Iglesia e inmigración

El debate público en torno a la reforma inmigratoria está sobre la mesa. La necesidad de establecer leyes que sean justas y a la vez humanas, es evidente. Por ello Monseñor Jorge De los Santos, ofrece aquí algunos puntos fundamentales para que el gobierno realice la Reforma, respetando la dignidad del ser humano, así como la soberanía del país.

En el actual debate sobre la inmigración, la posición de la Iglesia Católica en torno a este tema es fácil de comprender y se basa en los principios elementales de la Doctrina Social de la Iglesia. Lo que es difícil, es aplicar esta doctrina con rectitud de intención y con el deseo auténtico de la búsqueda del bien común.

Toda la Doctrina Social de la Iglesia descansa sobre algo que es fundamental: la dignidad del ser humano es dada por Dios, y en ningún caso es un “regalo” de algún estado, o fruto de ningún consenso.

Los derechos humanos son inherentes al hombre, y la ley, las sociedades y los estados sólo deben reconocerlos, respetarlos y protegerlos. El estado no tiene el derecho ni de crearlos ni de suprimirlos.

El Papa Juan Pablo II explicó claramente que este principio de la dignidad del ser humano, se aplica al tema de la inmigración mediante dos criterios:
a) Todo ser humano tiene derecho a buscar condiciones dignas de vida para sí y para sus seres amados, incluso mediante la emigración.

b) Toda nación soberana tiene derecho a garantizar la seguridad de sus fronteras y regular el flujo de inmigrantes.

La Iglesia, por tanto, defiende los derechos fundamentales de la persona; y también el derecho que los estados tienen de regular sus fronteras. El bien común necesita regularse de forma que los remedios no sean peor que la enfermedad.

En esas circunstancias especiales, la Iglesia aboga por la salvaguarda de los derechos fundamentales de la persona apelando a la búsqueda del bien común. Para ello invita a la superación del egoísmo, que suele ser la tendencia que prima, y apela a la generosidad de los países a no buscar exclusivamente la rentabilidad. Recuerda que el inmigrante es una persona, cuya dignidad comporta unos derechos, y que además no es simplemente un instrumento al servicio de la economía del propio país.

Es verdad que existen muchos ángulos que hacen compleja la discusión en torno al tema de la inmigración: desde la grave responsabilidad social y política de las naciones de donde provienen la mayoría de los inmigrantes, hasta el reconocimiento del posible riesgo de seguridad que implica la porosidad de las fronteras. Sin embargo, la inmigración es una realidad muy presente en Estados Unidos y requiere que respondamos a ella con racionalidad, justicia y eficacia.

En realidad, lo que busca la Iglesia es que los fieles laicos, y todos los hombres de buena voluntad, comprendan que estos dos derechos son subsidiarios -es decir, están unidos y subordinados- y que cuando se habla de inmigración, se trata de personas concretas que son nuestros hermanos y hermanas.

Los Estados Unidos fueron forjados sobre la insistencia de nuestros padres fundadores en que “todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. A lo largo de toda su historia, esta nación ha defendido el principio fundamental de la libertad. En el debate sobre la inmigración, la Iglesia simplemente pregunta: ¿Podemos ser una nación justa y libre sin que todas las personas honestas sean libres para buscar esos derechos inalienables? ¿Podemos ser realmente una tierra de personas libres cuando en el seno de nuestras comunidades existen grupos de personas que trabajan duramente, que desean integrar sus valores, su vida de familia con el trabajo y con la sociedad que les rodea; y que a pesar del esfuerzo que hacen, viven en medio del temor y la confusión, sin poder beneficiarse de una sociedad que ellos mismos ayudaron a construir?

Mientras se sigue desarrollando este importante dialogo público, la Iglesia reza para que siempre nos acordemos de los rostros humanos involucrados en el debate. Los inmigrantes no son simplemente consumidores de bienes y servicios, contribuyendo o aprovechándose de las instituciones económicas o políticas de nuestro país. Más bien los inmigrantes son personas reales, con vidas reales, familias, esperanzas y sueños para su futuro.

Ciertamente, la Doctrina Social de la Iglesia y estos dos principios centrales, nos proponen un camino con muchos desafíos. Hacer lo correcto no siempre es fácil. Sin embargo, tratando de alcanzar el equilibrio mientras se encuentran soluciones, los Estados Unidos recibirán, una vez más, la bendición y renovación vital que toda migración ha significado siempre para esta gran nación.

Próximamente: V Encuentro: El ministerio hispano visto por sus pastores

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V Encuentro: El ministerio hispano visto por sus pastores

Se realiza en Phoenix el V Encuentro de la pastoral hispana. Región XIII

Carmen Elena Villa

(Foto de The Catholic Sun. Periódico de la diócesis de Phoenix)

Los obispos de las diez diócesis de la región XIII de Estados Unidos brindaron sus consejos pastorales en un panel que presentaron durante el V Encuentro de la pastoral hispana que se realizó en Phoenix del 23 al 25 de febrero y que abarca los estados de Wyoming, Colorado, Utah, Nuevo México y Arizona.

