La voz de la Iglesia frente a los anticonceptivos

La encíclica Humanae Vitae cumple 50 años

Carmen Elena Villa

Con motivo de los 50 años de la publicación de la encíclica Humanae Vitae, en la que el papa Pablo VI habló del amor conyugal ante los nuevos desafíos que se presentaron en aquella época, el Arzobispo Samuel Aquila publicará este viernes 2 de febrero una carta pastoral llamada El esplendor del amor. Como antesala a esta carta pastoral ofrecemos una síntesis de esta encíclica profética que cinco décadas después tiene una gran vigencia

 

¿Cuál es el tema de la Humanae Vitae?

Es la regulación de la natalidad. El mensaje central de este texto es que el uso de los métodos anticonceptivos es un acto moralmente malo por tratarse de la separación en el acto conyugal el aspecto unitivo y procreativo.

¿Quién la escribió?

Pablo VI, quien fue el papa de la Iglesia Católica entre 1963 y 1978. Para ello se asesoró de una comisión de estudio que había creado su antecesor, el papa San Juan XXIII, compuesta por 58 sacerdotes (entre ellos Karol Wojtyla, quien se convirtió luego en Juan Pablo II) también algunas parejas de casados y mujeres laicas.

¿Cuándo se escribió y qué situación vivía el mundo en aquel entonces?

Esta encíclica fue publicada el 25 de julio de 1968. El mundo atravesaba la llamada revolución sexual, con la aparición de la píldora anticonceptiva en 1960 y la creciente preocupación por la sobrepoblación con una visión alarmista y basada muchas veces en proyecciones numéricas exageradas. Comenzó a darse una creciente desconexión entre las relaciones sexuales, el amor y la responsabilidad. Muchos sacerdotes y agentes pastorales estaban confundidos y no sabían cómo orientar a los fieles sobre temas de sexualidad. Por ello era necesario un pronunciamiento de parte de la Iglesia.

¿Ofrece la Humanae Vitae alguna propuesta para la regulación de la natalidad?

Si. Tras un discernimiento basado en razones justas, si se determina que no es voluntad de Dios tener un hijo por el momento, el Papa propone usar los ritmos naturales creados por Dios. Propone abstenerse de tener relaciones sexuales durante los períodos de fertilidad de la mujer, lo cual permite una mayor comunicación entre los esposos y un recto ordenamiento de los impulsos sexuales. Al contrario que los anticonceptivos, esta práctica de la continencia periódica promueve la virtud de la castidad en el matrimonio.

¿Cómo reaccionó el mundo frente a esta nueva encíclica?

Desde muchos sectores llegaron fuertes críticas a Pablo VI por su postura, según ellos, legalista, ultra-conservadora y cerrada al progreso. También dentro de la misma Iglesia hubo reacciones en contra o un tanto ambiguas. Pero Pablo VI fue muy valiente en ir contracorriente ante un mundo que imponía de manera muy agresiva nuevos estereotipos para la vivencia de la vida sexual en la que se desliga del compromiso y del amor.

¿Tenía razón el Papa al criticar tan duramente los métodos artificiales de control de la natalidad?

El Papa señaló en esta encíclica algunas consecuencias del uso de los anticonceptivos como son una mayor propagación de la infidelidad conyugal, la degradación general de la moralidad, un inicio de la vida sexual más precoz, la pérdida del respeto y la utilización de la mujer con fines egoístas y la intervención excesiva de las autoridades gubernamentales en la vida conyugal, algo que compete solo a la intimidad de cada pareja. Cincuenta años después vemos cómo estas consecuencias se han hecho reales y han convertido en banal algo tan sagrado como es el acto sexual.

Próximamente: No te olvides de llevar a Dios a tu trabajo

¡Regístrese en una suscripción digital a Denver Catholic En Español!

Pertenezco a un grupo de oración en Facebook. La gente publica sus intenciones, y los otros miembros rezan. Una de las formas en que se puede dar un buen uso de las redes sociales.

