Joselito, el joven que murió por amor a Cristo Rey

Será declarado santo por el Papa Francisco el 16 de octubre

Carmen Elena Villa

José de Jesús Sánchez del Río, en un viaje a Guadalajara, fue a visitar la tumba de Anacleto Gonzalez Flores, un joven mártir que había sido asesinado durante la persecución religiosa en México. En ese momento, Joselito, como le decían cariñosamente sus familiares, pidió a Dios morir también en defensa de la fe católica. Un año después, en febrero de 1928, sería asesinado por esta causa. Estaba próximo a cumplir 15 años. Joselito y Anacleto fueron beatificados en la misma ceremonia, el 20 de noviembre de 2005.

 

Curiosos contrastes

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Foto: Causa para la canonización de José Sánchez del Río.

La iglesia de Santiago Apóstol en Sahuayo, donde Joselito recibió el sacramento del Bautismo, fue también su lugar de prisión cuando, durante la persecución religiosa de México por causa de la constitución de Queretaro en 1917 (ver recuadro), fue convertida en un establo de vacas, gallinas y en la cárcel de varios cristeros. Además, su padrino de primera comunión, Rafael Picazo Sánchez, fue el mismo que ordenó asesinarlo por el odio contra la fe católica que tenía este hombre que se dejó influenciar por las ideas anticlericales del entonces presidente de México Plutarco Elías Calles.

Los testigos del proceso de canonización de Joselito se refieren a él como “un muchacho normal, sano y de carácter jovial”, según dijo a El Pueblo Católico, el postulador para su causa, padre Fidel González M.C.C.I.

“Acudía al catecismo y se distinguía por su compromiso en las difíciles actividades parroquiales, (…) se acercaba a los sacramentos, cuando podía, porque el culto público estaba prohibido, poniendo en peligro su vida; rezaba cada día el santo Rosario junto con su familia. A pesar de ser todavía muy joven, José sabía muy bien lo que estaba viviendo México en aquella persecución”, dice el padre González.

 

Lucha por la fe

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Foto de “Dos corazones films”. La vida de Joselíto y de otros mártires cristerios inspiró a la película “Cristiada” (2012).

Joselito se unió a los Cristeros, un movimiento que buscaba defender la libertad religiosa de este país. Él desempeñaba sencillas tareas como ayudar con la logística a quienes libraban esta batalla por la fe.

En un enfrentamiento entre las tropas cristeras y fe­derales el jefe cristero Guizar Morfín estuvo a punto de ir a la cárcel luego de que le mataran su caballo pero Joselito se bajó del suyo y se lo ofreció: “Mi gene­ral, tome usted mi caballo y sálvese; usted es más necesario y hace más falta a la causa que yo”. El general Guizar Morfín pudo escapar, pero las tropas federales detuvieron a Joselito y lo llevaron a Cotija en medio de golpes e injurias. “Vamos a ver qué tan hombrecito eres”, le decían.

Durante su prisión escribió una carta a su madre: “No te apures por mi muerte, que es lo que me mortifica;(…) Ten valor y mándame la bendición juntamente con la de mi padre”.

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El futuro santo fue interpretado por el actor Mauricio Kuri en la película “Cristiada”.

Luego lo encerraron en la parroquia de Santiago, la cual había sido transformada en cárcel de varios católicos y en caballeriza de las tropas gubernamentales. “Los soldados, entre otras profanaciones, habían convertido el presbiterio y el tabernáculo en un gallinero de «gallos de pelea», propiedad del jefe político de la región”, narra el postulador. “José reaccionó con fuerza matando a los gallos, y sin miedo a las amenazas de muerte de parte de aquel jefe, que había sido amigo de familia y su padrino de primera comunión”, dice el padre González.

“La casa de Dios es para rezar, no para usarla como un establo de animales”, le dijo Joselito a su carcelero. “Estoy dispuesto a todo.  Puede fusilarme. Así me encontraré enseguida en la presencia de Dios y podré pedirle que le confunda”.

Estas palabras ocasionaron la furia de uno de los soldados que “lo golpeó en la boca con la culata del fusil rompiéndole los dientes, como de hecho se pudo constatar durante la exhumación de sus restos”, cuenta su postulador.

Picazo, su padrino, se rehusaba a asesinarlo y le hizo varias propuestas tentadoras para poder perdonarle la vida: inscribirlo en una prestigiosa escuela militar del Régimen o mandarlo a los Estados Unidos, pero el joven las rechazó pues a cambio de ello tenía que renegar de su fe.

También pidieron a la familia 5 mil pesos de oro para que el joven fuese rescatado, José Luis se negaba a aceptarlo ya que su fe “no estaba en venta”.

El 10 de febrero de 1928 trasladaron a José hacia un mesón cercano de su lugar de prisión y le comunicaron a sus familiares que sería fusilado. Magdalena, una de sus tías, logró llevarle la comunión.

“Estoy sentenciado a muerte. A las 8:30 pm. se llegará el momento que tanto, tanto he deseado. Te doy las gracias de todos los favores que me hiciste, tú y Magdalena”, escribió a su tía.

Los soldados lo torturaron desplantándole los pies con un cuchillo y obligándolo a caminar descalzo desde aquel mesón hacia su última morada: el cementerio de  Sahuayo. “No oí lamentos, solo escuchaba la voz resignada de José, yo vi las huellas de sangre de las plantas de los pies en el portal llamado de Arregui que está sobre la calle que conduce al panteón, en el mesón también lo torturaron. (…) Se lo llevan al panteón donde primero es acuchillado y después le dan el tiro de gracia en la cabeza”, cuenta uno de los testigos de este martirio.

Al llegar al cementerio, Joselito fue apuñalado por los soldados. Por cada golpe gritaba “¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Santa María de Guadalupe!” Luego el jefe militar le dio dos tiros en la cabeza, arrojó su cuerpo sin vida en una pequeña fosa y lo recubrió de tierra. Eran las 11:30 p.m del 10 de febrero de 1928.

En 1954 sus restos fueron trasladados al costado del baptisterio de la iglesia del Sagrado Corazón, lugar donde fue bautizado y luego metido preso este valiente mártir cuya tumba es ahora un lugar de peregrinación donde muchos fieles van a pedir su intercesión ante Dios.

“El beato José Sánchez del Río nos debe animar a todos, principalmente a ustedes jóvenes para ser capaces de dar testimonio de Cristo en su vida diaria”, dijo el cardenal José Saraiva Martins durante la homilía de su beatificación que se celebró en el año 2005 en el estadio Jalisco de Guadalajara.

