¿Qué no es ser santo? El Papa Francisco responde

Carmen Elena Villa

En su exhortación apostólica Gaudete et Exsultate (Regocijaos y alegraos) el Papa habla de manera muy profunda, sencilla y encarnada en la vida cotidiana, del llamado universal que tenemos todos los bautizados a la santidad. Sin embargo, en ese anhelo por ser santos, pueden interferir también algunas visiones erradas en las que caen no pocos grupos de católicos y que muchas veces la hacen ver como una meta inalcanzable o como un estatus privilegiado y reservado para un selecto grupo de creyentes. Presentamos algunas de estas concepciones con citas en las que el Santo Padre busca recordarnos la sencillez del evangelio, de las Bienaventuranzas que deben ser “el documento de identidad de todo cristiano”:

  1. Pensar que la vida de los santos es perfecta. Ellos “aún en medio de las imperfecciones agradaron al Señor” #3, justamente en medio de sus flaquezas y debilidades los santos reconocen sus limitaciones y piden al señor el auxilio de la gracia.
  2. Anhelar tener las cualidades de los demás: Muchos cristianos se desgastan intentando imitar ciertos estereotipos o cualidades “que no han sido pensados para ellos” #11 en lugar de distinguir sus propios dones y valorarse por el simple hecho de ser hijos de Dios, no por sus capacidades humanas.
  3. Dedicar muchas horas del día a la oración. Si bien algunas personas tienen la vocación de tener una vida intensa de oración (como los religiosos de vida contemplativa), “todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra”, dice el Papa quien, pregunta más adelante: “¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales” # 14
  4. Buscar imitar hasta el más mínimo detalle de la vida de los santos. “No todo lo que dice un santo es plenamente fiel al Evangelio, no todo lo que hace es auténtico y perfecto. Lo que hay que contemplar es el conjunto de su vida, su camino entero de santificación, esa figura que refleja algo de Jesucristo y que resulta cuando uno logra componer el sentido de la totalidad de su persona” #22. Los detalles, en cambio pueden corresponder a una época determinada, a una situación cultural o a un tipo de personalidad.
  5. Creer que el santo tiene respuestas a todas las preguntas. La fe es un misterio que se ilumina con la luz natural de la razón. Es una actitud soberbia absolutizar las propias teorías y obligar a los demás estar al servicio de los propios razonamientos”. # 39. Quien actúa así puede ser un “falso profeta” #41. Los santos pueden tener dudas, pero tienen una gran confianza en Dios y en aquello que no terminan de entender. Es importante querer formarse en la fe, sin embargo, puede ser una tentación creer que se sabe todo y considerar a los demás como una “masa ignorante” #45.
  6. Creer que la santidad son solo conquistas humanas. Este vicio proviene de la herejía del pelagianismo, la cual le resta importancia al tema de la gracia que puede suplir nuestra debilidad, sobrepasa nuestra inteligencia y las fuerzas de la voluntad humana # 54. A este grupo pertenecen las personas que tienen “una obsesión por el cumplimiento de la ley”, una “fascinación por mostrar las conquistas sociales y políticas”. Es una tentación para los cristianos buscar la vanagloria “ligada a la gestión de asuntos pacticos, las dinámicas de autoayuda y de realización autorreferencial” #57. Es importante en cambio “dejarse llevar por el Espíritu en el camino del amor” #57
  7. Ignorar las situaciones dolorosas, cubrirlas, esconderlas. “La cruz, sobre todo los cansancios y los dolores que soportamos por vivir el mandamiento del amor y el camino de la justicia, es fuente de maduración y de santificación” #91. El cristiano que ignora la cruz busca muchas veces poner su seguridad “en los éxitos, los placeres vacíos, las posesiones, en el dominio sobre los demás y en la imagen social alejándose así del ideal de la santidad”. #121
  8. Pensar que todo alrededor tiene que ser favorable. El santo puede, si está a su alcance, cambiar algunas realidades que lo rodean. En caso de que no se pueda cambiar, él acepta las dificultades. Es necesario tener cuidado con las “ambiciones de poder y los intereses mundanos, los cuales muchas veces pueden jugar en contra nuestra”. #91
  9. Creer que el cristianismo es una ONG Si bien la Iglesia debe tener en cuenta su dimensión misionera, esta no puede separarse “de su relación personal con el Señor, de la unión interior con él, de la gracia”. #100 El Papa nos invita a mirar algunos santos como San Francisco de Asís, Santa Teresa de Calcuta o San Vicente de Paúl quienes “ni la oración, ni el amor de Dios, ni la lectura del Evangelio les disminuyeron la pasión o la eficacia de su entrega al prójimo, sino todo lo contrario” #100.
  10. Huir a un “lugar seguro”. El santo huye de las ocasiones de pecado, pero no busca refugiarse en seguridades humanas. Cuando esto ocurre se puede caer en tentaciones como “el individualismo, el espiritualismo, encerramiento en pequeños mundos, la instalación, la repetición de esquemas prefijados, el dogmatismo, la nostalgia, el pesimismo, y el refugio en las normas” #134. Recordemos que Dios, en cambio, “nos lleva allí donde está la humanidad más herida y donde los seres humanos, por debajo de la apariencia de la superficialidad y el conformismo, siguen buscando la respuesta a la pregunta por el sentido de la vida”.

