Obispos de EEEUU el muro pondrá vidas de migrantes en peligro

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Los obispos de Estados Unidos criticaron la reciente orden ejecutiva del Presidente Donald Trump que busca construir, de forma “inmediata”, un muro en la frontera con México para combatir la migración ilegal.

El 25 de enero, Trump, que había prometido esta decisión durante su campaña electoral, firmó la orden ejecutiva titulada “Seguridad Fronteriza y Mejoras al Control de la Inmigración”.

Entre otras disposiciones, el documento determina “asegurar la frontera sur de Estados Unidos a través de la inmediata construcción de un muro físico en la frontera sur, monitoreado y respaldado por personal adecuado para así prevenir la inmigración ilegal, el tráfico de drogas y de personas y actos de terrorismo”.

Actualmente ya existe un muro, erigido durante el gobierno de Bill Clinton, que cubre diversas secciones de la frontera entre Estados Unidos y México.

El presidente del Comité de Migración de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB, por sus siglas en inglés) y Obispo de Austin, Mons. Joe Vasquez, se manifestó “descorazonado” por el anuncio del muro.

 “Estoy descorazonado porque el presidente ha priorizado construir un muro en nuestra frontera con México”, lamentó.

“Esta acción pondrá las vidas de inmigrantes innecesariamente en peligro”.

“La construcción de ese muro solo hará que los migrantes, especialmente las mujeres y niños vulnerables, sean más vulnerables a traficantes y a contrabandistas. Adicionalmente, la construcción de un muro así desestabiliza a las muchas vibrantes y bellas comunidades interconectadas que viven pacíficamente a lo largo de la frontera”, dijo.

Mons. Vasquez dijo que “en vez de construir muros, en este tiempo, mis hermanos obispos y yo continuaremos siguiendo el ejemplo del Papa Francisco. Nosotros ‘buscaremos construir puentes entre la gente, puentes que nos permitan derribar los muros de la exclusión y la explotación”.

El presidente del Comité de Migración de la USCCB se refirió también a nuevas disposiciones del gobierno respecto al control migratorio. “El anunciado incremento en espacio de detención para inmigrantes y las actividades de control de inmigración es alarmante”, dijo.

“Eso desgarrará a las familias y provocará miedo y pánico en comunidades”, señaló.

“Aunque respetamos el derecho de nuestro gobierno federal de controlar nuestras fronteras y garantizar la seguridad para todos los estadounidenses, no creemos que una  escalada a gran escala de detención de inmigrantes y el creciente intensivo uso de control en comunidades inmigrantes es el camino para lograr esas metas”, indicó.

 Mons. Joe Vasquez señaló que en lugar de estas políticas, los obispos estadounidenses ´se mantendrán firmes “en nuestro compromiso de una reforma comprensiva, compasiva y de sentido común”.

“Cada día, mis hermanos de obispos y yo atestiguamos los efectos nocivos de la detención de inmigrantes en nuestros ministerios. Experimentamos el dolor de familias separadas que luchan por mantener la apariencia de una vida familiar normal. Vemos a niños traumatizados en nuestras escuelas y en nuestras iglesias”, recordó.

El presidente del Comité de Migración de la USCCB aseguró que los obispos estadounidenses continuarán “ayudando y solidarizándonos con las familias inmigrantes. Le recordamos a nuestras comunidades y a nuestra nación que estas familias tienen un valor intrínseco como hijos de Dios”.

“Y a todos los afectados por la decisión de hoy, estamos aquí para caminar con ustedes y acompañarlos en este viaje”, señaló.

Próximamente: El Espíritu Santo habla a través de la vida de los santos

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(Foto de dominio público)

Los apóstoles, encogidos de miedo, encerrados en el Cenáculo, esperaban hasta que la amenaza a sus vidas se hubiera calmado. Mientras se escondían, Jesús se les apareció, les dio paz y les explicó las Escrituras. Todos hemos tenido momentos en que nos hemos sentido abrumados y, así como con los Apóstoles, Jesús desea entrar en estos periodos de miedo y dificultad, fortalecernos y darnos una misión.

