¿Se puede ser madre y profesional exitosa a la vez?

Mavi Barraza

Existe una gran cantidad de mujeres que anhelan ser madres sin dejar de lado su vida profesional. Este es el dilema de la mujer en la actualidad.

Pero ¿cómo se logra tener ese balance requerido para ser exitosas en esas dos facetas? Aquí en Colorado, tenemos a muchas mujeres profesionales que a la par de ser madres han logrado impulsar su carrera. Con motivo del Día de la Madre te presentamos la historia de una de ellas.

“Echándole muchas ganas, delineando prioridades y siendo creativa”, ese es el secreto que comparte Rosy Aburto McDough, mexicana, y quien es directora de la oficina de minorías del estado de Colorado.

Rosy tiene tres hijas de 10, 13 y 17 años, a quienes atiende mientras responde a las necesidades estatales en su oficina.

El amor por su profesión es tal que “nunca me puede imaginar a mí misma solo siendo mamá”, comenta. Pero su amor por la maternidad era a la vez muy grande, tanto que la llevó a adoptar una pequeña de China cuando su primera hija tenía cinco años. Para sorpresa de Rosy y su marido, Dios tenia un regalo especial para ellos: una tercera hija.

Tener tres hijas pequeñas para Rosy no fue un obstáculo en su profesión, al contrario, cuando sus niñas estaban chiquitas ella era dueña de una agencia de reportes de crédito que prestaba servicio a cientos de compañías a nivel nacional e internacional. Pero esta mujer se las ingenió para acomodar un espacio en su oficina donde mantenía a las dos niñas menores al cuidado de una niñera que le ayudaba durante algunas horas mientras su hija más grande iba a la escuela.

El correr de los años llevó a Rosy por diferentes caminos y ahora en su actual trabajo se le requiere viajar constantemente. Aun así, ella se encarga de mantener una comunicación constante con sus hijas, está al pendiente de su alimentación y las mantiene motivadas en sus diferentes actividades extracurriculares, poniendo mucho énfasis en su educación, -las tres son políglotas, hablan mandarín, español e inglés-.

Uno de los mayores desafíos para las madres que deciden combinar ambas facetas es el de sentir cierta culpa por dejar a sus hijos mientras dedican tiempo a su profesión llevándolas, en muchas ocasiones, a preguntarse si el tiempo que les dedican es suficiente o si les están dando un buen ejemplo al decidir seguir sus sueños profesionales.

“Me hice la pregunta muchas veces”, admite Rosy “pero, después me di cuenta de que lo que yo estaba haciendo era un ejemplo que les haría entender que ellas pueden ser mujeres productivas”. Además, continúa diciendo que “el amor y el cariño que tú les das va a completar todo eso que tú crees que les falta”.

Para esta profesional es muy importante que sus hijas sean parte de su carrera. Es por eso que ellas la acompañan, y Rosy las hace partícipe de sus logros. De esta manera se mantienen en contacto constante y ellas se sienten incluidas en la vida profesional de su mama.

Además, Rosy se encarga de hacer memorable el tiempo que pasa con sus hijas durante los fines de semana y mantenido la fe viva en su hogar. Ellos asisten todos los domingos en familia a Misa a su parroquia Most Presious Blood de Denver.

Es importante que como mujer sepas lo que te hace feliz y si ser madre y ser profesional es tu anhelo entonces “continúa luchando por tu familia y tu carrera profesional porque al final del día lo que los hijos aprenden es a ser seres independientes, ser personas que pueden ganarse la vida por ellos mismos, que puedan cumplir sus sueños” finaliza Rosy.

Una madre que se siente realizada y sin frustraciones, proveerá una mejor educación para sus hijos, y a la vez les brindará todo el amor y los cuidados que ellos necesitan para su desarrollo.

¡Feliz día de las madres!

 

Próximamente: El Espíritu Santo habla a través de la vida de los santos

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(Foto de dominio público)

Los apóstoles, encogidos de miedo, encerrados en el Cenáculo, esperaban hasta que la amenaza a sus vidas se hubiera calmado. Mientras se escondían, Jesús se les apareció, les dio paz y les explicó las Escrituras. Todos hemos tenido momentos en que nos hemos sentido abrumados y, así como con los Apóstoles, Jesús desea entrar en estos periodos de miedo y dificultad, fortalecernos y darnos una misión.