 

Constitución de Queretaro de 1917:

  • No se pueden pronunciar sermones ni prédicas que pueden fomentar el fanatismo público.
  • No prescribir ayunos ni prácticas que pueden castigar el cuerpo o a deprimir la intelectualidad de los creyentes.
  • Prohibidos los cobros de diezmos, derechos de bautizos, matrimonios o responsos.
  • Prohibida la solicitud de limosnas hechas personalmente o por convocatorias públicas.
  • Prohibidas misas por el alma de los difuntos.
  • Solo dos misas los domingos y sin toques de campanas.
  • Prohibida la confesión.
  • Los templos solo podrán abrirse una vez a la semana a la hora de misa.
  • En cada localidad habrá solo un sacerdote que residirá en una casa particular y no en el templo.
  • Cuando transite por la calle irá vestido de civil.
  • Prohibida toda clase de ceremonias religiosas que no sean las misas consentidas.

 

Ley de Plutarco Elías Calles 

  • Todos los sacerdotes deben ser mexicanos.
  • Prohibidas las celebraciones en lugares públicos.
  • Toda educación incluso en las escuelas debe ser laica.
  • Se prohíbe emitir votos religiosos.
  • Se disuelven todas las comunidades religiosas y se prohíbe a sus miembros la vida en común.
  • Se prohíbe vestir hábito religioso y distintivo clerical.
  • Será encarcelado el sacerdote que diga que los artículos de su constitución no obligan en conciencia.
  • Se les prohíbe a los sacerdotes criticar en público las leyes.
  • Se suprime la libertad de la prensa religiosa.
  • Todos los templos pasan a ser propiedad de la nación y el gobierno decidirá cuáles permanecerán abiertos al culto.
  • Todas las casas, conventos, seminarios, pasan a ser propiedad de la nación.
  • Ninguna asociación religiosa puede adquirir ni administrar bienes.
  • No se puede construir ningún gobierno sin autorización de la secretaría de gobernación.
  • Los sacerdotes deben registrarse para obtener la autorización de los gobernantes civiles, pues las personas estatales determinan el número máximo de sacerdotes que pueden ejercer dentro de su territorio.

 

Peregrinación a Roma

Un grupo de 30 fieles de la parroquia Our Lady of Guadalupe de Denver viajarán a Roma para estar presentes en la canonización de José Luis Sánchez del Río. La iniciativa surgió como una peregrinación por el Año de la Misericordia.

“Hay algo muy bonito que tiene este santo: a pesar de todo lo que pudo sufrir en su martirio nunca renegó de la fe, sino que más bien su grito fue ¡Viva Cristo rey! Yo de pequeño escuchaba esa frase con los adoradores del Santísimo Sacramento”, comparte Raúl Serna, uno de los fieles que asistirá al evento.

“Cuando las personas han visto la película Cristiada (que cuenta la historia de este y otros mártires) o han leído el libro de la historia de Joselito se han quedado muy conmovidas”, comparte Serna. “A veces uno es cobarde y él no tuvo miedo de exponer su vida al peligro que fuera por defender a Cristo Rey”. Raúl comparte cómo ha percibido la intercesión de Joselito desde el cielo en la organización de este viaje. “Al principio no había muchos inscritos. Ahora van a ir 30 personas”.

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A continuación la entrevista completa al postulador para la causa de canonización de José de Jesús Sánchez del Río, el padre Fidel González. M.C.C.I.

Cuéntenos algunos datos sobre la biografía y virtudes de Joselito

El Mártir José Sánchez del Río nace en Sahuayo, diócesis de Zamora (Michoacán, México), el 28 de marzo de 1913. Fue bautizado en la parroquia de Santiago Apóstol de Sahuayo, lugar donde sería encarcelado y donde comenzará su martirio casi quince años más tarde. Sus padres fueron Macario Sánchez y María del Río que tuvieron cuatro hijos: Macario, Miguel, José (el Mártir) y María Luisa. El muchacho Joselito, como era llamado familiarmente, hizo su primera comunión a la edad de unos 9 años.

Cuando comienza el movimiento católico de los “cristeros” sus dos hermanos mayores, miembros de la Acción Católica de la Juventud Mexicana entran en el movimiento de Defensa de la Libertad Religiosa. A Guadalajara, donde la familia se había visto obligada a trasladarse, el joven muchacho José visita la tumba del joven abogado Anacleto González Flores, cruelmente martirizado el 1 de abril de 1927 y que será proclamado beato en 2005 junto con otros ocho jóvenes seglares, entre los cuales el mismo José y tres sacerdotes. El joven José pidió entonces a Dios poder morir como Anacleto en defensa de la fe católica. Alcanzará tal gracia, casi un año más tarde, el 10 de febrero de 1928 en plena persecución, cuando, tras haberse unido por motivos de conciencia a los “cristeros” y sirviendo como portaestandarte de los mismos con la imagen de la Virgen de Guadalupe y los colores nacionales de México, y sin tomar parte directamente en los conflictos armados, cayó prisionero de las tropas gubernamentales, cuando libremente cedió su caballo a uno de los “cristeros” para que pudiese escapar, plenamente consciente que ello habría significado su captura y una muerte atroz.

Los 27 testigos de su Proceso sobre el martirio lo recuerdan como un muchacho normal, sano y de carácter jovial, y aseguran que acudía al catecismo y se distinguía por su compromiso en las difíciles actividades parroquiales, no permitidas en aquellos tiempos de persecución; se acercaba a los sacramentos, cuando podía, porque el culto público estaba prohibido, poniendo en peligro su vida; rezaba cada día el santo rosario junto con su familia, profundamente cristiana. A pesar de ser todavía muy joven, José sabía muy bien lo que estaba viviendo México en aquella persecución. La experiencia del martirio de Anacleto González Flores lo reforzó todavía más en su deseo de dar su vida por Cristo en defensa de la fe. Como se pregunta uno de los testigos del Proceso: «¿De dónde tomó aquella fuerza este muchacho inocente como Tarcisio y valiente como Sebastián? La resolución de unirse a los “cristeros” surgió durante aquella visita-peregrinación a la tumba de Anacleto González Flores. Le pidió ser mártir como él».

A partir de aquel momento su resolución fue siempre cada vez más fuerte pidiendo a sus padres el permiso para unirse a los “cristeros”, que a pesar de una inicial razonable prudencia por parte de sus papás como de los dirigentes “cristeros”, dada su joven edad, finalmente lo consintieron. A las objeciones de sus papás, el joven muchacho respondía: “Mamá, nunca ha sido tan fácil como ahora ir la paraíso”. Finalmente, el joven muchacho obtuvo la bendición paterna y pudo unirse a ellos. En el verano de 1927 intenta unirse a los “cristeros” junto con otro amigo suyo, adolescente como él, Lázaro, y tras mil aventuras, logran alcanzar a los “cristeros”, que repetidamente querían devolverlos a sus casas, dada su joven edad y los peligros mortales a los que se exponían. Aceptados, la ocupación de José consistió fundamentalmente en la de servir en sencillas tareas que no comportaban en absoluto su empeño en la lucha activa y la de “portaestandarte”. En un choque entre los “cristeros” con las tropas gubernamentales el 6 de febrero de 1928, el joven José cedió su caballo a uno de los responsables “cristeros” para salvarle la vida. Cayó preso junto con el otro joven amigo indio. Presos en la población de Cotija, el mismo día 6 pudo mandar una carta a su mamá desde la cárcel oscura y maloliente de Cotija:

«Cotija, lunes 6 de febrero de 1928.

