Sin que yo lo supiera, Ella me estaba buscando y cuidando

El milagro de la Virgencita de Guadalupe

En este mes de diciembre, compartimos este testimonio del amor y la acción silenciosa de Nuestra Señora de Guadalupe. Esperamos que nos ayude a todos a crecer en la fe y la esperanza en Dios, que siempre vela por nosotros, de manera especial a través de la ternura de su Madre, Santa María.

Ser mamá es el regalo más grande que Dios me ha podido dar. ¡No hay palabras que describan lo que siento por este ser pequeñito que llevo en mi vientre! Éste era un sueño y un gran deseo que tenía. Sin embargo, nunca pensé que este deseo intenso, llegaría a ser un Milagro por el que la Virgen de Guadalupe manifestaría su amor y su poderosa intercesión.

Este don, tal vez no hubiera podido ser posible para mí sin la intervención de la Virgencita y gracias a Ella, ahora no sólo vivo el regalo de ser madre, sino una experiencia maravillosa que quiero compartir con todos ustedes.

A comienzos de año, exactamente un 6 de enero, ingresé de emergencia al hospital, tenía intensos dolores en el lado izquierdo del vientre; me detectaron un quiste en el ovario izquierdo de 9 cm x 13 cm. Debido al gran tamaño del quiste, corría el riesgo de una torsión en el ovario, provocando una necrosis. Los médicos pensaron que podía soportar el dolor con una serie de antiinflamatorios y analgésicos mientras me daban fecha para la intervención (18 de abril).

Después de muchas idas y venidas al hospital, debido a dolores cada vez más intensos, finalmente el 16 de marzo mi cuerpo no resistió. Jamás en mi vida sufrí dolores tan fuertes. Cuando ingresé a emergencia, los médicos de guardia no se atrevían a operarme porque no estaba el especialista y la situación era muy complicada.  Uno de los médicos me sugirió que esperara la fecha que ya me habían asignado, ya que hasta esa fecha el especialista no estaría en el hospital. Lo único que hicieron fue inyectarme calmantes cada hora.

Desesperada por mi sufrimiento le pedí a Dios y a la Virgen que me ayudaran y así lo hicieron. Después de varias horas se hizo el cambio de turno y llegaron otros médicos; uno de ellos me cogió la mano con la dulzura que en esos momentos necesitaba tanto, y me preguntó “¿Quieres que te opere?”. Evidentemente mi respuesta fue que sí. Ése fue mi primer milagro, porque de no haberme operado hubiese terminado en una septicemia y hoy no podría escribir mi experiencia.

Después de la operación mi esposo y yo intentamos ser padres, lo intentamos varios meses sabiendo que era complicado, en primer lugar por la pérdida del ovario y en segundo lugar por mi edad (35 años). Inclusive nos habíamos planteado el iniciar pruebas de fertilidad, pero una vez más, la Virgencita salió a mi encuentro de una manera totalmente inesperada, poniendo en mi camino a una gran amiga de la infancia, que ahora es laica consagrada.

Una mañana abrí mi Facebook y encontré un mensaje de ella, donde nos contaba -a todas las chicas de la promoción- que iría a ver a la Virgen de Guadalupe, a su Santuario en México, y nos invitaba a mandarle nuestras intenciones.

Cuando leí su mensaje lo primero que pensé fue en agradecerle a la Virgencita por la salud de mis padres y de mi familia y así lo hice. A los minutos de haber mandado el mensaje, ella me contestó y me dijo que lo haría, pero me preguntó si tenía alguna intención para mí. En ese momento me di cuenta que otra vez más la Virgencita estaba ahí, dándome la señal para poder recibir otra de sus maravillosas acciones y sin dudar le conté las inmensas ganas que teníamos de ser padres y las dificultades que teníamos.

Fue muy conmovedor ver su mensaje, pues me dijo que la Virgencita era muy milagrosa y que en su imagen Ella estaba embarazada, invitándome a tener mucha fe.

El milagro fue casi inmediato, ella fue al Santuario a finales de agosto, hoy tenemos 3 meses de embarazo.

Estoy muy agradecida por la dicha que me ha regalado la Virgen de Guadalupe, tanto en la salud como en mi embarazo, y sobre todo por reafirmar aún más mi fe. Sé que Ella cuidará y protegerá a nuestro hijo(a) y le pido además me enseñe a ser una buena madre como Ella lo es.

 

Próximamente: La ballena de la muerte

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La semana pasada se dieron a conocer las infelices declaraciones del supuesto autor del juego “La Ballena Azul”. Philipp Budeikin, ruso, de 22 años, expulsado de la facultad de psicología y detenido desde noviembre pasado, dijo sin mostrar ningún tipo de remordimiento: “Sí, realmente lo hice, murieron felices. Les di lo que no tienen en la vida real: calidez, comprensión y comunicación”.

Y según sus declaraciones, Budeikin se cree con el criterio de dividir a los adolescentes en dos grupos: “personas” y “residuos biodegradables”.  De incitar a los jóvenes que pertenecen al segundo grupo (según su tétrica clasificación) a quitarse la vida. “Los residuales son aquellos que no tienen ningún valor para la sociedad, sino que, al contrario, le hacen daño a esta. Yo estaba limpiando la sociedad de esas personas residuales”, comentó a la prensa.

Cincuenta retos en cincuenta días que se aprovechan de jóvenes vulnerables, (¡cuántos de nosotros lo fuimos también!) que viven quizás en alguna situación de soledad o que pasan por un momento de tristeza o confusión y que, al no hallar un sentido en su vida real, buscan refugio en el mundo virtual. Es allí donde estas mentes tan moldeables se encuentran con un juego que los atrapa, con maestros anónimos por quienes se dejan “guiar” y hacia quienes sienten temor por las amenazas que reciben en contra de sus familias si no les hacen caso.

Uno de los retos es ver por un día entero películas de terror enviadas por su “maestro” para alterar sus emociones, hacerlos más vulnerables y predisponerlos para aceptar los retos más peligrosos: cortarse la piel hasta tatuarse una ballena, pararse frente a un piso alto y finalmente lanzarse desde un edificio para morir.

Al ver este fenómeno, que al parecer también ha cobrado víctimas en Colombia, me pregunto por la situación de estos jóvenes. Quizás muchos de ellos adolecían de esa “calidez, comprensión y comunicación”. Quizás sus padres estaban demasiado ocupados y pensaron que la mejor manera de entretenerlos era llenándolos de aparatos. A lo mejor no hubo tiempo para una adecuada supervisión sobre lo que veían en las redes. Ni para un diálogo abierto sobre los peligros de navegar solos en el ciberespacio sin ningún límite.

Es normal que los adolescentes se hagan preguntas sobre el sentido de su propia vida. Que experimenten una fuerte necesidad de ser queridos y orientados. En sus mentes van gestándose los sueños que serán decisivos para el desarrollo de su vida adulta.

Necesitan sentirse valiosos (¡y lo son!) y superar retos en los que descubran sus capacidades. Pero estas inquietudes deben plantearse en el mundo real y no a maestros anónimos. Es en el seno de una buena familia, de profesores comprometidos donde encontrarán la “calidez, comprensión y comunicación” pero no aquella inventada por Budeikin sino la que ofrecen de seres humanos que buscan orientarlos en un momento que es clave, hacia una vida llena de sentido. En la que entiendan están muy lejos de ser “residuos biodegradables”.