Por si los niños se quedan solos en casa, tome precauciones

Consejos de seguridad de la Cruz Roja Americana por si los niños están solos

Los niños han regresado a  la escuela, y muchos estarán solos en casa hasta que papá y mamá regresen del trabajo. Por ello, la Cruz Roja Americana pide a los padres, estar seguros que el niño tiene edad y madurez suficiente para quedarse solo. De lo contrario, considere programas escolares o deportivos que ofrecen organizaciones no lucrativas.

PARA LOS PADRES

  • Ponga visible teléfonos de emergencia 911.
  • Practique un plan de emergencia en caso de incendio o lesiones.
  • Tenga un equipo de primeros auxilios.
  • Ponga  fuera del alcance lo que pueda ser venenoso: detergentes, pesticidas.
  • Mantenga con llave armas, navajas, herramientas y medicamentos.
  • Cubra los enchufes eléctricos que no esté utilizando.
  • Limite el tiempo que el niño pasa frente al televisor o la computadora. Explique que no debe compartir información sobre su edad, casa, escuela.

PARA LOS NIÑOS

  • Mantengan la puerta cerrada (pero deben saber cómo salir por ventanas en caso de emergencia).
  • Si la casa tiene  alarma, los niños deben saber activarla.
  • Nunca abran la puerta un extraño.
  • No digan que están solos, ya sea en persona, por internet, o por teléfono.
  • Si se les permite salir a jugar, deben avisar a donde van y en cuanto tiempo regresan.
  • Nunca salgan de casa si escuchan un ruido inusual. Si el ruido les preocupa, llamen a sus padres, a un adulto o a la policía.
  • No inviten a los amigos a casa cuando están solos. No permitan que entre a casa alguien que está usando drogas o alcohol, incluso si le conocen.
  • Si sienten olor a humo o escuchan una alarma de incendio, salgan de casa inmediatamente y llamen a 911. Nunca regresen a casa para rescatar objetos, personas o mascotas. Los bomberos se encargaran de eso.

 

Próximamente: La ballena de la muerte

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La semana pasada se dieron a conocer las infelices declaraciones del supuesto autor del juego “La Ballena Azul”. Philipp Budeikin, ruso, de 22 años, expulsado de la facultad de psicología y detenido desde noviembre pasado, dijo sin mostrar ningún tipo de remordimiento: “Sí, realmente lo hice, murieron felices. Les di lo que no tienen en la vida real: calidez, comprensión y comunicación”.

Y según sus declaraciones, Budeikin se cree con el criterio de dividir a los adolescentes en dos grupos: “personas” y “residuos biodegradables”.  De incitar a los jóvenes que pertenecen al segundo grupo (según su tétrica clasificación) a quitarse la vida. “Los residuales son aquellos que no tienen ningún valor para la sociedad, sino que, al contrario, le hacen daño a esta. Yo estaba limpiando la sociedad de esas personas residuales”, comentó a la prensa.

Cincuenta retos en cincuenta días que se aprovechan de jóvenes vulnerables, (¡cuántos de nosotros lo fuimos también!) que viven quizás en alguna situación de soledad o que pasan por un momento de tristeza o confusión y que, al no hallar un sentido en su vida real, buscan refugio en el mundo virtual. Es allí donde estas mentes tan moldeables se encuentran con un juego que los atrapa, con maestros anónimos por quienes se dejan “guiar” y hacia quienes sienten temor por las amenazas que reciben en contra de sus familias si no les hacen caso.

Uno de los retos es ver por un día entero películas de terror enviadas por su “maestro” para alterar sus emociones, hacerlos más vulnerables y predisponerlos para aceptar los retos más peligrosos: cortarse la piel hasta tatuarse una ballena, pararse frente a un piso alto y finalmente lanzarse desde un edificio para morir.

Al ver este fenómeno, que al parecer también ha cobrado víctimas en Colombia, me pregunto por la situación de estos jóvenes. Quizás muchos de ellos adolecían de esa “calidez, comprensión y comunicación”. Quizás sus padres estaban demasiado ocupados y pensaron que la mejor manera de entretenerlos era llenándolos de aparatos. A lo mejor no hubo tiempo para una adecuada supervisión sobre lo que veían en las redes. Ni para un diálogo abierto sobre los peligros de navegar solos en el ciberespacio sin ningún límite.

Es normal que los adolescentes se hagan preguntas sobre el sentido de su propia vida. Que experimenten una fuerte necesidad de ser queridos y orientados. En sus mentes van gestándose los sueños que serán decisivos para el desarrollo de su vida adulta.

Necesitan sentirse valiosos (¡y lo son!) y superar retos en los que descubran sus capacidades. Pero estas inquietudes deben plantearse en el mundo real y no a maestros anónimos. Es en el seno de una buena familia, de profesores comprometidos donde encontrarán la “calidez, comprensión y comunicación” pero no aquella inventada por Budeikin sino la que ofrecen de seres humanos que buscan orientarlos en un momento que es clave, hacia una vida llena de sentido. En la que entiendan están muy lejos de ser “residuos biodegradables”.