Mi querida mamá:

Fui hecho prisionero en combate este día. Creo en los momentos actuales voy a morir, pero nada importa, mamá. Resígnate a la voluntad de Dios, yo muero muy contento, porque muero en la raya al lado de Nuestro Señor. No te apures por mi muerte, que es lo que me mortifica; antes, diles a mis otros hermanos que sigan el ejemplo del más chico y tú haz la voluntad de Dios. Ten valor y mándame la bendición juntamente con la de mi padre. Salúdame a todos por la última vez y tú recibe por último el corazón de tu hijo que tanto te quiere y verte antes de morir deseaba.

José Sánchez del Río».

Llevaron a los dos muchachos el 7 de febrero a Sahuayo y fueron encerrados en la iglesia parroquial de Santiago, transformada en cárcel de varios católicos y en caballeriza de las tropas gubernamentales. Los soldados, entre otras profanaciones, habían convertido el presbiterio y el Tabernáculo en un gallinero de “gallos de pelea”, propiedad del jefe político de la región. Ante tal profanación, el joven José reaccionó con fuerza matando a los gallos, y sin miedo a la amenazas de muerte de parte de aquel jefe, que entre otras cosas había sido amigo de familia y su padrino de primera comunión. Él, que se había distinguido siempre por su devoción a la Eucaristía, respondió a aquel jefe el 8 de febrero: “La casa de Dios es para rezar, no para usarla como un establo de animales… Estoy dispuesto a todo.  Puede fusilarme. Así me encontraré enseguida en la presencia de Dios y podré pedirle que le confunda”. Uno de los soldados lo golpeó violentamente en la boca con la culata del fusil rompiéndole los dientes, como de hecho se pudo constatar durante la exhumación de sus restos. Como venganza inmediata, y en presencia de José, su compañero Lázaro fue ahorcado en la plaza frente a la iglesia; creyéndolo muerto lo abandonaron y fue salvado por el sepulturero, mientras José continuó encarcelado en el bautisterio de la iglesia, donde había sido bautizado.

Lo invitaron repetidamente a pasar a la parte de los perseguidores; y aquel jefe político le hizo diversas propuestas muy halagadoras como la de inscribirlo a la prestigiosa escuela militar del Régimen o la de mandarlo a los Estados Unidos, pero el joven las rechazó con firmeza. Aquel jefe político pidió entonces a la familias del joven un rescate de 5000 pesos de oro que el papá de José pudo reunir y que entregó, y que el perseguidor recibió a pesar que ya había hecho asesinar al joven la noche anterior. José había pedido repetidamente a sus papás de no pagar aquel rescate en cuanto que ya había ofrecido su vida a Dios y que “su fe no estaba a la venta”.

El 7 de febrero, llevados a Sahuayo, y ya encarcelados en el templo parroquial, los militares comunicaron a los dos jóvenes muchachos su decisión de fusilarlos. Allí permanecerían tres días. El 10 de febrero de 1928, trasladaron a José hacia las 6 de la tarde desde la parroquia a un mesón cercano. Hacia las 7 de la tarde logra mandar una carta a su tía María, donde le comunica que sería fusilado poco después por su fidelidad a Cristo y a la fe católica, y le pide que otra tía, llamada Magdalena, le llevase la Comunión. Lo logrará. Todo aconteció hacia las 8 de la noche. La carta a su tía refleja el gozo profundo de saberse cercano al martirio. Así escribe:

«Sahuayo, 10 de febrero de 1928.

Sra. María Sánchez de Olmedo.

Muy querida tía:

Estoy sentenciado a muerte. A las 8 y media se llegará el momento que tanto, que tanto he deseado. Te doy las gracias de todos los favores que me hiciste, tú y Magdalena.

No me encuentro capaz de escribir a mi mamacita, si me haces el favor de escribirle a mi mamá y a María S. Dile a Magdalena que conseguí con el teniente que [me] permitiera verla por último. Yo creo que no se me negará a venir.

Salúdame a todos y tú recibe, como siempre y por último, el corazón de tu sobrino que mucho te quiere y verte desea.

¡Cristo vive, Cristo reina, Cristo impera! ¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!

José Sánchez del Río que murió en defensa de su fe. No dejen de venir. Adiós».

En aquel mesón, convertido en cuartel de las tropas los soldados le desollaron los pies con un puñal. Como atestiguan dos testigos:

“Al tercer día de prisión a deshora de la noche, lo sacaron a un mesón que se encontraba por la calle Santiago frente a la parroquia, los soldados lo desplantaron los pies con un cuchillo. Entre donde estaba José y donde yo estaba había sólo una pared de por medio y yo oía a José que decía: “Qué esperan, qué esperan?, no oí lamentos, sólo escuchaba la voz resignada de José, yo vi las huellas de sangre de las plantas de los pies en el portal llamado de Arregui que está sobre la calle que conduce al panteón, en el mesón también lo torturaron. Lo llevaron de noche porque no querían que la gente se diera cuenta que lo iban a matar, se lo llevan al panteón donde primero es acuchillado y después le dan el tiro de gracia en la cabeza”. “Le cortan las plantas de los pies y lo hacen andar sobre sal de Colima que eran granos grandes, después lo sacan del mesón y lo traen caminando en el empedrado hasta la boca del portal; cada paso que daba dejaba la huella de sus pies …”.

Hacia las 11 de la noche tras desollarle los pies, le hicieron caminar, golpeándole, a través de la calle que iba hasta el cementerio municipal. Los carnífices querían obligarlo a apostatar de la fe con las torturas, pero no lo lograron. Sus labios solamente se abrían para gritar “¡Viva Cristo Rey y Santa María di Guadalupe!”.

