Leer noticias con el lente de la esperanza

Mensaje del Papa en la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

Hoy la Iglesia celebra la fiesta de San Francisco de Sales (1567- 1622), patrono de los periodistas. Este santo francés se destacó por su gran capacidad comunicativa a través de la escritura.

Es por ello que cada 24 de enero el Papa publica un mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que se celebra en mayo. El texto publicado hoy por el Papa Francisco tiene como título “Comunicar esperanza y confianza en nuestros tiempos”.

La comunicación avanza cada vez más rápido. Hoy no importa la distancia física del lugar de los hechos. Podemos estar conectados permanentemente en tiempo real sin importar dónde estemos. También hoy es muy fácil centrarnos en las noticias que generan en nosotros ese sentimiento de “disgusto” y “resignación” y que nos pueden llevar a la apatía y a la desesperanza.

Pero ¿cuál es la solución para que no nos dejemos llevar por el desasosiego ante las guerras, el terrorismo, los escándalos y cualquier tipo de noticia que refleja el poder destructor del mal? ¿Apagar la radio? ¿cerrar los periódicos? ¿poner nuestros dispositivos en “modo avión” para dejar de recibir información?

El Papa Francisco recuerda en su mensaje cómo los padres de la fe hablan de la “mente humana como una piedra de molino que, movida por el agua no se puede detener”.  Una manera muy gráfica, y hoy también muy actual, de describir las ideas que se entretejen en nuestra mente. Pero el Papa, citando a Casiano, clarifica que lo que está en nosotros es decidir “qué material ofrecemos” Si trigo o cizaña.

Por ello depende mucho el lente con el que leamos las noticias. Pensemos en el momento de la crucifixión. Una tremenda injusticia está ocurriendo. Pensemos en los discípulos de Emaús que se dejaron nublar por la desesperanza hasta el punto de no reconocer al mismo Cristo resucitado. Les faltó en un momento, leer este acontecimiento con el lente de la esperanza en las promesas que Jesús mismo les había hecho.

El Papa nos invita a leer la realidad con el lente de la buena noticia. Y es buena, no porque “esté exenta de sufrimiento sino porque contempla el sufrimiento en una perspectiva más amplia, como parte integrante de su amor por el Padre y por la humanidad”.

¡Cuántas noticias buenas surgen en lo escondido en medio del dolor! Acciones solidarias, personas que dan la vida, fundaciones que nacen para tender la mano, colectas, mentes y corazones que se atreven a cambiar tras haber sido testigos o de vivir en carne propia injusticias tremendas, almas que están dispuestas a dar y recibir perdón. Muchas veces estas acciones no son noticia, pero en medio de las grandes catástrofes también hay grandes héroes que van tejiendo silenciosamente motivos para mantener la esperanza. Una esperanza que viene de Cristo, quien venció la muerte. Ese es el lente con el que el Papa nos invita a mirar la realidad para no caer en el desasosiego para no pensar que ya todo está perdido.

En el día que la Iglesia celebra al patrono de los comunicadores (un gran santo que, por cierto, nunca perdió la esperanza ante las dificultades que tuvo que enfrentar) el Papa nos invita a encontrar en los acontecimientos actuales un espacio para la buena noticia y recordar que “la debilidad es más fuerte que toda potencia humana” y también que  “el fracaso puede ser el preludio del cumplimiento más grande de todas las cosas en el amor”.

 

 

Próximamente: La ballena de la muerte

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La semana pasada se dieron a conocer las infelices declaraciones del supuesto autor del juego “La Ballena Azul”. Philipp Budeikin, ruso, de 22 años, expulsado de la facultad de psicología y detenido desde noviembre pasado, dijo sin mostrar ningún tipo de remordimiento: “Sí, realmente lo hice, murieron felices. Les di lo que no tienen en la vida real: calidez, comprensión y comunicación”.

Y según sus declaraciones, Budeikin se cree con el criterio de dividir a los adolescentes en dos grupos: “personas” y “residuos biodegradables”.  De incitar a los jóvenes que pertenecen al segundo grupo (según su tétrica clasificación) a quitarse la vida. “Los residuales son aquellos que no tienen ningún valor para la sociedad, sino que, al contrario, le hacen daño a esta. Yo estaba limpiando la sociedad de esas personas residuales”, comentó a la prensa.

Cincuenta retos en cincuenta días que se aprovechan de jóvenes vulnerables, (¡cuántos de nosotros lo fuimos también!) que viven quizás en alguna situación de soledad o que pasan por un momento de tristeza o confusión y que, al no hallar un sentido en su vida real, buscan refugio en el mundo virtual. Es allí donde estas mentes tan moldeables se encuentran con un juego que los atrapa, con maestros anónimos por quienes se dejan “guiar” y hacia quienes sienten temor por las amenazas que reciben en contra de sus familias si no les hacen caso.

Uno de los retos es ver por un día entero películas de terror enviadas por su “maestro” para alterar sus emociones, hacerlos más vulnerables y predisponerlos para aceptar los retos más peligrosos: cortarse la piel hasta tatuarse una ballena, pararse frente a un piso alto y finalmente lanzarse desde un edificio para morir.

Al ver este fenómeno, que al parecer también ha cobrado víctimas en Colombia, me pregunto por la situación de estos jóvenes. Quizás muchos de ellos adolecían de esa “calidez, comprensión y comunicación”. Quizás sus padres estaban demasiado ocupados y pensaron que la mejor manera de entretenerlos era llenándolos de aparatos. A lo mejor no hubo tiempo para una adecuada supervisión sobre lo que veían en las redes. Ni para un diálogo abierto sobre los peligros de navegar solos en el ciberespacio sin ningún límite.

Es normal que los adolescentes se hagan preguntas sobre el sentido de su propia vida. Que experimenten una fuerte necesidad de ser queridos y orientados. En sus mentes van gestándose los sueños que serán decisivos para el desarrollo de su vida adulta.

Necesitan sentirse valiosos (¡y lo son!) y superar retos en los que descubran sus capacidades. Pero estas inquietudes deben plantearse en el mundo real y no a maestros anónimos. Es en el seno de una buena familia, de profesores comprometidos donde encontrarán la “calidez, comprensión y comunicación” pero no aquella inventada por Budeikin sino la que ofrecen de seres humanos que buscan orientarlos en un momento que es clave, hacia una vida llena de sentido. En la que entiendan están muy lejos de ser “residuos biodegradables”.