¿Qué le aconseja el Papa Francisco a los padres y padrinos de los recién bautizados?

La Capilla Sixtina recibió en la mañana de este domingo una auténtica fiesta solemne del Bautismo. Como es tradición, el Papa Francisco bautizó a 33 niños de varias familias trabajadores del Vaticano.

En su homilía, el Santo Padre habló de lo que significa estar consagrado por el Espíritu Santo. “La palabra ‘cristiano’ significa esto, significa consagrado como Jesús, en el mismo Espíritu en el que estuvo inmerso Jesús en toda su existencia terrena”.

“Queridos, padres, padrinos y madrinas, si quieren que sus hijos sean verdaderos cristianos, ayúdenles a crecer ‘inmersos’ en el Espíritu Santo, es decir, en el calor del amor de Dios, en la luz de su Palabra. Por ello, no olviden invocar a menudo al Espíritu Santo, todos los días”.

Francisco explicó que “Dios es una persona y que en cuanto persona existe el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”. Pero, “normalmente rezamos a Jesús. Cuando rezamos el Padrenuestro, rezamos al Padre, Pero al Espíritu Santo no le rezamos tanto” y sin embargo “es importante rezar al Espíritu Santo porque nos enseña a llevar adelante la familia, los niños, para que estos niños crezcan en el ambientes de la Santísima Trinidad”.

“Pueden hacerlo ustedes, por ejemplo, con esta simple oración: ‘Ven, Espíritu Santo, llena el corazón de tus fieles e inflama en ellos el fuego de tu amor’”.

El Papa aconsejó también que “cuando hagan esta oración, sientan la presencia materna de la Virgen María. Ella nos enseña a rezar al Espíritu Santo, y a vivir según el Espíritu, como Jesús”.

“Dios, como un buen padre y una buena madre, quiere dar cosas buenas a sus hijos”, comenzó diciendo en su homilía. “¿Qué es este sustancioso alimento que Dios nos da?”, se preguntó. “Es su Palabra: su Palabra nos hace crecer, nos hace llevar buenos frutos en la vida”, dijo.

A los padres de los niños y a los padrinos, así como a los familiares, les pidió “ayudar a estos niños a crecer bien si se les da la Palabra de Dios, el Evangelio de Jesús”. Pero también “hay que darlo con el ejemplo”.

Por ejemplo, dijo, “todos los días tomen el hábito de leer un pasaje del Evangelio, pequeño, y lleven siempre con ustedes un pequeño Evangelio en el bolsillo, en el bolso, para poderlo leer”.

“Esto -continuó el Papa- servirá de ejemplo para los hijos, ver a papá, mamá, a los padrinos, abuelos, abuelas y a los tíos leer la Palabra de Dios”.

A las madres, Francisco les aconsejó dar a los hijos “la leche. Incluso ahora si lloran por hambre, tranquilas. Damos gracias al Señor por el don de la leche, y rezamos por las madres -son muchas, por desgracia- que no pueden dar de comer a sus hijos”.

“Aquello que hace la leche para el cuerpo, la Palabra de Dios lo hace para el Espíritu: la Palabra de Dios hace crecer la fe”, dijo, añadiendo que “por la fe hemos sido creados por Dios”.

Precisamente, “esto es lo que sucede en el Bautismo”, explicó el Papa, quién sostuvo que “en esta fe sus hijos son bautizados”.

“Hoy es su fe, queridos padres, padrinos y madrinas. Es la fe de la Iglesia, en la que estos pequeños reciben el Bautismo. Pero mañana, con la gracia de Dios, será su fe, su ‘sí’ personal a Jesucristo, que nos dona el amor del Padre”.

El Papa aseguró que es muy importante que sea “la fe de la Iglesia”, porque “el Bautismo nos introduce en el cuerpo de la Iglesia, en el pueblo santo de Dios”. Es ahí donde “la fe viene transmitida de generación en generación: es la fe de la Iglesia”.

