Pequeño diccionario del Papa Francisco

Carmen Elena Villa

Foto de L´Osservatore Romano. 

Este mes se cumplen cinco años de pontificado del Papa Francisco. El 13 de marzo de 2013 el primer pontífice latinoamericano salió al balcón donde cientos de miles de fieles lo esperaban emocionados en la plaza de San Pedro. En sus discursos, muchas veces espontáneos, su deseo de expresarse supera muchas veces las limitaciones del lenguaje. Por ello el Papa se ha atrevido a inventar nuevas palabras. Nos unimos al intento de varios seguidores del Papa para juntar algunas de estas palabras y así elaborar un diccionario con aquellos términos que no están aprobados por la Real Academia de la Lengua, o que son poco comunes y que el Papa utiliza para expresarse mejor.

Autorreferencialidad: Enfermedad que lamentablemente tienen algunos agentes pastorales y estructuras eclesiales quienes se quedan encerrados en sí mismos olvidando la dimensión misionera de la Iglesia. El Papa asegura que para contrarrestarla es necesario salir a las periferias donde están las personas que aún no han sido tocadas por el mensaje del evangelio.

Balconear: Vicio que consiste en observar la realidad desde afuera y no involucrarse con ella. Este verbo lo usó el Papa en el discurso durante la vigilia de la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro 2013, donde pidió a los jóvenes ser protagonistas del cambio en la historia. “Queridos jóvenes, por favor ¡no balconeen en la vida! ¡Métanse en ella! ¡Jesús no se quedó en el balcón, se metió!”, fueron sus palabras.

Cariñoterapia: Tratamiento especial para niños con cáncer, que consiste en transmitirles todo el cariño y se complementa muy bien con las medicinas tradicionales. Este término lo utilizó en su visita al hogar pediátrico Federico Gómez en Ciudad de México en febrero de 2016, en el que agradeció: “a todas las personas que no sólo con medicamentos sino con «la cariñoterapia» ayudan a que este tiempo sea vivido con mayor alegría”.

Discipulear: Acción de ser discípulo o seguidor de alguien. En este caso, de Cristo. Lo dijo el Papa en su discurso a los religiosos y religiosas en Ecuador en julio de 2015 cuando explicó que “María no protagonizó nada. Discipuleó toda su vida. La primera discípula de su Hijo”.

Ensantada: Adjetivo con el que se califica una tierra llena de santos. El Papa usó este término en Lima, Perú durante su viaje el pasado mes de enero. Se refirió a Santa Rosa de Lima, Santo Toribio, San Juan Macías, San Francisco Solano y también a miles de santos anónimos que siguen manteniendo viva la fe de su país.

Escuchoterapia: Medicina para personas tristes y afligidas que consiste en escuchar sus penas y aconsejarlas con delicadeza. Esta palabra la utilizó en un encuentro con los jóvenes en Morelia, durante su viaje a México en febrero de 2016 cuando les recomendó que es importante escuchar y tender una mano a los amigos que tienen problemas o caídas en sus vidas. “Como amigo, despacito, dale fuerza con tus palabras, dale fuerza con la escucha, esa medicina que se va olvidando: la «escuchoterapia» Déjalo hablar, déjalo que te cuente, y entonces, poquito a poco, te va a ir extendiendo la mano, y tú lo vas a ayudar en nombre de Jesucristo”, dijo el Papa.

Faraonismo: Tentación que padecen algunos líderes “de sentirse por encima de los demás y de someterlos por vanagloria, de tener la presunción, de dejarse servir en lugar de servir”. Este término lo utilizó en su viaje a Egipto, en abril de 2017, haciendo alusión a la figura histórico – bíblica del Faraón, que quería mantener presos a su servicio a los esclavos israelitas y que no aceptó las peticiones de intercesión de Moisés a favor de su libertad.

Habriaqueísmo: Actitud que consiste en señalar la realidad desde afuera y decir lo que habría que hacer en lugar de involucrarse y ser protagonistas. Este neologismo lo usó el Papa en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium y dice que caemos en este vicio cuando “cultivamos nuestra imaginación sin límites y perdemos contacto con la realidad sufrida de nuestro pueblo fiel”.

