Renovación Carismática, 50 años movidos por el Espíritu

Carmen Elena Villa

El fin de semana del 17 al 19 de febrero de 1967, un grupo de estudiantes católicos de la Universidad de Duquesne en Pittsburgh, Pennsylvania se fueron a un retiro para experimentar lo que vivió la Iglesia primitiva, de acuerdo con lo que narran los cuatro primeros cuatro capítulos de los Hechos de los Apóstoles. “Se encontraron con que cada uno por su cuenta acudía a la capilla y allí no podían dejar de rezar. Muchos alababan a Dios en voz alta, con entusiasmo. Otros sentían un gozo que les llevaba a bailar. Otros lloraban de alegría. Algunos cayeron como fulminados ante el sagrario de la capilla, en un sentimiento de adoración”, narra Abram León, director de movimientos eclesiales del ministerio hispano de la Arquidiócesis de Denver.

Así se dio inicio a la Renovación Carismática Católica, el cual cuenta hoy con unos 130 millones de integrantes alrededor del mundo. En esta arquidiócesis están presentes en 35 parroquias con ministerio hispano y existe un total de 42 grupos de oración de los cuales forman parte alrededor de 4 mil carismáticos.

La Renovación Carismática se puede definir como una “corriente de gracia” dada a la Iglesia después del Concilio Vaticano II. León hace la analogía de esta espiritualidad con “un rio que no se estanca sino que ha recorrido los cinco continentes del mundo entero”. Por ello del 31 de mayo al 4 de junio (vísperas de Pentecostés) la Iglesia universal celebrará este jubileo de oro en Roma con diversos eventos simultáneos y culminará con una Misa en la plaza de San Pedro presidida por el Papa Francisco.

Foto de Nicole Withee

Foto de Nicole Withee. Abram Leon durante la celebración del Jubileo de la Renovación Carismática el pasado 1 de abril.

Durante estas cinco décadas La Renovación Carismática ha sido testigo de historias impresionantes de conversión de millones de personas alrededor del mundo quienes “con el apoyo de los sacerdotes permiten que el poder del Espíritu Santo los invada”, comenta León. Sus integrantes acuden a la vida sacramental y a las Sagradas Escrituras como fuente de vida espiritual y así encuentran “una vida de oración personal y comunitaria y gozosa alabanza y acción de gracias por los milagros realizados por el Señor en nuestra vida cotidiana”, comenta Abram, quien hace parte de la Renovación Carismática desde hace 15 años, luego de asistir a un retiro de iniciación que, según él, cambió su vida.

Antes de esto él se consideraba un “católico de domingo” que solo iba a misa y comulgaba una vez al año. “A partir de ahí (del retiro) puedo decir lo que se siente nacer de nuevo, puedo decir que Cristo Jesús está vivo y que quiere tener un encuentro personal con cada uno de nosotros”, testimonia León.

En acción de gracias por estos 50 años, La oficina de la Renovación Carismática de la Arquidiócesis de Denver realizó un evento el pasado 1 de abril en la parroquia Saint Joseph de Denver al que participaron más de 600 servidores y líderes del movimiento. Con pláticas, alabanzas, momentos de oración y con una Misa presidida por el obispo auxiliar monseñor Jorge Rodríguez, los participantes dieron gracias a Dios por este carisma presente en sus vidas.

Para Graciela Cano, feligrés de la parroquia Saint Joseph la celebración fue “muy hermosa” y le ha permitido ver “cómo el Señor actúa”. “Desde que llegamos se sentía el poder de Dios, la gracia y la manifestación del Espíritu Santo”, indicó.

DENVER, CO APRIL 1, 2017: 50 Years of Charismatic Renewal Congress Celebrated at St. Joseph Parish (Denver). (Photo by Nicole Withee/Denver Catholic en Español)

Unos 600 fieles estuvieron presentes en la celebración de los 50 años de la Renovación Carismática.

Mientras tanto Isaac Alegría, aseguró que en este evento experimentó “un sentimiento de agradecimiento con Dios. No solo en mí. Lo pude ver en la demás gente. Los veía emocionados y con una mirada llena de amor de Dios”.

Así, centenares de hispanos de la Arquidiócesis de Denver dieron gracias a Dios por los frutos que ha generado esta corriente de gracia en la Iglesia como son

“la valentía; la proclamación de la Buena Nueva; el surgimiento de una nueva comunidad enriquecida por los dones del Espíritu Santo; el carisma en la práctica de la oración y la evangelización”, concluyó Abram León.

Próximamente: La ballena de la muerte

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La semana pasada se dieron a conocer las infelices declaraciones del supuesto autor del juego “La Ballena Azul”. Philipp Budeikin, ruso, de 22 años, expulsado de la facultad de psicología y detenido desde noviembre pasado, dijo sin mostrar ningún tipo de remordimiento: “Sí, realmente lo hice, murieron felices. Les di lo que no tienen en la vida real: calidez, comprensión y comunicación”.

Y según sus declaraciones, Budeikin se cree con el criterio de dividir a los adolescentes en dos grupos: “personas” y “residuos biodegradables”.  De incitar a los jóvenes que pertenecen al segundo grupo (según su tétrica clasificación) a quitarse la vida. “Los residuales son aquellos que no tienen ningún valor para la sociedad, sino que, al contrario, le hacen daño a esta. Yo estaba limpiando la sociedad de esas personas residuales”, comentó a la prensa.

Cincuenta retos en cincuenta días que se aprovechan de jóvenes vulnerables, (¡cuántos de nosotros lo fuimos también!) que viven quizás en alguna situación de soledad o que pasan por un momento de tristeza o confusión y que, al no hallar un sentido en su vida real, buscan refugio en el mundo virtual. Es allí donde estas mentes tan moldeables se encuentran con un juego que los atrapa, con maestros anónimos por quienes se dejan “guiar” y hacia quienes sienten temor por las amenazas que reciben en contra de sus familias si no les hacen caso.

Uno de los retos es ver por un día entero películas de terror enviadas por su “maestro” para alterar sus emociones, hacerlos más vulnerables y predisponerlos para aceptar los retos más peligrosos: cortarse la piel hasta tatuarse una ballena, pararse frente a un piso alto y finalmente lanzarse desde un edificio para morir.

Al ver este fenómeno, que al parecer también ha cobrado víctimas en Colombia, me pregunto por la situación de estos jóvenes. Quizás muchos de ellos adolecían de esa “calidez, comprensión y comunicación”. Quizás sus padres estaban demasiado ocupados y pensaron que la mejor manera de entretenerlos era llenándolos de aparatos. A lo mejor no hubo tiempo para una adecuada supervisión sobre lo que veían en las redes. Ni para un diálogo abierto sobre los peligros de navegar solos en el ciberespacio sin ningún límite.

Es normal que los adolescentes se hagan preguntas sobre el sentido de su propia vida. Que experimenten una fuerte necesidad de ser queridos y orientados. En sus mentes van gestándose los sueños que serán decisivos para el desarrollo de su vida adulta.

Necesitan sentirse valiosos (¡y lo son!) y superar retos en los que descubran sus capacidades. Pero estas inquietudes deben plantearse en el mundo real y no a maestros anónimos. Es en el seno de una buena familia, de profesores comprometidos donde encontrarán la “calidez, comprensión y comunicación” pero no aquella inventada por Budeikin sino la que ofrecen de seres humanos que buscan orientarlos en un momento que es clave, hacia una vida llena de sentido. En la que entiendan están muy lejos de ser “residuos biodegradables”.