La dolorosa pascua en Egipto

Carmen Elena Villa

La celebración de la fiesta de Pascua para la minoría cristiana presente en Egipto estuvo empañada por la tristeza y el miedo que dejaron los atentados a dos iglesias el pasado Domingo de Ramos.

La asistencia a la Misa pascual celebrada en la catedral copta de San Marcos tuvo una notable disminución y los fieles que se atrevieron a estar presentes allí, tuvieron que someterse a estrictas medidas de seguridad para impedir que un atentado como el del pasado 9 de abril no volviera a ocurrir.

Egipto se convirtió así en un escenario más de esa “guerra mundial a pedazos” como la llama el Papa Francisco. 44 muertos y 70 heridos dejó la explosión de la iglesia copta de San Jorge de Tanta y pocas horas después, un atentado suicida en la catedral de San Marcos en Alejandría, sede del patriarcado copto ortodoxo, acabó con la vida de 16 personas.

Recordemos que el pasado 11 de diciembre los cristianos egipcios también fueron blancos de un atentado en una iglesia católica copta contigua a la catedral de San Marcos en que acabó con la vida de 26 personas. El ataque fue reivindicado por un grupo denominado Movimiento de los Brazos de Egipto-Hasm.

Fieles que querían celebrar el inicio de la Semana Santa, la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén y que terminaron siendo las víctimas de un odio antirreligioso producido por unas minorías extremistas en Egipto.

¿Cuál es el pecado de los cristianos coptos en este país? Ser el grupo minoritario más grande, (alrededor del diez por ciento de la población), contribuir al desarrollo de esta nación y recibir el apoyo del presidente Abd al-Fattāḥ al-Sīsī, lo que ha desatado la ira de los fundamentalistas los consideren como un cuerpo extraño, que los consideran infieles y que creen que sus creencias son contrarias a lo que promueve el fundamentalismo islámico, el cual quieren extender a toda costa en su país.

Y esta persecución ha generado un notable decrecimiento de las manifestaciones de fe. Según el portal de noticias CNN, de los 300 monasterios que existían en los años 80 en Egipto hoy solo permanecen abiertos 20.

Pero el miedo no detiene a esta minoría cristiana que quiso celebrar que Cristo venció la muerte y que con su presencia busca que se defienda el derecho legítimo de profesar públicamente la fe, incluso a costa de su propia vida. Es admirable que el Papa Francisco, quien tantas veces exhorta a la oración por los cristianos perseguidos, continúe con su deseo de visitar este país los días 28 y 29 de abril para hablar de la paz y el diálogo entre diferentes credos y donde mostrará su hermandad con los cristianos coptos y su unidad con tantos integrantes del islam que rechazan hechos como el que ocurrió el pasado Domingo de Ramos y que creen en la paz.

 

Próximamente: ¿Los pobres son un problema?

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Los pobres son una “Fuerza salvadora”. Así lo dijo el pasado domingo el Papa Francisco durante la homilía que ofreció con ocasión de la primera Jornada Mundial de los pobres realizada en el Vaticano.

El Pontífice quiso aprovechar esta ocasión para ofrecer en el aula Paulo VI del Vaticano un almuerzo con unas 1.500 personas que viven en situación de dificultad. No se trató solo de compartir el pan material sino y de manera especial, de hacer de esta una ocasión para confraternizar. Simultáneamente se realizaba el mismo acto de caridad en diferentes comedores de Roma y de otras diócesis del mundo que se unieron a esta iniciativa.

Durante el año la Santa Sede organiza diferentes jornadas de reflexión que tocan ciertos aspectos y labores que pueden ser enfocadas a la evangelización. Existe, por ejemplo, la Jornada Mundial de las comunicaciones sociales, de la vida consagrada, de la alimentación, del enfermo, del inmigrante, de las misiones, de la paz, de las vocaciones, de la juventud y ahora de los pobres. Esta última fue establecida hace un año en la carta apostólica Misericordia et Mísera, publicada por el Papa al concluir el Jubileo Extraordinario de la Misericordia. El Papa invitó a celebrar este día el tercer domingo de noviembre.

Para invitar a la preparación a la Jornada Mundial de los Pobres, Francisco publicó un mensaje el pasado 13 de junio en el que señaló cómo la misericordia puede “llegar a mover nuestras vidas y generar compasión y obras de misericordia a favor de nuestros hermanos y hermanas que se encuentran necesitados”.

Tabmién invitó a todos los católicos a seguir el ejemplo de San Francisco de Asís, quien no se conformó con dar limosna, sino que quiso estar con los pobres y ser uno más. “No pensemos solo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado para hacer una vez a la semana y, menos aún, de gestos improvisados de buena voluntad para tranquilizar la conciencia”, exhortó en su mensaje. La caridad hacia los pobres debe ser más bien “dar lugar a un compartir que se convierta en un estilo de vida”.

Por eso, no le bastó con publicar un mensaje y dirigir su homilía y sus palabras del Angelus a este tema, sino que quiso invitar a los pobres a comer con él, un bonito gesto que ocurre justo antes del día de Acción de Gracias y del tiempo de Navidad y que nos puede inspirar a nosotros también para compartir con aquellos que quizás de otra manera no tendrán ni regalo ni cena en estas importantes fiestas.

Aunque suene frase de cajón, cuando se comparte con el pobre es más lo que se recibe que lo que se da, pues el hecho de donarnos nos ayuda a tener “un corazón humilde que sabe aceptar la propia condición de criatura limitada para superar la tentación de la omnipotencia, que nos engaña haciendo que nos creamos inmortales”.

Esta arquidiócesis ofrece la bendición de compartir con los más necesitados por medio de iniciativas como Caridades Catholicas o Christ in the citiy. Muchos de nuestros hermanos de la comunidad hispana también necesitan una mano de parte de aquellos que llevan más tiempo viviendo en este país, que tienen más recursos y están más adelante en su proceso de adaptación.

Por ello los pobres no son un problema sino rostros concretos que nos permiten que salgamos de nuestro egoísmo y nos pongamos en el lugar del otro. Con las palabras y acciones de esta jornada, (la primera, ojalá de muchas), el Papa hace caso a aquel consejo que le dio su amigo, el cardenal brasileño Claudio Humes, justo al concluir el conclave en el cual fue elegido: “No te olvides de los pobres”.