Martalismo: Enfermedad que consiste en hacer mucho y descansar poco. Este término lo utilizó el Papa en su discurso a la Curia Romana en diciembre de 2014 cuando señaló 15 enfermedades que posee este organismo vaticano e hizo alusión a las hermanas Marta y María diciendo que Marta estaba muy concentrada en el hacer y María en sentarse a los pies de Jesús y escucharlo.  “Jesús invitó a sus discípulos a ‘descansar’ porque descuidar el necesario reposo conduce al estrés y la agitación”, dijo el Papa a los jefes de los dicasterios.

Misericordiando: Acción que consiste en recibir la misericordia. El lema episcopal del Papa Francisco que en latín es “Miserando atque eligendo” y su traducción en español sería “Misericordiando y eligiendo”. El Papa cuenta que cuando fue nombrado obispo eligió este lema, ya que él discernió su vocación al sacerdocio a los 17 años, luego de haber acudido al sacramento de la confesión y de haber sentido la misericordia de Dios.

Photoshopear: Maquillar algo privándolo de su autenticidad. Esta palabra la usó el Papa Francisco en su reciente visita a Lima, Perú para pedirle a los jóvenes que tengan un corazón auténtico. “El corazón no se puede photoshopear”, les dijo. “Él (Jesús) te ama así como sos y tiene un sueño para realizar con cada uno de ustedes”.

Primerear: Ser el primero en tomar una iniciativa. Este término lo dijo el Papa por primera vez en la solemnidad de Pentecostés en el año 2013 para decir que es Señor Jesús quien nos ha buscado y elegido a nosotros y no al revés. Lo dice, basado en la cita de la carta de San Juan que dice: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios sino en que Él nos amó y nos envió a su hijo como víctima de expiación por nuestros pecados” (1 Jn 4, 10).

Próximamente: La oración es la mejor arma

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¿Sabías que diariamente cada uno de nosotros ve centenares – si no son miles – de avisos publicitarios? De hecho, el censo entre los investigadores de marketing dice que es posible que se vean o escuchen hasta 4 mil por día.

Estamos bombardeados de mensajes y al mismo tiempo nos consuelan las palabras de San Pablo en su carta a los tesalonicenses: “Estad siempre alegres. Orad constantemente. En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros” (I Tes 5. 16 – 18).

Esta columna es la tercera y final de una serie de artículos que he escrito sobre la Exhortación Apostólica del Papa Gaudete et Exsultate, Regocijaos y alegraos, (las otras dos columnas se han publicado en nuestra página web n.d.t) la cual tiene como objetivo inspirar a todas las personas a la santidad. Como expliqué en mi columna anterior esta semana estaré reflexionando sobre la sección “En oración constante” y “Combate, vigilancia y discernimiento”. He escogido focalizarme específicamente en estas secciones porque ellas nos indican cómo los cristianos debemos interactuar y ver el mundo en el cual vivimos.

Y las preguntas sobre nuestra cosmovisión son especialmente importantes ya que la verdad se vuelve más difícil de descubrir con la avalancha de información que experimentamos.

El Papa Francisco dedica la última sección de su capítulo sobre la santidad al tema “En oración constante”, como la exhortación que hace San Pablo de orar continuamente. Esto suena imposible, y lo sería si tuviéramos que confiar solo en nuestras fuerzas o en nuestra capacidad de concentración. Pero sabemos que “para Dios todo es posible” (Mt. 19, 26).  Este reto es tan importante que el Papa Francisco dice: “No creo en la santidad sin oración” (GE 147).

La batalla que cada uno de nosotros enfrenta cada día y cada minuto está entre las realidades inmediatas que nos rodean en este mundo y las realidades sobrenaurales que se encuentran de manera simultánea en el trabajo. Tendemos a concentrarnos en lo que podemos ver y olvidamos aquello que no podemos ver. El Papa Francisco escribe. “El santo es una persona con espíritu orante, que necesita comunicarse con Dios. Es alguien que no soporta asfixiarse en la inmanencia cerrada de este mundo, y en medio de sus esfuerzos y entregas suspira por Dios, sale de sí en la alabanza y amplía sus límites en la contemplación del Señor” (GE 147).

