A redescubrir la Reconciliación en Cuaresma, invita Arzobispo de Denver

Al iniciar la Cuaresma, el Arzobispo de Denver, Mons. Samuel J. Aquila, invitó a todos los fieles de la arquidiócesis a redescubrir el don del Sacramento de la Confesión para acercarnos más a Jesucristo y pedirle a Él que cambie nuestras vidas.

Lo hizo enviando una carta publicada en tanto en el Denver Catholic Register como en El Pueblo Católico, los dos periódicos oficiales de la Arquidiócesis, en inglés y español, respectivamente.

En la misma línea, y siguiendo la invitación del pastor, todas las parroquias de la Arquidiócesis de Denver tendrán realizarán la Campaña: La Luz de la Reconciliación está encendida para ti”, el día jueves 20 de marzo, de 4:30 p.m. a 7:00 p.m.

Reproducimos aquí el mensaje completo del Arzobispo de Denver:

Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

Al comenzar el tiempo litúrgico de la Cuaresma, deseo que cada uno de ustedes conozca y reciba el amor de Jesucristo, y que haga un firme compromiso de crecer en santidad.

Cuando visito las parroquias, frecuentemente pregunto a los jóvenes si alguno de ellos será santo. Muchos no saben cómo responder, y sus padres quedan sorprendidos por la pregunta.

Pero esta es una pregunta que debemos hacernos a nosotros mismos. ¿Vamos a ser santos? ¿Estamos dando pasos para acercarnos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo? ¿Estamos tratando de descubrir la voluntad del Padre para nuestras vidas?

Queridos hermanos y hermanas, Jesús y el Padre nos aman, y quieren darnos su amor en el Espíritu Santo. Es importante que digamos “sí” a esta gran verdad. Si realmente confiamos en Jesús, Él cambiará todo en nuestras vidas; pero esto no sucederá sin nuestra cooperación. Tenemos que abrir nuestro corazón a la conversión. Y aun así, el ser santo no es algo que ocurre de un día para otro, y no está exento de lucha.

Por esta razón, Cristo nos dio los sacramentos. Ellos nos alimentan y fortalecen en el camino a la santidad, que muchas veces se nos hace difícil. Cuando vamos a misa y recibimos la Eucaristía, así como cuando nos acercamos al Sacramento de la Confesión, nos estamos encontrando con Jesús, con su misericordia, su gracia y su fuerza.

Ser un buen católico no consiste simplemente en decir las cosas correctas, tener las ideas correctas, hacer grandes sacrificios o acatar estrictamente un código moral. El núcleo de nuestra fe consiste en conocer y ser transformados por una persona: Jesucristo.

Con la Confesión, Jesús nos invita a acercarnos a Él, reconociendo nuestros pecados y pidiendo su perdón. Si bien al pecar dañamos nuestra relación con Dios, la belleza de la Confesión consiste en que nos hace capaces de recibir su misericordia y su perdón, y nos permite restaurar nuestra relación con el Señor. Podemos ver esta verdad en la parábola del Hijo Pródigo, y en los muchos encuentros que Jesús tuvo con los pecadores.

En esta Cuaresma, los exhorto a todos y a cada uno de ustedes a acudir a la Confesión. Si no lo han hecho por años, ahora es el momento. Ahora es el momento de preparar sus corazones para celebrar la Pascua. No tengan miedo del sacramento de la misericordia. No tengan miedo de cambiar sus vidas. Esto es lo que nuestro Señor más anhela para cada uno de nosotros. Los aliento a que hagan de la Confesión, parte regular de su vida cotidiana, acudiendo a este sacramento de manera mensual.

Jesús siempre invita, nunca impone, aun cuando anhela darnos su amor y su misericordia. Responder a Jesús, abrirle nuestra mente y nuestro corazón, y seguirlo, depende de cada uno de nosotros.

¡Que tengan una Cuaresma muy bendecida!

En el amor y la misericordia de Jesucristo,

Arzobispo Samuel J. Aquila

 

Próximamente: La ballena de la muerte

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La semana pasada se dieron a conocer las infelices declaraciones del supuesto autor del juego “La Ballena Azul”. Philipp Budeikin, ruso, de 22 años, expulsado de la facultad de psicología y detenido desde noviembre pasado, dijo sin mostrar ningún tipo de remordimiento: “Sí, realmente lo hice, murieron felices. Les di lo que no tienen en la vida real: calidez, comprensión y comunicación”.

Y según sus declaraciones, Budeikin se cree con el criterio de dividir a los adolescentes en dos grupos: “personas” y “residuos biodegradables”.  De incitar a los jóvenes que pertenecen al segundo grupo (según su tétrica clasificación) a quitarse la vida. “Los residuales son aquellos que no tienen ningún valor para la sociedad, sino que, al contrario, le hacen daño a esta. Yo estaba limpiando la sociedad de esas personas residuales”, comentó a la prensa.

Cincuenta retos en cincuenta días que se aprovechan de jóvenes vulnerables, (¡cuántos de nosotros lo fuimos también!) que viven quizás en alguna situación de soledad o que pasan por un momento de tristeza o confusión y que, al no hallar un sentido en su vida real, buscan refugio en el mundo virtual. Es allí donde estas mentes tan moldeables se encuentran con un juego que los atrapa, con maestros anónimos por quienes se dejan “guiar” y hacia quienes sienten temor por las amenazas que reciben en contra de sus familias si no les hacen caso.

Uno de los retos es ver por un día entero películas de terror enviadas por su “maestro” para alterar sus emociones, hacerlos más vulnerables y predisponerlos para aceptar los retos más peligrosos: cortarse la piel hasta tatuarse una ballena, pararse frente a un piso alto y finalmente lanzarse desde un edificio para morir.

Al ver este fenómeno, que al parecer también ha cobrado víctimas en Colombia, me pregunto por la situación de estos jóvenes. Quizás muchos de ellos adolecían de esa “calidez, comprensión y comunicación”. Quizás sus padres estaban demasiado ocupados y pensaron que la mejor manera de entretenerlos era llenándolos de aparatos. A lo mejor no hubo tiempo para una adecuada supervisión sobre lo que veían en las redes. Ni para un diálogo abierto sobre los peligros de navegar solos en el ciberespacio sin ningún límite.

Es normal que los adolescentes se hagan preguntas sobre el sentido de su propia vida. Que experimenten una fuerte necesidad de ser queridos y orientados. En sus mentes van gestándose los sueños que serán decisivos para el desarrollo de su vida adulta.

Necesitan sentirse valiosos (¡y lo son!) y superar retos en los que descubran sus capacidades. Pero estas inquietudes deben plantearse en el mundo real y no a maestros anónimos. Es en el seno de una buena familia, de profesores comprometidos donde encontrarán la “calidez, comprensión y comunicación” pero no aquella inventada por Budeikin sino la que ofrecen de seres humanos que buscan orientarlos en un momento que es clave, hacia una vida llena de sentido. En la que entiendan están muy lejos de ser “residuos biodegradables”.