Los hispanos son muy valiosos para la Iglesia en los EE.UU

Obispo Jorge Rodríguez

Presentamos a continuación la homilía transcrita del obispo auxiliar de Denver, monseñor Jorge Rodríguez, el pasado 18 de noviembre en la catedral basílica Immaculate Conception de Denver, en una Misa en español de acción de gracias con la comunidad hispana por su ordenación episcopal.

Queridos amigos de la comunidad hispana:

No tuve el tiempo de sentarme a preparar esta homilía pero tuve mucho tiempo para pensar y les quiero hablar desde el corazón.

Ayer en la noche regresé, por primera vez fui a la Conferencia Episcopal, la reunión de todos los obispos americanos, son más de 300 y un tema que estaba muy presente en todos ellos era precisamente la situación que nuestra comunidad inmigrante está enfrentando.

Ya desde antes de irme a la Conferencia, cuando supimos los resultados de las elecciones, todos nos preguntamos ¿Y ahora que viene? precisamente porque habíamos oído unas afirmaciones muy fuertes sobre la suerte futura de la comunidad inmigrante que no tiene una condición, digamos, legal para estar aquí y esos son muchos de nuestros hermanos y hermanas, de nuestros niños y por todos estos días no se oye otra cosa más en la televisión y en la radio.

El otro día estaba viendo la Fox y tuve que apagar, no aguanté lo que estaban diciendo; hoy en la mañana en la radio yendo al seminario para la clase estaban hablando del DACA, hay aproximadamente 30.000 jóvenes que han aplicado para el DACA en Colorado ¿Qué va a pasar con ellos? ¿Qué nos va a pasar? Se habló de construir el muro y ahora se habla de un muro virtual y todas esas cosas han creado en toda la nación y en las comunidades inmigrantes miedo, tristeza, incertidumbre.

Quizá ustedes conocieron el mensaje que el Arzobispo le mandó junto con este servidor, a la comunidad inmigrante de Colorado a este propósito pero yo creo que esta es la situación política, esta es la situación legal, este es el drama humano pero no hay que olvidar que las cosas están en las manos de Dios no de los hombres y como decía el Arzobispo en su nota para la comunidad inmigrante, las cosas no dependen de un solo hombre, este es un país de derecho y hay mucha gente buena en Estados Unidos.

Pero de lo que les quiero hablar a ustedes es que seamos nosotros conscientes de que la condición inmigrante o la así llamada comunidad hispana, comunidad latina inmigrante o no inmigrantes, con papeles o sin papeles, es un don de Dios para los Estados Unidos.  Ustedes son un don de Dios para los Estados Unidos y son un don de Dios para la Iglesia en los Estados Unidos; yo estoy convencido de que esa presencia, la presencia de todos nosotros aquí en Estados Unidos es una presencia providencial, forma parte del plan de Dios y eso como que ahora se empieza a reconocer más.

Yo me quedé sorprendido, en la Conferencia Episcopal somos 300 y pico de obispos y hay más de 30 que somos hispanos, latinos: De México, de Cuba, de Colombia, mucho obispo mexicano y si ustedes siguieron las noticias en las elecciones el vicepresidente de la conferencia episcopal que fue elegido por todos los obispos fue monseñor Gomez, arzobispo de Los Ángeles nacido en Monterrey y en mi experiencia en el debate que hubo con los obispos ahí yo noté en todos ellos un gran aprecio y un gran amor por la comunidad latina y la grande preocupación es “Tenemos que hacerles saber que estamos con ellos, que la Iglesia está con ellos”. Incluso fíjense, antes se hablaba de que teníamos nosotros que asimilarnos a la cultura americana, luego se habló de que teníamos que integrarnos con la cultura americana, yo creo que ahora podríamos comenzar a hablar de que tenemos que enriquecer con nuestra cultura a la cultura americana que tiene grandes valores y podemos aprender mucho de ellos pero nosotros también tenemos los nuestros.

El día de 5 de noviembre he tenido una misa con los pro-vida, yo creo que el 80 por ciento eran latinos, hispanos.  Nosotros traemos a este país un amor muy grande por la vida, nosotros pensamos, sabemos, estamos, convencidos de que un niño es siempre una bendición de Dios, de que la vida es sagrada, de que no tenemos ningún poder, ninguna autoridad, para quitar la vida a un niño no nacido o a un ancianito enfermo o a un enfermo terminal.

Un grande amor a la vida que traemos de nuestros países, tenemos un grande amor a la familia, para nosotros la familia es fundamental, un grande respeto y veneración por nuestros abuelitos, los acompañamos y los queremos hasta el final, nos gusta estar siempre como familia con los primos y los tíos y tenemos esos lazos de sangre que son muy fuertes.  Nosotros defendemos la familia, tenemos un sentido de fe muy sencillo quizá pero muy profundo.