El domingo pasado recibimos la efusión del Espíritu Santo sobre la Iglesia mientras celebramos la Solemnidad de Pentecostés, recordando su acción a través de la historia. Cuando creó el mundo, Dios Padre sopló su Espíritu sobre las aguas de la tierra y creó la vida. Luego, después de ascender al cielo, nos envió su Espíritu Santo en una forma nueva y poderosa en Pentecostés, dando a la Iglesia “poder desde lo alto” (Lucas 24, 49).

Esa misma promesa, en la forma de los dones de Espíritu Santo, está destinada a cada uno de nosotros hoy. Los Apóstoles recibieron el don de poder hablar en otras lenguas, acompañado de la señal visible de una flama sobre ellos. Sus palabras, como las de profeta Elías “abrasaba como antorcha” (Eclo 48,1) y llevaron a muchos a la fe.

La solemnidad de Pentecostés y el envío de los Apóstoles está estrechamente ligado a el tema del que escribe el Papa Francisco en su reciente exhortación apostólica, Gaudete et Exsultate (Regocijaos y alegraos), el tema de “Tu misión en Cristo”.

En Gaudete et Exsultate, el Papa Francisco dedica la sección “Tu misión en Cristo” a examinar cómo cada persona, al igual que San Pedro, tiene un objetivo en esta vida: ser santos. “La misión”, explica el Papa, “tiene su sentido pleno en Cristo y solo se entiende desde Él. En el fondo, la santidad es vivir en unión con Él los misterios de su vida” (GE, 20).

Después de que los Apóstoles recibieron al Espíritu Santo y glorificaron a Dios en muchas lenguas, Pedro se levantó proclamando valientemente lo que Dios estaba haciendo y llamó a las miles de personas reunidas a arrepentirse y a ser bautizadas. Al hacerlo, Pedro estaba cumpliendo la misión única que Dios le había dado. Como sabemos por las Escrituras, Pedro continúo su camino único a la santidad como el primer Papa, finalmente dando su vida por la fe.

Tu camino a la santidad tendrá diferentes características, así como cada santo es único en su relación con el Señor. Puede ir desde cosas pequeñas como consolar a un niño enfermo, compartir con otros la alegría del Evangelio, o acompañar a alguien que está muriendo. Pero puedes estar seguro de que, sin importar el camino, experimentaras la muerte y la resurrección de Cristo en una manera única y personal. Seguir los pasos del Señor significa permitirle a tu corazón ser más como el de Él. Tú experimentaras “distintos aspectos de la vida terrena de Jesús: su vida oculta, su vida comunitaria, su cercanía a los últimos, su pobreza y otras manifestaciones de su entrega por amor”.

Este itinerario realza que cada una de nuestras vidas transmite una palabra de Dios al mundo.  “Cada santo es un mensaje que el Espíritu Santo toma de la riqueza de Jesucristo y regala a su pueblo” (GE, 21), enseña el Santo Padre. Durante su vida en la tierra, el corazón de Jesús se llenó del Espíritu Santo, quien lo movió y lo inspiró. Después de su Ascensión a los cielos, derramó el mismo Espíritu sobre nosotros. El espíritu hace en nosotros lo que hizo en Jesucristo. Si le permitimos, el Espíritu Santo manifestará las virtudes de Cristo en nuestros corazones y nos convertiremos en imágenes vivientes de Cristo.

Aunque esto pueda parecer imposible, el Papa Francisco nos aconseja enfocarnos en la vida de cada santo en su conjunto, “no conviene entretenerse en los detalles, porque allí también puede haber errores y caídas” (GE, 22). Este es un punto importante para nuestra cuidadosamente diseñada era de redes sociales que promueve fachadas de perfección. La fuerza del Evangelio es la verdad de que Jesús nos ama y nos redime a pesar de conocer nuestros pecados. Uno puede ver esto en la vida de los santos en su camino a seguir a Jesús.

Nuestro mundo perdido y confundido necesita la palabra que Dios desea transmitir a través de cada una de nuestras vidas. Abran sus corazones al Espíritu Santo y recen para alcanzar un corazón receptivo y dócil, escuchen al Señor hablar a su corazón, “…para Dios todo es posible” (Mateo 19.26). Me uno al Papa Francisco en oración, Ojalá puedas reconocer cuál es esa palabra, ese mensaje de Jesús que Dios quiere decir al mundo con tu vida. Déjate transformar, déjate renovar por el Espíritu…” (GE, 24).