 

Ser testimonio para los jóvenes

Sobre la pastoral juvenil el arzobispo de Santa Fe, Nuevo México, John C. Wester dijo que para lograr un apostolado efectivo es necesario tener una intimidad con Jesús y hablar a los jóvenes “como un padre, no como un profesor”.

Por su parte el obispo de Salt Lake – Utah, Oscar Solis, aseguró que la participación de los jóvenes es esencial para tener una Iglesia más viva. Para el obispo de Colorado Springs monseñor Michael Sheridan, es importante destacar el “deseo de relaciones auténticas”, que tiene el joven.

El Obispo Gerald Frederick Kicanas, de Tucson – Nuevo México destacó cómo el joven busca relaciones de amistad profundas y que muchas veces no saben encaminar por su excesivo consumo de tecnología y la falta de comunicación persona a persona. Dijo que los agentes pastorales tienen una responsabilidad muy grande porque la fe “no se enseña. La fe es como un virus”, el cual se contagia con el contacto con quienes tienen a Jesús en el centro.

 

Desafíos para las familias hoy

El obispo auxiliar de Phoenix Eduardo Nevares dijo que “como va la familia, así va la sociedad y la Iglesia”. Y se refirió a los desafíos que tiene que enfrentar la familia: “En muchos hogares trabajan los dos padres. Muchas veces los papás no hablan entre ellos porque ambos están trabajando y necesitan dinero”. Y dijo cómo en ocasiones las familias deben hacer ciertas opciones para el bien de las mismas: “Tenemos que escoger y no tener que tener un televisor en cada cuarto, dos o tres carros último modelo y así el papá y la mamá se queden en la casa porque ellos son nuestro tesoro. El dinero es el tesoro en los Estados Unidos pero para los hispanos los hijos son el verdadero tesoro”. Y exhortó a las familias allí presentes: “¡Nada de que solo un hijo es suficiente!” – a lo que el púbico aplaudió de manera apoteósica – Y dijo que la Iglesia necesita matrimonios compuestos por “un hombre, una mujer, donde haya fertilidad por el bien de la sociedad y de nuestra madre Iglesia”.

El obispo de Las Cruces, Oscar Cantú compartió en este panel cómo su diócesis está experimentando una catequesis en familia: “Que aprendan juntos papás, hijos y abuelos. Que se encaminen como familia aprendiendo a su nivel y a veces los niños le enseñan más a los padres”.

 

Más vocaciones

Para el obispo de Colorado Springs Michael Sheridan el lugar donde mejor se cultivan y florecen las vocaciones es el de la familia e invitó a “no subestimar lo que hacen las familias”.

Por su parte el obispo auxiliar de Denver Jorge Rodríguez pidió no tener miedo de decir que en las familias se permita escuchar el llamado vocacional. El prelado compartió que, antes de su nombramiento episcopal, fue vicerrector del seminario Saint John Vianney de Denver donde veía en el proceso de admisión de los candidatos al sacerdocio cómo su vocación florecía en el seno de familias cristianas y cómo ellos se habían atrevido a dar este paso porque alguien una vez les preguntó si habían pensado en ser sacerdotes.

Sobre el tema el obispo de Las Cruces Oscar Cantú compartió su experiencia al ser texano pero de papás mexicanos. “No nos sentimos completamente americanos”, confesó. Y dijo que cuando iba de viaje a México a visitar a su familia extendida “no hablaba perfecto español” entonces se sentía “como la india María. Ni de aquí ni de allá. Como muchos de ustedes, experimenté la discriminación”. Hasta que una religiosa le dijo: “Tú vas a ser un orgullo y un regalo para la Iglesia porque tú tienes dos culturas, hablas dos idiomas, conoces dos mundos”. Sin embargo, era la primera vez que el hoy obispo Cantú escuchó estas palabras. “Tenemos que decirle a nuestros jóvenes, a nuestros niños que son una bendición y que tienen esa capacidad de ser puentes en nuestra sociedad”.

Luego los obispos respondieron algunas preguntas dirigidas de parte del público. Uno de los asistentes preguntó si pensaban que este encuentro daría algún tipo de frutos para la vida de la Iglesia a lo que el obispo de Pueblo – Colorado, Stephen Berg aseguró “firmemente que el V Encuentro va a marcar una diferencia con las metas que estamos hablando y en nuestro caso, el compromiso con una mejor comunicación” y dijo que con este encuentro se espera dar “un paso hacia el liderazgo y para el cambio de la cultura en toda la Iglesia”.

Para ver más fotos y videos del encuentro vaya a nuestro Facebook en Denver Catholic en español.