Antes de venir fui a recoger parte de estos “adornitos” que me pongo (refiriéndose a las insignias episcopales n.d.r) en la sacristía y vi que los del grupo de oración de Holy Cross estaban haciendo adoración al Santísimo porque hoy comienzan el curso Felipe, y los ves ahí de rodillas pidiéndole a Dios que les bendiga en este ministerio; solo este hecho es un tratado de teología, de fe, de la gracia que viene de Dios, de la oración humilde del hombre, esa fe sencilla que nos gusta a nosotros celebrar, el modo como hablamos nosotros de la Virgen, la Virgencita, el respeto que tenemos por el Santo Padre, por la Iglesia, el respeto por nuestros sacerdotes, eso es algo que nosotros traemos a este país y lo traemos y está floreciendo en nuestras comunidades, que hace que otras personas nos miren y recuerden si han olvidado esos principios o que asuman estos valores y que nosotros podemos enriquecer a la comunidad de Estados Unidos.

Ahora hermanos, el desafío, el reto es el de no perder nuestra identidad cultural, nuestros valores culturales, el idioma hermanos antes o después… los hijos de ustedes hablan inglés sus nietos yo creo que ya ni van a hablar español y todo es parte del proceso.  Ahora, lo que sí es importante es que al pasar de una lengua a la otra no perdamos nuestra alma latina, no perdamos nuestros valores, no perdamos nuestra identidad, aunque terminemos todos hablando inglés y eso no lo vamos a poder evitar pues ustedes ven a sus hijos, entre ellos hablan inglés y ven que van a la escuela y todo es en inglés y se sienten más cómodos hablando inglés y de ahí viene una generación más y va a ser más esto que les estoy diciendo.

En el Evangelio de hoy el Señor habla de su templo, dice “No hagan de mi Templo una cueva de ladrones. No destruyan mi Templo”.  Ahora: ¿Qué es el Templo?  Pues evidentemente en aquel entonces todos hablaban del Templo de Jerusalén pero el templo también es la Iglesia, el templo también es tu alma.  Yo quisiera con ustedes hoy hacer una explicación: el templo de Jesús es tu familia porque el templo es donde Dios reside ¿verdad? Recuerden que el Concilio llama a la familia una Iglesia doméstica una Iglesia en chiquito. La familia es una Iglesia en chiquito donde reina Cristo.   Ahora, ¿qué pasa cuando en ese templo que es tu familia, esa Iglesia en chiquito, papá, mamá, los niños y quizá los abuelitos, entra el ladrón, entran los ladrones, hay una cueva de ladrones? ¿Quiénes son los ladrones que entran en la casa?  Entran sin pedir permiso y entran y destruyen. El ladrón  puede ser también la televisión y no es que no haya cosas buenas en la televisión pero a veces la televisión es un intruso que está constantemente diciéndole a los hijos lo que no es correcto, está constantemente presentándole a tus hijos modelos que no son los que nosotros traemos, que no corresponden a nuestros valores.

Pensemos en el internet hoy día no se puede vivir sin el internet, es una cosa maravillosa, pero es un gran intruso en la vida de la familia que la puede destruir, destruir la pureza del corazón de tus hijos, destruir la mente de tus hijos o incluso destruir nuestra capacidad de estar juntos porque ahora todo el mundo está con su aparatito y ya no pasamos tiempo conversando.

También otro ladrón qué se te puede meter y hace de tu pequeña Iglesia, de tu Iglesia en chiquito, una cueva de ladrones, son ideas que constantemente la sociedad le está dando a tus hijos o que oyen a veces en la escuela, modelos de vida que no son los nuestros.  Nosotros creemos que el matrimonio es entre un hombre y una mujer, nosotros creemos que la vida de un niño es sagrada desde que está en el seno de su madre, nosotros creemos que al ancianito que está muriéndose no lo matamos pero el ambiente les va diciendo otras cosas y entonces esa Iglesia en chiquito que es tu casa, tu hogar, esa Iglesia en chiquito se convierte en una cueva de ladrones y necesitamos que venga Jesús y limpie esa Iglesia en chiquito y en esa Iglesia en chiquito solamente reine Cristo.  Cristo Rey es algo muy profundo de nuestra espiritualidad, es particularmente mexicano pero no solamente; ese reinado de Cristo que vamos a celebrar la próxima semana, eso es lo que tenemos que lograr.

Si Cristo hermanos realmente reina en esa Iglesia en chiquito que es tu casa, tu familia, esos valores que nosotros traemos de amor a la vida, amor a Dios, amor a la iglesia, amor al hermano, solidaridad, familia, sentido de fiesta, alegría, todo eso que traemos se va a conceder pero si no dejamos que Cristo entre y limpie la casa corremos el riesgo, entonces sí, de ser digeridos por una cultura y unas ideas que no son las nuestras; por eso yo ahí se los dejo, nuestra comunidad latina, nuestra comunidad hispana está aquí en los Estados Unidos porque Dios la ha mandado a traer otra vez, a hacer presente otra vez en este país el valor de la vida, la primacía de Dios, la solidaridad entre los hermanos.

