#PauseforPeace

Únete a la campaña y logremos que en la final del Mundial se haga una “Pausa por la Paz”

LIMA, 11 Jul. 14 / 01:45 pm (ACI).- Este domingo se jugará la final de la Copa Mundial de Fútbol FIFA Brasil 2014 y se espera que el partido entre Argentina y Alemania rompa récords de sintonía en todo el mundo. Al mismo tiempo miles de personas seguirán sufriendo los estragos de la guerra en Medio Oriente y otras partes del mundo y para llamar la atención sobre este drama, el Vaticano ha lanzado la campaña #PauseforPeace / #PausaporlaPaz y pide un momento de silencio antes del encuentro.

En pocas horas, el tema se ha viralizado en las redes sociales y es necesario sumar esfuerzos. Una de las ideas es compartir fotos con la etiqueta #PauseforPeace. Captura una foto -si quieres usando el logo de la iniciativa- y compártela en Facebook,  Twitter o tu red social favortia con el hashtag #PAUSEforPeace.

“Los deportes nacieron alrededor de festividades religiosas. Los eventos deportivos eran momentos de paz cuando las guerras cesaban, un momento para la tregua olímpica”, explicó Mons. Melchor Sánchez de Toca y Alameda, Subsecretario del Pontificio Consejo para la Cultura y encargado de la sección de cultura y deporte. “¿Por qué no para la Copa Mundial (de fútbol)? ¿Por qué no una pausa, un momento de silencio, una tregua por la paz?”.

Hasta el momento la ofensiva Israelí en Gaza –iniciado hace cuatro días-, ha ocasionado unos cien muertos y cerca de 700 heridos. Los afectados son civiles, incluyendo mujeres y niños.

Las autoridades de Israel han señalado que la operación busca frenar el lanzamiento de cohetes por parte de Hamas contra territorio israelí, los cuales en su gran mayoría son interceptados por el sistema antimisil. Además, acusaron al grupo islámico de ocultarse en zonas civiles y no dejar que las personas abandonen el lugar a pesar del anuncio de los bombardeos.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, anunció el jueves un endurecimiento de la operación militar en Gaza e incluso la preparación de una ofensiva terrestre, lo cual traería más víctimas.

El desencadenante de la crisis actual fue el secuestro y asesinato de tres jóvenes judíos, seguido de la muerte de un joven palestino, supuestamente en venganza por la muerte de los primeros.

Egipto está intentando conseguir un alto al fuego. Sin embargo, señaló que los esfuerzos están fracasando por la “tozudez” de las partes.

Próximamente: La ballena de la muerte

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La semana pasada se dieron a conocer las infelices declaraciones del supuesto autor del juego “La Ballena Azul”. Philipp Budeikin, ruso, de 22 años, expulsado de la facultad de psicología y detenido desde noviembre pasado, dijo sin mostrar ningún tipo de remordimiento: “Sí, realmente lo hice, murieron felices. Les di lo que no tienen en la vida real: calidez, comprensión y comunicación”.

Y según sus declaraciones, Budeikin se cree con el criterio de dividir a los adolescentes en dos grupos: “personas” y “residuos biodegradables”.  De incitar a los jóvenes que pertenecen al segundo grupo (según su tétrica clasificación) a quitarse la vida. “Los residuales son aquellos que no tienen ningún valor para la sociedad, sino que, al contrario, le hacen daño a esta. Yo estaba limpiando la sociedad de esas personas residuales”, comentó a la prensa.

Cincuenta retos en cincuenta días que se aprovechan de jóvenes vulnerables, (¡cuántos de nosotros lo fuimos también!) que viven quizás en alguna situación de soledad o que pasan por un momento de tristeza o confusión y que, al no hallar un sentido en su vida real, buscan refugio en el mundo virtual. Es allí donde estas mentes tan moldeables se encuentran con un juego que los atrapa, con maestros anónimos por quienes se dejan “guiar” y hacia quienes sienten temor por las amenazas que reciben en contra de sus familias si no les hacen caso.

Uno de los retos es ver por un día entero películas de terror enviadas por su “maestro” para alterar sus emociones, hacerlos más vulnerables y predisponerlos para aceptar los retos más peligrosos: cortarse la piel hasta tatuarse una ballena, pararse frente a un piso alto y finalmente lanzarse desde un edificio para morir.

Al ver este fenómeno, que al parecer también ha cobrado víctimas en Colombia, me pregunto por la situación de estos jóvenes. Quizás muchos de ellos adolecían de esa “calidez, comprensión y comunicación”. Quizás sus padres estaban demasiado ocupados y pensaron que la mejor manera de entretenerlos era llenándolos de aparatos. A lo mejor no hubo tiempo para una adecuada supervisión sobre lo que veían en las redes. Ni para un diálogo abierto sobre los peligros de navegar solos en el ciberespacio sin ningún límite.

Es normal que los adolescentes se hagan preguntas sobre el sentido de su propia vida. Que experimenten una fuerte necesidad de ser queridos y orientados. En sus mentes van gestándose los sueños que serán decisivos para el desarrollo de su vida adulta.

Necesitan sentirse valiosos (¡y lo son!) y superar retos en los que descubran sus capacidades. Pero estas inquietudes deben plantearse en el mundo real y no a maestros anónimos. Es en el seno de una buena familia, de profesores comprometidos donde encontrarán la “calidez, comprensión y comunicación” pero no aquella inventada por Budeikin sino la que ofrecen de seres humanos que buscan orientarlos en un momento que es clave, hacia una vida llena de sentido. En la que entiendan están muy lejos de ser “residuos biodegradables”.