Llegados al cementerio el jefe de los soldados ordenó a los mismos de apuñalarlo para impedir que se pudiesen escuchar los disparos en la población. Había el toque de queda. El joven mártir, a cada puñalada gritaba con un filo de voz: “¡Viva Cristo Rey!”, “¡Viva Santa María di Guadalupe!”. Entonces el jefe militar con su pistola le disparó un par de tiros en la cabeza. Su cuerpo fue arrojado en una pequeña fosa, recubierto con poca tierra. Eran las 11.30 de la noche del viernes 10 de febrero de 1928. Luego, durante la noche profunda, el sepulturero y algunas buenas almas, a escondidas, regresaron al lugar, lo sacaron del foso, lo cubrieron con una sábana y lo volvieron a sepultar en el mismo lugar. En 1954, los restos del Mártir fueron inhumados y trasladados a la iglesia cercana del Sagrado Corazón. En 1996 fueron de nuevo inhumados y transportados a la parroquia de Santiago Apóstol de Sahuayo, a un costado del bautisterio, donde había sido bautizado y donde había estado preso hasta poco antes de su martirio.

¿Cómo fue ese tiempo de persecución en México debido a la constitución de Querétaro de 1917?

El presidente Carranza, uno de los padres de la Revolución mexicana a partir de 1910, convoca un Congreso Constituyente para elaborar una nueva Constitución. Ya en los preliminares para su formación están cargados de frases y acusaciones contra el catolicismo.

El Congreso Constituyente de Querétaro de 1916-1917, encuentra sus raíces en el Programa del antiguo Partido Liberal Mexicano. Tras el triunfo de la revolución, la caída de Madero y la aparición de Carranza como jefe, se inicia la lucha por las reformas necesarias. De aquí nació el proyecto de una nueva Constitución todavía más liberal. El 19 de septiembre de 1916 se convoca formalmente al Congreso Constituyente, que se celebrará en Querétaro a partir del 1 de diciembre de 1916. Uno de los puntos más discutidos fue precisamente el futuro artículo 3º de la Constitución, el que se refiere a la educación, que fue el más largo y complejo del Congreso Constituyente. En él se acogía en pleno toda la doctrina clásica liberal laicista sobre el tema, y por ello se excluía netamente todo aspecto religioso en la misma.

Otro debate que acaloró los ánimos de los constituyentes fue el artículo 5º: “La ley no tolera…” los votos religiosos. De la discusión de este artículo surgió uno nuevo: el 123º. El proyecto presentado por Carranza variaba muy poco del de 1857. Lo más notable era lo que se refería al tema de las órdenes monásticas y los votos religiosos. Las Leyes de Reforma  confirmaron este artículo, diciendo que la emisión de  votos “es evidentemente opuesta a la misma libertad, incompatible con la ley de cultos e intolerable en una república popular”. Hubo todavía otras aberraciones como cuando se debatió el artículo 24º sobre el que algún congresista quiso incluir dos cláusulas sobre el ejercicio del ministerio sacerdotal que decían: “I. [La Ley] prohíbe al sacerdote de cualquier culto, impartir la confesión auricular. II. El ejercicio del sacerdocio se limitará a los ciudadanos mexicanos por nacimiento, los cuales deben ser casados civilmente, si son menores de cincuenta años de edad” y otras aberraciones más radicalmente hostiles como la obligatoriedad del matrimonio de los sacerdotes y hasta se pretendía legislar sobre la moral y el dogma católicos. El lenguaje usado por los legisladores fue frecuentemente soez, grosero y mordaz. Para los legisladores la separación completa de la Iglesia del Estado comprende una sujeción total y hostil de la misma al Estado. Por supuesto que a la Iglesia no se le va a reconocer personalidad jurídica alguna. Los debates parlamentarios en los que a los temas religiosos y eclesiásticos se refiere constituyen una antología de desatinos a todos los niveles como pocas veces se ha visto en la historia legislativa de los países contemporáneos. Algunos propusieron crear una Iglesia nacional, independiente de Roma.

Otros de los debates más fuertes lo constituyó el relativo al artículo 27º, ya poco antes de acabar sus sesiones, a finales de enero de 1917 con unos tonos blasfemos e increíblemente hostiles a la fe católica y anacrónicos. Con la aprobación del artículo 27 las asociaciones religiosas llamadas Iglesias de cualquier credo, no podían poseer, administrar o invertir en bienes raíces de ninguna clase y todos los edificios utilizados antes para propósitos de culto religioso pasaban de inmediato al gobierno nacional. Ninguna institución de beneficencia pública o privada –escuelas, instituciones de caridad y otras semejantes- podría poseer bienes que no estuvieran estrechamente vinculados a su función.

Una parte del proyecto de Carranza, en el título sexto: Prevenciones Generales, resumía todas las antiguas proposiciones anticlericales: separación hostil de la Iglesia y Estado, dominio del gobierno sobre cuestiones religiosas, negación de personalidad jurídica a las iglesias; los ministros de culto eran considerados sujetos a reglamentación; los Estados tenían facultades para limitar el número de ministros y constricción de su ejercicio solo a mexicanos por nacimiento; prohibición a los sacerdotes de actividad política, negando el derecho de crítica al gobierno o funcionarios de éste; limitación en la construcción de iglesias; prohibición de publicaciones vinculadas a la Iglesia; prohibición de partidos políticos de filiación religiosa; circunscribía los derechos del sacerdote a la propiedad hereditaria… Así junto con los artículos 3, 5, 24 y 27 se puso un duro cerco a la actividad de la Iglesia que perdió toda libertad de acción que no fuera la del culto en el interior de los templos permitidos y en la modalidad aprobada por el Estado y la enseñanza del dogma, en su acepción más restringida. En principio el artículo se aplicaba a las Iglesias y religiosos de todos los credos, pero estaba dirigido al católico, las prohibiciones nunca fueron aplicadas a ningún otro grupo religioso. Se habla del clericalismo como un cáncer: hay que “extirpar ese mal, esa gangrena social que se llama clericalismo”, afirmando que no es un problema religioso sino político porque “ese clero (católico), ha venido tratando de dominar la ciencia de la multitud inculta con objeto de proseguir sus operaciones”, para evitar todo esto propone despojar al clero de toda personalidad jurídica, llamando a los sacerdotes: “plaga”, “esos bichos”, “esa multitud de zánganos”, “parvada de cuervos”, “alharaquienta multitud”, “enemigo político del gobierno”, “esos buitres”, “esos envenenadores populares”, “esos explotadores”.

