Paternidad: la más grande expresión de hombría

Presencia e influencia del papá es fundamental para los hijos, dijo experto en Denver

Mayé Agama

De acuerdo con el doctor en psicología Paul Vitz, la influencia del papá en la formación de los hijos es tal, que va desde su desarrollo intelectual, sus posibilidades de terminar en la cárcel, oportunidades de empleo y hasta su identidad sexual. Según el experto, la crisis que se vive en las familias es una crisis en los padres, porque estos no entienden lo que es ser papás.

Así lo afirmó Vitz en su conferencia titulada “La gran importancia de los padres para las familias – y cómo las madres y otros pueden apoyarlos”, realizada en septiembre como parte del Archbishop´s lecture series, en el Centro San Juan Pablo II.

De acuerdo a estudios citados por el ponente, el uso de drogas y actos criminales están muchas veces conectados con la ausencia de un padre: El 90 % de los crímenes mayores son cometidos por hombres sin padres.  En las hijas, algunas de las consecuencias de la falta de un padre son la promiscuidad, la falta de control de sus impulsos, la depresión e incluso el suicidio. Vitz se refirió a la ausencia del padre, no solo física, sino también emocional.

Vale la pena aclarar que aunque las cifras presentadas por el experto son tomadas de la realidad, no determinan a la persona, pues más allá de las circunstancias particulares de cada uno, la Providencia de Dios y su plan de Amor, así como nuestra libertad en aceptarlo, juegan un papel importante en el desarrollo como seres humanos.

Al profundizar sobre cómo el padre contribuye de manera única al desarrollo de sus hijos, el experto dijo que éste ayuda moldear el carácter de los niños, a desarrollar el auto control de los impulsos, a seguir reglas. El padre también facilita el desarrollo intelectual. De manera particular, “el padre tiene un extraño efecto en la felicidad del hijo o de la hija”, señaló el psicólogo.  Explicó además que un padre presente contribuye a una mejor salud, menor uso de drogas y otras adicciones, y en los hijos varones, les ayuda con su identidad de género.

El padre también tiene una función de agente social, aseguró Vitz. Es quien introduce el mundo a sus hijos. Y en el tema espiritual, un padre que transmite la fe a sus hijos, desarrolla un fuerte lazo con ellos, que incluso podría ser más fuerte, de cierta forma, que el que tengan con la mamá.

El doctor Vitz identifica tres tipos de masculinidad en la familia: el macho, el debilucho y el que es complementario a la mujer. Al macho lo define como el papá egoísta, centrado en sí mismo, su carrera y sus intereses personales. El debilucho (“whimpo”) es el indeciso, débil, demasiado temeroso a ser rechazado, evitando todo tipo de compromiso, excepto consigo mismo; es narcisista. Y finalmente, el que se complementa con la mujer, es el que coopera en la educación y formación de los hijos igualmente que la mujer, es un líder natural que pone se pone al servicio de Dios y otros. En este contexto, Vitz dijo: “La paternidad requiere sacrificio… la paternidad es la más grande expresión de hombría, pero no lo puedes lograr sin sacrificio”.

El experto, autor y catedrático, es padre de seis hijos, uno de ellos sacerdote.

A manera de resumen, dijo al final durante la serie de preguntas y respuestas, que su mejor consejo para todo padre es siempre mostrar afecto a sus hijos, y respeto y afecto a su esposa.

Próximamente: El sexo en la adolescencia. La familia sí hace la diferencia

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Por: Giuliana Caccia Arana

Pese a todo lo que podemos pensar sobre la conducta sexual de los jóvenes hoy, les tengo una noticia: Un reciente estudio realizado por los Centros de Control de Enfermedades, la CDC, de los Estados Unidos, que realizó entre los años 2011 y 2015, arroja unos resultados bien interesantes. Pero yo me voy a centrar principalmente en uno.

“El porcentaje de adolescentes norteamericanos que confiesa haber tenido relaciones sexuales ha continuado cayendo desde los años 80”.

Y voy a leer: “Según este estudio, si en 1988 el porcentaje de varones de 15 a 19 años, que se había iniciado en el sexo, ascendía al 60%, en el 2015 había descendido al 44 %. En cuanto a las muchachas que en el primer año mencionado, es decir en 1988, exhibían un 51%, en el segundo, es decir en el 2015, ya cifraban 7 puntos porcentuales menos”.

Pero lo más interesante que describe este estudio es una de las razones por las cuales ha decrecido este porcentaje. Inclusive los mismos investigadores se sorprendieron al descubrir que los valores morales tenían mucho que ver con el cambio de conducta.

Y dice así: “Al abordar los motivos de la decisión de no tener relaciones sexuales, el hallazgo es que los valores morales con todo y el omnipresente bombardeo de mensajes sobre sexo, continúan perfilando los puntos de vista de los más jóvenes respecto a la sexualidad”.

Así, la principal razón que daban las chicas por no haber tenido relaciones sexuales, fue que iba en contra de sus convicciones morales o religiosas. Y para los chicos la principal razón fue que no habían encontrado aún a la persona indicada.

Entre los resultados también se encontró un temor importante a contraer enfermedades de transmisión sexual, que bordea el 70%.

Pero hay un punto que a mí me llamó mucho la atención y fue que mucho de los chicos encuestados dijeron que para ellos era muy importante el rol que cumplía su familia. Sí, su familia.

Las chicas, sobre todo, manifestaron que aquellas que vivían con sus padres biológicos, manifestaron con mayor rotundidad que las otras que vivían solo con uno de los padres o con ninguno, que quedar embarazada les causaría mucha angustia.

Esto dice algo: ¿Cuál es el rol de los padres para poder educar a nuestros hijos de la mejor manera cuando hablamos de sexualidad? Nuestros hijos nos necesitan y nuestros hijos confían en nosotros y en esos valores que les vamos a transmitir.

Los padres de familia tienen que estar ahí para ayudar a los jóvenes en desarrollar su conducta ética y que sepan diferenciar lo que es el verdadero amor de una simple atracción, que sepan discriminar entre lo que es una relación buena y una tóxica, que sepan diferenciar entre lo que es una actitud ética y la que no lo es.

Nuestros hijos se ven sometidos a una presión social y cultural muy fuerte y debemos enseñarles a ir contracorriente.