¿La Biblia habla del amor solo entre un hombre y una mujer?

La Palabra de Dios nos dice que el amor es y se manifiesta entre todas las personas, los unos a los otros sin distinción de sexo, raza, color o creencia o situación política, social o económica.

Pero me parece que el sentido de la pregunta es si en la Biblia ¿la unión matrimonial exclusivamente entre un hombre y una mujer? La respuesta es definitivamente SI. La Biblia solo reconoce como matrimonio la unión de un hombre y una mujer.

En el libro del Génesis encontramos: “Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, y a nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra. Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: Sean fecundos y multiplíquense, y llenen la tierra y sométanla; ejerzan dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra.”

Tomemos como verdad que los seres humanos fueron creados por Dios. Pero vemos un mundo en rebeldía contra el Creador. Siempre tratando de hacer nuestra voluntad y no la de Dios, como si nosotros supiéramos más de la vida que Él mismo e interpretamos la vida según nuestros deseos, gustos y conveniencias. Tomemos el misterio del matrimonio. En Génesis 2,24 dice: “Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”. Si el matrimonio es inherente al hombre, forma parte de su senescencia, desde el momento y antes de su creación, por lo tanto el matrimonio pertenece a la esfera de la ley natural y a la esfera de la ley divina, el matrimonio no puede estar subordinado a la voluntad de los hombres. Las leyes civiles no tienen jurisdicción sobre la ley natural así como tampoco sobre la ley divina. Tanto los legisladores de un estado o una nación no pueden ni tienen derecho de modificar lo que por ley natural y divina es en sí mismo. Por esto, a una unión que no sea entre un hombre y una mujer no puede ser llamada matrimonio, se le puede llamar con cualquier otro nombre pero no matrimonio.

La institución del matrimonio es para ser honrado de manera que se diferencie de otras relaciones.  El matrimonio debe ser reverenciado, animado, honrado y promovido como la relación específicamente dada por Dios entre el hombre y la mujer.  Puede haber muchos asuntos y temas que no estén claramente tratados en la Biblia, pero el matrimonio simplemente no es uno de ellos.  De los pasajes bíblicos tanto del Antiguo como Nuevo Testamento, podemos afirmar con seguridad la manera en que Dios piensa acerca del matrimonio; Dios dice que la institución del matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer únicamente. Que es la unión que mejor refleja la ‘imagen’ de Dios.  La única unión que es ‘adecuada’ basada en la naturaleza de los seres humanos.  Una unión que junta a hombres y mujeres permanentemente mientas ellos “se unen” uno al otro de manera permanente.  La unión y el contexto en el cual los hijos son concebidos y criados.  La única unión que es dada y aprobada por Dios.  Una unión que debe ser comprometida, duradera e inseparable.  Una unión en la cual la mujer se someta al hombre y el hombre a la mujer de manera sacrificial.  Una unión que debe mantener un lugar especial de honor en nuestra sociedad.

Los obispos que participaron en el reciente Sínodo de la Familia, realizado en Roma del 4 al 25 de octubre tuvieron en cuenta estas enseñanzas y por ello en el documento final concordaron en el punto 76 que, aunque es necesario tener una actitud caritativa con aquellos que presenten tendencias homosexuales, no puede existir fundamento para establecer analogías “ni siquiera remotas” en los proyectos de equiparación del matrimonio entre personas del mismo sexo.

Agradecemos a monseñor Jorge de los Santos por responder a esta pregunta. Si tiene inquietudes o dudas de fe puede escribirnos a elpueblo@archden.org con el asunto que diga “Tu Iglesia te responde” o mandarnos un mensaje de texto por Facebook. 

 

 

Próximamente: Cinco por ciento de luz

¡Regístrese en una suscripción digital a Denver Catholic En Español!

Vi el eclipse total de sol desde Denver, Colorado. Wyoming, estado que limita hacia el norte, fue uno de los lugares donde se vio en un cien por ciento. Muchos viajaron allí para observar este fenómeno natural que no ocurría en este país desde hace 99 años. Por cuestiones de trabajo no pude viajar, pero me contenté con verlo desde aquí, donde la luna tapó al sol en un 95 por ciento.

Confieso que tuve la ilusión de que ese alto porcentaje fuera suficiente para ver el cielo semioscuro, para observar a los pájaros volar precipitadamente a sus nidos y escuchar luego a los gallos cantar en un insólito amanecer de medio día.

En la mañana encendí la radio donde daban las últimas indicaciones para disfrutar del eclipse. Los locutores advirtieron que la oscuridad sería mínima en Colorado, pero pensé que estaban exagerando. El punto máximo fue a las 11:47 a.m. hora local. Salimos con lentes en mano cuando se acercaba el momento. Emocionados pudimos ver cómo el brillo del sol se iba menguando con la interposición de la luna. Pero cuando esta avanzó hacia la hora pico, la luz continuaba aunque más tenue “¿Un mal cálculo de parte de los astrónomos?”, nos preguntamos. Al seguir observando el eclipse con nuestros lentes vimos que un pequeño cachito de sol se asomaba y me maravillé al ver cómo ese cinco por ciento de luz pudo iluminar tanto.

En nuestra vida también hay momentos de oscuridad donde nuestro brillo puede ser eclipsado por muchas adversidades: un fracaso, una decepción, una enfermedad, un accidente o simplemente un bajón en nuestro estado de ánimo. Sin embargo, un cachito de esperanza puede ser suficiente para impedir que caigamos en la oscuridad total ¿Y en qué puede estar representado ese pedacito de luz? En primer lugar, en Dios mismo. Ese “sol de justicia”, como lo llamó el profeta Malaquías. En Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, quien nos dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8, 12).

Recordemos que Jesús también nos llamó para que con su luz iluminemos la vida de los demás: “Vosotros sois la luz del mundo. (…) Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt. 5, 14.16)

Ese cachito de luz lo podemos ver en su amor que se ve reflejado en las personas a quienes amamos y también en quienes están agradecidos con nosotros porque en algún momento les tendimos una mano. Lo podemos ver en nuestros buenos recuerdos, en los talentos cultivados o en las oportunidades que nos han permitido mejorar.

Nadie está libre de adversidades que pueden llegar para dar un giro a nuestra vida. Que pueden hacernos caer en un eclipse y no necesariamente de dos minutos de duración.  Pero depende de nosotros seguir viendo la luz a través de los rayos de sol que continúan asomándose, dándonos ánimo y repitiéndonos que nuestra vida tiene sentido, que el sol continúa presente dándonos luz y calor con los rayos tenues que logran asomarse en ese pequeño espacio que le dejó la luna.