Jóvenes adultos reflexionan sobre su vocación de elegidos

Carmen Elena Villa

¿Qué significa ser elegido por Cristo para ser su apóstol? En torno a esta pregunta reflexionaron los jóvenes adultos en el encuentro anual organizado para ellos por el Ministerio Hispano de la Arquidiócesis de Denver el pasado 17 de junio. El evento se realizó en el centro pastoral John Paul II de Denver.

En él participaron 95 jóvenes entre 18 y 35 años, de diferentes parroquias y contaron con tres charlas de la hermana Martha López, religiosa de las Hermanas Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús (conocidas también como las hermanas de la Madre Cabrini), el diácono permanente Rubén Durán de la parroquia Ascension y el padre Ángel Pérez, formador del seminario Saint John Vianney.

Los participantes dedicaron un día entero del verano a escuchar y a hablar sobre Cristo.  Todos estaban vestidos con jeans y camiseta blanca ¿La razón? No importaba la parroquia o el movimiento al que pertenecían. A todos los unía el deseo de vivir una fe auténtica y renovada.

Foto de Carmen Elena Villa. Jóvenes participando del encuentro “Elegidos”.

Los jóvenes participaron también de momentos de animación y alabanza propiciados por el grupo musical “Encuentro”, y de una sencilla representación teatral representada por el grupo EvangelizArte. El mensaje principal de esta obra era el hacer ver que Jesús cuenta con cada uno de sus hijos para que sean sus apóstoles. El encuentro también contó con juegos, con un pastoreo (o diálogos en grupos pequeños) y con una Eucaristía en la que los participantes celebraron anticipadamente la fiesta de Curpus Christi.

 

Testimonio de los santos

Una novedad que presentó el encuentro fue que el Bonfis Hall, salón en el que se llevó a cabo, estuvo decorado con pinturas de retratos de varios santos (algunos de hace siglos y otros de los últimos años) y con algunas frases impactantes dichas por ellos.

“Los santos son una inspiración muy grande para mí”, dijo la joven Analleli Juárez, autora de estas obras y feligrés de la parroquia Saint William en Fort Lupton. “Ellos fueron elegidos por lo que hicieron y porque estaban llenos de Dios, para ser un ejemplo para nosotros.  Para empezar a pintar sus retratos busqué las frases de los santos que me inspiraron. Por ejemplo, Santa Catalina de Siena dijo: ‘Si fueras lo que tiene que tienes que ser pondrás fuego al mundo entero’”.

Para Gabriela Pasillas, encargada de los jóvenes adultos del Ministerio Hispano de la Arquidiócesis de Denver, y por lo tanto de este evento, “ha sido una gran bendición poder ver tantas caras de personas conocidas – que vinieron a encuentros pasados y que han regresado – y de caras nuevas”.

Iván, de la parroquia Queen of Peace, dijo que para él “ha sido una muy bonita experiencia porque he conocido más chicos que están alrededor de nuestras parroquias. Uno a veces solo piensa que están los de nuestro grupo, pero veo que hay muchos más.  Me gustó mucho la charla del padre Ángel Pérez sobre el llamado a la caridad. Venir aquí es una experiencia muy bonita para acercarme más a la fe”.

“Este encuentro ha sido algo muy bonito”, afirmó por su parte Jessica, feligrés de la parroquia de Saint Dominic. “He conocido a jóvenes de mi edad y he podido compartir mi opinión. Ahora quiero salir y transmitir lo que he aprendido”, aseguró la joven, quien participó por primera vez de este encuentro.

Myriam, también feligrés de Saint Dominic, dijo que esta fue una oportunidad de “tener un encuentro de nuevo con Jesús, de estar abierta al plan que Dios tiene para cada uno de nosotros y de reconocer nuestro llamado. Es una invitación a llevar esa caridad a esas personas que no conocen nada de Cristo”.

Al finalizar el evento, Gabriela Pasillas expresó su gratitud porque ella pasó de ser participante a ser la organizadora del encuentro. “Es una gran bendición y estoy muy contenta de que Dios me haya elegido, como es el lema de este encuentro. Él me puso aquí por una razón y es una bendición poder convivir con estos jóvenes”, concluyó.

Próximamente: Memorias de la hermana Lucía

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La hermana Lucía, al escribir sus memorias, fue obediente a la petición de la Virgen de Fátima cuando le dijo que ella se quedaría viviendo más años en la tierra para “hacerme conocer y amar”. Lucía nos cuenta cómo vivieron los pastorcitos las cinco apariciones marianas y las apariciones previas del ángel de la luz. Nos deja ver detalles de la vida cotidiana como el gusto de Jacinta por el baile. También nos revela el drama que vivieron los pastorcitos cuando ni sus padres, ni el párroco de Fátima creyeron lo que ellos les contaron acerca de sus encuentros con la Virgen. “¿Cómo he de decir que no vi si yo sí vi?” era la sencilla pregunta que se hacía Lucía cuando tanto ella como sus dos primos fueron tildados como mentirosos e incluso llevados presos a Oruém aquel 13 de agosto de 1917. Pese a las amenazas, los niños se mantuvieron firmes a la verdad: sus encuentros reales con la Virgen María en Cova de Iría. Los escritos de la hermana Lucía nos muestran cómo estos pequeños fueron entendiendo las verdades teológicas y las realidades sobrenaturales y cómo comenzaron a realizar ofrecimientos por los pecadores, al ver lo mucho que iban a padecer en el infierno.

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