¿Qué son los Rollos del Mar Muerto?

Estarán exhibidos en Denver del 16 de marzo al 3 de septiembre

Aaron Lambert

Uno de los mayores descubrimientos arqueológicos de todos los tiempos llega al Denver Museum of Nature and Science, el 16 de marzo, y tiene profundas raíces en la fe cristiana.

Los Rollos de Mar Muerto son un vínculo crucial entre la era moderna y las raíces de la Iglesia en la historia. Muchos escépticos de la religión, especialmente la religión cristiana, se burlan de la idea de que la Biblia y sus libros no sean leídos como un simple cuento de hadas. Pero estos, además de ser la palabra divina de Dios, son documentos históricos. El descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto refuerza indiscutiblemente este hecho.

Los rollos fueron descubiertos casi por casualidad a mediados de la década de los 40. Un pastor árabe que buscaba una oveja perdida descubrió una cueva en los acantilados de piedra caliza en la costa noroeste del Mar Muerto, cerca de Cumrán en Israel.

Su curiosidad lo llevo a lanzar una piedra dentro de la cueva de Qumrán, y para su sorpresa, el sonido de cerámica quebrada resonó. No se sabe si encontró su oveja, pero sin duda encontró algo mucho mayor.

Los jarrones de barro contenían siete manuscritos antiguos casi intactos que, como se sabría más adelante, eran parte restante de los más de 900 manuscritos que los eruditos dicen debieron de haberse escrito entre los años 250 A.C y 68 D.C

Después de su descubrimiento inicial, tres de los rollos fueron vendidos a un mercader de antigüedades de Belén (uno de ellos era un manuscrito completo del libro de Isaías), mientras que los otros cuatro fueron vendidos a otro comerciante de antigüedades. Cuando el profesor de la Universidad Hebrea Eliezer Lipa Sukenik supo del descubrimiento de los rollos mediante un vendedor de antigüedades armenio, se sintió intrigado y decidió investigar él mismo sobre la importancia de este desciframiento.

Escribió en su diario sobre su reacción al abrir los rollos por primera vez y ver que estos manuscritos eran mil años más antiguos que cualquier texto bíblico.

“Mis manos temblaron mientras comenzaba a desenvolver uno de ellos. Leí algunas oraciones. Estaba escrito en un hermoso hebreo bíblico. El lenguaje era como el de los salmos, pero el texto era desconocido para mí. Lo miré y lo miré, y repentinamente tuve la sensación de que era privilegiado por el destino al contemplar un rollo hebreo que no había sido leído por más de 2 mil años”.

Los eruditos tardaron varios años en autenticar los Rollos, pero cuando los consideraron válidos, a principio de la década de los 50, se llevaron a cabo más excavaciones del sitio donde inicialmente se descubrieron y se encontraron 11 cuevas que contenían más rollos.

La historia de cómo fueron descubiertos es fascinante por sí misma, pero parece insignificante en comparación al contenido de estos. La mayoría de los Rollos del Mar Muerto son trabajos religiosos, divididos por los eruditos entre composiciones “bíblicas” y “no bíblicas”.

Cada uno de los manuscritos proporciona una visión fascinante del periodo antiguo, antes de que Cristo caminara la tierra, e incluso durante ese tiempo, pero tal vez lo más sorprendente de todo el contenido de los documentos es la representación total del Antiguo Testamento de las Sagradas Escrituras (excepto el libro de Ester) en el hebreo original. Además, presentan una traducción del texto escritural al arameo y griego, incluyendo los libros apócrifos, que son considerados como una tradición pero que no son parte de los libros que componen las Sagradas Escrituras.

La exhibición en el museo presentará diez de los rollos, y entre ellos habrá una porción del libro de Isaías y los salmos.

¿Sería pura coincidencia o una intervención divina lo que llevo al descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto? Juzgue usted mismo en esta exposición que comienza el 16 de marzo.

Rollos del Mar Muero

16 de marzo al 13 de septiembre

Denver Museum of Nature and Science

Para comprar sus boletos visite:

dmns.org/dead-sea-scrolls

Próximamente: La oración es la mejor arma

¡Regístrese en una suscripción digital a Denver Catholic En Español!

¿Sabías que diariamente cada uno de nosotros ve centenares – si no son miles – de avisos publicitarios? De hecho, el censo entre los investigadores de marketing dice que es posible que se vean o escuchen hasta 4 mil por día.

Estamos bombardeados de mensajes y al mismo tiempo nos consuelan las palabras de San Pablo en su carta a los tesalonicenses: “Estad siempre alegres. Orad constantemente. En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros” (I Tes 5. 16 – 18).

Esta columna es la tercera y final de una serie de artículos que he escrito sobre la Exhortación Apostólica del Papa Gaudete et Exsultate, Regocijaos y alegraos, (las otras dos columnas se han publicado en nuestra página web n.d.t) la cual tiene como objetivo inspirar a todas las personas a la santidad. Como expliqué en mi columna anterior esta semana estaré reflexionando sobre la sección “En oración constante” y “Combate, vigilancia y discernimiento”. He escogido focalizarme específicamente en estas secciones porque ellas nos indican cómo los cristianos debemos interactuar y ver el mundo en el cual vivimos.