Tras votar el artículo 129 (después 130), la sesión se levantó a las 2:15 del 28 de enero de 1917. Se dijo que fue aprobado por unanimidad. El 31 de enero de 1917 se clausuraba el Congreso Constituyente y el Presidente de la República, Venustiano Carranza, recibía el texto constitucional y se clausuraba así el Congreso Constituyente. Los artículos constitucionales que más se relacionan con la Iglesia son doce: 3º, 5º, 13, 24, 27, 30, 33, 37, 55, 59, 82, y 130. Los más conflictivos son el 3º, 5º, 24, 27 y especialmente el 130. Así, el 5 de febrero de 1917 en la misma ciudad de Querétaro se consumaba aquel proceso de hostilidad laicista, inspirado por la masonería, contra la Iglesia, comenzado a mediados del siglo XIX al ser publicada la nueva Constitución los Estados Unidos Mexicanos, todavía hoy substancialmente en vigor. Algunos artículos fueron reformados en 1992 (el 22 de enero fue reformado el art. 24 de la Constitución de 1917: “tal artículo sobre la libertad religiosa cambiaba de la dimensión de la ideología liberal hostil a la del universo de la cultura”. Una Ley Reglamentaria completó posteriormente tal reforma desbloqueando la situación de desconocimiento de las asociaciones religiosas. El Gobierno Mexicano y la Santa Sede estipularon entonces unos acuerdos bilaterales en tal sentido.

¿Cómo se puede interpretar esta legislación que ataca lo más profundo de la identidad del mexicano, que es la religión católica? ¿Cómo se puede “leer” esta constitución?

Un historiador mexicano, Romero de Solís, propone unas claves, cada una tiene unos alcances y unas limitaciones:

  1. El anticlericalismo militante. No puede negarse este punto común en los legisladores, baste recordar los epítetos usados contra los sacerdotes, el modo de describir su estilo de vida y su vida privada.
  2. La persecución legalizada. Respondiendo a las exigencias masónicas y del protestantismo norteamericano. La masonería domina la política mexicana desde el siglo XIX y muchos revolucionarios se formaron a su sombra; el protestantismo que había penetrado en México, portando con sí el ideal de una sociedad que ofrece al hombre, liberado de dogmatismos, su plena realización, al modelo estadounidense, destruyendo un aspecto de la identidad mexicana…
  3. Odio a la Iglesia católica. Surge una y otra vez en el congreso el “argumento histórico” del papel opresor de la Iglesia; la Iglesia es un enemigo para la Patria, porque buscando sus intereses controla su vida social, política y económica; ataca la soberanía de la nación…; en fin mantiene postrado el país con sus mentiras y engaños impidiendo la libertad y el desarrollo de la inteligencia…
  4. La influencia anarquista. Los constituyentes, ciertamente no tenían una gran carga cultural, baste revisar las “afirmaciones históricas” que hicieron para darse cuenta de ello, con una actitud antirreligiosa que culpaba al fenómeno religioso del estado de las masas.
  5. La herencia positivista. La proclamación de la ciencia como bienhechora de la humanidad, donde el orden y el progreso serían las características de la nueva sociedad.
  6. El triunfo de los jacobinos, confundiéndose con una tendencia anarquizante que identifican religión con fanatismo, negando libertad de conciencia para evitar la religión que obstaculiza las posibilidades del hombre.

 ¿Se puede afirmar que comienza así una nueva etapa en la historia legal y práctica de la persecución anticatólica que alcanzará su zenit en la década de los años 20-30?

Con la publicación de esta constitución se inició una nueva etapa en la persecución religiosa. Se trató de  una guerra implacable contra el pueblo católico de México. Comenzaba así el largo “Viernes Santo” del catolicismo en México: si hasta ahora la persecución había sido más bien caótica y anárquica, según los instintos y arbitrariedades de caciques locales y caudillos, ahora tendrá visos de legalidad; no se tratará, dirán los políticos, de perseguir ninguna religión sino simplemente de hacer respetar la constitución. Esta será la excusa para justificar todas las arbitrariedades, violencias y asesinatos de las dos décadas que seguirán. Pero la Constitución, incluso en sentido literal y en una interpretación restrictiva será aplicada solamente a la Iglesia católica y a los católicos, la mayoría casi total del país; no así a las confesiones protestantes, casi todas procedentes de los Estados Unidos. Numerosos pastores, predicadores y enteras congregaciones protestantes militaron en las filas de los carrancistas; ello explica también el hecho de que nunca tuvieron alguna limitación o impe­dimento en lo referente al culto, ni daños personales o materiales. Estas comunidades recibían de hecho conspicuos fondos y ayudas materiales desde Norteamérica.

 

La legislación explicita de aplicación de la Constitución de 1917 en las disposiciones “religiosas”

Llegado Plutarco Elías Calles, tras el general Obregón, a la presidencia de la República en 1924, entre sus cometidos se encontraba uno prioritario: aplicar la Constitución promulgada en Querétaro en 1917 en todos sus términos. Ésta sería la tarea de los diversos gobiernos que se sucederán. Y todos sabían que se trataba de una legislación inaceptable para los católicos. Incluso desde el punto de vista de los derechos fundamentales a la libertad religiosa y otros derechos naturales de la persona y de la sociedad como en la materia de educación y de asociación estaba llena de incongruencias jurídicas. En los años siguientes los distintos gobiernos generales de México, o particulares de los Estados, que formaban su Federación, intentan aplicar aquella legislación o a dictar leyes en orden a su ejecución con mayor o menor dureza. Todo va a depender de las tendencias de cada gobernante del momento. A partir de 1917 hasta los años cuarenta del siglo XX la Iglesia vive bajo los signos de la persecución sangrienta. EI 7 de enero de 1926 Calles pidió al Congreso poderes extraordinarios para reformar el Código Penal para influir más directamente y obligar a los gobernantes a obedecerle con la fuerza de la ley. Bajo la influencia de masones y protestantes, la persecución contra la Iglesia en México se convirtió en una verdadera guerra entre el Gobier­no y el pueblo católico. Incluso, en su pertinaz empeño de minar la unidad de los católicos mexicanos, el Go­bierno intentó en febrero de 1925 crear una iglesia separada de Roma. Fracasó en su empeño. Se multiplicaron los ataques contra la jerarquía eclesiástica.

 

La ley del 14 de junio de 1926 de reforma del Código penal

El Presidente Plutarco Elías Calles puso en práctica los artículos “religiosos” de la Constitución con la promulgación el 14 de junio de 1926 de “Las reformas al código penal“, llamadas “Ley Calles” (otras leyes sucesivas, emanadas en 1931 completarán tal legislación antirreligiosa). La ley entraba en vigor el 2 de julio de 1926. Preten­día llevar hasta sus últimas consecuencias la ejecución práctica de los artículos antirreligiosos. Aquellas leyes en 33 artículos sumamente hostiles se proponían minar desde sus bases la vida de la Iglesia y por lo tanto la fe de los católicos. Entre otras cosas disponían que los sacerdotes tenían que registrarse como trabajadores pro­fesionales y el gobierno determinaría quiénes y cuántos ejercerían el ministerio sacerdotal. A la Iglesia no se le reconocía personalidad algu­na y se le sometía al arbitrio de las autoridades. La aplicación de aquellas leyes se proponía claramente eliminar el Acontecimiento cristiano de la vida, descatolizando el país dando caza a los sacerdotes católicos (un ejemplo de ello lo narra la novela del novelista inglés Graham Green, “El poder y la gloria”) e intentando una “protestantización” negativa del mismo.

