Los papas y el lenguaje de la misericordia

Lara Montoya

El Papa Francisco ha declarado un Jubileo Extraordinario de la Misericordia (8 de diciembre, 2015 al 20 de noviembre, 2016) como “un momento extraordinario de gracia y de renovación espiritual”, un “tiempo propicio para la Iglesia, para que se haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes” (Papa Francisco: Misericordiae Vultus, Bula para la Convocación del Jubileo Extraordinario, 3).

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Foto de L’ Osservatore Romano.

Descrito como “un programa de vida tan comprometedor como rico de alegría y de paz” (ibid, 13), tiene como fin el que vivamos lo que el Señor nos pide: “sed misericordiosos, como el Padre vuestro es misericordioso (Lc 6,36)”. No sorprende: Francisco es un Papa que recibe y da misericordia y cuyo lema episcopal es “Miserando atque eligendo” (Jesús “teniendo misericordia lo eligió”).

San Juan Pablo II escribió una encíclica que resalta la misión de amor misericordioso de Dios. En ella escribe: “Dios, quien es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó y, estando nosotros muertos por nuestros delitos, nos dio vida por Cristo… La apertura a Cristo…no puede llevarse a efecto más que a través de una referencia cada vez más madura al Padre y a Su amor… Conocemos a Dios, sobre todo en su relación de amor hacia el hombre: en su ‘filantropía’” (Carta Encíclica Dives in Misericordia, 1, 2).

“La Iglesia…ha de ponerse en camino como Cristo para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios” Benedicto XVI. Homilía 24 de abril de 2005.

Foto de L’ Osservatore Romano.

El papa Benedicto XVI escribió dos encíclicas sobre el amor y nos invitó a “llevarnos unos a otros” como el Buen Pastor que busca y encuentra y carga en sus hombros y trae a casa a su amada oveja perdida. Este amor caracteriza los corazones de los discípulos misioneros, es decir, de los cristianos que han experimentado el amor de Dios y comparten el gozo del Evangelio con el abrumado, el olvidado, el perdido y el “odioso” y poco amado. Habló de la necesidad de un amor evangelizador para con tanta gente viviendo en tantos desiertos exteriores e interiores: “el desierto de la pobreza, del hambre y de la sed, del abandono, de la soledad, del amor quebrantado… del vacío de las almas que ya no tienen conciencia de la dignidad y del rumbo del hombre… La Iglesia…ha de ponerse en camino como Cristo para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, a Aquél que nos da la vida y la vida en plenitud… Sólo con esta amistad experimentaremos lo que es bello y lo que nos libera” (Homilía, Santa Misa del Inicio de su pontificado, 24 abril 2005).

 

Misión impregnada de verdad

Los tres papas creen que la misión del Redentor, por tanto, nuestra misión, es revelar el amor de Dios encarnado en Jesucristo. ¿Por qué amor? ¡Porque Dios es amor en busca del hombre! Dios nos ha creado por amor y para el amor, para ser amados y para amar, tal como la Santísima Trinidad existe eternamente en una perfecta y personal comunión de amor y nos invita a experimentar y compartir este amor con otros. Ésta es la más grande capacidad de la humanidad, nuestra más importante responsabilidad – ¡la vocación fundamental e innata de todo ser humano! (Cf. Papa Juan Pablo II: Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, 11). Sí, nuestro mayor llamado es recibir y revelar amor, mientras por la gracia de Dios somos perfeccionados en él (ibid, 11; Papa Juan Pablo II: Carta Encíclica Redemptoris Missio, 2; Mateo 5,48).

Cristo y su vicario saben el efecto que el amor y la falta de amor tienen sobre la humanidad. La falta de amor verdadero nos está matando – literalmente y en sentido figurado. La falta de amor está…

▪ …Hiriendo a tantas personas que a su vez se hieren y hasta se matan a sí mismas y entre sí.

▪ …Esclavizando a tantas personas en patrones de egoísmo y de pecado.

▪ …Impidiendo que tantas personas comprendan y abracen la verdad sobre Dios y el hombre, sobre el bien y el mal, sobre el amor y la libertad, la verdad sobre el matrimonio y la familia, sobre la sexualidad y el acto moral, sobre la vida humana y la vida eterna.