Y las preguntas sobre nuestra cosmovisión son especialmente importantes ya que la verdad se vuelve más difícil de descubrir con la avalancha de información que experimentamos.

El Papa Francisco dedica la última sección de su capítulo sobre la santidad al tema “En oración constante”, como la exhortación que hace San Pablo de orar continuamente. Esto suena imposible, y lo sería si tuviéramos que confiar solo en nuestras fuerzas o en nuestra capacidad de concentración. Pero sabemos que “para Dios todo es posible” (Mt. 19, 26).  Este reto es tan importante que el Papa Francisco dice: “No creo en la santidad sin oración” (GE 147).

La batalla que cada uno de nosotros enfrenta cada día y cada minuto está entre las realidades inmediatas que nos rodean en este mundo y las realidades sobrenaurales que se encuentran de manera simultánea en el trabajo. Tendemos a concentrarnos en lo que podemos ver y olvidamos aquello que no podemos ver. El Papa Francisco escribe. “El santo es una persona con espíritu orante, que necesita comunicarse con Dios. Es alguien que no soporta asfixiarse en la inmanencia cerrada de este mundo, y en medio de sus esfuerzos y entregas suspira por Dios, sale de sí en la alabanza y amplía sus límites en la contemplación del Señor” (GE 147).

Estar en oración continua no quiere decir recitar plegarias en todo momento o esperar siempre emociones intensas. Significa más bien permanecer en presencia de Dios en todo lo que hagamos.  Hacemos de Dios el final de cada acción, pensamiento o palabra. El Santo Padre cita a San Juan de la Cruz para describir esta manera de vivir. “Procure ser continuo en la oración, y en medio de los ejercicios corporales no la deje. Sea que coma, beba, hable con otros, o haga cualquier cosa, siempre ande deseando a Dios y apegando a Él su corazón” (GE 148).

El secreto de permanecer conectados con Dios en todo momento está en la relación con la Santa Trinidad.  Cuando sepas en tu corazón que tu identidad más fundamental es la de hijo de Dios Padre, serás capaz de pasar tiempo en silencio, descansando en la presencia del Espíritu Santo y escuchando atentamente su palabra. “En ese silencio es posible discernir, a la luz del Espíritu, los caminos de santidad que el Señor nos propone”, dice el Papa Francisco (GE 150).

El tiempo que empleamos encontrando a cada persona de la Santa Trinidad es lo que inflama nuestros corazones y nos cura. Nos permite profundizar en la realidad y aviva nuestra experiencia. El Papa se inspira en una hermosa experiencia de Santa Teresita de Lisieux para describir cómo una comunidad puede ser transformada.

“Una tarde de invierno estaba yo cumpliendo, como de costumbre, mi dulce tarea”, cuenta Santa Teresita. “De pronto, oí a lo lejos el sonido armonioso de un instrumento musical. Entonces me imaginé un salón muy bien iluminado, todo resplandeciente de ricos dorados; y en él, señoritas elegantemente vestidas, prodigándose mutuamente cumplidos y cortesías mundanas. Luego posé la mirada en la pobre enferma, a quien sostenía. En lugar de una melodía, escuchaba de vez en cuando sus gemidos lastimeros (…). No puedo expresar lo que pasó por mi alma. Lo único que sé es que el Señor la iluminó con los rayos de la verdad, los cuales sobrepasaban de tal modo el brillo tenebroso de las fiestas de la tierra, que no podía creer en mi felicidad” (GE 145).

El Santo Padre también reconoce que hay una batalla constante librada por el diablo para alejarnos de la vida centrada en Dios. Al principio del capítulo cinco, refiriéndose al combate espiritual, el Papa Francisco marca un punto en el que dice que cuando hablamos de la batalla con el mal, la Iglesia no solo está hablando de enfrentar una mentalidad mundana o esforzarse por superar las debilidades humanas (cf GE 158 – 159). Satanás es real; él es “un ser personal que nos acosa” (GE 160).  Esto se demuestra, dice el Papa, con el poder destructivo del maligno en el mundo que nos rodea.

Al mismo tiempo, no tenemos por qué sentirnos intimidados por esta batalla, sepamos que Jesús en la cruz venció el pecado, a la muerte y a Satanás. “Nadie resiste si opta por quedarse en un punto muerto, si se conforma con poco, si deja de soñar con ofrecerle al Señor una entrega más bella”, (GE, 163). La clave está en participar de esta lucha dependiendo de Jesús, cultivando todo aquello que es bueno, verdadero y hermoso, profundizando en nuestra vida de oración y creciendo en el amor.

Y mientras que comenzamos este tiempo de verano, oro para que tú puedas fortalecerte con la armadura de la oración constante, para que, tanto tú como las personas sobre las cuales tienes influencia se acerquen más a Jesucristo. Te invito a que crezcas en tu devoción y atención a la Eucaristía, a que reces el Rosario en familia. Que las palabras del Papa Francisco en la Evangelii Gaudium te inspiren a aceptar este desafío: “El triunfo cristiano es siempre una cruz, pero una cruz que al mismo tiempo es bandera de victoria, que se lleva con una ternura combativa ante los embates del mal” (EG 85).