El domingo pasado recibimos la efusión del Espíritu Santo sobre la Iglesia mientras celebramos la Solemnidad de Pentecostés, recordando su acción a través de la historia. Cuando creó el mundo, Dios Padre sopló su Espíritu sobre las aguas de la tierra y creó la vida. Luego, después de ascender al cielo, nos envió su Espíritu Santo en una forma nueva y poderosa en Pentecostés, dando a la Iglesia “poder desde lo alto” (Lucas 24, 49).

Esa misma promesa, en la forma de los dones de Espíritu Santo, está destinada a cada uno de nosotros hoy. Los Apóstoles recibieron el don de poder hablar en otras lenguas, acompañado de la señal visible de una flama sobre ellos. Sus palabras, como las de profeta Elías “abrasaba como antorcha” (Eclo 48,1) y llevaron a muchos a la fe.

La solemnidad de Pentecostés y el envío de los Apóstoles está estrechamente ligado a el tema del que escribe el Papa Francisco en su reciente exhortación apostólica, Gaudete et Exsultate (Regocijaos y alegraos), el tema de “Tu misión en Cristo”.

En Gaudete et Exsultate, el Papa Francisco dedica la sección “Tu misión en Cristo” a examinar cómo cada persona, al igual que San Pedro, tiene un objetivo en esta vida: ser santos. “La misión”, explica el Papa, “tiene su sentido pleno en Cristo y solo se entiende desde Él. En el fondo, la santidad es vivir en unión con Él los misterios de su vida” (GE, 20).

Después de que los Apóstoles recibieron al Espíritu Santo y glorificaron a Dios en muchas lenguas, Pedro se levantó proclamando valientemente lo que Dios estaba haciendo y llamó a las miles de personas reunidas a arrepentirse y a ser bautizadas. Al hacerlo, Pedro estaba cumpliendo la misión única que Dios le había dado. Como sabemos por las Escrituras, Pedro continúo su camino único a la santidad como el primer Papa, finalmente dando su vida por la fe.

Tu camino a la santidad tendrá diferentes características, así como cada santo es único en su relación con el Señor. Puede ir desde cosas pequeñas como consolar a un niño enfermo, compartir con otros la alegría del Evangelio, o acompañar a alguien que está muriendo. Pero puedes estar seguro de que, sin importar el camino, experimentaras la muerte y la resurrección de Cristo en una manera única y personal. Seguir los pasos del Señor significa permitirle a tu corazón ser más como el de Él. Tú experimentaras “distintos aspectos de la vida terrena de Jesús: su vida oculta, su vida comunitaria, su cercanía a los últimos, su pobreza y otras manifestaciones de su entrega por amor”.

Este itinerario realza que cada una de nuestras vidas transmite una palabra de Dios al mundo.  “Cada santo es un mensaje que el Espíritu Santo toma de la riqueza de Jesucristo y regala a su pueblo” (GE, 21), enseña el Santo Padre. Durante su vida en la tierra, el corazón de Jesús se llenó del Espíritu Santo, quien lo movió y lo inspiró. Después de su Ascensión a los cielos, derramó el mismo Espíritu sobre nosotros. El espíritu hace en nosotros lo que hizo en Jesucristo. Si le permitimos, el Espíritu Santo manifestará las virtudes de Cristo en nuestros corazones y nos convertiremos en imágenes vivientes de Cristo.

Aunque esto pueda parecer imposible, el Papa Francisco nos aconseja enfocarnos en la vida de cada santo en su conjunto, “no conviene entretenerse en los detalles, porque allí también puede haber errores y caídas” (GE, 22). Este es un punto importante para nuestra cuidadosamente diseñada era de redes sociales que promueve fachadas de perfección. La fuerza del Evangelio es la verdad de que Jesús nos ama y nos redime a pesar de conocer nuestros pecados. Uno puede ver esto en la vida de los santos en su camino a seguir a Jesús.

Nuestro mundo perdido y confundido necesita la palabra que Dios desea transmitir a través de cada una de nuestras vidas. Abran sus corazones al Espíritu Santo y recen para alcanzar un corazón receptivo y dócil, escuchen al Señor hablar a su corazón, “…para Dios todo es posible” (Mateo 19.26). Me uno al Papa Francisco en oración, Ojalá puedas reconocer cuál es esa palabra, ese mensaje de Jesús que Dios quiere decir al mundo con tu vida. Déjate transformar, déjate renovar por el Espíritu…” (GE, 24).