La Madre Teresa era muy amorosa y a la vez muy firme

La superiora local de las Misioneras de la Caridad en Denver comparte sus recuerdos sobre la futura santa

Karna Lozoya

El mundo celebrará el 4 de septiembre la canonización de la Madre Teresa de Calcuta. Para las más de 5 mil integrantes de las Misioneras de la Caridad, comunidad fundada por ella en 1950, este es un tiempo especial de gracia y de renovación espiritual.

La hermana Damascene, superiora local de la comunidad de las Misioneras de la Caridad en Denver -ubicada cerca de la parroquia Saint Joseph y que atiende un albergue para mujeres de la calle-, vivió con la Madre Teresa y nos compartió algunos recuerdos y también lo que significa esta canonización para su comunidad.

¿Tiene algún recuerdo personal de la Madre Teresa?

“Yo hice toda mi formación en la casa madre, donde ella vivía. Todos los días rezaba en la capilla con ella. A menudo la Madre nos decía que estábamos llamadas a ser santas. «Si tú aprendes a rezar, no tengo miedo por ti». Y nos decía «si no quieres ser santa, empaca tus cosas y ándate. Tú felizmente viniste y yo, felizmente te ayudaré a irte. Yo no necesito números». La Madre Teresa era muy amorosa, pero a la vez muy firme con nosotras.

En 1992 tuve un hermoso momento con ella. Junto con otras cinco hermanas viajé con la Madre Teresa desde San Francisco hacia Vancouver, Canadá para abrir una comunidad allí. Varios sacerdotes fueron a recibirnos y cuando se fueron, la Madre comenzó a trabajar duro hasta las 2 a.m. ordenando las cosas y dejando todo listo para la apertura de la comunidad al día siguiente. Ella era una con nosotras haciendo estas labores. Luego dijo a los sacerdotes que sacaran todo lo que no nos era necesario incluyendo el microondas, el congelador, la máquina para lavar platos, la secadora etc. Quería que viviéramos una vida sencilla como la de los pobres. Fue una bendición estar con ella en la apertura de esta casa”.
¿Qué significa esta canonización para su comunidad?

“Es un tiempo histórico y lleno de gracia en la vida de nuestra sociedad. Es causa de mucha alegría en el mundo, tanto para creyentes como para no creyentes. Esto debido al lenguaje del amor que ha tocado a todos los que tienen hambre del amor de Dios en sus vidas.

Para nosotras como hijas suyas, es un tiempo particular de muchas gracias. De renovación y redescubrimiento de la belleza y fecundidad de nuestra propia vocación como Misioneras de la Caridad en el mundo actual. Y es una bendición para quienes hemos vivido con ella. Nos da muchos ejemplos y guías para la formación. Ella vivió lo que predicó y ahora nosotras tenemos una intercesora en el cielo”.

¿Qué tenía esta madre que la hizo tan amada en todo el mundo?

“Ella era la misionera de la paz, la misionera del amor. Su vida era sencillez, alegría, santidad, perseverancia y traía paz a todo el mundo con quien entraba en contacto. Ella veía a Cristo en cada persona practicando las obras de misericordia. Eso fue lo que tocó al mundo. «Ella trajo a Dios al mundo y llevó el mundo a Dios», dicen algunos”.
¿De qué manera la Madre ha tocado las vidas de las mujeres a quienes ustedes sirven aquí?

“Las mujeres que vienen a nuestro albergue experimentan una atmósfera de paz y tranquilidad. Disfrutan de la compañía de nuestros voluntarios, quienes hacen muchos sacrificios para llevarles la cena y compartir con ellas. Muchas de quienes no practican la fe al dejar el albergue han aprendido a rezar el Rosario, la Coronilla de la Divina Misericordia y quieren orar. Varias de las que pasan por aquí han cambiado sus vidas y miran con aprecio el tiempo que estuvieron aquí. Se muestran muy agradecidas con Dios y con las hermanas. A algunas les encanta regresar una y otra vez”.

¿Cómo va el crecimiento de su orden en el mundo?

