Mujeres de fe y éxito

Mavi Barraza

Marzo es el mes de la mujer, y en el Denver Catholic en Español, nos dimos a la tarea de buscar a algunas mujeres que en sus diferentes profesiones han alcanzado el éxito, guiadas por su fe.

 

De líder comunitaria a directora educativa

Ángela Cobián es una joven de 28 años nacida en California, descendiente de padres mexicanos, y feligrés de la parroquia Saint Cajetan.
Llegó a Colorado cuando tenía entre cuatro y cinco años y desde entonces se unió junto a su familia a la parroquia. Fue ahí donde esta joven se desarrolló como líder comunitaria, con la guía del padre Tomás Fraile quien, -junto con otros sacerdotes- fueron muy importantes para su desarrollo social y de fe.

Cobián a ocupado varias posiciones de liderazgo durante los últimos siete años, siempre integrando su vida profesional con su fe. “Fui maestra de segundo y tercer grado, con el propósito de introducir a las familias latinas a la ruta que va desde la escuela a la universidad”, dice al recordar que se dio cuenta de que muchas personas, aunque tenían la inteligencia, no terminaban una carrera porque no sabían cómo navegar en el sistema educativo.

Viajó a México donde trabajó con docentes de este país. Al regresar a Colorado, comenzó a trabajar como organizadora de la comunidad en Juntos Colorado. “Llegué a Saint Cajetan para organizar un ministerio de acción social y así se pudieron llevar a cabo varias oportunidades que impactaron a nuestra comunidad. [Entre ellas] un grupo de estudios bíblicos antes de la llegada del Papa Francisco a Estados Unidos, basado en las bienaventuranzas y aplicándolas al diario vivir en temas sociales como la inmigración”.

Cobián cuenta con una licenciatura en ciencias políticas y español, además de una maestría en educación – que obtuvo mientras era profesora en las escuelas públicas de Denver. Actualmente ocupa el cargo en una entidad nacional como gerente de estrategia de organización de la comunidad, para Denver y Tennessee. Ahí, se encarga de capacitar a maestros, padres de familia y alumnos para lograr un cambio en el sistema educativo público, así como reformas educativas y temas sociales como inmigración, en ambas ciudades.

Pero su pasión por hacer un cambio en su comunidad la llevo más allá. Comenzó una carrera política que la llevó a convertirse en directora de la mesa directiva de las escuelas públicas de Denver del área dos del suroeste de la ciudad (la zona alrededor de Saint Cajetan). Tiene 50 escuelas bajo su cargo, y entre sus tares se encuentra manejar – junto al resto de los miembros de la mesa directiva- el presupuesto escolar.

Ángela dice sentirse muy orgullosa de representar el área donde creció y donde aprendió gracias a sus guías espirituales. “Yo vivo una vida en la que mi profesión y mi fe están interconectadas, y eso me ha llevado a tomar decisiones que son de beneficio, no solo para mí sino para las personas a mi alrededor”, concluyó.

 

 

Tener para compartir

Lidia Tena, es una empresaria oriunda de Namiquipa, Chihuahua, madre de dos hijos y residente de Colorado, quien emigró a los Estados Unidos en 1984 con el fin de alcanzar una mejor vida.

Desde pequeña, Tena dejo ver sus dotes de emprendedora ya que en sus primeros años de escuela vendía dulces de jamoncillos que su mamá le ayudaba a preparar. Fue durante esas ventas escolares que se percató del don que había recibido de Dios y como buena emprendedora se dedicó a las ventas.

Lidia “empezó desde abajo”. Según nos cuenta, antes de abrir su primer negocio, se dedicó durante nueve años a las ventas directas para diferentes compañías, “vendí hasta fajas”, dice sonriendo y con el optimismo que la caracteriza.

Su historia como empresaria comenzó con una inversión mínima que la ayudo a comprar el oro suficiente para comenzar su negocio de venta directa. El primer día termino todo su inventario. Al siguiente pedido decidió aumentar su compra de mercancía y así, sucesivamente fue incrementando durante algunos años no solo el inventario, sino además las ventas. Convencida de la oportunidad de crecimiento que esto represento para ella, decidió empoderar a otras mujeres compartiéndoles la oportunidad de negocio y motivándolas a hacer lo mismo. Al poco tiempo el equipo que había formado, alcanzó las 14 personas.