“Es una cadena de transmisión de la fe”, añadió. “Es un pasarse de mano en mano la vela de la fe”, dijo en referencia a rito que llegaría después de encender las velas que llevan los padres y padrinos del Cirio Pascual.

En concreto, “el cirio representa a Cristo resucitado, vivo en medio de nosotros”.

“ustedes, familias, tomen de Él la luz de la fe a transmitir a vuestros hijos”.

“Esta luz la toman en la Iglesia, en el cuerpo de Cristo, en el pueblo de Dios que camina en cada tiempo y lugar”.

Por eso, el Papa pidió “enseñar a sus hijos que no se puede enseñar a ser cristianos fuera de la Iglesia” porque “no se puede seguir a Jesucristo sin la Iglesia, porque la Iglesia es madre, y nos hace crecer en el amor a Jesucristo”.

Al saludar a un grupo de fieles llegados de América, destacó que “es importante que los fieles laicos vivan la misericordia y la lleven a los diversos ambientes sociales”.

Próximamente: La ballena de la muerte

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La semana pasada se dieron a conocer las infelices declaraciones del supuesto autor del juego “La Ballena Azul”. Philipp Budeikin, ruso, de 22 años, expulsado de la facultad de psicología y detenido desde noviembre pasado, dijo sin mostrar ningún tipo de remordimiento: “Sí, realmente lo hice, murieron felices. Les di lo que no tienen en la vida real: calidez, comprensión y comunicación”.

Y según sus declaraciones, Budeikin se cree con el criterio de dividir a los adolescentes en dos grupos: “personas” y “residuos biodegradables”.  De incitar a los jóvenes que pertenecen al segundo grupo (según su tétrica clasificación) a quitarse la vida. “Los residuales son aquellos que no tienen ningún valor para la sociedad, sino que, al contrario, le hacen daño a esta. Yo estaba limpiando la sociedad de esas personas residuales”, comentó a la prensa.

Cincuenta retos en cincuenta días que se aprovechan de jóvenes vulnerables, (¡cuántos de nosotros lo fuimos también!) que viven quizás en alguna situación de soledad o que pasan por un momento de tristeza o confusión y que, al no hallar un sentido en su vida real, buscan refugio en el mundo virtual. Es allí donde estas mentes tan moldeables se encuentran con un juego que los atrapa, con maestros anónimos por quienes se dejan “guiar” y hacia quienes sienten temor por las amenazas que reciben en contra de sus familias si no les hacen caso.

Uno de los retos es ver por un día entero películas de terror enviadas por su “maestro” para alterar sus emociones, hacerlos más vulnerables y predisponerlos para aceptar los retos más peligrosos: cortarse la piel hasta tatuarse una ballena, pararse frente a un piso alto y finalmente lanzarse desde un edificio para morir.

Al ver este fenómeno, que al parecer también ha cobrado víctimas en Colombia, me pregunto por la situación de estos jóvenes. Quizás muchos de ellos adolecían de esa “calidez, comprensión y comunicación”. Quizás sus padres estaban demasiado ocupados y pensaron que la mejor manera de entretenerlos era llenándolos de aparatos. A lo mejor no hubo tiempo para una adecuada supervisión sobre lo que veían en las redes. Ni para un diálogo abierto sobre los peligros de navegar solos en el ciberespacio sin ningún límite.

Es normal que los adolescentes se hagan preguntas sobre el sentido de su propia vida. Que experimenten una fuerte necesidad de ser queridos y orientados. En sus mentes van gestándose los sueños que serán decisivos para el desarrollo de su vida adulta.

Necesitan sentirse valiosos (¡y lo son!) y superar retos en los que descubran sus capacidades. Pero estas inquietudes deben plantearse en el mundo real y no a maestros anónimos. Es en el seno de una buena familia, de profesores comprometidos donde encontrarán la “calidez, comprensión y comunicación” pero no aquella inventada por Budeikin sino la que ofrecen de seres humanos que buscan orientarlos en un momento que es clave, hacia una vida llena de sentido. En la que entiendan están muy lejos de ser “residuos biodegradables”.