Más allá del arcoiris

Luis Alvarez

En resumen, al conjunto de personas que interactúan en la vida cotidiana se le llama sociedad, y al sabor propio de cada sociedad se le puede resumir como cultura. El hecho de que una cultura sea convertida al cristianismo influye tremendamente sobre el pueblo, y con el paso del tiempo Cristo mismo se hace ver y sentir, entretejido en la tela misma de la cultura. Por ejemplo, las danzas prehispánicas que los Aztecas antes dedicaban a los dioses del sol y la luna, ahora alegran nuestras parroquias alrededor del país, durante nuestras celebraciones del 12 de diciembre, día de Nuestra Señora de Guadalupe.

A propósito de culturas, tenemos todo tipo de fábulas y personajes míticos relacionados a la naturaleza, por ejemplo, con referencia al arcoíris. Cuenta la leyenda que, si logras llegar al final del arcoíris, tu premio será una olla llena de oro, siempre y cuando logres quitárselo al duende mágico que lo protege.

Cuando yo era niño, me contaron esta leyenda y me la creí. Soñaba con algún día llegar a tener mi cazuela de oro. Madurar implica dejar de creerse este tipo de cuentos, pero sería interesante ver qué tanto hemos madurado realmente. Es progreso que ya no crea en duendecitos, pero no me sirve de mucho si descubro, tras un autoexamen honesto, que sigo persiguiendo cazuelas de oro.

Y, ¿por qué se persigue el dinero? A veces porque de pequeños sufrimos mucho, y de alguna manera se nos insinuó que la falta de recursos fue la causa de muchos de los problemas. En algunos casos fue cierto, pero Jesús no vino a salvarnos de los efectos de la pobreza, sino de las consecuencias del pecado. Puedes responder que esto es demasiado obvio, pero no se trata de lo que se cree o sabe, se trata de cómo se vive ¿Realmente vivo buscando primero el Reino de Dios? Ésta es una pregunta a la que se responde en la vida diaria, no con la boca o la mente.

Tengo un amigo que fuma desde hace años, y cuando le pregunté que por qué no había dejado el cigarrillo me contestó “porque no puedo”. Le costó admitir esto, pues por varias décadas se había convencido que el día que se lo propusiera, dejaría el cigarrillo. Llegó al fin el momento en que intentó dejarlo, y ahí se le abrieron los ojos al ver que está realmente adicto.

A veces pasa de manera similar. Yo puedo creer que estoy completamente desprendido del dinero, ni siquiera apegado a perseguir el arcoíris, pero cuando voy por la calle y me encuentro a Cristo disfrazado de un pordiosero, me pesa brindarle ayuda, y apaciguo mi conciencia al justificarlo con la especulación que probablemente lo usará para comprarse alcohol. Veamos otro ejemplo: He estado trabajando demasiadas horas extra y he descuidado mucho a mi familia, por lo que decido que el próximo fin de semana los llevaré a pasear un rato. Si sale el jefe y dice que se presentó un trabajo que le urge, y que nos paga más si lo terminamos para el fin de semana, ¿a quién sacrifico y pido disculpas?

La Iglesia nos invita a ver más allá del arcoíris, a vivir como los primeros cristianos: sencillos y desprendidos y encendidos de amor por anunciar a Cristo. A vivir con los pies en la tierra pero con la mirada puesta en lo eterno.

Al fin y al cabo, lo que quiero no es ni el arcoíris, si no la felicidad que creo que de alguna manera me traerá. Quizá pienses, como mi amigo pensaba, que todo está bajo control. Es posible, pero ponlo a prueba para verificarlo. No sé qué tanta ayuda económica brindas a tu parroquia. En este tiempo de vacaciones y descanso te recomiendo que vivas la alegría de donarte un poco más, tanto a tu parroquia como a las personas que veas con necesidad. Haz la prueba y verás por qué Santa Teresa de Calcuta decía que, si amamos hasta que duela, no puede haber más dolor, solo más amor. Recuerda que la conversión no es cuando cambiamos de pensar, sino cuando elegimos dejar de perseguir un arcoíris y caminamos hacia la vida eterna que Cristo resucitado conquistó para nosotros.

Próximamente: Monseñor Rodríguez habla sobre su primer año como obispo

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En entrevista con Denver Catholic en Español el obispo auxiliar de Denver monseñor Jorge Rodríguez habla sobre su primer año en el episcopado, sobre las nuevas tareas que ha debido asumir y sobre las reflexiones que le surgen en estos primeros doce meses.

 ¿Cuáles han sido los momentos más destacados en este primer año como obispo?

La ceremonia de ordenación el 4 de noviembre del año pasado, mi visita como obispo a mi diócesis de origen y la celebración con mi familia. También el encuentro con el Papa Francisco el pasado 14 de septiembre.

¿Cómo ha sido para usted esta experiencia de transición de ser párroco de Holy Cross a obispo auxiliar de Denver?

No fue fácil. Como sacerdote uno tiene necesidad de su familia parroquial. Tuve que dejarla y con ella dejar los planes y sueños en que veníamos trabajando. Como obispo el ritmo de trabajo es más intenso que el que tenía en la parroquia, pero muy diverso.

Recientemente fue también nombrado Vicario para el Clero ¿cómo es su experiencia de acompañar a los sacerdotes de la arquidiócesis?