 

¿Cómo respondió el pueblo católico mexicano a la persecución religiosa?

Ante esta cadena de violencias y de graves abusos por parte del Estado los obispos pidieron al Congreso que se modifica­ran las leyes, pero su memorial fue rechazado con la excusa de que quienes lo firmaban habían perdido su calidad de ciudadanos mexicanos y la consecuencia inmediata fue el destierro de la mayoría de los obis­pos. A los pocos días, los seglares católicos enviaron a la Cámara de Di­putados un memorandum con más de dos millones de firmas solicitando las mismas reformas constitucionales, pero éste no fue tomado en cuenta. Los obispos habían agotado todos los intentos del diálogo y se decidieron por un gesto único  e inédito en la reciente historia de la Iglesia: ¡suspender el culto público y cerrar todas las iglesias!. Con esta decisión sin precedentes el Episcopado mexicano quería gritar ante el mundo su protesta que obligaba al gobierno a decidirse radicalmente: o por la reforma de las leyes o por un choque espectacular con los católicos. Fue inevitable aquella firme reacción del episcopado con previa autorización del papa Pío XI. Con una carta pastoral colectiva fechada el 25 de julio de 1926 se cerraron así todas las iglesias en toda la República Mexicana a partir del 31 de julio de 1926. El cierre durará hasta que se obtendrán unos “acuerdos” verbales o “modus vivendi”, pactados entre dos representantes del episcopado mexicano y el gobierno de México en 1929 bajo la mediación de los Estados Unidos, acuerdos que inmediatamente serían  negados por el Gobierno. Pero esta triste historia pertenece al capítulo de los engaños sufridos por la Iglesia en aquel vergonzoso período.

La Iglesia refugió su acción pastoral en clandestinidad. Más no lo permitió el Gobierno. La policía se dedicó a buscar, registrar y catear casas donde privadamente se celebraban los sacramentos y los sa­cerdotes fueron perseguidos y buscados como malhechores.     Los sacerdotes, por una orden gubernativa eran obligados a abandonar las parroquias rurales y concentrarse en las ciudades, cerrándoles así el campo de acción. La mayor parte desobedeció. Sería el campo fecundo de los mártires.

Por su parte el papa Pío XI no se callaba ante tanta injusticia y tanta sangre derramada. A lo largo de su pontificado consagrará a la situación mexicana 5 encíclicas y los obispos varias cartas colectivas; fue el pueblo fiel el que luchó con denuedo por los derechos a la libertad de conciencia.

La lucha por el derecho a la libertad religiosa

El pueblo cristiano se unió a la lucha por la libertad religiosa, en especial los jóvenes de la Acción Católica de la Juventud Mexicana (A.C.J.M.), fundada ya entre 1912 y 1913, sementera de muchos mártires y combatientes, y de la Liga Nacional de Defensa de la Libertad (LNDLR), creada en 1926. Se organizaron para animar a toda la población en las protestas; la piedad, el estudio y la acción fueron sus armas, y su ideal “Por Dios y por la Patria” a la luz de la encíclica de León XIII “Rerum novarum”. Los seglares católicos mexicanos de este tiempo estuvieron siempre comprometidos en la brecha de los social creando numerosas asociaciones, sindicatos y congresos sociales a lo largo de las dos primeras décadas del siglo XX, mientras pudieron.

Ante todo hay que recordar que el catolicismo mexicano de los comienzos del siglo XX destaca en el ámbito del catolicismo latinoamericano por su vivacidad y su compromiso social. Hoy se encuentran estudiadas  muchas de las ideas y experiencias socio-políticas de algunos sectores del catolicismo mexicano y la manera cómo éstas incidieron en el movimiento católico en el campo social y en el político. Estas experiencias tuvieron un notable influjo en la conciencia de muchos católicos mexicanos e incluso en la actitud de defensa de la libertad religiosa que desembocó en el estallido de la lucha armada de 1926-1929. Ahora bien, el conflicto religioso de esos años no es un fenómeno aislado. Forma parte de un enfrentamiento más amplio entre la Iglesia y el Estado que renace violentamente en esos años. Un caso típico de este catolicismo social combatiente lo representa la “Liga para la Defensa de la Libertad Religiosa” y la de líderes católicos como Anacleto González Flores, que morirá fusilado por el Gobierno. Anacleto fue uno de los actores principales de este movimiento social y representa al polo combativo católico en el cual el Gobierno, con razón o sin ella, reconoció un rival, una amenaza y el blanco ideal en su lucha contra la Iglesia. Pero su caso paradigmático representa el de muchos otros  cuyos nombres formarían una lista interminable.

Durante el gobierno de Plutarco Elías Calles (1924-1928) aquel creó un cisma (21 de febrero de 1925) con la formación de la Iglesia Católica Apostólica Mexicana que pretendía conducir hacia la revolución las fuerzas religiosas (tal como ya lo había propuesto el constituyente); muchos seguidores del Estado veían como un rotundo fracaso y un ensayo peligroso para el mismo Estado (Álvaro Obregón). La reacción católica fue inmediata, en bloque y fuertemente combativa, el 9 de marzo de 1925 nacía la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, destinada a ser, junto con la Acción Católica de la Juventud Mexicana y otra asociación llamada Unión Popular, uno de los tres pilares del catolicismo cristero.

Ya a partir de 1919 habían nacido Ligas con la intención de hacer respetar los derechos a la libertad religiosa tras el cierre de las escuelas católicas y de los seminarios. Nacería así la LNDLR con la reunión de varias asociaciones católicas activas como la ACJM, la CNCT, la Unión de Damas Católicas Mexicanas, la Orden de los Caballeros de Colón, la Adoración Nocturna (que sería el medio principal de contacto entre la Liga y los campesinos) y la Congregación Mariana de Jóvenes y otras. La ACJM se convirtió en el alma de la Liga; fogueada, numerosa y presente en distintos puntos del país. Muchos de cuyos militantes eran jóvenes comprometidos con su fe. La Liga se presentó como una organización de carácter cívico (y por lo tanto la jerarquía era ajena a su mando y a sus actividades); exigía plena libertad de enseñanza, libertad plena para todos los ciudadanos católicos, derecho común para la Iglesia y para los trabajadores católicos. Su potencial era inmenso; el 25 de junio de 1925, tres meses después de fundada, tenía 300,000 socios dispersos en 27 estados. L Liga se dotó de un lema: “Dios y mi derecho”, y de un periódico propio: David. Su primera medida consistió en aprovechar la experiencia de Jalisco en el campo de la resistencia pacífica; todas y cada una de las medidas que ya se demostrado exitosas en 1919 con una huelga general, se repitieron a nivel nacional. Así en su Estado, el futuro mártir Anacleto repropuso “el luto”, recordando su eficacia.