▪ … Endureciendo corazones y alimentando la globalización de la indiferencia y la cultura del descarte.

▪ …Previniendo que millones accedan al don de Dios mientras, como la mujer samaritana, buscan amor y significado en pozos equivocados con cubetas que no deberían estar en su lista.

La dádiva de misericordia del discípulo misionero en busca de ovejas en los desiertos del mundo requiere ternura de corazón y la empatía característica del amor encarnado. El Papa Francisco, durante su viaje a Filipinas el pasado mes de enero, luego de abrazar a una niña de 12 años que llorando compartió su experiencia de haber vivido en las calles de Manila, dijo: “Cristo lloró… Al mundo de hoy le hace falta llorar. Lloran los marginados… los que son dejados de lado… descartados… Solamente ciertas realidades de la vida se ven con los ojos limpios por las lágrimas. ¿Aprendí a llorar…cuando veo un niño con hambre, endrogado en la calle, que no tiene casa, abandonado, abusado, usado por la sociedad como esclavo? ¿O es mi llanto el llanto caprichoso de aquél que llora porque le gustaría tener algo más? Aprendamos a llorar como ella nos enseñó aquí hoy. Jesús lloró… Se conmovió en su corazón… Si vos no aprendés a llorar no sos un buen cristiano” Esta sensibilidad es necesaria para todo amor humano y todo encuentro evangelizador.

Encuentros de amor con olor a oveja

El Papa de las periferias explica lo que sucede en un mundo invadido por el consumismo, la avaricia y la complacencia, por la búsqueda enfermiza de placeres superficiales y la conciencia adormecida: “la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Los creyentes también corren ese riesgo” (Carta Encíclica Evangelii Gaudium, 2). Por tanto, hay necesidad de re-proponer el llamado kerygmático al “encuentro personal con el amor de Jesús que nos salva” y genera fe y conduce a la verdad, el bien y la belleza (ibid, 264-267).

Pidamos que todos los cristianos aprendamos a dominar el lenguaje de la misericordia como “testigos del amor” que están convencidos de que “la caridad es verdaderamente el ‘corazón’ de la Iglesia”. Comprometámonos con Cristo en su Iglesia para que en este Jubileo de la Misericordia el Señor nos encuentre “proyectándonos hacia la práctica de un amor activo y concreto con cada ser humano” (Papa Juan Pablo II: Exhortación Apostólica Novo Milenio Ineunte, 42, 49).

Esperemos, junto con el Papa Francisco que: “En este Año Jubilar, la Iglesia se convierta en el eco de la Palabra de Dios que resuena fuerte y decidida como palabra y gesto de perdón, de soporte, de ayuda, de amor. Nunca se canse de ofrecer misericordia y sea siempre paciente en el confortar y perdonar. La Iglesia se haga voz de cada hombre y mujer y repita con confianza y sin descanso: «Acuérdate, Señor, de tu misericordia y de tu amor; que son eternos» (Sal 25,6)” (Misericordiae Vultus, 25).

Martha Fernández-Sardina es la fundadora de EresAmado.com y directora de Prepare El Camino/Prepare The Way Enterprises. Como formadora bilingüe y predicadora internacional, ayuda a miles a vivir y comunicar la Fe como evangelizadores bien evangelizados y testigos del amor de Dios que han embarcado #EnUnaMisiónDeAmor #EnUnaMisiónDeMisericordia #EnUnaMisiónDeVerdad. Síguela en www.Facebook.com/EresAmado, www.Facebook.com/MFernandezSardinawww.Twitter.com/yoEvangelizo y www.RememberYouAreLoved.com.

 

Próximamente: Pastores en la calle

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Por: Roxanne King

En los últimos años, el Camino Neocatecumenal, un carisma de la Iglesia Católica que tiene como objetivo dirigir a la gente a madurar en la fe cristiana, ha anunciado, durante la Pascua, la Buena Nueva de Jesucristo en plazas públicas a través de la arquidiócesis. Este año, por primera vez, el proyecto de evangelización “Great Missión” (“La gran misión”) tuvo lugar en 16th Street Mall en el centro de Denver.

