Julia Greeley: Mujer de virtud

Arzobispo Aquila

Cientos de personas acudieron a la catedral basílica Immaculate Conception el pasado 7 de junio cuando se transfirieron los restos mortales de Julia Greeley, los cuales fueron exhumados como parte del su proceso de canonización.

Existen pocos registros sobre su vida, pero sus restos confirman aquello que se transmitió oralmente: Julia era una mujer con una notable perseverancia y con una convicción que debe inspirarnos a seguir el camino de la santidad.

Durante la homilía en la ceremonia en la que fueron transferidos sus restos, el obispo auxiliar de Denver monseñor Jorge Rodríguez, dijo que la primera persona en haber sido enterrada en la catedral no fue ni un obispo ni un sacerdote. Fue la sierva de Dios Julia Greeley, una mujer laica, de raza negra, que se ganaba la vida con uno que otro trabajo esporádico y quien se dedicó a servir a los pobres. Los fieles aplaudieron estas palabras.

La gente reconoció que, al honrar a Julia de esta manera, se hacía un eco a las palabras de Jesús en el Sermón de la Montaña. “Bienaventurados los pobres de espíritu”, dijo Cristo “porque de ellos es el reino de los cielos” (Mt. 5, 3). Ser pobre en espíritu significa reconocer nuestra completa dependencia de Dios en todo, y esto describe perfectamente a Julia. Ella sacaba fuerzas de la comunión diaria y del amor al Sagrado Corazón de Jesús.

Su devoción hacia el Sagrado Corazón la llevó a caminar a cada una de las 20 estaciones de bomberos de Denver cada primer viernes del mes. Sus restos evidencian que ella además sufría de artritis en sus pies, sus manos, su espalda y su cuello. Julia no dejó que su dolor de espalda le impidiera seguir llevando colchones por los callejones a quienes estuvieran en necesidad.

Algunas personas recordaron también que Julia caminaba coja y esto se vio muy claro en sus restos. Un análisis de sus huesos nos muestra que ella no tenía cartílago en su rodilla derecha y mientas ella caminaba, estos iban rozando uno con el otro y se iban desgastando cada vez que ella se agachaba por los callejones de Denver llevando comida, medicinas y ropa a los pobres. Julia fue una mujer que vivió el don de la fortaleza y que dejaba de lado sus propios sufrimientos físicos por el bien de los demás.

En la segunda carta a los corintios, San Pablo nos recuerda que, por nuestro bien, Jesús “siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza” (2 Cor. 8, 9). Julia era pobre materialmente. Aquellos que la conocían decían que ganaba entre 10 y 12 dólares al mes en oficios como la limpieza, la cocina, las labores manuales, lo cual fue confirmado por las características que se encuentran en sus piernas y en sus huesos. Pero ella no permitió que su propia pobreza disminuyera la generosidad hacia los demás, aún en los momentos en los que ella fue víctima de algunos estafadores.

Julia Greeley también tuvo otras dificultades que le podrían haber impedido llevar el Evangelio a los demás.  No podía ver por su ojo derecho, el cual fue cegado cuando era muy joven por los golpes de látigo propiciados por un maestro de esclavos. También era baja en estatura (1.52 metros). Era mujer y afroamericana y esos dos factores la pudieron haber puesto en el lugar más bajo del rango social de principios del siglo XX. Además, no sabía leer ni escribir.

 

 

Pero en lugar de inventar excusas, Julia respondió al llamado de Jesús a proclamar su mensaje de amor, especialmente a través de la promoción de la devoción al Sagrado Corazón. Todo esto lo hizo con sencillez, humildad y sentido del humor. Una mujer que la conoció, Eleanor Pavella Castellan, recordó una anécdota que contó el Padre Pacificus Kennedy en los años setenta.

“Julia era una sencilla y pequeña niña, confiaba mucho en las personas y era siempre una fiel miembro de la Iglesia Católica”, dijo Mrs. Castellan. “Ganaba muy poco, pero siempre compartía lo que tenía con los demás. Tenía un agudo sentido del humor y podría reírse de sí misma cuando se encontraba en una situación embarazosa – como una vez que ella causó conmoción entre los niños cuando llegó a la Iglesia con su falda puesta al revés. Una religiosa le dijo a los niños que se callaran, luego regañó a Julia. “Pero todo lo que Julia dijo fue “lo sé hermana, lo sé”.

