esa comunidad y de la totalidad de la arquidiócesis.

La misión Our Lady of Visitation tenía una asistencia regular de alrededor de 100 personas cada domingo. Probablemente la mayor parte de las personas no viven en la zona, pero venían incluso desde lejos porque en esa comunidad reconectaban con sus raíces, con su historia y familia. Pero evidentemente asistir a la Misa el domingo no es suficiente para tener una vida parroquial completa que incluyera la educación en la fe, el crecimiento espiritual, la experiencia de una liturgia plena y la integración en una vida parroquial con toda la riqueza de ministerios que ofrece. No era posible proveer una presencia del párroco constante e interactiva con la comunidad. A pocas calles está la parroquia de Holy Trinity, a la que pertenece esta misión. Se invitó a la comunidad a integrarse en la propia parroquia donde pudieran recibir todos los servicios y crecer en su fe. No es noticia que ya no contamos con el número de sacerdotes de antes, que la población se ha movido y que hay necesidad de abrir nuevas parroquias y hacer un uso más eficiente de los recursos que se tienen. La misión -que siempre se ha considerado estructura provisional- ya había cumplido su tarea.

Evidentemente para llegar a esta decisión se precedió al estudio y evaluación de toda la arquidiócesis que se hizo hace un par de años; lo estudió el consejo parroquial de Holy Trinity y lo aprobó el párroco; lo confirmó el consejo presbiteral, se informó al consejo pastoral arquidiocesano, y lo ratificó el Arzobispo.

El Vicario del Clero se reunió con algunos representantes de la comunidad de Our Lady of Visitation en dos ocasiones y conmigo se reunieron informalmente una vez. Los representantes de la arquidiócesis decidieron desertar la reunión general en programa a finales de marzo a causa de que el día anterior a la reunión, la arquidiócesis recibió una carta de un estudio legal en representación de algunos miembros de esa comunidad indicando la posibilidad de una causa legal contra la arquidiócesis. Una vez que la discusión se pone en el plano legal, ya el tono y circunstancias del dialogo cambian a otro nivel.

A causa de la circulación de alguna información incompleta o falsa en los medios de comunicación social, folletos dejados en las parroquias, y otros medios, quisiera aclarar algunos puntos de lo que se ha dicho a propósito de esta decisión tomada por la arquidiócesis.

Nunca se trató en las conversaciones de los ahorros que tiene la comunidad o de la propiedad. Nunca se habló de tomar esos fondos para otras parroquias ni de vender el terreno. De hecho, la idea era de dejarlo como centro de reunión, celebraciones en algunas ocasiones, el tradicional bazar que organizan cada año y otros eventos similares.  Respetando el amor por su historia y raíces, la arquidiócesis hizo la propuesta de que el párroco les celebrara la Misa un domingo al mes para darles la oportunidad de reconectar, celebrar sus raíces y compartir su fe cristiana, pidiéndoles que los otros tres domingos fueran a su propia parroquia. Esto les daría la posibilidad de dejar abierta la misión, reencontrarse mensualmente, y al mismo tiempo tener la posibilidad de vivir una vida parroquial más completa. Desafortunadamente esta propuesta no fue aceptada por los representantes de Our Lady of Visitation. Para ellos era o todo -es decir, mantener las cosas como siempre con la Misa todos los domingos- o nada. Lástima, porque esta propuesta, que satisfacía la esencia de los dos lados del problema, hubiera sido buena para todos.

Tampoco se trata de que la Iglesia discrimine o no valore la tradición latina, especialmente en estos tiempos en que la arquidiócesis está haciendo un grande esfuerzo por servir a la comunidad inmigrante hispanoparlante. La iglesia ama y aprecia todas las culturas que la integran: la comunidad anglo, la comunidad nativa americana, vietnamita, hispana, afro-americana y africana, coreana, mong, polaca, libanesa, etc. Y dentro de todas ellas, la comunidad de origen hispano, que es originaria de lo que hoy es Estados Unidos y que ha sido tan importante en la historia de la Iglesia Católica en Colorado.

No es solución la propuesta de traer sacerdotes retirados para que celebren la Misa cada domingo, porque esto no permite la conexión con el párroco, tan necesaria para una comunidad parroquial. El sacerdote invitado, viene, celebra la Misa y parte. No pertenece a esa comunidad.

