“Quisiera sufrir al menos uno de los golpes que sufrió Jesús”

Moisés Martin representará a Jesucristo en vía-crucis viviente

Carmen Elena Villa

Para Moisés Martin, personificar a Jesús en el vía-crucis viviente de la parroquia Queen of Peace “me ayuda mucho a profundizar lo que fue su pasión (de Jesús) e imaginarme cómo fue su subida al calvario”, dice este joven en diálogo con el Denver Catholic en Español.

Martin hace parte del grupo de jóvenes adultos de esta parroquia, que tradicionalmente organiza su vía-crucis bilingüe el Domingo de Ramos y este año se realizará a las 3 p.m.

Es la primera vez que Moisés actúa como Jesús. En años anteriores ha estado involucrado con la logística, pero ahora será él quien represente al Cristo sufriente. Él se reúne con los demás representantes del vía-crucis a ensayar dos veces por semana y dice que en esos momentos ora en silencio diciéndole a Jesús: “Señor, tú haz vivido esto por mí, yo no más estoy representándote”. Durante los días previos a la Semana Santa, al recorrer las 14 estaciones que van desde la condena a muerte de Jesús hasta el reposo de su cuerpo sin vida en el sepulcro, Moisés comparte cómo esta experiencia le ayuda “a profundizar lo que Él vivió, a tomarlo más en cuenta y tener más respeto por lo que hizo por nosotros”.

 

Encuentro con Dios

Moisés es originario de Jalisco, México y vive hace cuatro años en Estados Unidos. Cuenta que hace dos años tuvo un momento fuerte de conversión que lo hizo encontrarse con el amor del Señor y cambiar de vida. Al principio de este proceso, Moisés estaba muy enfocado en el temor de Dios, en el miedo al infierno, el cual ve como algo “horrible”. “No quisiera estar ahí”, confiesa.  Luego comenzó a aprender y a profundizar en las promesas de Dios, las cuales “Él nos dejó para que fuéramos felices”. Y así tomó las armas espirituales más poderosas como son el Rosario y otras oraciones sencillas y le pidió a Dios poder vencer los males y pecados que cargaba consigo y luego “sentí una paz y tranquilidad, una inmensa felicidad y miré a mi alrededor y en ese momento sentí que Dios escuchó mi oración y me liberó, tocó mi corazón”, comparte el joven actor.

Así, Dios con su gracia “fue transformando mi debilidad en pureza, cambiaron muchas cosas tanto en el corazón como en el pensamiento”. Por ello él cree que “el Espíritu Santo va a estar presente y me va a llevar hasta su cruz y hasta el sepulcro para resucitar con Él”.

 

Sentido de Semana Santa

Para Moisés los días de Semana Santa “son muy hermosos” para los cuales “debemos prepararnos con oración, penitencia y ayuno”. Y asegura que la base espiritual para aprovechar estos días santos consiste en “la profundización en la oración”, en la que recomienda “leer y contemplar en el Evangelio los pasajes de su pasión”. Una oportunidad para ahondar en el misterio de “cómo Jesús entró triunfante a Jerusalén y luego dio su vida por nosotros”.

Así, tras un itinerario de conversión, Moisés considera que su participación en el vía-crucis viviente de su parroquia, va más allá de una actuación y se convierte en un momento de oración. “Yo sé que Jesús sufrió mucho más y esto me hace pensar que quisiera sentir, aunque sea un golpe de lo que el sufrió Él para meterme más en su papel”, concluye.

 

¿Cómo se reza el Vía Crucis?

Además de ir en procesión el Viernes Santo u otro día de la Semana Santa, los fieles pueden rezar el vía-crucis en su casa en cualquier momento del año, meditando en las estaciones por las que pasó Jesús antes de ser crucificado. En cada estación los fieles rezan esta oración:

“Te adoramos oh Cristo y te bendecimos porque por tu santa cruz redimiste al mundo”.

Luego se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria. Estas son las 14 estaciones del Vía Crucis

Primera estación: El Señor Jesús es condenado a muerte.

Segunda estación: Jesús carga con la cruz.

Tercera estación: Jesús cae por primera vez.

Cuarta estación: Jesús se encuentra con su madre.

Quinta estación: Simón de Cirene ayuda a Jesús a llevar la cruz.

Sexta estación: La Verónica limpia el rostro de Jesús.

Séptima estación: Jesús cae por segunda vez.

Octava estación: Jesús habla a las mujeres de Jerusalén.

Novena estación: Jesús cae por tercera vez.

Décima estación: Jesús es despojado de sus vestiduras.

Undécima estación: Jesús es clavado en la cruz.

Duodécima estación: Jesús muere en la cruz.

Décimo tercera estación: Jesús es bajado de la Cruz.