“Nuestra sociedad fue fundada en 1950 por la Madre Teresa de Calcuta. Comenzó en la India. Ahora estamos presentes en 139 países, tenemos 758 casas, 243 en la India y 515 fuera de ese país. Somos alrededor de 5.200 hermanas de 100 nacionalidades diferentes. En mayo pasado 37 hermanas tomaron sus primeros votos”.

¿Alguna de Denver?
“Tenemos tres vocaciones de Colorado. La hermana Fátima está actualmente sirviendo en Toluca, México como maestra de las aspirantes. Ella es de la parroquia Annunciation de Denver. La hermana Brittany, de Colorado Springs, es postulante en Ciudad de México y la hermana Catherine es aspirante en Chicago y proviene de Centennial”.

Próximamente: Lecciones de Tailandia y Croacia

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(Fotos de Getty Images y Flickr)

Dos países que no necesariamente aparecen en las primeras páginas de nuestros periódicos con frecuencia, hicieron noticia en los últimos días con su buen ejemplo y sus lecciones de humildad y hermandad.

Fue impresionante ver el rescate de los niños del equipo de fútbol “Los jabalíes salvajes”, que se quedaron atrapados en una cueva ubicada en la provincia norteña de Chiang Rai en Tailandia. Daba escalofrío solamente ver el infográfico de ese complejo sistema de cuevas y ver cómo el agua había penetrado los angostos y oscuros túneles por los que pasaron los valientes buzos. Nos conmovimos con la heroicidad de Saman Gunan, el ex buzo de las fuerzas de élite de la Armada, quien a sus 38 años falleció en medio del intento por traer con vida a los niños. También con la generosidad del doctor australiano Richard Harris quien decidió, en medio de sus vacaciones en Tailandia, unirse al requipo de rescate y salir glorioso de esta travesía para luego recibir la noticia de la muerte de su padre.

El entrenador Ake, un ex monje budista nos ha dado una lección de perseverancia y serenidad en momentos de altísima tensión. Él les enseñó a los chicos técnicas de meditación para que mantuvieran la calma y para que pudieran respirar consumiendo la menor cantidad de aire posible. Una actitud que fue fundamental para que todos salieran con vida.

La solidaridad mundial, los cientos de tailandeses que donaron víveres a las familias de los niños atrapados y la vigilia de oración realizada alrededor de la cueva sirvieron como ejemplo de hermandad, de que el refrán “La unión hace la fuerza” es mucho más que un cliché cuando se hace vida.

Y los croatas nos dejaron muchas lecciones en el mundial Rusia 2018 con su juego limpio, su espíritu de equipo, su perseverancia hasta el final del partido, (incluso en medio de las decisiones polémicas del árbitro) y su actitud de humildad y grandeza al obtener el subcampeonato. Fue conmovedor ver a la presidenta Kolinda Grabar-Kitarovic, con su camiseta puesta celebrando los dos goles y abrazando al final del partido a cada uno de los integrantes de este equipo que desafió todos los pronósticos.

Los jugadores de esta joven y sufrida nación no se atemorizaron al enfrentar a grandes rivales. Muchos quisimos ver a Croacia llevarse la Copa Mundo porque también nos hemos alegrado cuando un país (Como Francia en 1998 y España en 2010) se lleva por primera vez este trofeo a casa.

Varios de los jugadores, como Luka Modric, Dejan Lovren, Ivan Rakitic y Mario Mandzukic fueron víctimas en su infancia de la guerra de los Balcanes que terminó con la disolución de Yugoslavia en 1991. Algunos se vieron forzados a permanecer en su país. Otros pudieron huir y tuvieron que crecer lejos de su tierra. La casa de Modric fue incendiada por las fuerzas Serbias y su abuelo murió víctima de este conflicto. “La guerra me hizo más fuerte. No quisiera tener eso en mí para siempre, pero tampoco quiero olvidarlo”, comentó en una entrevista que citó la BBC.

En dos hechos y escenarios diferentes hemos aprendido que aún en circunstancias casi imposibles, se puede creer en el heroísmo, en el servicio desinteresado, en la capacidad de superación y en la humildad, una virtud tan olvidada como necesaria y que es el motor silencioso de esos actos que engrandecen la humanidad.