Como pueden ver el tema es muy complejo. Algunas personas de la comunidad de Our Lady of Visitation han organizado algunos eventos para presionar la opinión pública como las conferencias de prensa, protestas, y manifiestos. Personalmente creo que fomentar la división nunca es bueno, pero sin justificarlo, puedo entender el dolor por el que esos hermanos nuestros están pasando. Incluso admiro el amor y orgullo que tienen por todo el sacrificio que sus abuelitos y padres pusieron en construir es pequeña comunidad de Our Lady of Visitation.

Les invito a orar al Señor con las mismas palabras de Jesús cuando pidió por su Iglesia: “Que todos sean uno como nosotros somos uno. Yo en ellos y Tú en Mí, para que sean consumados en la unidad y el mundo crea que Tú me has enviado (Jn 17, 22-23). Y que nos libre de situaciones como la que describe San Pablo: “Les conjuro, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que tengan todos un mismo hablar, y no haya entre vosotros divisiones; antes bien, estén unidos en una misma mentalidad y un mismo juicio. Porque, hermanos míos, estoy informado de ustedes, por los de Cloe, que existen discordias entre vosotros. Me refiero a que cada uno de vosotros dice: «Yo soy de Pablo», «Yo de Apolo», «Yo de Cefas», «Yo de Cristo». ¿Está dividido Cristo?” (1 Cor 1, 10-13)

Aunque ya no se cuente con la Misa dominical en la Misión de Our Lady of Visitation, me daría mucho gusto que la comunidad encontrara el modo de continuar celebrando su tradición, historia y familia Latina. Y me encantaría ser parte de ello, porque -como decía al inicio- es una comunidad estupenda que en cinco minutos me hicieron sentir en familia.

 

Próximamente: Monseñor Rodríguez habla sobre su primer año como obispo

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En entrevista con Denver Catholic en Español el obispo auxiliar de Denver monseñor Jorge Rodríguez habla sobre su primer año en el episcopado, sobre las nuevas tareas que ha debido asumir y sobre las reflexiones que le surgen en estos primeros doce meses.

 ¿Cuáles han sido los momentos más destacados en este primer año como obispo?

La ceremonia de ordenación el 4 de noviembre del año pasado, mi visita como obispo a mi diócesis de origen y la celebración con mi familia. También el encuentro con el Papa Francisco el pasado 14 de septiembre.

¿Cómo ha sido para usted esta experiencia de transición de ser párroco de Holy Cross a obispo auxiliar de Denver?

No fue fácil. Como sacerdote uno tiene necesidad de su familia parroquial. Tuve que dejarla y con ella dejar los planes y sueños en que veníamos trabajando. Como obispo el ritmo de trabajo es más intenso que el que tenía en la parroquia, pero muy diverso.

Recientemente fue también nombrado Vicario para el Clero ¿cómo es su experiencia de acompañar a los sacerdotes de la arquidiócesis?

Descubrí que la oficina del Vicario para el Clero incluye mucho trabajo de administración. Mi reto es no dejarme absorber por ella, sino estar disponible y en contacto frecuente con mis hermanos sacerdotes. Gracias a Dios, siempre he tenido mucho aprecio por mis hermanos sacerdotes y me da mucho gusto estar en su compañía. Mi nueva posición me da la oportunidad de transformar la amistad con ellos en servicio y apoyo. Ojalá que ellos también sientan que cuentan conmigo, más como hermano que como un burócrata encargado de supervisarlos. Los sacerdotes, junto con nuestro Arzobispo y nuestros hermanos diáconos, formamos una unidad. Quiera Dios que esta unidad que viene y fue querida por nuestro Señor Jesucristo, pase también por el corazón y la fraternidad.

¿Cómo ve la comunidad hispana en esta arquidiócesis? ¿Qué fortalezas y cuáles aspectos por mejorar?

La veo como un regalo providencial de Dios, como una infusión de vida, de fe, de tradiciones y de alegría en nuestra Iglesia Católica. Los católicos hispanos traen una fuerte devoción a la Eucaristía, a la Virgen María, al Santo Padre. Tienen mucho aprecio por sus sacerdotes y llenan de actividad las comunidades, por medio de los grupos de oración y los movimientos apostólicos.