Décimo cuarta estación: Jesús es sepultado.

Oración final: Señor mío Jesucristo, que con tu Pasión y Muerte diste vida al mundo, líbranos de todas nuestras culpas y de toda inclinación al mal, concédenos vivir apegados a tus mandamientos y jamás permitas que nos separemos de Ti.  Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Próximamente: No te olvides de llevar a Dios a tu trabajo

¡Regístrese en una suscripción digital a Denver Catholic En Español!

Pertenezco a un grupo de oración en Facebook. La gente publica sus intenciones, y los otros miembros rezan. Una de las formas en que se puede dar un buen uso de las redes sociales.

El otro día publiqué, como lo hago en ocasiones, una petición para que los miembros rezaran por una transacción en la que he estado trabajando en mi negocio de bienes raíces. Ha sido estresante, y me ha causado gran ansiedad. Los otros miembros, como siempre, me apoyaron y me aseguraron que rezarían. Pero un miembro creyente me preguntó si creo que es apropiado pedir por el éxito en negociaciones comerciales. No se estaba negando, fíjate. Pero, aparentemente había hecho lo mismo en otro sitio de oración, y se le dijo que este no era un tema apropiado para una petición de oración. Me dijo que ella creía que era bastante apropiado, ya que su negocio es en realidad un apostolado, pues hacen rosarios. Definitivamente dignos de la oración

Y comencé a pensar: ¿son los fabricantes de rosarios el único “negocio” por el que podemos rezar? ¿Tenemos que, de alguna manera, estar involucrados directamente en un ministerio relacionado a la Iglesia antes de que Dios quiera escuchar lo que estamos haciendo?

Pienso que, como cristianos, tendemos a dividir el mundo y nuestras vidas entre lo “sagrado” y lo “secular”. “Sagrado” es la Misa del domingo. El tiempo de oración. Evangelización. El trabajo solo es sagrado si es para la iglesia, o está directamente relacionado a la evangelización. Todo lo demás: nuestros equipos de softbol, nuestras reuniones escolares, nuestra compra de víveres, nuestras vacaciones que no son de peregrinación, y especialmente “el mundo de los negocios” – son puramente “seculares”.  Dios está interesado en el primero, y no le importa tanto lo segundo.

¿Es verdad?

San Juan Pablo II, en su encíclica Laborem Exercens, nos dice que el trabajo es un aspecto fundamental de la vida del hombre en la tierra, y el lugar donde se une con Dios en su obra de creación, y cumple con su primer mandamiento “someter a la tierra”

El mismo San Juan Pablo II, en su hermoso libro “Amor y Responsabilidad”, define lo que él llama la “norma personalista”, que establece que la única respuesta apropiada y adecuada hacia una persona es el amor. En el lado negativo, porque cada uno de nosotros somos creados a imagen y semejanza de Dios, ninguna persona puede ser vista simplemente como un objeto de uso, nunca.

El “mundo de los negocios” es simplemente un lugar donde estos dos conceptos se encuentran. Para mí, eso lo hace un lugar sagrado. Y a Dios le importa mucho lo que pasa ahí.

Cuando entramos a nuestro trabajo el lunes por la mañana, no dejamos nuestra norma personalista en la puerta. Somos personas creadas a imagen y semejanza de Dios, uniéndonos con otras personas creados a su imagen, para realizar algún trabajo aquí en la tierra. Y estamos llamados a eso como cristianos para amarnos unos a otros, haciendo nuestro mejor esfuerzo, y a través de eso, llevando a Cristo a nuestros lugares de trabajos.

Y necesitamos de su ayuda para hacerlo.

Si desechamos el “mundo de los negocios” como simplemente secular, nos arriesgamos a despedir a Dios de nuestras vidas durante las más de 40 horas que pasamos en el trabajo cada semana. Y, en la medida en que apliquemos estas ideas al lado “comercial” del ministerio, también corrompemos eso. Los líderes del ministerio me dijeron el tratar mal a sus empleados estaba justificado porque “tenemos que hacerlo funcionar como un negocio”.

Así no se trata ningún negocio, ni sagrado, ni secular.

C.S. Lewis escribió que “nunca has conocido a un simple mortal”. De la misma manera, creo que no has hecho nada que sea meramente “secular”. Estamos trabajando en nuestra salvación, cada minuto de cada hora de cada día. Eso incluye el tiempo en el trabajo.

En cualquiera que sea el trabajo que haces, el Dios que tiene contadas cada una de las hebras de tu cabello, quiere participar en ello. Quiere que reces -por tus compañeros de trabajo, por su seguridad, por tu misión. Y sí. Por el éxito de todos tus esfuerzos, si esa es su voluntad.

No te olvides de llevar a Dios a tu trabajo.