Estar en oración continua no quiere decir recitar plegarias en todo momento o esperar siempre emociones intensas. Significa más bien permanecer en presencia de Dios en todo lo que hagamos.  Hacemos de Dios el final de cada acción, pensamiento o palabra. El Santo Padre cita a San Juan de la Cruz para describir esta manera de vivir. “Procure ser continuo en la oración, y en medio de los ejercicios corporales no la deje. Sea que coma, beba, hable con otros, o haga cualquier cosa, siempre ande deseando a Dios y apegando a Él su corazón” (GE 148).

El secreto de permanecer conectados con Dios en todo momento está en la relación con la Santa Trinidad.  Cuando sepas en tu corazón que tu identidad más fundamental es la de hijo de Dios Padre, serás capaz de pasar tiempo en silencio, descansando en la presencia del Espíritu Santo y escuchando atentamente su palabra. “En ese silencio es posible discernir, a la luz del Espíritu, los caminos de santidad que el Señor nos propone”, dice el Papa Francisco (GE 150).

El tiempo que empleamos encontrando a cada persona de la Santa Trinidad es lo que inflama nuestros corazones y nos cura. Nos permite profundizar en la realidad y aviva nuestra experiencia. El Papa se inspira en una hermosa experiencia de Santa Teresita de Lisieux para describir cómo una comunidad puede ser transformada.

“Una tarde de invierno estaba yo cumpliendo, como de costumbre, mi dulce tarea”, cuenta Santa Teresita. “De pronto, oí a lo lejos el sonido armonioso de un instrumento musical. Entonces me imaginé un salón muy bien iluminado, todo resplandeciente de ricos dorados; y en él, señoritas elegantemente vestidas, prodigándose mutuamente cumplidos y cortesías mundanas. Luego posé la mirada en la pobre enferma, a quien sostenía. En lugar de una melodía, escuchaba de vez en cuando sus gemidos lastimeros (…). No puedo expresar lo que pasó por mi alma. Lo único que sé es que el Señor la iluminó con los rayos de la verdad, los cuales sobrepasaban de tal modo el brillo tenebroso de las fiestas de la tierra, que no podía creer en mi felicidad” (GE 145).

El Santo Padre también reconoce que hay una batalla constante librada por el diablo para alejarnos de la vida centrada en Dios. Al principio del capítulo cinco, refiriéndose al combate espiritual, el Papa Francisco marca un punto en el que dice que cuando hablamos de la batalla con el mal, la Iglesia no solo está hablando de enfrentar una mentalidad mundana o esforzarse por superar las debilidades humanas (cf GE 158 – 159). Satanás es real; él es “un ser personal que nos acosa” (GE 160).  Esto se demuestra, dice el Papa, con el poder destructivo del maligno en el mundo que nos rodea.

Al mismo tiempo, no tenemos por qué sentirnos intimidados por esta batalla, sepamos que Jesús en la cruz venció el pecado, a la muerte y a Satanás. “Nadie resiste si opta por quedarse en un punto muerto, si se conforma con poco, si deja de soñar con ofrecerle al Señor una entrega más bella”, (GE, 163). La clave está en participar de esta lucha dependiendo de Jesús, cultivando todo aquello que es bueno, verdadero y hermoso, profundizando en nuestra vida de oración y creciendo en el amor.

Y mientras que comenzamos este tiempo de verano, oro para que tú puedas fortalecerte con la armadura de la oración constante, para que, tanto tú como las personas sobre las cuales tienes influencia se acerquen más a Jesucristo. Te invito a que crezcas en tu devoción y atención a la Eucaristía, a que reces el Rosario en familia. Que las palabras del Papa Francisco en la Evangelii Gaudium te inspiren a aceptar este desafío: “El triunfo cristiano es siempre una cruz, pero una cruz que al mismo tiempo es bandera de victoria, que se lleva con una ternura combativa ante los embates del mal” (EG 85).