Pero, como el gobierno no cedió y fueron irrumpiendo en el escenario nacional los alzamientos populares, la Liga cambió de estrategia y apoyó el movimiento armado de protesta, la “cristiada”. El 11 de enero de 1927 nacía con el “Manifiesto de los Altos” la llamada Guardia Nacional y  ya claramente la “cristiada”, que había surgido anteriormente como protesta espontánea popular de los católicos en las poblaciones rurales. El gobierno no aceptó algún compromiso ni revisión de sus leyes, por lo que combatió aguerridamente a los católicos levantados. Fueron así anuladas las esperanzas de un cambio en las leyes. Tras tres años de confrontación armada, cuando la “cristiada” parecía triunfar, todo concluiría con unos mal llamados acuerdos verbales, impuestos por los Estados Unidos (junio de 1929) y que el gobierno nunca observó.

 

¿Ingresó Joselito a la Liga de Defensa de la Libertad Religiosa?

Que sepamos no parece ser. Era un joven adolescente. Sus dos hermanos mayores, Macario y Miguel si que fueron miembros de la Liga (LDLR) y de la Acción Católica de la Juventud Mexicana.

 

Su padrino Picazo fue uno de los autores intelectuales de su asesinato ¿En qué momento renegó él así de su fe?

El diputado Rafael Picazo Sánchez, natural y vecino de Sahuayo, era diputado por el distrito de Jiquilpan y gozaba de gran poder político y autoridad en toda la comarca, ya que secunda­ba incondicionalmente las órdenes del general presidente Plutarco Elías Calles. Hay que decir que este político local pertenecía a una buena y convencida familia de católicos practicantes, y era un hombre contradictorio, un par de hermanas religiosas de reconocidas virtudes, Adoratrices del Santísimo Sacramento de Uruapan, a las que ayudaba y otros varios miembros de su familia en la vida religiosa. Su esposa, Consuelo Gálvez, era una mujer virtuosa y querida por la gente. Tuvieron 4 hijos, dos hijas que murieron muy jóvenes y dos hombres; Melesio, el mayor llegará a ser sacerdote y superior de los Padres del Espíritu Santo, y Rafael respetado médico y jurista en favor de los desfavorecidos. No es un caso extraño o una excepción en el México de entonces de encontrarse con convencidas familias católicas donde de vez en cuando surgían miembros que militaban en grupos anticristianos, sobre todo por motivos de militancia política, de intereses particulares y de pérdida práctica de la fe cristiana tras haberse afiliado a grupos conocidamente anticatólicos, como la masonería. Casi todos los testigos del Proceso de martirio no dejan de referirse a él, casi siempre con juicios bastante duros, que se pueden resumir así: el diputado Rafael Picazo pertenecía a una familia muy católica, pero él por sus relaciones con el Gobierno y por convenir así a sus inte­reses personales se convirtió en perseguidor implacable de la Iglesia católica; en este juicio vienen a coincidir todos. Uno de ellos así lo resume: “[En Sahuayo la persecución] se inicia el 26 de julio de 1926; el diputado Rafael Picazo traía la con­signa de Calles de acabar con el cristianismo y con los templos”. Y otro: “Picazo hacía cosas muy malas y no quería a los cristeros y mataba a todo el que agarraba; por eso mató a José, por cristero”. Este personaje, Picazo, jugará por todo ello un papel relevante en la detención y en el asesinato cruel del muchacho José Sánchez del Río, del que para mayor dolor dramático era su padrino de primera comunión y familiar y antiguo amigo de su familia. Hay también unos datos significativos. Sus hermanas religiosas Ana María y Adela, y familiares seguramente sufrían y rezaban por él. Años más tarde sería asesinado a balazos mientras viajaba en tren en el año 1931 por Manuel Cuesta Gallardo, también originario de Sahuayo, por mandato de uno de sus adversarios políticos y líder agrarista, también diputado federal michoacano. Algunos dicen, entre ellos su hermana religiosa Madre Anita, que habría pedido en aquella circunstancia dramática un sacerdote. En ese mismo tren venía el señor Enrique Prado González, conocido de Rafael y originario también de Sahuayo, y cuando Rafael Picazo se sintió herido, le dijo a Enrique“Enrique ¡consígueme un sacerdote, quiero un sacerdote!”. Enrique le contestó: “¿y dónde te consigo aquí un sacerdote”?, entonces un sacerdote, de nombre el padre Ramón, que viajaba de incógnito, se acercó y les dijo: “Yo soy sacerdote, soy el padre Ramón Martínez Silva”, y entonces Rafael se confesó y recibió el sacramento de la Santa Unción, y ahí murió en brazos del señor Enrique Prado González. Algunos “corridos” que cantan su muerte dicen que habría muerto sin sacramentos. De todos modos, sería sepultado en Sahuayo, y en 1955 sus restos fueron trasladados  junto a los de su hermana Anita donde ésta era religiosa. Años después el hijo del diputado Rafael, el Lic. Rafael Picazo Gálvez recogió los restos de su papá y se los llevó a México para tenerlos junto con los de su mamá la Señora Consuelo Gálvez. Ahora reposan en las criptas de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México. También dos de los asesinos directos del cruel martirio de San José Sánchez del Río en el cementerio cambiarían totalmente más tarde su vida volviendo a la fe católica y viviendo una buena vida de fe, también en medio de un fuerte remordimiento, como atestiguan muchos que los han conocido.

 

¿Se puede decir que Joselito dio la vida por el general Guízar Morfín?

Así fue. En un enfrentamiento que tuvieron las tropas cristeras con las fe­derales del general Tranquilino Mendoza, el 6 de febrero de 1928 al sur de la población de Cotija, casi lograron tomar prisionero al jefe cristero Guizar Morfín porque le mataron el caballo, pero José bajándose rápi­damente del suyo en un acto heroico se lo ofreció diciéndole: “Mi gene­ral, tome usted mi caballo y sálvese; usted es más necesario y hace más falta a la causa que yo”. Y así sucedió: el general Guizar Morfín pudo escapar, pero las tropas federales en aquella escaramuza hicieron prisioneros a José Sánchez del Río y a un joven indígena llamado Lázaro. Los llevaron maniatados hasta Cotija en medio de golpes e injurias, “Vamos a ver qué tan hombrecito eres”. José no dejó escapar ni un quejido y rezaba para fortalecer su espíritu y poder sobreponerse a las humillaciones y tormentos

 

¿Qué frutos ha dado el martirio en México de la persecución religiosa que vivió hace 100 años?

