Quinceañera: un reto y una oportunidad de evangelización

Vestido, fiesta, chambelanes, amigos, sueños, misa, peinado, zapatillas, fotos, familia, acción de gracias, tradición, tiempo de transición, música, pureza, madurez, sexo, estatus social, dinero, libertinaje. Estas fueron algunas de las respuestas más comunes de jóvenes y madres hispanas cuando les pedimos que mencionaran 3 ideas relacionadas a la palabra “quinceañera”. 

Todas estas ideas expresan una realidad: la celebración de los quince años ofrece una excelente oportunidad pastoral, pero a la vez plantea serios retos de evangelización.

Empecemos con los desafíos
La celebración muchas veces se ve teñida de un ambiente mundano y materialista, y está cargada por un exceso de publicidad y consumismo, donde a más pomposa la fiesta y el vestido, mejor rango en la sociedad demuestras tener.
Esta tradición es todo un evento, y los gastos que genera son preocupantes. Los padres necesitan ahorrar, a veces por años, para poder costear la fiesta de los quince años, llegando incluso a dejar de pagar las hipotecas de sus casas o usar un presupuesto que va más allá de lo que ellos podrían costear.
Algunos se preguntarán ¿Por qué arriesgar la economía del hogar en una fiesta? Muchos padres no lo hacen simplemente por una cuestión de estatus o de buen nombre, sino porque de alguna u otra manera han caído en la trampa del mercado, que usa este cándido mensaje para poder sacar el jugo a la fiesta: “Haga realidad los sueños de su hija”.
Sin embargo el desafío más grande y peligroso se ve relacionado con el tema de la pureza. El mundo y la anticultura bombardean a las jovencitas con la falsa idea de que “ahora que pasan a ser mujeres, están listas para tener relaciones sexuales”, convirtiéndolas así en un objeto sexual.

Una respuesta cristiana
La Iglesia que es madre, ha visto estas necesidades y ha buscado responderlas a través de diferentes programas de preparación, viendo en esta tradición, una excelente posibilidad de evangelización. Parroquias de Colorado, como Ascension, Holy Rosary, St. Joseph, St. Clare of Assisi– en Edwards y St. Mary en Eagle, entre muchas otras, ofrecen preparación para que las adolescentes puedan vivir sus 15 años de una manera católica.
La web de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos- USCCB por sus siglas en inglés- señala, que esta tradición hoy en día guarda símbolos y significados de origen profundamente cristiano.
“Usualmente, la familia pide una Misa o una bendición en la iglesia. Al hacerlo, los padres reconocen que su hija ha llegado a la edad de la razón, que ya es capaz de tomar más responsabilidad.  Ellos ven la Misa de los quince años como una manera de darle gracias a Dios por la bendición de la vida de su hija; buscan la bendición del Señor y su orientación para ella al comenzar esta etapa como adulta”, explica la USCCB.
Por su parte, el Padre Jorge Rodríguez, Vicerrector del Seminario diocesano de Denver St. John Vianney, señala elementos interesantes de esta tradición: “Un momento de familia con Dios en torno a la mesa Eucarística; ocasión para reflexionar en el don de la vida y darle gracias a Dios; oportunidad para meditar en el sentido y vocación en la vida y encomendárselo a Dios; aprender a vivir los momentos importantes de la vida con Dios y no solamente en un modo mundano”.
Christian Meert, fundador del programa Catholic Marriage Preparation y de Agape Catholic Ministries, ha desarrollado también un interesante programa usado por diferente parroquias de la arquidiócesis. Se trata de un programa online que busca responder a estos desafíos ofreciendo formación espiritual y moral para estas jóvenes.
Carmen Chávez, una de las tutoras de este programa que se viene encargando de la implementación del mismo al idioma español, señaló que al ser este un programa interactivo por internet, con una tutora que brinda atención personalizada a la joven durante todo el proceso, lo hace muy atractivo.

Meert señala que “planteamos esta fiesta como una celebración de acción de gracias, que permite reconocer que todo viene de Dios. Ofrecemos además la oportunidad para que las jovencitas reflexionen sobre los talentos que Dios les ha dado, sobre la belleza de su feminidad y sobre el propósito de sus vidas”.

Próximamente: La ballena de la muerte

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La semana pasada se dieron a conocer las infelices declaraciones del supuesto autor del juego “La Ballena Azul”. Philipp Budeikin, ruso, de 22 años, expulsado de la facultad de psicología y detenido desde noviembre pasado, dijo sin mostrar ningún tipo de remordimiento: “Sí, realmente lo hice, murieron felices. Les di lo que no tienen en la vida real: calidez, comprensión y comunicación”.

Y según sus declaraciones, Budeikin se cree con el criterio de dividir a los adolescentes en dos grupos: “personas” y “residuos biodegradables”.  De incitar a los jóvenes que pertenecen al segundo grupo (según su tétrica clasificación) a quitarse la vida. “Los residuales son aquellos que no tienen ningún valor para la sociedad, sino que, al contrario, le hacen daño a esta. Yo estaba limpiando la sociedad de esas personas residuales”, comentó a la prensa.

Cincuenta retos en cincuenta días que se aprovechan de jóvenes vulnerables, (¡cuántos de nosotros lo fuimos también!) que viven quizás en alguna situación de soledad o que pasan por un momento de tristeza o confusión y que, al no hallar un sentido en su vida real, buscan refugio en el mundo virtual. Es allí donde estas mentes tan moldeables se encuentran con un juego que los atrapa, con maestros anónimos por quienes se dejan “guiar” y hacia quienes sienten temor por las amenazas que reciben en contra de sus familias si no les hacen caso.

Uno de los retos es ver por un día entero películas de terror enviadas por su “maestro” para alterar sus emociones, hacerlos más vulnerables y predisponerlos para aceptar los retos más peligrosos: cortarse la piel hasta tatuarse una ballena, pararse frente a un piso alto y finalmente lanzarse desde un edificio para morir.

Al ver este fenómeno, que al parecer también ha cobrado víctimas en Colombia, me pregunto por la situación de estos jóvenes. Quizás muchos de ellos adolecían de esa “calidez, comprensión y comunicación”. Quizás sus padres estaban demasiado ocupados y pensaron que la mejor manera de entretenerlos era llenándolos de aparatos. A lo mejor no hubo tiempo para una adecuada supervisión sobre lo que veían en las redes. Ni para un diálogo abierto sobre los peligros de navegar solos en el ciberespacio sin ningún límite.

Es normal que los adolescentes se hagan preguntas sobre el sentido de su propia vida. Que experimenten una fuerte necesidad de ser queridos y orientados. En sus mentes van gestándose los sueños que serán decisivos para el desarrollo de su vida adulta.

Necesitan sentirse valiosos (¡y lo son!) y superar retos en los que descubran sus capacidades. Pero estas inquietudes deben plantearse en el mundo real y no a maestros anónimos. Es en el seno de una buena familia, de profesores comprometidos donde encontrarán la “calidez, comprensión y comunicación” pero no aquella inventada por Budeikin sino la que ofrecen de seres humanos que buscan orientarlos en un momento que es clave, hacia una vida llena de sentido. En la que entiendan están muy lejos de ser “residuos biodegradables”.