Próximamente: El Espíritu Santo habla a través de la vida de los santos

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(Foto de dominio público)

Los apóstoles, encogidos de miedo, encerrados en el Cenáculo, esperaban hasta que la amenaza a sus vidas se hubiera calmado. Mientras se escondían, Jesús se les apareció, les dio paz y les explicó las Escrituras. Todos hemos tenido momentos en que nos hemos sentido abrumados y, así como con los Apóstoles, Jesús desea entrar en estos periodos de miedo y dificultad, fortalecernos y darnos una misión.

El domingo pasado recibimos la efusión del Espíritu Santo sobre la Iglesia mientras celebramos la Solemnidad de Pentecostés, recordando su acción a través de la historia. Cuando creó el mundo, Dios Padre sopló su Espíritu sobre las aguas de la tierra y creó la vida. Luego, después de ascender al cielo, nos envió su Espíritu Santo en una forma nueva y poderosa en Pentecostés, dando a la Iglesia “poder desde lo alto” (Lucas 24, 49).

Esa misma promesa, en la forma de los dones de Espíritu Santo, está destinada a cada uno de nosotros hoy. Los Apóstoles recibieron el don de poder hablar en otras lenguas, acompañado de la señal visible de una flama sobre ellos. Sus palabras, como las de profeta Elías “abrasaba como antorcha” (Eclo 48,1) y llevaron a muchos a la fe.

La solemnidad de Pentecostés y el envío de los Apóstoles está estrechamente ligado a el tema del que escribe el Papa Francisco en su reciente exhortación apostólica, Gaudete et Exsultate (Regocijaos y alegraos), el tema de “Tu misión en Cristo”.

En Gaudete et Exsultate, el Papa Francisco dedica la sección “Tu misión en Cristo” a examinar cómo cada persona, al igual que San Pedro, tiene un objetivo en esta vida: ser santos. “La misión”, explica el Papa, “tiene su sentido pleno en Cristo y solo se entiende desde Él. En el fondo, la santidad es vivir en unión con Él los misterios de su vida” (GE, 20).

Después de que los Apóstoles recibieron al Espíritu Santo y glorificaron a Dios en muchas lenguas, Pedro se levantó proclamando valientemente lo que Dios estaba haciendo y llamó a las miles de personas reunidas a arrepentirse y a ser bautizadas. Al hacerlo, Pedro estaba cumpliendo la misión única que Dios le había dado. Como sabemos por las Escrituras, Pedro continúo su camino único a la santidad como el primer Papa, finalmente dando su vida por la fe.

Tu camino a la santidad tendrá diferentes características, así como cada santo es único en su relación con el Señor. Puede ir desde cosas pequeñas como consolar a un niño enfermo, compartir con otros la alegría del Evangelio, o acompañar a alguien que está muriendo. Pero puedes estar seguro de que, sin importar el camino, experimentaras la muerte y la resurrección de Cristo en una manera única y personal. Seguir los pasos del Señor significa permitirle a tu corazón ser más como el de Él. Tú experimentaras “distintos aspectos de la vida terrena de Jesús: su vida oculta, su vida comunitaria, su cercanía a los últimos, su pobreza y otras manifestaciones de su entrega por amor”.

Este itinerario realza que cada una de nuestras vidas transmite una palabra de Dios al mundo.  “Cada santo es un mensaje que el Espíritu Santo toma de la riqueza de Jesucristo y regala a su pueblo” (GE, 21), enseña el Santo Padre. Durante su vida en la tierra, el corazón de Jesús se llenó del Espíritu Santo, quien lo movió y lo inspiró. Después de su Ascensión a los cielos, derramó el mismo Espíritu sobre nosotros. El espíritu hace en nosotros lo que hizo en Jesucristo. Si le permitimos, el Espíritu Santo manifestará las virtudes de Cristo en nuestros corazones y nos convertiremos en imágenes vivientes de Cristo.

Aunque esto pueda parecer imposible, el Papa Francisco nos aconseja enfocarnos en la vida de cada santo en su conjunto, “no conviene entretenerse en los detalles, porque allí también puede haber errores y caídas” (GE, 22). Este es un punto importante para nuestra cuidadosamente diseñada era de redes sociales que promueve fachadas de perfección. La fuerza del Evangelio es la verdad de que Jesús nos ama y nos redime a pesar de conocer nuestros pecados. Uno puede ver esto en la vida de los santos en su camino a seguir a Jesús.

Nuestro mundo perdido y confundido necesita la palabra que Dios desea transmitir a través de cada una de nuestras vidas. Abran sus corazones al Espíritu Santo y recen para alcanzar un corazón receptivo y dócil, escuchen al Señor hablar a su corazón, “…para Dios todo es posible” (Mateo 19.26). Me uno al Papa Francisco en oración, Ojalá puedas reconocer cuál es esa palabra, ese mensaje de Jesús que Dios quiere decir al mundo con tu vida. Déjate transformar, déjate renovar por el Espíritu…” (GE, 24).