Pastorela en Centro San Juan Diego encantó a grandes y niños

Cerca de 800 juguetes fueron recolectados el pasado 18 de diciembre, en Centro San Juan Diego cuando el personal puso en escena la tradicional Pastorela “A Belén Pastores”. Se trató de una obra de teatro que destaca la lucha del hombre para vencer todas las distracciones que lo alejan del sentido profundo de la Navidad: la venida de Dios que se hace niño. La entrada para el evento consistió en un juguete, que luego será regalado a niños de escasos recursos en el Norte de Colorado.

La presentación fue un éxito. Las instalaciones de Centro se llenaron de personas, unos movidos por la curiosidad de ver actuar a los líderes del Ministerio Hispano en Denver; otros por el deseo de ayudar a los niños necesitados, pues uno de los objetivos de esta pastorela era poder recaudar juguetes para ser repartidos a pequeños de familias de bajos recursos.

La Pastorela robó más de una carcajada a los espectadores, así como sentimientos de triunfo y alegría pues al final de la obra, los pastores logran vencer las tentaciones del demonio y llegan a ver al pequeño que ha nacido en Belén.

Al final de la presentación, Mons. Jorge De los Santos, Vicario del Ministerio Hispano, quien representó al pastor Samuel, agradeció a todos los asistentes por haber participado de este evento y también a todos lo que trabajaron poniendo su tiempo y talentos al servicio de la Evangelización.

Luis Soto, Director del Ministerio Hispano, señaló por su parte, que “como siempre, ha sido un honor servir a nuestra comunidad, ahora llevándoles un momento de diversión con el mensaje central de que esta Navidad tenemos que lograr que Jesucristo nazca en nuestro corazón y con ello, que el mal sea finalmente derrotado, para Gloria de Dios”.

Los 800 juguetes recolectados el día de la pastorela, serán repartidos por Navidad a niños de familias en necesidad. Este esfuerzo, se llevó a cabo gracias a diferentes iniciativas realizadas por Centro. Entre ellas Vino y Chocolate y la Pastorela. También se recibió la ayuda de voluntarias como Maira Soto, Carola Cortez, Heiddy Romero, Maria Garcia, Marylin Contreras, Monica Valdez y Tania Stanley y de instituciones como las parroquias St. Francis Cabrini, St. Therese, St. Michael the Archangel, Our Lady of Loreto, la escuela  católica St. Pius X, el Movimiento  de la Renovacion Carismatica, la pastoral juvenil de Queen of Peace, The Colorado Rockies y Ready Foods.

Próximamente: La ballena de la muerte

¡Regístrese en una suscripción digital a Denver Catholic En Español!

La semana pasada se dieron a conocer las infelices declaraciones del supuesto autor del juego “La Ballena Azul”. Philipp Budeikin, ruso, de 22 años, expulsado de la facultad de psicología y detenido desde noviembre pasado, dijo sin mostrar ningún tipo de remordimiento: “Sí, realmente lo hice, murieron felices. Les di lo que no tienen en la vida real: calidez, comprensión y comunicación”.

Y según sus declaraciones, Budeikin se cree con el criterio de dividir a los adolescentes en dos grupos: “personas” y “residuos biodegradables”.  De incitar a los jóvenes que pertenecen al segundo grupo (según su tétrica clasificación) a quitarse la vida. “Los residuales son aquellos que no tienen ningún valor para la sociedad, sino que, al contrario, le hacen daño a esta. Yo estaba limpiando la sociedad de esas personas residuales”, comentó a la prensa.

Cincuenta retos en cincuenta días que se aprovechan de jóvenes vulnerables, (¡cuántos de nosotros lo fuimos también!) que viven quizás en alguna situación de soledad o que pasan por un momento de tristeza o confusión y que, al no hallar un sentido en su vida real, buscan refugio en el mundo virtual. Es allí donde estas mentes tan moldeables se encuentran con un juego que los atrapa, con maestros anónimos por quienes se dejan “guiar” y hacia quienes sienten temor por las amenazas que reciben en contra de sus familias si no les hacen caso.

Uno de los retos es ver por un día entero películas de terror enviadas por su “maestro” para alterar sus emociones, hacerlos más vulnerables y predisponerlos para aceptar los retos más peligrosos: cortarse la piel hasta tatuarse una ballena, pararse frente a un piso alto y finalmente lanzarse desde un edificio para morir.

Al ver este fenómeno, que al parecer también ha cobrado víctimas en Colombia, me pregunto por la situación de estos jóvenes. Quizás muchos de ellos adolecían de esa “calidez, comprensión y comunicación”. Quizás sus padres estaban demasiado ocupados y pensaron que la mejor manera de entretenerlos era llenándolos de aparatos. A lo mejor no hubo tiempo para una adecuada supervisión sobre lo que veían en las redes. Ni para un diálogo abierto sobre los peligros de navegar solos en el ciberespacio sin ningún límite.

Es normal que los adolescentes se hagan preguntas sobre el sentido de su propia vida. Que experimenten una fuerte necesidad de ser queridos y orientados. En sus mentes van gestándose los sueños que serán decisivos para el desarrollo de su vida adulta.

Necesitan sentirse valiosos (¡y lo son!) y superar retos en los que descubran sus capacidades. Pero estas inquietudes deben plantearse en el mundo real y no a maestros anónimos. Es en el seno de una buena familia, de profesores comprometidos donde encontrarán la “calidez, comprensión y comunicación” pero no aquella inventada por Budeikin sino la que ofrecen de seres humanos que buscan orientarlos en un momento que es clave, hacia una vida llena de sentido. En la que entiendan están muy lejos de ser “residuos biodegradables”.