Los cristianos en Irak necesitan nuestra ayuda

El periodista peruano Alejandro Bermúdez, director de la agencia católica Aciprensa y residente en Denver, estuvo en Irak durante la Semana Santa. El pasado 29 de abril ofreció una conferencia en ingles en la parroquia Holy Name denominada “Cristianos bajo ataque”. Esto fue lo que compartió.

“Mi deseo más profundo es hacerles ver a otros cristianos muchas cosas sobre estos hermanos y hermanas. En primer lugar decir que son héroes, que son mártires”, dijo Bermúdez en entrevista con Denver Catholic, antes de iniciar su conferencia.

Cultura devastada

El cristianismo está presente en Irak desde el primer siglo. La entonces Mesopotamia fue en ese tiempo un importante foco de evangelización. Actualmente los caldeos, que representan la mayoría de los cristianos de Irak, forman una comunidad católica de rito oriental y es una de las iglesias cristianas más antiguas. Las casas en las que habitaban eran heredadas desde generaciones atrás y por ello resultaban también un patrimonio familiar.

Pero en agosto del año pasado, el Estado Islámico bajo el nuevo régimen del califa Abu Bakr al-Baghdadi, llegó a Qaraqosh, la mayor ciudad cristiana de Irak, para forzar a los cristianos a convertirse al Islam. De lo contrario debían dejarlo todo y huir solo con la ropa que llevaban puesta. Su único delito era seguir a Jesús. Ellos prefirieron dejar sus bienes antes que dejar su fe. Sus casas fueron marcadas con una N en árabe, que significaba Nazarenos, pues se les  considera como traidores o ciudadanos de segunda categoría.

Qaraqosh se encuentra entre Mosul –ciudad en la cual ya no hay cristianos–, y Erbil, la capital del Kurdistán iraquí, una región autónoma a la que aún no ha llegado el Estado Islámico y que ha recibido a los cristianos refugiados.

Alejandro describía cómo estos hermanos duermen en tiendas de campaña, reciben poca ayuda de la comunidad internacional y tienen condiciones precarias de salud. Algunos voluntarios médicos viven allí para prestar un servicio a la comunidad, pero no se dan abasto para atender todas las necesidades. Con un corazón generoso han viajado a prestar su servicio, sabiendo que a 50 kilómetros se encuentran los soldados del ISIS con su furia enceguecida.

“Estamos preparados para el martirio”, repite el arzobispo de Erbil, Mons. Bashar Mati Warda, CSSR, quien atiende pastoralmente a los fieles refugiados allí.

 

Devoción que edifica

Alejandro describía en su conferencia su experiencia en Semana Santa junto con los cristianos refugiados: “Ellos realmente creen en lo que celebran y celebran lo que creen. No los ves distraídos y son 6 mil personas en el templo. Celebran en arameo, el idioma de Jesús. Los niveles de conexión y atención con el misterio de la eucaristía son increíbles”.

“Tendrían todo el motivo para sentirse víctimas en medio de este sufrimiento”, comentó el periodista. Uno de los asistentes a la conferencia le preguntó qué era lo que más le había impactado de su viaje. A lo que él respondió: “la alegría de la fe que viven los cristianos. No podía creer que eran refugiados”, dijo Alejandro, quien se sintió, “profundamente edificado”.

 

¿Qué puedo hacer por Irak?

En su viaje Alejandro conoció al padre Douglas Bazi, quien le contó que dos de las parroquias que estuvieron a su cargo han sido destruidas. Ha sufrido un atentado contra su vida. Ha sido secuestrado y torturado. Todo por amor a Jesús. Y a pesar de ello, el padre dice: “mi deber es quedarme”.

Sin embargo, hay en el mundo muy poca conciencia de la magnitud de esta tragedia, debido al silencio de muchos medios de comunicación. Sobre el tema, Alejandro se refirió a un artículo escrito por la periodista italiana Lucia Anunzziata, del diario The Huffington Post: “Soy atea y pretendo seguir siéndolo. No he escrito ni una sola palabra del Papa actual (…) Solo soy una periodista y todavía comprendo lo que es una noticia. Y últimamente la noticia es la soledad en la que ha sido abandonado este Papa tan popular que desde hace algunos meses es el único que ha denunciado la masacre de los fieles y hoy en día es el único jefe de estado capaz de apuntar con el dedo a la pasividad de los países occidentales por estas muertes”.

