Inmigrantes que trabajan el campo: ¡No están solos!

Escritor Invitado

Por Wayne Laugesen

El Obispo auxiliar de Denver monseñor Jorge Rodríguez dio un mensaje a los trabajadores inmigrantes y a sus familias durante una misa celebrada especialmente para ellos el pasado 24 de septiembre en la parroquia Saint Nicholas en Platteville: Ustedes no están solos.

“Mi mensaje fue para que ellos sean conscientes de que Dios está ahí”, dijo el obispo, después de la Misa dedicada a los inmigrantes que trabajan el campo. “Hay un padre amoroso que no está lejos de lo que ellos están viviendo. Ellos deben sentir todo el tiempo que no están por sí mismos. Que Dios está con ellos en cualquier dificultad que tengan”.

Cerca de unas cien personas participaron de la Misa, incluyendo inmigrantes trabajadores del campo y aquellos que vienen a mostrar el apoyo en esta comunidad campesina que tiene una gran población hispana.

“Los trabajadores necesitan la seguridad que le brindan sus compañeros católicos”, dijo la hermana Molly Muñoz, quien trabaja en varias parroquias del oriente de Colorado. “Quisiera ayudarlos a que sepan que somos conscientes de su situación y que nos preocupan. Ellos están sufriendo mucho”.

Después de la Misa se realizó una cena en la que los familiares compartieron su preocupación sobre la promesa que hizo Donald Trump de deportar a los trabajadores indocumentados.

“Mi mamá se preocupa de que esto pueda separar las familias”, dice un chico de 15 años. Los padres lo trajeron de México cuando tenía un año. Ellos trabajan en las granjas y campos de Colorado. “Mi mamá solo quiere que el presidente deje de amenazar a las familias. Esto le preocupa. Ella quiere que nos dé más oportunidades a aquellos que trabajamos en los campos. Quiere una oportunidad para estudiar y para aprender varias habilidades”. La madre del muchacho puso las manos en su frente y habló con un inglés mal pronunciado.

“Cada día la comida está más costosa”, dijo la mujer. “La renta. Nosotros pagamos más y más y esa ha sido nuestra lucha por 14 años”.

Oren por ellos, dijo el obispo Rodríguez.

“Como católicos tenemos que pedir al Señor una bendición para ellos”, dijo. “Sabemos que viven en unas condiciones muy difíciles, que necesitan la bendición de Dios ahora más que nunca. Tenemos que estar más conscientes de la realidad que ellos enfrentan, y ser más conscientes de que ellos son nuestros hermanos y que necesitan ayuda”.

Los voluntarios católicos del área metropolitana de Denver han llevado, por mucho tiempo, la Misa a los campos de los Llanos del Este, donde los trabajadores inmigrantes son un componente esencial para la economía.  La Misa del pasado 24 de septiembre había sido originalmente planeada para ser celebrada en el campo pero debido a la Lluvia tuvo que moverse a la iglesia Saint Nicholas.

“Es la primera vez que tenemos a un Obispo celebrando Misa”, dijo Marie Ramos Beeler, una voluntaria del ministerio de migrantes de la parroquia Spirit of Christ en Arvada.

Beeler, junto con otros voluntarios van una o dos veces por semana a llevar comida, ropa, frazadas, ventiladores, juegos de sábanas y otras donaciones. Este ministerio recibe donaciones de los parroquianos y de lugares como Panera Bread y Costco.

“¿Los católicos hacemos lo suficiente para ayudar?” Yo pensaba que no hasta que me reuní con el obispo Rodríguez en julio”, dijo Beeler. “Pero desde nuestra reunión ha sido maravilloso. Él ha estado en los campos con nosotros, visitando los inmigrantes y sus casas. Ha dicho que quiere estar más involucrado en esta comunidad y hacer que la Iglesia también lo esté”.

A Beeler le preocupa que los coloradeños no aprecien a los trabajadores inmigrantes sino hasta que se van y ya no pueden regresar a este país.