Descubrí que la oficina del Vicario para el Clero incluye mucho trabajo de administración. Mi reto es no dejarme absorber por ella, sino estar disponible y en contacto frecuente con mis hermanos sacerdotes. Gracias a Dios, siempre he tenido mucho aprecio por mis hermanos sacerdotes y me da mucho gusto estar en su compañía. Mi nueva posición me da la oportunidad de transformar la amistad con ellos en servicio y apoyo. Ojalá que ellos también sientan que cuentan conmigo, más como hermano que como un burócrata encargado de supervisarlos. Los sacerdotes, junto con nuestro Arzobispo y nuestros hermanos diáconos, formamos una unidad. Quiera Dios que esta unidad que viene y fue querida por nuestro Señor Jesucristo, pase también por el corazón y la fraternidad.

¿Cómo ve la comunidad hispana en esta arquidiócesis? ¿Qué fortalezas y cuáles aspectos por mejorar?

La veo como un regalo providencial de Dios, como una infusión de vida, de fe, de tradiciones y de alegría en nuestra Iglesia Católica. Los católicos hispanos traen una fuerte devoción a la Eucaristía, a la Virgen María, al Santo Padre. Tienen mucho aprecio por sus sacerdotes y llenan de actividad las comunidades, por medio de los grupos de oración y los movimientos apostólicos.

Pero la comunidad hispana viene a insertarse en la Iglesia Católica que vive en los Estados Unidos y que tiene también su propia belleza y dones. Esto significa que hay que aprender a adaptarse a sus modos organizativos y a su empeño personal y económico con la parroquia. Al venir a los Estados Unidos, los hermanos hispanos se encuentran en un medio diverso, donde la mayoría pertenece a una grande variedad de iglesias protestantes. Por ello es importante que se eduquen en la fe, que conozcan su fe católica para que puedan responder a sus cuestiones y retos. Nuestra comunidad hispana tiene un corazón católico grande, pero necesita crecer en su conocimiento de la fe.

Las estadísticas dicen que solo el 3% de los seminaristas de Estados Unidos son hispanos ¿Cómo incentivar la pastoral vocacional en esta comunidad?

Nos conviene hacer un plan. El plan debe partir de las familias porque está comprobado que las vocaciones sacerdotales suelen venir de familias católicas sólidas y practicantes. Las vocaciones nacen más naturalmente de familias que rezan unidas, que asisten juntos a la Santa Misa los domingos; familias honestas donde se vive la fe y el amor.

Pero también hace falta una pastoral vocacional hecha de oración por las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada; de un programa de retiros, charlas y actividades en las que se presente a los jovencitos y chicas la belleza de consagrar la vida a Dios y al servicio de los hermanos; actividades de servicio a los más necesitados y a los que sufren, donde los jóvenes sientan la alegría del dar y que se ensanchen sus corazones para la donación total. El plan también debería incluir una participación más directa de los párrocos, que son los primeros en descubrir signos de vocación en los jóvenes.

En la vida de hoy se hace más difícil escuchar la llamada de Dios. El ruido del mundo impide que nuestros jóvenes oigan ese susurro en su corazón. Creo que parte del plan sería también encontrar medios para proteger a los jóvenes de la superficialidad y  el egoísmo del mundo, y abrirlos a la vida de oración, a la vida interior y a la apertura al llamado de Dios.

Los inmigrantes afrontan hoy muchos desafíos con el nuevo gobierno y el anuncio de la cancelación del DACA. ¿Qué mensaje podemos darles?

El mensaje de la esperanza. No está dicha la última palabra. Los gobiernos pasan, cambian, rechazan leyes, hacen leyes nuevas, las modifican. Dios es el Señor de la historia y del mundo. Su Palabra nos invita a poner toda la confianza en Él. ¿No nos dijo Jesús que valemos mucho más que los pajarillos y los lirios, que Dios cuida con tanto afecto y atención? ¿Y que no cae la hoja del árbol sin que Dios lo sepa? La vida sigue adelante y nunca hay que renunciar a los sueños. Siempre hay que ser un dreamer en la vida.

¿Qué frutos puede traer el V Encuentro a la pastoral hispana de Estados Unidos?

Creo que el V Encuentro tendrá un primer gran fruto en los que lo están caminando porque cada uno de ellos descubrirá al final del camino, que ahora posee un alma misionera, que está encendida por el amor de Dios. Estos líderes misioneros llevarán el fuego del V Encuentro a sus comunidades. Esto podría convertirse en un gran incendio del fuego del Espíritu, capaz de transformar la Iglesia Católica en los Estados Unidos, pasando de ser una Iglesia encerrada en sí misma a ser una Iglesia misionera.

Otro fruto creo que será darnos cuenta de la fuerza transformante que los jóvenes hispanos poseen en nuestra Iglesia. Ellos tomarán conciencia de su grande protagonismo, y los adultos nos daremos cuenta de la vida y futuro que los jóvenes representan para todos.

Usted estuvo recientemente en Roma en una reunión de nuevos obispos con el Santo Padre ¿Cómo fue esta experiencia? ¿Cuál fue el mensaje del Papa a quienes comienzan en el ministerio episcopal?

Siempre estar en la presencia del Santo Padre te da una emoción especial. Sabemos que es un hombre, pero al mismo tiempo como que nos hace sentir a Jesús, y nos hacer sentir Iglesia. Es un hombre sencillo en sí mismo, sin pretensiones y cercano. Cuando te saluda te mira a los ojos y hace ese momento fugaz muy personal. Cuando lo tuve enfrente aproveché para agradecerle su apoyo a los inmigrantes en los Estados Unidos.

Su mensaje a los nuevos Obispos fue de apertura al Espíritu Santo, que es quien guía a la Iglesia; apertura a nuevos modos, nuevas ideas, nuevas estrategias, evitando la rigidez y cerrazón en esquemas pasados que ya no corresponden a la realidad.