Para quebrar esta indiferencia con actos de caridad, el padre Douglas pide a todos los cristianos y personas de buena voluntad que hagan tres cosas por Irak: la primera es rezar por ellos; la segunda, ayudarles económicamente; y la tercera, a quien tiene alguna influencia ante las Naciones Unidas, pedirles que los declaren como refugiados que tienen derecho a sus propiedades y a vivir en sus pueblos para que cuando vuelva la paz, ellos puedan regresar a sus lugares de origen.

Alejandro en su programa Punto de Vista de la agencia Aci Prensa, destacó de estos hermanos perseguidos la manera como ellos,  “celebran la cruz con una curiosa alegría, con una enorme reverencia, con silencio, con adhesión fiel porque esa cruz es símbolo de esperanza. Y es símbolo de esperanza porque ellos han elegido eso”.

Para una donación a los cristianos perseguidos en Irak, puede enviar su sobre a la Asociación para el apostolado un memo que diga Cristianos en necesidad 3290 West Milan Avenue, Sheridan, CO 80110 USA.

Próximamente: La ballena de la muerte

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La semana pasada se dieron a conocer las infelices declaraciones del supuesto autor del juego “La Ballena Azul”. Philipp Budeikin, ruso, de 22 años, expulsado de la facultad de psicología y detenido desde noviembre pasado, dijo sin mostrar ningún tipo de remordimiento: “Sí, realmente lo hice, murieron felices. Les di lo que no tienen en la vida real: calidez, comprensión y comunicación”.

Y según sus declaraciones, Budeikin se cree con el criterio de dividir a los adolescentes en dos grupos: “personas” y “residuos biodegradables”.  De incitar a los jóvenes que pertenecen al segundo grupo (según su tétrica clasificación) a quitarse la vida. “Los residuales son aquellos que no tienen ningún valor para la sociedad, sino que, al contrario, le hacen daño a esta. Yo estaba limpiando la sociedad de esas personas residuales”, comentó a la prensa.

Cincuenta retos en cincuenta días que se aprovechan de jóvenes vulnerables, (¡cuántos de nosotros lo fuimos también!) que viven quizás en alguna situación de soledad o que pasan por un momento de tristeza o confusión y que, al no hallar un sentido en su vida real, buscan refugio en el mundo virtual. Es allí donde estas mentes tan moldeables se encuentran con un juego que los atrapa, con maestros anónimos por quienes se dejan “guiar” y hacia quienes sienten temor por las amenazas que reciben en contra de sus familias si no les hacen caso.

Uno de los retos es ver por un día entero películas de terror enviadas por su “maestro” para alterar sus emociones, hacerlos más vulnerables y predisponerlos para aceptar los retos más peligrosos: cortarse la piel hasta tatuarse una ballena, pararse frente a un piso alto y finalmente lanzarse desde un edificio para morir.

Al ver este fenómeno, que al parecer también ha cobrado víctimas en Colombia, me pregunto por la situación de estos jóvenes. Quizás muchos de ellos adolecían de esa “calidez, comprensión y comunicación”. Quizás sus padres estaban demasiado ocupados y pensaron que la mejor manera de entretenerlos era llenándolos de aparatos. A lo mejor no hubo tiempo para una adecuada supervisión sobre lo que veían en las redes. Ni para un diálogo abierto sobre los peligros de navegar solos en el ciberespacio sin ningún límite.

Es normal que los adolescentes se hagan preguntas sobre el sentido de su propia vida. Que experimenten una fuerte necesidad de ser queridos y orientados. En sus mentes van gestándose los sueños que serán decisivos para el desarrollo de su vida adulta.

Necesitan sentirse valiosos (¡y lo son!) y superar retos en los que descubran sus capacidades. Pero estas inquietudes deben plantearse en el mundo real y no a maestros anónimos. Es en el seno de una buena familia, de profesores comprometidos donde encontrarán la “calidez, comprensión y comunicación” pero no aquella inventada por Budeikin sino la que ofrecen de seres humanos que buscan orientarlos en un momento que es clave, hacia una vida llena de sentido. En la que entiendan están muy lejos de ser “residuos biodegradables”.