“El otro día hablé con un granjero en esta área”, dice. “Ella puso un anuncio en el periódico local durante dos meses para contratar ayuda en la granja, y no obtuvo absolutamente ninguna respuesta. No conozco ningún americano que pueda hacer lo que hace esta gente. Durante el verano todo lo que hago aquí es entrar y salir con mi camión para repartirles comidas y siempre termino exhausto. No puedo imaginar cómo ellos trabajan bajo 90 grados Fahrenheit”.

Desde las últimas elecciones presidenciales, Beeler dijo que los inmigrantes han ido más lejos. “Aquí la gente tiene mucho miedo”, dijo. “Ellos han comenzado a cubrir sus ventanas. Cuando el actual presidente fue elegido, ellos no abrían las puertas porque tenían mucho miedo. Muchos incluso prefirieron no ir a la Misa con el obispo porque tenían miedo a ser deportados”, explicó el inmigrante.

Beeler y otros voluntarios han escuchado toda la controversia que tiene que ver con el status legal de la mayoría de los inmigrantes. Ellos no están dispuestos a un debate político. Los inmigrantes viven y trabajan aquí independientemente de si les gusta o no. Muchos de ellos son católicos. Todos son seres humanos.

“Como católicos necesitamos tratarlos como nosotros quisiéramos ser tratados”, dijo Beeler. “Ellos son hijos de Dios, así como nosotros también lo somos”, concluyó.

Traducido del original en español por Carmen Elena Villa.

Próximamente: La oración es la mejor arma

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¿Sabías que diariamente cada uno de nosotros ve centenares – si no son miles – de avisos publicitarios? De hecho, el censo entre los investigadores de marketing dice que es posible que se vean o escuchen hasta 4 mil por día.

Estamos bombardeados de mensajes y al mismo tiempo nos consuelan las palabras de San Pablo en su carta a los tesalonicenses: “Estad siempre alegres. Orad constantemente. En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros” (I Tes 5. 16 – 18).

Esta columna es la tercera y final de una serie de artículos que he escrito sobre la Exhortación Apostólica del Papa Gaudete et Exsultate, Regocijaos y alegraos, (las otras dos columnas se han publicado en nuestra página web n.d.t) la cual tiene como objetivo inspirar a todas las personas a la santidad. Como expliqué en mi columna anterior esta semana estaré reflexionando sobre la sección “En oración constante” y “Combate, vigilancia y discernimiento”. He escogido focalizarme específicamente en estas secciones porque ellas nos indican cómo los cristianos debemos interactuar y ver el mundo en el cual vivimos.

Y las preguntas sobre nuestra cosmovisión son especialmente importantes ya que la verdad se vuelve más difícil de descubrir con la avalancha de información que experimentamos.

El Papa Francisco dedica la última sección de su capítulo sobre la santidad al tema “En oración constante”, como la exhortación que hace San Pablo de orar continuamente. Esto suena imposible, y lo sería si tuviéramos que confiar solo en nuestras fuerzas o en nuestra capacidad de concentración. Pero sabemos que “para Dios todo es posible” (Mt. 19, 26).  Este reto es tan importante que el Papa Francisco dice: “No creo en la santidad sin oración” (GE 147).

La batalla que cada uno de nosotros enfrenta cada día y cada minuto está entre las realidades inmediatas que nos rodean en este mundo y las realidades sobrenaurales que se encuentran de manera simultánea en el trabajo. Tendemos a concentrarnos en lo que podemos ver y olvidamos aquello que no podemos ver. El Papa Francisco escribe. “El santo es una persona con espíritu orante, que necesita comunicarse con Dios. Es alguien que no soporta asfixiarse en la inmanencia cerrada de este mundo, y en medio de sus esfuerzos y entregas suspira por Dios, sale de sí en la alabanza y amplía sus límites en la contemplación del Señor” (GE 147).