El otro día publiqué, como lo hago en ocasiones, una petición para que los miembros rezaran por una transacción en la que he estado trabajando en mi negocio de bienes raíces. Ha sido estresante, y me ha causado gran ansiedad. Los otros miembros, como siempre, me apoyaron y me aseguraron que rezarían. Pero un miembro creyente me preguntó si creo que es apropiado pedir por el éxito en negociaciones comerciales. No se estaba negando, fíjate. Pero, aparentemente había hecho lo mismo en otro sitio de oración, y se le dijo que este no era un tema apropiado para una petición de oración. Me dijo que ella creía que era bastante apropiado, ya que su negocio es en realidad un apostolado, pues hacen rosarios. Definitivamente dignos de la oración

Y comencé a pensar: ¿son los fabricantes de rosarios el único “negocio” por el que podemos rezar? ¿Tenemos que, de alguna manera, estar involucrados directamente en un ministerio relacionado a la Iglesia antes de que Dios quiera escuchar lo que estamos haciendo?

Pienso que, como cristianos, tendemos a dividir el mundo y nuestras vidas entre lo “sagrado” y lo “secular”. “Sagrado” es la Misa del domingo. El tiempo de oración. Evangelización. El trabajo solo es sagrado si es para la iglesia, o está directamente relacionado a la evangelización. Todo lo demás: nuestros equipos de softbol, nuestras reuniones escolares, nuestra compra de víveres, nuestras vacaciones que no son de peregrinación, y especialmente “el mundo de los negocios” – son puramente “seculares”.  Dios está interesado en el primero, y no le importa tanto lo segundo.

¿Es verdad?

San Juan Pablo II, en su encíclica Laborem Exercens, nos dice que el trabajo es un aspecto fundamental de la vida del hombre en la tierra, y el lugar donde se une con Dios en su obra de creación, y cumple con su primer mandamiento “someter a la tierra”

El mismo San Juan Pablo II, en su hermoso libro “Amor y Responsabilidad”, define lo que él llama la “norma personalista”, que establece que la única respuesta apropiada y adecuada hacia una persona es el amor. En el lado negativo, porque cada uno de nosotros somos creados a imagen y semejanza de Dios, ninguna persona puede ser vista simplemente como un objeto de uso, nunca.

El “mundo de los negocios” es simplemente un lugar donde estos dos conceptos se encuentran. Para mí, eso lo hace un lugar sagrado. Y a Dios le importa mucho lo que pasa ahí.

Cuando entramos a nuestro trabajo el lunes por la mañana, no dejamos nuestra norma personalista en la puerta. Somos personas creadas a imagen y semejanza de Dios, uniéndonos con otras personas creados a su imagen, para realizar algún trabajo aquí en la tierra. Y estamos llamados a eso como cristianos para amarnos unos a otros, haciendo nuestro mejor esfuerzo, y a través de eso, llevando a Cristo a nuestros lugares de trabajos.

Y necesitamos de su ayuda para hacerlo.

Si desechamos el “mundo de los negocios” como simplemente secular, nos arriesgamos a despedir a Dios de nuestras vidas durante las más de 40 horas que pasamos en el trabajo cada semana. Y, en la medida en que apliquemos estas ideas al lado “comercial” del ministerio, también corrompemos eso. Los líderes del ministerio me dijeron el tratar mal a sus empleados estaba justificado porque “tenemos que hacerlo funcionar como un negocio”.

Así no se trata ningún negocio, ni sagrado, ni secular.

C.S. Lewis escribió que “nunca has conocido a un simple mortal”. De la misma manera, creo que no has hecho nada que sea meramente “secular”. Estamos trabajando en nuestra salvación, cada minuto de cada hora de cada día. Eso incluye el tiempo en el trabajo.

En cualquiera que sea el trabajo que haces, el Dios que tiene contadas cada una de las hebras de tu cabello, quiere participar en ello. Quiere que reces -por tus compañeros de trabajo, por su seguridad, por tu misión. Y sí. Por el éxito de todos tus esfuerzos, si esa es su voluntad.

No te olvides de llevar a Dios a tu trabajo.