Preparando futuros licenciados

Universidad Anahuac de México en coordinación con Centro San Juan Diego, otorga grado académico en Denver

El sábado 27 de septiembre fue un día importante para 20 miembros de la comunidad hispana. Ellos iniciaron sus estudios de Licenciatura en Ciencias Religiosas, que otorga la Universidad Católica Anahuac, de México, en coordinación con Centro San Juan Diego (CSJD).

Este programa de 5 años de duración, se da en un formato hibrido: presencial a distancia. Es decir, cada 15 días los estudiantes van a Centro, se conectan en línea con el profesor que da su catedra –que está en México- y lo ven en vivo a través de una plataforma electrónica. Los alumnos pueden hacer preguntas y comentarios, tal como si estuvieran en la misma universidad.

Alfonso Lara, director de formación y catequesis de Centro dijo a El Pueblo Católico que la Licenciatura ofrece conocimiento académico de alto nivel, en español y a un costo asequible. “Es muy satisfactorio para nosotros como líderes de la oficina de ministerio hispano, pues soñábamos con esto hace tiempo”.

Los nuevos alumnos se suman a los otros 40 que ya vienen estudiando la Licenciatura de Centro. Entre el primer grupo que inició sus estudios de Licenciatura y que está a punto de terminar en marzo de 2015, se encuentra Hatty Aranivar, quien es secretaria del Canciller de la Arquidiócesis de Denver y trabaja en la oficina del Arzobispo. Para ella la Licenciatura ha sido muy valiosa pues “no solo me ha ayudado a comprender y amar más mi fe, sino también, a ser un mejor ser humano capaz de desarrollarme de la mejor manera posible en las diferentes áreas de mi vida. Me  ha llevado de la mano a conocer profundamente lo importante que cada ser humano es para Dios”. Hatty, casada con Chufo Ramirez, con quien tiene dos niños, uno en el cielo y el otro Mateo Emmanuel, de dos años, recomienda totalmente este programa: “No solo se trata de un par de estudios escritos en un texto que enriquecen nuestro conocimiento, sino de la historia más fascinante de amor escrita por Dios”.

Ante la pregunta de si la Licenciatura es costosa o muy complicada, Alfonso Lara dice: “Ni una ni la otra cosa. No es difícil ni caro, comparado con el costo de los estudios en los Estados Unidos; es un tercio de lo que cuesta estudiar aquí”. Informes al 303 295.9470 ext 111 o a alfonso.lara@archden.org

 

 

Próximamente: La ballena de la muerte

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La semana pasada se dieron a conocer las infelices declaraciones del supuesto autor del juego “La Ballena Azul”. Philipp Budeikin, ruso, de 22 años, expulsado de la facultad de psicología y detenido desde noviembre pasado, dijo sin mostrar ningún tipo de remordimiento: “Sí, realmente lo hice, murieron felices. Les di lo que no tienen en la vida real: calidez, comprensión y comunicación”.

Y según sus declaraciones, Budeikin se cree con el criterio de dividir a los adolescentes en dos grupos: “personas” y “residuos biodegradables”.  De incitar a los jóvenes que pertenecen al segundo grupo (según su tétrica clasificación) a quitarse la vida. “Los residuales son aquellos que no tienen ningún valor para la sociedad, sino que, al contrario, le hacen daño a esta. Yo estaba limpiando la sociedad de esas personas residuales”, comentó a la prensa.

Cincuenta retos en cincuenta días que se aprovechan de jóvenes vulnerables, (¡cuántos de nosotros lo fuimos también!) que viven quizás en alguna situación de soledad o que pasan por un momento de tristeza o confusión y que, al no hallar un sentido en su vida real, buscan refugio en el mundo virtual. Es allí donde estas mentes tan moldeables se encuentran con un juego que los atrapa, con maestros anónimos por quienes se dejan “guiar” y hacia quienes sienten temor por las amenazas que reciben en contra de sus familias si no les hacen caso.

Uno de los retos es ver por un día entero películas de terror enviadas por su “maestro” para alterar sus emociones, hacerlos más vulnerables y predisponerlos para aceptar los retos más peligrosos: cortarse la piel hasta tatuarse una ballena, pararse frente a un piso alto y finalmente lanzarse desde un edificio para morir.

Al ver este fenómeno, que al parecer también ha cobrado víctimas en Colombia, me pregunto por la situación de estos jóvenes. Quizás muchos de ellos adolecían de esa “calidez, comprensión y comunicación”. Quizás sus padres estaban demasiado ocupados y pensaron que la mejor manera de entretenerlos era llenándolos de aparatos. A lo mejor no hubo tiempo para una adecuada supervisión sobre lo que veían en las redes. Ni para un diálogo abierto sobre los peligros de navegar solos en el ciberespacio sin ningún límite.

Es normal que los adolescentes se hagan preguntas sobre el sentido de su propia vida. Que experimenten una fuerte necesidad de ser queridos y orientados. En sus mentes van gestándose los sueños que serán decisivos para el desarrollo de su vida adulta.

Necesitan sentirse valiosos (¡y lo son!) y superar retos en los que descubran sus capacidades. Pero estas inquietudes deben plantearse en el mundo real y no a maestros anónimos. Es en el seno de una buena familia, de profesores comprometidos donde encontrarán la “calidez, comprensión y comunicación” pero no aquella inventada por Budeikin sino la que ofrecen de seres humanos que buscan orientarlos en un momento que es clave, hacia una vida llena de sentido. En la que entiendan están muy lejos de ser “residuos biodegradables”.