¿Los católicos permiten la donación de sangre?

Esta pregunta fue formulada vía correo electrónico por la lectora Sara Montiel.

Si uno estudia la Biblia se dará cuenta que hay una evolución doctrinal y moral en ella. Es decir, que no todas las afirmaciones que se encuentran allí tienen el mismo valor o igual vigencia. Y entre esos elementos que sufrieron un cambio en el Nuevo Testamento está lo referente a la sangre.

La Biblia nunca habla de la transfusión de sangre como práctica de medicina para salvar a enfermos, simplemente porque los antiguos no conocían este tratamiento.

Los israelitas del Antiguo Testamento, así como otras culturas de aquel tiempo, pensaban que la vida (o el alma) de cada ser estaba en la sangre. Leemos en Gen. 9,4-5: «Lo único que no deben comer es la carne con su alma, es decir, con su sangre… Reclamaré la sangre de ustedes, como si fuera su alma». Así, las culturas antiguas creían que el alma era la sangre misma. Dios es el único Señor de la vida y por eso la sangre tenía un carácter sagrado para los israelitas, la sangre pertenecía a Dios. De este concepto antiguo que tenían los israelitas acerca de la vida, vienen las leyes acerca de la sangre.

La sangre, como signo de la vida, pertenece sólo a Dios y por eso la sangre es parte de Dios (Lv. 3,17). La sangre derramada es alimento de Dios, «manjar de Yahvé», y ningún hombre puede beber sangre, ni comer carne prohibida (Dt. 12,16). La sangre pertenece por derecho propio a Dios, Señor de la vida. (De ahí sacan los Testigos de Jehová su enseñanza de no aceptar la transfusión de sangre).

¿Qué nos enseña el Nuevo Testamento acerca de esas leyes? Allí no encontramos ninguna referencia acerca de la transfusión de sangre. Pero hay claras diferencias en su contenido. Jesús está de acuerdo con el Antiguo Testamento en el respeto por la vida: «No matarás» (Mt. 19,18), pero el Señor está en desacuerdo con la antigua ley de la venganza de sangre inocente: «Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente. Pero Yo les digo: no resistan al hombre malo; al contrario si alguien te pega en un lado de la cara, ofrécele también el otro lado» (Mt. 5,39). También terminó Jesús con la ley de alimentos prohibidos: «No hay ninguna cosa fuera del hombre que al entrar en él pueda hacerle pecador o impuro» (Mc. 7,15). Con estas palabras está claro que la prohibición de comer «carne con sangre» no tiene ningún valor negativo para Jesús.

Las leyes de sangre del Antiguo Testamento son reflejo de una cultura primitiva y no fueron dictadas por Dios y solo tendían a inculcar al pueblo del Antiguo Testamento el sentido sagrado de la vida. Por tanto las muchas leyes de sangre del Antiguo Testamento no son doctrina eterna sino leyes sacerdotales.

Recordemos que Cristo vino a perfeccionar la antigua Ley. Ahora sabemos muy bien que el alma humana no se identifica con una cosa material como es la sangre sino que se expresa en el hombre entero. La ley del Antiguo Testamento fue perfeccionada por Jesucristo y muchas costumbres de aquel tiempo no tienen valor en la Nueva Alianza. Algunas religiones se quedaron en el Antiguo Testamento y no aceptan la evolución que está en la Biblia; ellos no interpretan bien toda la Biblia ya que se quedaron en una práctica judía antigua y no siguieron el cumplimiento del Nuevo Testamento. Esto sucede porque interpretan la Biblia en forma literal y parcial, y además arreglaron la Biblia a su manera con traducciones equivocadas.

Por ello, con respecto a la transfusión de sangre decimos: «Conocemos el amor con que Jesucristo dio su vida por nosotros; así también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos».

Agradecemos a Monseñor Jorge de los Santos por responder a esta pregunta. Si tiene alguna duda escriba a elpueblo@archden.org o mándenos un mensaje a nuestro sitio en Facebook.

Próximamente: Informe indica que los servicios de Planned Parenthood están en declive

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Los manifestantes de la Marcha por la Vida que se realizó en el Capitolio de Colorado el pasado sábado 13 de enero, deben sentirse más motivados en su lucha por defender la vida desde su concepción hasta la muerte natural, después de ver el informe anual de Planned Parenthood,

El informe, publicado en la víspera de Año Nuevo, indica una disminución continua de los servicios no relacionados con el aborto que ha tenido una tendencia a la baja en los últimos cinco años.

En un boletín electrónico enviado por el grupo pro-vida The Susan B. Anthony List, se muestra una serie de estadísticas donde se enseña que los otros servicios médicos que supuestamente fueron ofrecidos por Planned Parenthood y que han ido reduciéndose gradualmente.

Los servicios totales ofrecidos por la organización se han reducido de aproximadamente 11’033.366 a 9’357.592. Los servicios de atención prenatal han disminuido en más del 60 por ciento. Los servicios de anticoncepción han disminuido por casi un millón.

El número de abortos realizados por Planned Parenthood se ha mantenido constante en los últimos cinco años. En ese período, realizaron más de 1.6 millones de abortos y se practicaron aproximadamente 126 abortos por cada referencia de adopción.

Sin embargo, aunque Planned Parenthood aún puede estar realizando la misma cantidad de abortos anualmente, el número total de abortos realizados está disminuyendo en todo el país.

Esto es un estímulo para los cientos de defensores de la vida que participaron en la marcha del 13 de enero.

“Aquí en Colorado, nuestro estilo de vida es de salud óptima. Nuestras mujeres son muy conscientes de lo que comen y beben, y se dan cuenta de que los anticonceptivos contienen hormonas que no son completamente seguros”, dijo Lynn Grandon, directora del programa de Respect Life Office en Catholic Charities de Denver. Muchas mujeres están siendo conscientes y adoptando métodos naturales de una fertilidad que sea segura y efectiva.

La Marcha por la Vida estuvo a cargo de las mujeres de Endow, que  busca estudiar el tema de la dignidad de la mujer en el pensamiento de San Juan Pablo II.