En nuestra lucha por la santidad deberíamos dejarnos interpelar por el testimonio de Julia Greeley. Yo aliento a cada uno en esta arquidiócesis a imitar su ejemplo heroico y a pedir por su intercesión en sus necesidades materiales y espirituales. Sierva de Dios Julia Greeley ¡ruega por nosotros!

Para saber más sobre Julia Greeley, visite nuestra página en inglés: www.juliagreeley.org.

 

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¡Conoce tu fe por medio de la Biblia!

El movimiento Apóstoles de la Palabra está presente en cuatro parroquias del norte de Colorado

Carmen Elena Villa

Católico: ¿Conoces tu fe? ¿la sabes defender? El movimiento Apóstoles de la Palabra busca estudiar las Sagradas Escrituras y orar con ellas para conocer mejor a Jesús. Uno de sus lemas es “Biblia para todo, Biblia para Todos”.

Apóstoles de la Palabra es un movimiento fundado en México por el sacerdote italiano Flaviano Amatuli, (1938 – 2018) quien vio la inquietud por el creciente número de sectas y grupos protestantes cuyos miembros, muchas veces por ignorancia de las Sagradas Escrituras abandonaban la fe católica. “El nombre de apóstoles de la Palabra tiene mucho que decir de nuestro carisma”, dijo en diálogo con Denver Catholic en Español el padre Octavio Díaz, vicario general de este movimiento y quien vino desde México D.F a ofrecer conferencias y mini cursos de Biblia en el norte de Colorado.

Padre Octavio Díaz. Vicario general de Apóstoles de la Palabra

“El Espíritu Santo suscita en la Iglesia movimientos cuando hay una necesidad y hoy tenemos que reconocer que muchos católicos no leen ni estudian la Biblia”, indicó el sacerdote.

Así, muchos jóvenes dan un año de servicio a la Iglesia anunciando la Palabra de Dios. Primero se preparan y luego se dedican a enseñar. “Dan cursos sencillos de historia de la salvación o de apologética”, dice el padre Díaz.  Y a las personas que quieran seguir aprendiendo, se les invita formar grupos de estudio y oración permanentes.

“Es una visión equivocada decir que la Biblia es solo para los protestantes. El libro por excelencia de un cristiano es la Biblia”, advierte el padre Díaz. “El único libro que yo al terminar de leer tengo que decir «Palabra de Dios» es la Sagradas Escrituras”.

El sacerdote indica que el estudio del Catecismo ayuda a que los católicos entendamos e interpretemos las Sagradas Escrituras, “pero no las sustituye”. Por ello el estudiar y orar con la Biblia sirve como “fuente de inspiración”.

El movimiento Apóstoles de la Palabra está presente en Denver desde hace diez años, cuando Eliseo Mendes, un laico quien su juventud fue misionero en México, vino desde su tierra natal a vivir a Colorado, donde decidió iniciar este movimiento el cual tiene hoy cerca de 70 adeptos en cuatro parroquias (ver recuadro).

“La misión que realizamos es la evangelización de casa en casa, los diálogos en público con hermanos separados. Entender que no se trata de pelear, sino que entendamos cuál es la verdad”, dice Eliseo, hoy coordinador diocesano de este movimiento.

“He visto la necesidad de los católicos que no saben dar respuesta a los hermanos separados”, comparte Mendes. “Es importante el estudio de las Sagradas Escrituras para conocer cuál es el plan de Dios para llegar a la salvación. Que cada católico despierte y ponga su granito de arena y estudie apologética que es lo necesario en este siglo”, concluye Mendes.

 

¿Dónde se reúnen los Apóstoles de la Palabra?

Parroquia Holy Cross, Thornton. Lunes de 7 a 9 p.m.

Holy Rosary, Denver. Martes de 7 a 9 p.m.

Our Lady Mother of the Church, Commerce City. Miércoles de 7 a 9 p.m.

Annunciation, Denver. Viernes de 7 a 9 p.m.

¿Quieres que los Apóstoles de la Palabra vayan a tu parroquia? Llama a José Luis Rojas 719-250-6513.