Al cabo de algunos años de ventas exitosas, en el año 2002 abrió sus puertas la primera localidad de Joyería El Rubí. Cuando le preguntamos su receta para el éxito que ha alcanzado hasta el momento contestó diciendo: “La perseverancia, ser positivo, invertir, pero sobre todo la fe”. Cada mañana al comenzar el día Lidia fortalece su fe y bendice su jornada con un siempre pero importante acto que recomienda a toda persona: “Lo primero que hago al levantarme es agradecerle a Dios con mis oraciones”.

Lidia es una mujer con una fe de oro y la manifiesta no solo en sus actos diarios, sino además con su generosidad, compartiendo con los menos afortunados. En su parroquia Holy Rosary, ella se mantiene activa como parte del ministerio de Adoración Nocturna. Así mismo esta incansable mujer forma parte del movimiento de la Renovación Carismática y es fiel asistente al congreso anual.

“No cabe duda de que Dios me bendice”, dice, al recordar que hace algunos años sufrió un asalto en su negocio donde no solo perdió todo lo material, sino que la vida de su hijo estuvo en peligro. Aun así, con optimismo, valentía y Dios por delante, comenzó de nuevo y ahora se ha convertido en la propietaria de uno de los negocios de joyería más exitosos de la ciudad. Esto le ha permitido contribuir a su comunidad. “Una parte de lo que hoy gano es para dar. De lo que uno recibe, dar a los que no tienen”.

Cabe mencionar que sus donativos han alcanzan a la parroquia a la que pertenece y a algunas comunidades religiosas.

 

Éxito inspirado en una tradición familiar

Hablar de Santiago’s Burritos, es hablar de una tradición familiar que comienza hace décadas cuando Carmen Morales, propietaria de dicha cadena de restaurantes, era una niña. “Los burritos de desayuno están inspirados en mi madre, el Green chili es una receta de ella”.

Luego recuerda: “durante la Cuaresma mi mamá hacía burritos de almuerzo cada mañana, antes de ir a la escuela íbamos a Misa, y después nos daba de comer los burritos que había preparado. Uno de mis hermanos amaba los burritos de desayuno, era propietario de una compañía de construcción y después de un ataque cardiaco que sufrió, entre mi hermana y yo decidimos ayudarlo a abrir un restaurante usando la receta de mi mamá”, recuerda Carmen.

El primer restaurante se inauguró en Greeley con el nombre de Alberto’s. Ahí trabajaron Carmen, su hermana y su hermano por un tiempo hasta que ella, al ver la necesidad de trabajo de otros familiares, decidió abrir el primer Santiago’s en Brighton.
El segundo restaurante fue inaugurado por la hija mayor de Carmen, y los demás pertenecen a familiares o a empleados que trabajaron con ella en el pasado, “agradezco todo lo que ellos hicieron por mí ayudándome a crecer mi negocio”, asegura.

“Dios es maravilloso, los milagros llegan de Él”, dice. Ella misma ha vivido los milagros de Dios no solo por el éxito de su negocio sino además a nivel personal ya que tanto ella como una de sus nietas están viva por milagro.
La fe de esta mujer no solo se refleja en su trabajo con su gran devoción por Santiago Apóstol, por quien llevan el nombre sus restaurantes, sino además en su diario vivir con su amor a la Virgen. “[En unas vacaciones] fuimos a Turquía con mi familia, y visitamos el lugar donde la Virgen paso sus últimos tiempos ¡Nuestra fe nos hace ser quienes somos!”, dice con una sonrisa.

El éxito de esta empresaria tiene como base su fe, su familia, su trabajo y su caridad. Actualmente la cadena de restaurantes cuenta con 26 localidades en todo el estado. Y para asegurarse que la calidad del menú sea la misma, Carmen se reúne con los propietarios de cada restaurante y siempre comienza con una oración. “Yo les digo: tenemos que ser humildes, ayudar a todo el que podamos y dar gracias a Dios, Él es nuestro CEO”.

Carmen, quien solo terminó la secundaria, es una mujer de fe, íntegra y con valores, nacida en Brighton y con raíces de Nuevo México, que cree que los jóvenes pueden lograr lo que se propongan “creyendo en Dios y en ellos mismos, sabiendo que no hay obstáculos que no podamos vencer. Como decía mi madre: ‘Dios siempre nos está mirando, vive tu vida como quieres que Dios vea que la estás viviendo’”, finalizó.

Próximamente: “Bautiza a tu hijo”, insistió su amiga. Hoy él es sacerdote.

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Foto de Andrew Wright. De izquierda a derecha Angela Brown, el padre Angel y María Delfin.

Ángela y María eran dos grandes amigas cuando estudiaban en la escuela Estudios Espaillat de Santo Domingo, República Dominicana. Cuando cursaban 6 y 7 octavo respectivamente quisieron hacerse una promesa mutua, algo así como un pacto de amistad: “cuando tenga mi primer hijo, tú serás la madrina”.

