Película “Pablo, el apóstol de Cristo” ya está en cartelera

Carmen Elena Villa

Si hay una palabra que puede sintetizar la película “Pablo, el apóstol de Cristo” yo diría: martirio. Martirio que sufrieron los primeros cristianos perseguidos por el mismo Pablo cuando se llamaba Saulo de Tarso. Martirio que padecieron los mismos amigos de Pablo, luego de su conversión.

La película se centra en los últimos momentos de la vida del también llamado Apóstol de los Gentiles, (James Faulkner) quien se encuentra en la Carcel Mamertina, dentro de los Foros Imperiales, castigado por haber difundido el cristianismo, apoyado a esta extraña secta que creía en la resurrección de Cristo y por haber escrito decenas de cartas a diferentes pueblos y personas sobre las verdades de Jesús.

Un médico de origen griego va a visitarlo y a ayudarle a curar las heridas que le han quedado de las flagelaciones que ha sufrido a causa de su condena. Se trata de Lucas, (Jim Caviezel) quien queda fascinado de ver la figura de Pablo, su valentía, su amor a Jesús que lo llevó a cambiar de rumbo la vida que llevaba. De ser perseguidor a perseguido por el emperador Nerón y sus hombres, quienes veían en los cristianos una amenaza para la unidad y el poder del Imperio Romano.

Tras varios diálogos entre Lucas y Pablo, el médico (y también escritor) se siente llamado a tomar nota para dar a conocer las enseñanzas de este sabio hombre, de lo que fue su vida, su tiempo como perseguidor de cristianos y luego su conversión. Es así como escribe el libro de los Hechos de los Apóstoles, presente en el Nuevo Testamento y el cual la liturgia de la Iglesia católica recuerda de manera especial en el tiempo pascual, porque de allí se toma la primera lectura de la Misa durante los 50 días que suceden la fiesta de la resurrección de Cristo.

Da gusto ver películas cristianas bien producidas, con buenos actores que saben personificar los primeros cristianos, trasmitir la belleza de su fe, la enorme valentía y a la vez el sufrimiento que les causa la persecución y el miedo (natural) a morir. Con una escenografía muy verosímil y el buen cuidado de pequeños detalles, esta producción ilustra la vida de San Pablo, no solo en sus últimos momentos sino en hitos tan importantes como son su participación en el martirio de San Esteban (quien pide noblemente a Dios que no tenga en cuenta el pecado de sus verdugos) y luego su conversión camino a Damasco cuando Jesús se le apareció y le preguntó. “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”, (Hch. 9, 4) También el momento de su bautismo donde deja atrás la vida que llevaba y se adhiere a su nueva condición de cristiano.  Saltan a la vista las frases y citas más célebres que aparecen en las diferentes epístolas paulinas y que han servido para transmitir y fortalecer la fe a generaciones enteras.

La película rinde un homenaje así a los primeros mártires de la naciente Iglesia cuya fe y entereza fue mucho mayor que sus miedos. Ellos nos recuerdan a tantos cristianos perseguidos alrededor del mundo, que hoy siguen dando su vida para perpetrar al Jesús que han encontrado, al Dios que ha sido capaz de transformar sus vidas porque como el mismo San Pablo lo escribió en su cata a los filipenses. “Para mí la vida es Cristo y la muerte una ganancia” (Flp. 1, 21).

Próximamente: No te olvides de llevar a Dios a tu trabajo

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Pertenezco a un grupo de oración en Facebook. La gente publica sus intenciones, y los otros miembros rezan. Una de las formas en que se puede dar un buen uso de las redes sociales.

El otro día publiqué, como lo hago en ocasiones, una petición para que los miembros rezaran por una transacción en la que he estado trabajando en mi negocio de bienes raíces. Ha sido estresante, y me ha causado gran ansiedad. Los otros miembros, como siempre, me apoyaron y me aseguraron que rezarían. Pero un miembro creyente me preguntó si creo que es apropiado pedir por el éxito en negociaciones comerciales. No se estaba negando, fíjate. Pero, aparentemente había hecho lo mismo en otro sitio de oración, y se le dijo que este no era un tema apropiado para una petición de oración. Me dijo que ella creía que era bastante apropiado, ya que su negocio es en realidad un apostolado, pues hacen rosarios. Definitivamente dignos de la oración

Y comencé a pensar: ¿son los fabricantes de rosarios el único “negocio” por el que podemos rezar? ¿Tenemos que, de alguna manera, estar involucrados directamente en un ministerio relacionado a la Iglesia antes de que Dios quiera escuchar lo que estamos haciendo?

Pienso que, como cristianos, tendemos a dividir el mundo y nuestras vidas entre lo “sagrado” y lo “secular”. “Sagrado” es la Misa del domingo. El tiempo de oración. Evangelización. El trabajo solo es sagrado si es para la iglesia, o está directamente relacionado a la evangelización. Todo lo demás: nuestros equipos de softbol, nuestras reuniones escolares, nuestra compra de víveres, nuestras vacaciones que no son de peregrinación, y especialmente “el mundo de los negocios” – son puramente “seculares”.  Dios está interesado en el primero, y no le importa tanto lo segundo.

¿Es verdad?

San Juan Pablo II, en su encíclica Laborem Exercens, nos dice que el trabajo es un aspecto fundamental de la vida del hombre en la tierra, y el lugar donde se une con Dios en su obra de creación, y cumple con su primer mandamiento “someter a la tierra”

El mismo San Juan Pablo II, en su hermoso libro “Amor y Responsabilidad”, define lo que él llama la “norma personalista”, que establece que la única respuesta apropiada y adecuada hacia una persona es el amor. En el lado negativo, porque cada uno de nosotros somos creados a imagen y semejanza de Dios, ninguna persona puede ser vista simplemente como un objeto de uso, nunca.

El “mundo de los negocios” es simplemente un lugar donde estos dos conceptos se encuentran. Para mí, eso lo hace un lugar sagrado. Y a Dios le importa mucho lo que pasa ahí.

Cuando entramos a nuestro trabajo el lunes por la mañana, no dejamos nuestra norma personalista en la puerta. Somos personas creadas a imagen y semejanza de Dios, uniéndonos con otras personas creados a su imagen, para realizar algún trabajo aquí en la tierra. Y estamos llamados a eso como cristianos para amarnos unos a otros, haciendo nuestro mejor esfuerzo, y a través de eso, llevando a Cristo a nuestros lugares de trabajos.

Y necesitamos de su ayuda para hacerlo.

Si desechamos el “mundo de los negocios” como simplemente secular, nos arriesgamos a despedir a Dios de nuestras vidas durante las más de 40 horas que pasamos en el trabajo cada semana. Y, en la medida en que apliquemos estas ideas al lado “comercial” del ministerio, también corrompemos eso. Los líderes del ministerio me dijeron el tratar mal a sus empleados estaba justificado porque “tenemos que hacerlo funcionar como un negocio”.

Así no se trata ningún negocio, ni sagrado, ni secular.

C.S. Lewis escribió que “nunca has conocido a un simple mortal”. De la misma manera, creo que no has hecho nada que sea meramente “secular”. Estamos trabajando en nuestra salvación, cada minuto de cada hora de cada día. Eso incluye el tiempo en el trabajo.

En cualquiera que sea el trabajo que haces, el Dios que tiene contadas cada una de las hebras de tu cabello, quiere participar en ello. Quiere que reces -por tus compañeros de trabajo, por su seguridad, por tu misión. Y sí. Por el éxito de todos tus esfuerzos, si esa es su voluntad.

No te olvides de llevar a Dios a tu trabajo.