Estar en oración continua no quiere decir recitar plegarias en todo momento o esperar siempre emociones intensas. Significa más bien permanecer en presencia de Dios en todo lo que hagamos.  Hacemos de Dios el final de cada acción, pensamiento o palabra. El Santo Padre cita a San Juan de la Cruz para describir esta manera de vivir. “Procure ser continuo en la oración, y en medio de los ejercicios corporales no la deje. Sea que coma, beba, hable con otros, o haga cualquier cosa, siempre ande deseando a Dios y apegando a Él su corazón” (GE 148).

El secreto de permanecer conectados con Dios en todo momento está en la relación con la Santa Trinidad.  Cuando sepas en tu corazón que tu identidad más fundamental es la de hijo de Dios Padre, serás capaz de pasar tiempo en silencio, descansando en la presencia del Espíritu Santo y escuchando atentamente su palabra. “En ese silencio es posible discernir, a la luz del Espíritu, los caminos de santidad que el Señor nos propone”, dice el Papa Francisco (GE 150).

El tiempo que empleamos encontrando a cada persona de la Santa Trinidad es lo que inflama nuestros corazones y nos cura. Nos permite profundizar en la realidad y aviva nuestra experiencia. El Papa se inspira en una hermosa experiencia de Santa Teresita de Lisieux para describir cómo una comunidad puede ser transformada.

“Una tarde de invierno estaba yo cumpliendo, como de costumbre, mi dulce tarea”, cuenta Santa Teresita. “De pronto, oí a lo lejos el sonido armonioso de un instrumento musical. Entonces me imaginé un salón muy bien iluminado, todo resplandeciente de ricos dorados; y en él, señoritas elegantemente vestidas, prodigándose mutuamente cumplidos y cortesías mundanas. Luego posé la mirada en la pobre enferma, a quien sostenía. En lugar de una melodía, escuchaba de vez en cuando sus gemidos lastimeros (…). No puedo expresar lo que pasó por mi alma. Lo único que sé es que el Señor la iluminó con los rayos de la verdad, los cuales sobrepasaban de tal modo el brillo tenebroso de las fiestas de la tierra, que no podía creer en mi felicidad” (GE 145).

El Santo Padre también reconoce que hay una batalla constante librada por el diablo para alejarnos de la vida centrada en Dios. Al principio del capítulo cinco, refiriéndose al combate espiritual, el Papa Francisco marca un punto en el que dice que cuando hablamos de la batalla con el mal, la Iglesia no solo está hablando de enfrentar una mentalidad mundana o esforzarse por superar las debilidades humanas (cf GE 158 – 159). Satanás es real; él es “un ser personal que nos acosa” (GE 160).  Esto se demuestra, dice el Papa, con el poder destructivo del maligno en el mundo que nos rodea.

Al mismo tiempo, no tenemos por qué sentirnos intimidados por esta batalla, sepamos que Jesús en la cruz venció el pecado, a la muerte y a Satanás. “Nadie resiste si opta por quedarse en un punto muerto, si se conforma con poco, si deja de soñar con ofrecerle al Señor una entrega más bella”, (GE, 163). La clave está en participar de esta lucha dependiendo de Jesús, cultivando todo aquello que es bueno, verdadero y hermoso, profundizando en nuestra vida de oración y creciendo en el amor.

Y mientras que comenzamos este tiempo de verano, oro para que tú puedas fortalecerte con la armadura de la oración constante, para que, tanto tú como las personas sobre las cuales tienes influencia se acerquen más a Jesucristo. Te invito a que crezcas en tu devoción y atención a la Eucaristía, a que reces el Rosario en familia. Que las palabras del Papa Francisco en la Evangelii Gaudium te inspiren a aceptar este desafío: “El triunfo cristiano es siempre una cruz, pero una cruz que al mismo tiempo es bandera de victoria, que se lleva con una ternura combativa ante los embates del mal” (EG 85).