La imagen de aquel joven muchacho de sólida piedad y gallarda fe, prisionero en el baptisterio de la Parroquia de Santiago Apóstol de la pequeña ciudad mexicana de Sahuayo espe­rando con ánimo inquebrantable y gozo espiritual, incomprensible de tejas a bajo según los criterios de los juicios humanos, la hora señalada para su ejecución, quedó profundamente grabada en la memoria y en el afecto de aquel pueblo que sufrió como comunidad cristiana la fidelidad a su fe. Ella ha guardado el testimonio y el acontecimiento martirial vivido y sufrido por José Sánchez del Río como herencia viva y actual para la vida del pueblo. Aquí se podrían recordar y aplicar al caso las palabras de San Efrén, en el siglo IV y que creemos deber repetir de nuevo: “[Los mártires] son fortalezas inaccesibles, cerradas a cal y canto para los ladrones, ciudades fortificadas, seguras contra los rapaces, torres altas y sólidas para quien pone su refugio en ellas, inasequibles para los asesinos, a las cuales la muerte no se acerca. Quien se consume de envidia y de perfidia, por el veneno que corrompe al alma, de ellos recibe los refuerzos para que se extinga el veneno y no haga daño” (Sermones exegeticos: In Isaiam 26, 10). Y San Pablo escribe que “Las cosas débiles, despreciadas por el mundo las escogió Dios para confundir a los poderosos” (1 Cor 1, 17-20; cf. Magnificat: Luc 2, 52-53). Dios se valió de un pequeño muchacho para manifestar su grandeza. José era un chico de casi quince años de edad. La etapa de la adolescencia tiene características particulares muy conocidas: es tempo de búsqueda de un modelo para identificarse y de un ideal que fundamente toda la vida. José lo encontró en Cristo y su an­helo más grande fue entregarse totalmente en favor de la Iglesia ultrajada. Él sabía muy bien lo que estaba sucediendo en México por la perse­cución religiosa y conocía el significado cristiano del martirio; por eso escribió a su mamá: “Nunca como ahora es tan fácil ganarnos el cielo”.

La vida cristiana de este muchacho, alimentada en la vida familiar, el ambiente cristiano de su pueblo y el catecismo vivo que aprendió desde que tuvo uso de razón, fueron su preparación para afrontar el momento de la prueba martirial. El deseo ar­diente de santidad y de fidelidad a Cristo hasta el martirio prendieron en su corazón desde su más tierna edad. La gracia divina actuó sirviéndose también de una naturaleza, de un carácter claramente fuerte y decidido, sobrio y enérgico, -y en este sentido por encima del común denominador de muchos adolescentes y jóvenes de su edad-. Se nota en José una unión exquisita entre la naturaleza y la gracia y un notable equilibrio humano sin menoscabo de su sensibilidad propia y de su capacidad de tomar decisiones heroicas. Se puede decir, que José, a pesar de su adolescencia, se encontró con el Misterio de Cristo y quedó arrebatado y fascinado por El. Tenía la certeza suprema de que el único sentido de la vida era Cristo y que la vida con Él no se podía destruir, mientras las demás cosas, incluso las más halagüeñas pasarían. Como escriben las Actas de su Martirio: “Fue desfigurado, con Cristo para ser configurado con Cristo. Su último grito así lo confirma: “¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!”.

 

 

 

Próximamente: Avanza la investigación de imagen de la virgen que llora en Nuevo México

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Por Jaime Septién. Aleteia.org

Si el fenómeno es un engaño “no estamos seguros de cómo se haría, físicamente” dice el obispo de Las Cruces

Una historia de lágrimas –o de aceite de oliva—ha estado corriendo por todas las publicaciones católicas de Estados Unidos. Sucedió con una escultura de bronce de la Virgen de Guadalupe, en la parroquia que lleva su mismo nombre, en el pueblo de Hobbs, Nuevo México.

La parroquia, perteneciente a la diócesis de Las Cruces ha sido visitada ya por muchos peregrinos, pues feligreses informaron, desde mayo pasado, que habían visto que un líquido fluía de los ojos de la Virgen morena.

El obispo Oscar Cantú dijo al periódico Las Cruces Sun-News que se había enviado una muestra del fluido para su análisis científico que determinó que se trata de aceite de oliva, “un aceite de oliva perfumado”.

“Algunos de los testigos afirmaron que olía a rosas, por lo que puede ser algo similar al aceite que bendigo y consagro cada año y que usamos para el bautismo, para las confirmaciones y para la ordenación de los sacerdotes”, agregó el obispo Cantú.

La diócesis de Las Cruces –una de las diócesis con mayor porcentaje de habitantes católicos de origen hispano en Estados Unidos– todavía se encuentra investigando de dónde podría haber provenido el aceite.

“Examinamos el interior de la estatua hueca. No hay nada en el interior que se suponga que no debe estar allí, a excepción de las telarañas. Entonces tomamos fotos; lo examinamos”, dijo el obispo de Las Cruces al rotativo.

Los “frutos” de las lágrimas

Más adelante, agregó que los oficiales se habían contactado con los fabricantes de la estatua para ver si algún fluido o cera podría haber permanecido dentro de la estatua después de haberla lanzado. “En ese proceso, nos aseguraron que no habría posibilidad de que quedara humedad en el bronce”, subrayó el prelado.

El obispo Cantú aseguró que, incluso, si el fenómeno es un engaño “no estamos seguros de cómo se haría, físicamente”.

“Es bronce endurecido. Hemos examinado el interior y no hay nada en el interior”, agregó. Y más adelante dijo: “Si la Iglesia llega a la conclusión de que es un milagro, debe decidir si es de Dios o de un espíritu maligno. Ellos decidirán eso en base a los ‘frutos’ del fenómeno”.

“He leído la mayoría de esos testimonios escritos, y son historias de tremenda fe, personas que han estado lidiando con terribles sufrimientos en sus vidas y han sentido un tremendo consuelo espiritual por el hecho de que María camina con nosotros en nuestras lágrimas”, dijo el obispo Cantú.

“No puedo evitar pensar en mi propio derramamiento de lágrimas por la gente pobre que viene a nuestra frontera, huyendo de situaciones que amenazan la vida. Las lágrimas de esos niños que están separados de sus padres. Hay muchas razones por las que derramaríamos lágrimas, y Dios está con nosotros en esos momentos”.

A los testimonios de conversión y de beneficio espiritual se suman los reportes de los fieles presentes en el momento de las lacrimaciones y ahora los hallazgos de los análisis químicos practicados al líquido obtenido de la imagen.