¿María permaneció siempre virgen?

Respuesta a la pregunta enviada por el lector José Augusto Melgarejo a través de nuestra página web:

El dogma de la Virginidad Perpetua se refiere a que María fue virgen antes, durante y perpetuamente después del parto.

En el Concilio de Letrán celebrado en el año 649, se efectuó la definición dogmática de la Virginidad Perpetua de la Madre de Dios. Los padres del Concilio, inspirados por el Espíritu Santo, compusieron el canon tercero que declaraba este dogma:

“Si alguno, de acuerdo con los Santos Padres, no confiesa que María Inmaculada es real y verdaderamente Madre de Dios y siempre Virgen, en cuanto concibió al que es Dios único y verdadero -el Verbo engendrado por Dios Padre desde toda la eternidad- en estos últimos tiempos, sin semilla humana y nacido sin corrupción de su virginidad, que permaneció intacta después de su nacimiento, sea anatema”.

“Ella es la Virgen que concebirá y dará a luz un Hijo cuyo nombre será Emanuel” (Cf. Is. 7,14; Miq. 5,2-3; Mt. 1,22-23) (Const. Dogmática Lumen Gentium, 55 – Concilio Vaticano II).

“La profundización de la fe en la maternidad virginal ha llevado a la Iglesia a confesar la virginidad real y perpetua de María incluso en el parto del Hijo de Dios hecho hombre. En efecto, el nacimiento de Cristo “lejos de disminuir, consagró la integridad virginal” de su madre. La liturgia de la Iglesia celebra a María como la ‘Aeiparthenos’, la ‘siempre-virgen'”  (499 Catecismo de la Iglesia Católica).

La misión más importante de Maria duró toda su vida, no podemos aceptar que María la madre de Jesucristo, sea vista como un utensilio más para el plan de Dios, como lo pudo ser el altar, la zarza, el bastón de Moisés, etc.

Creo que es importante poder colocar en contexto a Pablo y a María con el hecho de haber encontrado a Cristo. San Pablo expresa: “Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo (Fil. 3,8).

¿En qué momento María inicia su conocimiento de Cristo? Como todo israelita, María sabía de la llegada de un Mesías que liberaría a Israel de la opresión. En numerosos pasajes encontramos alusiones a esta promesa (Gen. 49,10-11; Is. 9,5; Miq. 5,1). Pero cuando el ángel le anuncia la misión encomendada por Dios, ¿qué pudo pensar esta niña judía?

Podríamos detenernos a analizar si María habría considerado que después de haber tenido al Hijo de Dios, su vida siguiera como si nada y continuara con un plan de vida normal. ¿Quién de nosotros actuaría así? Un texto muy referente es la carta a los Efesios:

“Lo que somos es obra de Dios: Hemos sido creados en Cristo Jesús con miras a las buenas obras que Dios dispuso para que nos ocupáramos de ellas” (Ef. 2,10).

Podemos ver entonces que Dios dispuso que María fuera la madre del Verbo y la trajo al mundo para que se ocupara de esa tarea: “Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo al que pondrás por nombre Jesús” (Lc. 1,31).

¿María sólo fue escogida para una misión de nueve meses? Los versos siguientes al 31 donde el ángel narra la vida pública de Jesús a María, nos demuestran que no.

Es inconcebible pensar que María, después de ver la grandeza de Dios, después de llevar por nueve meses en su vientre al mismo Dios Jesucristo, pensara en algún momento engendrar otro hijo. Ya con la misión encomendada era más que suficiente; ya con el hecho de ser la escogida era razón suficiente para que haya querido consagrar su alma y cuerpo solo a Dios.

Y ejemplos tenemos todos los que queramos en la Biblia: Pedro, Pablo, después de recibir el llamado al servicio se dedicaron por completo a esa misión, y en el caso de María su misión fue ser la madre de Dios Hijo. Es necesario utilizar el sentido común para poniéndonos nosotros en el lugar de María, nos preguntemos si después de una misión así, quisiéramos algo más.

En el Nuevo Testamento, San Pablo en su primera carta a los Corintios, nos muestra el compromiso de la virginidad, no como una simple abstinencia de relaciones sexuales, sino como una puerta a la comunión íntima con Dios: “De igual manera la mujer soltera y la joven sin casar se preocupan del servicio del Señor y de ser santas en su cuerpo y en su espíritu” (1 Cor. 7,34a).

Esta visión de la virginidad en el Nuevo Testamento es muy posterior a María Santísima. Ella se dejó guiar por el Espíritu Santo para ser santa en cuerpo y espíritu.

 

Agradecemos a Monseñor Jorge de los Santos por responder a esta pregunta. Si tiene dudas de fe puede escribirnos a elpueblo@archden.org o mandarnos un mensaje en nuestra página de Facebook. También llamarnos al teléfono (303) 715- 3219.

 

Próximamente: Nuevas tragedias, nuevos héroes

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Las malas noticias, como la del tiroteo en la escuela Marjory Stoneman Douglas de Parkland en Florida el pasado 14 de febrero, siempre traen historias de humanidad, heroísmo, acciones rápidas y solidarias que sorprenden y que reflejan la bondad en algunas personas quienes en cuestión de segundos se olvidan de sí y que son capaces de dar la vida para que otros no mueran.

A veces se vuelve incluso un lugar común que, tras un tiroteo haya una o dos historias de personas que se inmolaron y que se metieron en el fuego cruzado para salvar vidas y terminaron muriendo ellos.

Y creo que, más que recursos periodísticos para seguir dándole vuelta a la misma noticia trágica y sacar, al menos algún ángulo positivo después de un acto de tanta maldad, aquí se trata de ver cómo ante el pánico que genera un repentino tiroteo, hay quien, sin pensarlo reacciona casi instintivamente para salvar vidas a costa de la propia.

Es el caso de Aaron Freis, un entrenador de futbol de 37 años y ex alumno de esta escuela secundaria. Un estudiante declaró a Fox news que Freis “Se puso en medio de un par de personas y los protegió. Las balas le cayeron a él y con seguridad salvo sus vidas”.

La portavoz del equipo de futbol Denise Lehtio dijo que “murió de la misma manera como vivió – se puso a él en un segundo lugar”, luego lo describió como “un alma noble, un buen hombre”. Hoy Freis hace parte de la lista de víctimas pero quizás esta lista hubiese sido más numerosa si él no hubiera tomado la decisión instantánea de protegerlos e inmolarse por ellos.

El profesor de geografía Scott Beigel, 35 años también murió para salvar a varios alumnos cuando, en medio del tiroteo, abrió la puerta del aula para permitir que los estudiantes que huían de las balas entrasen al salón y se protegieran. Así ocurrió. Solo que él no logró cerrar la puerta y el joven atacante Nikolas Cruz lo sorprendió y le disparó. Así Beigel terminó siendo una víctima más. “Estoy viva gracias a él”, dijo una estudiante al programa Good Morning America.

Los actos de maldad de un atacante desquiciado contrarrestan con las acciones nobles de quienes aman tanto la vida que deciden sacrificarse por ella. Son historias que conmueven, que nos hacen preguntarnos qué hubiésemos hecho en su lugar y que nos permiten ver que la verdadera humanidad se manifiesta en actos de heroísmo que están presentes no solo en las películas de ficción sino en tantas almas nobles que, después de muertos, salen del anonimato para darnos lecciones de grandeza.