En la foto se ven Ángela sosteniendo a su hijo Ángel el día de su Bautizo.

Pasaron los años, se graduaron de secundaria, cada una tomó su rumbo y María pasaba la mayor parte del tiempo en los Estados Unidos. Era 1987 y Ángela esperaba su primer hijo. María se enteró del embarazo de Ángela y no olvidó su promesa. “¿Cuándo será el Bautizo?”, le preguntó. La pregunta tomó por sorpresa a Ángela. No tenía entre sus planes bautizarlo. Ni siquiera ella había recibido este sacramento. “Cuando pensé que María podía ser la madrina de mi hijo, lo veía más como un compromiso social”, confesó Ángela a Denver Catholic en español. Sin embargo, tras la insistencia de su amiga, esta mujer decidió bautizar a su hijo cuando tenía 17 días de nacido.

María regresó a los Estados Unidos y no volvió a saber nada de Ángela ni de su ahijado. Meses después se mudó definitivamente a este país.

Una vocación que floreció

Ángel creció alejado de la Iglesia pero aún así se veía en él un espíritu solidario y abnegado. “Cuando él tenía entre 3 y 5 años, noté que poseía una bondad poco usual a esa edad”, confiesa su madre.  “Le encantaba compartir sus juguetes con otros niños, no para él jugar, sino para que ellos jugaran”.

Cuando Ángel tenía 14 años un grupo de misioneros tocó la puerta de su casa. Querían invitarle a él y a su familia a una catequesis del Camino Neocatecumenal. Así, tanto él como su madre comenzaron un itinerario de fe. Ángela fue bautizada después y se casó por la Iglesia.

En 2008, el joven participó en una peregrinación a Nicaragua y allí sintió que Dios lo llamaba a ser sacerdote. Le asignaron el seminario Redemptoris Mater de Denver como su lugar de formación. Llegó en enero de 2011, luego de haber estudiado dos años en el seminario de su ciudad natal.

“El buen Dios, que ya lo había elegido, puso a María en mi vida para que con urgencia él recibiera el primer sacramento de iniciación cristiana”, reconoce la madre del hoy padre Ángel.

Y retomaron el contacto

María, su madrina, hasta el momento desconocía el paradero de Ángel. “No viajaba con frecuencia a Santo Domingo. Hace dos años estuve allí y fui a visitar a la madre de Ángela pero justo había salido. La esperé un rato pero no regresó. No tenía cómo retomar el contacto”, comparte.

Y cuando Ángel ya estaba terminando sus estudios en el seminario su madre se propuso buscar a María a través de las redes sociales hasta que la encontró. Meses antes de la ordenación sacerdotal Ángela le comunicó a María un deseo que su hijo tenía: “Él quiere que tú estés presente cuando reciba el sacramento del orden”. María se sintió un poco avergonzada, pues no lo acompañó como madrina durante todos estos años. Aún así decidió viajar con su esposo Julio desde Orlando – Florida, donde residen actualmente. “La noche anterior no dormí bien, estaba muy emocionada y nerviosa. La última vez que lo vi fue el día de su Bautizo, hace 31 años”, confiesa.

El día antes de su ordenación, ella llegó con su esposo al seminario Redemtporis Mater, “entré al comedor y ahí lo vi, junto con varios seminaristas, le dije: ‘Soy tu madrina’ y él me abrazó”, comparte María mientras dejaba escapar un par de lágrimas.

El padre Angel Miguel Pérez-Brown se ordenó el pasado 19 de mayo en la catedral- basílica Immaculate Conception de Denver, Colorado junto con otros cuatro nuevos sacerdotes.  “No recuerdo haberme sentido tan feliz como hoy”, dijo María horas después de la ceremonia.

“Él pensaba ser ingeniero”, recuerda su madre. “Si yo hubiera asistido a su graduación me sentiría muy complacida pero me complace doblemente verlo como sacerdote porque su misión es salvar almas y hacer que las personas intenten ganar el cielo”.

El nuevo sacerdote asegura que su madrina “ayudó a plantar esta semilla” por eso él quiso “que ella fuera testigo de los frutos que ha dado”. “Si ella no hubiese influenciado a mi madre quien sabe dónde estaría hoy”, confiesa.

Al despedirse de María cuando se marchó de regreso a Orlando, el padre Angel le dijo: “Ya tuviste como madrina 31 años de vacaciones. Ahora por favor acompáñame rezando por mí, porque solo con la oración podré ser un sacerdote fiel”.