Pero la comunidad hispana viene a insertarse en la Iglesia Católica que vive en los Estados Unidos y que tiene también su propia belleza y dones. Esto significa que hay que aprender a adaptarse a sus modos organizativos y a su empeño personal y económico con la parroquia. Al venir a los Estados Unidos, los hermanos hispanos se encuentran en un medio diverso, donde la mayoría pertenece a una grande variedad de iglesias protestantes. Por ello es importante que se eduquen en la fe, que conozcan su fe católica para que puedan responder a sus cuestiones y retos. Nuestra comunidad hispana tiene un corazón católico grande, pero necesita crecer en su conocimiento de la fe.

Las estadísticas dicen que solo el 3% de los seminaristas de Estados Unidos son hispanos ¿Cómo incentivar la pastoral vocacional en esta comunidad?

Nos conviene hacer un plan. El plan debe partir de las familias porque está comprobado que las vocaciones sacerdotales suelen venir de familias católicas sólidas y practicantes. Las vocaciones nacen más naturalmente de familias que rezan unidas, que asisten juntos a la Santa Misa los domingos; familias honestas donde se vive la fe y el amor.

Pero también hace falta una pastoral vocacional hecha de oración por las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada; de un programa de retiros, charlas y actividades en las que se presente a los jovencitos y chicas la belleza de consagrar la vida a Dios y al servicio de los hermanos; actividades de servicio a los más necesitados y a los que sufren, donde los jóvenes sientan la alegría del dar y que se ensanchen sus corazones para la donación total. El plan también debería incluir una participación más directa de los párrocos, que son los primeros en descubrir signos de vocación en los jóvenes.

En la vida de hoy se hace más difícil escuchar la llamada de Dios. El ruido del mundo impide que nuestros jóvenes oigan ese susurro en su corazón. Creo que parte del plan sería también encontrar medios para proteger a los jóvenes de la superficialidad y  el egoísmo del mundo, y abrirlos a la vida de oración, a la vida interior y a la apertura al llamado de Dios.

Los inmigrantes afrontan hoy muchos desafíos con el nuevo gobierno y el anuncio de la cancelación del DACA. ¿Qué mensaje podemos darles?

El mensaje de la esperanza. No está dicha la última palabra. Los gobiernos pasan, cambian, rechazan leyes, hacen leyes nuevas, las modifican. Dios es el Señor de la historia y del mundo. Su Palabra nos invita a poner toda la confianza en Él. ¿No nos dijo Jesús que valemos mucho más que los pajarillos y los lirios, que Dios cuida con tanto afecto y atención? ¿Y que no cae la hoja del árbol sin que Dios lo sepa? La vida sigue adelante y nunca hay que renunciar a los sueños. Siempre hay que ser un dreamer en la vida.

¿Qué frutos puede traer el V Encuentro a la pastoral hispana de Estados Unidos?

Creo que el V Encuentro tendrá un primer gran fruto en los que lo están caminando porque cada uno de ellos descubrirá al final del camino, que ahora posee un alma misionera, que está encendida por el amor de Dios. Estos líderes misioneros llevarán el fuego del V Encuentro a sus comunidades. Esto podría convertirse en un gran incendio del fuego del Espíritu, capaz de transformar la Iglesia Católica en los Estados Unidos, pasando de ser una Iglesia encerrada en sí misma a ser una Iglesia misionera.

Otro fruto creo que será darnos cuenta de la fuerza transformante que los jóvenes hispanos poseen en nuestra Iglesia. Ellos tomarán conciencia de su grande protagonismo, y los adultos nos daremos cuenta de la vida y futuro que los jóvenes representan para todos.

Usted estuvo recientemente en Roma en una reunión de nuevos obispos con el Santo Padre ¿Cómo fue esta experiencia? ¿Cuál fue el mensaje del Papa a quienes comienzan en el ministerio episcopal?

Siempre estar en la presencia del Santo Padre te da una emoción especial. Sabemos que es un hombre, pero al mismo tiempo como que nos hace sentir a Jesús, y nos hacer sentir Iglesia. Es un hombre sencillo en sí mismo, sin pretensiones y cercano. Cuando te saluda te mira a los ojos y hace ese momento fugaz muy personal. Cuando lo tuve enfrente aproveché para agradecerle su apoyo a los inmigrantes en los Estados Unidos.

Su mensaje a los nuevos Obispos fue de apertura al Espíritu Santo, que es quien guía a la Iglesia; apertura a nuevos modos, nuevas ideas, nuevas estrategias, evitando la rigidez y cerrazón en esquemas pasados que ya no corresponden a la realidad.