Los que hemos venido aquí, ustedes, sus familias, sus amigos, vinieron a trabajar honestamente.  No es verdad, no somos ladrones, alguno puede salir, siempre salen, es parte de cualquier cultura.  Ustedes son personas que trabajan honestamente y que creen en Dios y nada más quiero terminar asegurándoles que la Iglesia, los pastores y los obispos están dispuestos  a salir fuertemente en la defensa de ustedes ¿Por qué? Porque ellos se dan cuenta de la riqueza, del valor de la comunidad latina para la Iglesia en los Estados Unidos hoy y sobre todo hermanos la confianza y la espera, no sabemos qué va a pasar, no va a pasar nada, a lo mejor nada más estamos echándole más salsa al taco de la que va a tener, pero una cosa es importante que mantengamos siempre: la esperanza y la confianza en Dios.  Recuerden, todos nosotros vamos a rezar dentro de un poquito el Padrenuestro y un padre jamás se olvida de sus hijos y como nos dice Jesús ¿Si el hijo le pide al padre una cosa buena le va a dar una cosa mala? Renovemos nuestra confianza en Dios, renovemos nuestra confianza en la Santísima Virgen de Guadalupe que no nos va a desamparar como nunca nos ha desamparado, sigamos trabajando honradamente y todo queda en las manos de Dios que son las mejores manos.

Vamos a empezar desde ahora a rezar para que este país sea un país de brazos abiertos, sea un país comprensivo, un país de compasión donde todos podamos trabajar honestamente, donde haya oportunidades para todos.  Recuerden que este país se fundó en uno de los principios que es el derecho que tienen todos de buscar la felicidad y por uno o por otro motivo los que hemos venido a este país venimos con el deseo de buscar la felicidad para nosotros y para los nuestros y al mismo tiempo enriquecer el país en el que nosotros vivimos.

Que Dios nuestro Señor nos bendiga a todos, muchas gracias por estar aquí en esta Santa Misa, que como les dije al inicio, estoy ofreciendo por esa intención.  Que Dios bendiga a los Estados Unidos de América, proteja a la comunidad inmigrante, nos conceda a toda justicia y una reforma migratoria integral.

Próximamente: Cinco por ciento de luz

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Vi el eclipse total de sol desde Denver, Colorado. Wyoming, estado que limita hacia el norte, fue uno de los lugares donde se vio en un cien por ciento. Muchos viajaron allí para observar este fenómeno natural que no ocurría en este país desde hace 99 años. Por cuestiones de trabajo no pude viajar, pero me contenté con verlo desde aquí, donde la luna tapó al sol en un 95 por ciento.

Confieso que tuve la ilusión de que ese alto porcentaje fuera suficiente para ver el cielo semioscuro, para observar a los pájaros volar precipitadamente a sus nidos y escuchar luego a los gallos cantar en un insólito amanecer de medio día.

En la mañana encendí la radio donde daban las últimas indicaciones para disfrutar del eclipse. Los locutores advirtieron que la oscuridad sería mínima en Colorado, pero pensé que estaban exagerando. El punto máximo fue a las 11:47 a.m. hora local. Salimos con lentes en mano cuando se acercaba el momento. Emocionados pudimos ver cómo el brillo del sol se iba menguando con la interposición de la luna. Pero cuando esta avanzó hacia la hora pico, la luz continuaba aunque más tenue “¿Un mal cálculo de parte de los astrónomos?”, nos preguntamos. Al seguir observando el eclipse con nuestros lentes vimos que un pequeño cachito de sol se asomaba y me maravillé al ver cómo ese cinco por ciento de luz pudo iluminar tanto.

En nuestra vida también hay momentos de oscuridad donde nuestro brillo puede ser eclipsado por muchas adversidades: un fracaso, una decepción, una enfermedad, un accidente o simplemente un bajón en nuestro estado de ánimo. Sin embargo, un cachito de esperanza puede ser suficiente para impedir que caigamos en la oscuridad total ¿Y en qué puede estar representado ese pedacito de luz? En primer lugar, en Dios mismo. Ese “sol de justicia”, como lo llamó el profeta Malaquías. En Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, quien nos dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8, 12).

Recordemos que Jesús también nos llamó para que con su luz iluminemos la vida de los demás: “Vosotros sois la luz del mundo. (…) Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt. 5, 14.16)

Ese cachito de luz lo podemos ver en su amor que se ve reflejado en las personas a quienes amamos y también en quienes están agradecidos con nosotros porque en algún momento les tendimos una mano. Lo podemos ver en nuestros buenos recuerdos, en los talentos cultivados o en las oportunidades que nos han permitido mejorar.

Nadie está libre de adversidades que pueden llegar para dar un giro a nuestra vida. Que pueden hacernos caer en un eclipse y no necesariamente de dos minutos de duración.  Pero depende de nosotros seguir viendo la luz a través de los rayos de sol que continúan asomándose, dándonos ánimo y repitiéndonos que nuestra vida tiene sentido, que el sol continúa presente dándonos luz y calor con los rayos tenues que logran asomarse en ese pequeño espacio que le dejó la luna.