Max López: Evangelización con creatividad

“Por bendición de Dios nací en una familia de muy escasos recursos materiales pero muy ricos espiritualmente… las tardes eran sinónimo de alegría para mí, ya que cuando mi madre llegaba a casa lo primero que hacía era bañarme y cambiarme…”

Estas son frases de una de las declamaciones de Max Adalberto López Marroquín, quien relata parte de su vida en diferentes reflexiones que ha añadido a sus tres CD dedicados a la evangelización.

Max es originario de Guatemala, de un pueblo muy pintoresco y con muchas tradiciones: Puerto Barrios, departamento de Izabal, fue el lugar que lo vio nacer.

Desde niño, el ahora director de educación religiosa dela parroquia Saint Therese en Aurora, vivía lleno de aspiraciones, de sueños e incluso a sus cortos cinco años ya tenía algunas metas trazadas. A esa edad, aprendió que si quería algo en la vida tendría que trabajar por ello. En su paso diario por una avenida y frente a un mercader, Max veía un carrito de juguete y soñaba con comprarlo. Treinta días de trabajo intenso pasaron para que finalmente realizara su sueño y entre lágrimas de alegría hizo su primera compra, la más valiosa.

López aún conserva su carrito de juguete que, hasta la fecha, le ayuda a mantener los pies sobre la tierra. Quizá de la misma manera, este carrito sea también un recordatorio de que los sueños y aspiraciones -con trabajo constante- se logran, ya que, en solo dos años, ha grabado tres CD de reflexiones, los cuales regala a través de Facebook a quien se lo solicite como una manera de evangelizar.

Así mismo, a muy corta edad, Max descubrió su pasión por la evangelización: “Recuerdo que cuando era niño, iba a Misa y mi corazón latía cuando escuchaba proclamar el Evangelio”. Siempre quiso llevar su pasión más allá y después de mucho discernimiento, al final se dio cuenta que Dios no lo llamó al sacerdocio o a la vida consagrada, pero sí a hacer apostolado como laico.

Entonces surge la idea de trabajar por una evangelización, como dijo San Juan Pablo II, nueva en su ardor, nueva en sus métodos, nueva en su expresión”.

Mientras pensaba en cómo hacerlo y en un momento de oración ante el Santísimo, “abrí la Biblia donde leí este pasaje: ‘Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios’. (Lc. 9, 62) y eso me empujó porque yo estaba indeciso”, asegura López.

“Por muchos meses venía dándole la vuelta en mi cabeza, pero no me animaba, siempre decía, será buena idea, pero quizá no, quizá no les va a gustar, estaba muy enfocado en el qué dirán”, compartió López. Entendió con esta cita bíblica su llamado a comenzar a evangelizar de esta manera.

Con su primer disco vendió 10 copias y el resto decidió regalarlas. Fue en ese momento que su obra se fortaleció. Hasta ahora sus reflexiones son solicitadas en diferentes estados, y él amablemente comparte el don que el Señor le dio, regalándole sus discos a quien desee escucharlos: “Lo que hago lo veo como un ministerio, si el Señor me lo dio, al Señor se lo doy”, asegura.

Las reflexiones de Max López llevan a las personas que las escuchan a tener un encuentro con Cristo, ya que las realiza con el corazón y guiado siempre por la gracia del Señor.

Max invita a todos –especialmente a los jóvenes y jóvenes de corazón- que sientan el deseo de realizar alguna meta a ser valientes: “No tengan miedo. El miedo nos detiene de hacer grandes cosas para el Señor. Él joven tiene tanto que dar, tantas energías, tantos dones, ha desarrollado tantos talentos, pero con la bulla del mundo todo esto se ve opacado y no se escucha la voz de Dios donde los está motivando a hacer diferentes cosas. Hagamos un alto en nuestros quehaceres diarios y digamos, hoy es el momento de escuchar a Dios para ver de qué manera voy a seguir actuando en lo que viene en mi vida”, concluyó.

Para solicitar una copia de las reflexiones de Max, envíale un mensaje privado a su página de Facebook: Max Adalberto López Marroquín.

Próximamente: La ballena de la muerte

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La semana pasada se dieron a conocer las infelices declaraciones del supuesto autor del juego “La Ballena Azul”. Philipp Budeikin, ruso, de 22 años, expulsado de la facultad de psicología y detenido desde noviembre pasado, dijo sin mostrar ningún tipo de remordimiento: “Sí, realmente lo hice, murieron felices. Les di lo que no tienen en la vida real: calidez, comprensión y comunicación”.

Y según sus declaraciones, Budeikin se cree con el criterio de dividir a los adolescentes en dos grupos: “personas” y “residuos biodegradables”.  De incitar a los jóvenes que pertenecen al segundo grupo (según su tétrica clasificación) a quitarse la vida. “Los residuales son aquellos que no tienen ningún valor para la sociedad, sino que, al contrario, le hacen daño a esta. Yo estaba limpiando la sociedad de esas personas residuales”, comentó a la prensa.

Cincuenta retos en cincuenta días que se aprovechan de jóvenes vulnerables, (¡cuántos de nosotros lo fuimos también!) que viven quizás en alguna situación de soledad o que pasan por un momento de tristeza o confusión y que, al no hallar un sentido en su vida real, buscan refugio en el mundo virtual. Es allí donde estas mentes tan moldeables se encuentran con un juego que los atrapa, con maestros anónimos por quienes se dejan “guiar” y hacia quienes sienten temor por las amenazas que reciben en contra de sus familias si no les hacen caso.

Uno de los retos es ver por un día entero películas de terror enviadas por su “maestro” para alterar sus emociones, hacerlos más vulnerables y predisponerlos para aceptar los retos más peligrosos: cortarse la piel hasta tatuarse una ballena, pararse frente a un piso alto y finalmente lanzarse desde un edificio para morir.

Al ver este fenómeno, que al parecer también ha cobrado víctimas en Colombia, me pregunto por la situación de estos jóvenes. Quizás muchos de ellos adolecían de esa “calidez, comprensión y comunicación”. Quizás sus padres estaban demasiado ocupados y pensaron que la mejor manera de entretenerlos era llenándolos de aparatos. A lo mejor no hubo tiempo para una adecuada supervisión sobre lo que veían en las redes. Ni para un diálogo abierto sobre los peligros de navegar solos en el ciberespacio sin ningún límite.

Es normal que los adolescentes se hagan preguntas sobre el sentido de su propia vida. Que experimenten una fuerte necesidad de ser queridos y orientados. En sus mentes van gestándose los sueños que serán decisivos para el desarrollo de su vida adulta.

Necesitan sentirse valiosos (¡y lo son!) y superar retos en los que descubran sus capacidades. Pero estas inquietudes deben plantearse en el mundo real y no a maestros anónimos. Es en el seno de una buena familia, de profesores comprometidos donde encontrarán la “calidez, comprensión y comunicación” pero no aquella inventada por Budeikin sino la que ofrecen de seres humanos que buscan orientarlos en un momento que es clave, hacia una vida llena de sentido. En la que entiendan están muy lejos de ser “residuos biodegradables”.