Desde el inicio, hace 35 años, el 16th Street Mall ha permanecido como una de las principales atracciones para los visitantes, donde llegan tanto turistas como personas del lugar al corredor de una milla de largo, que ofrece una variedad de restaurantes, tiendas y negocios.

“Era el lugar perfecto para la Gran Misión, dijo el sacerdote de Denver Grzegorz Wojcik, original de Polonia, quien fue parte del equipo del camino en la parroquia St. Louis en Englewood, y que anunció la Buena Nueva en el centro comercial. “¡Fue estupendo…enseñar [a la gente] que la Iglesia los está buscando”! dijo el Padre Wojcik, quien hoy es el párroco de St. William en Fort Lupton. “Esto demostró que aún en Denver, una ciudad moderna, Jesucristo va hacia ellos.

El 14 de mayo, el quinto domingo de Pascua, el equipo de Great Mission llevó a cinco sacerdotes católicos, quienes ofrecieron confesiones en el centro comercial.

“Nunca he visto eso antes, que el sacramento [de Reconciliación] venga a las calles”, dijo Flora Potter, miembro del equipo de Great Mission a quien se le asignó sostener una pancarta que decía: “Confesión disponible con un sacerdote católico, HOY”.

“Fue el momento de evangelización más increíble que he experimentado”, dijo Potter. “Llevar el amor de Cristo a la gente en la calle ¡Pastores, que huelen a oveja!”.

“Mientras la gente leía las palabras en la pancarta, sus caras expresaban sorpresa, incredulidad, tristeza, sufrimiento, alegría, ira, dolor, deleite, disgusto y gratitud ¡Me di cuenta de que esto era verdadera evangelización!”, dijo Potter.

“Fue llevar a Dios a las calles”, añadió, “donde la gente pudiera verlo”. El padre Wojcik dijo que la experiencia le recordó escenas de las Escrituras donde la gente pasa por su vida cotidiana y de repente, Cristo aparece.

“Jesús estaba presente ahí,” dijo el padre Wojcik. “Él los estaba buscando. Estaba dando felicidad, la oportunidad de ser libres”.

A pesar de la disponibilidad abundante de los sacerdotes, el padre Wojcik dijo que solo unas 20 personas aprovecharon la confesión.

“Las pocas personas que vinieron, a pesar de las distracciones del 16th Street Mall, fueron increíbles”, dijo.

“Fue un privilegio llevar a cabo este anuncio que cambia vidas”, afirmó. “¿Cómo puedes vivir de la misma manera después de saber que Jesús está aquí en 16th Street Mall, entre las calles 16th y Champa?”.

La mayoría de los transeúntes, dijo el sacerdote, consideraron curioso y entretenido el esfuerzo de evangelización.

“Algunos se pararon por un minuto o dos”, dijo. “Muchos tomaron fotos, pero muy pocos se quedaron a escuchar. Fue un gran descubrimiento: de que Jesús es como un espectáculo, como si no lo necesitaran. No hay tiempo para Jesús, tengo que vivir mi vida”.

Lo que pudo parecer tonto para muchas personas, no lo fue para el equipo de evangelización. “Pudimos hablar con estudiantes, indigentes, veteranos viviendo en casas de refugio, gente que vive en el centro que son afluentes”.

“Gente de toda clase social pasa por ahí”, dijo Sue Van Doren, coordinadora del equipo de 13 miembros de Great Mission de 16th Street Mall, que cuenta con el apoyo de una comunidad de unas 40 personas.

“Estamos anunciando la Buena Nueva de que Dios te ama y te conoce por tu nombre”, dijo. “Hubo oración, cantos y bailes -la gente de nuestra comunidad hablaba conaquellos que estaban en la calle ¡Fue maravilloso!”.

El esfuerzo no fue para hacer proselitismo o para o hacer nuevos miembros del Camino o católicos conversos , dijo el padre Wojcik.

“Fue para mostrar el rostro de Jesucristo”, dijo. “Para anunciar el Evangelio. Fue la Iglesia presente, recordándole a la gente el amor de Dios”.

“Como un faro que ilumina a los barcos que están en el mar”, añadió, “la gente no tiene que venir [a la Iglesia], si no que necesitan ver a Cristo [para que] puedan ser salvos”.

Traducido del original en inglés por Mavi Barraza.