Hispanos invitados a recuperar la gracia del matrimonio

Mayé Agama

Según cifras oficiales, tres de cada cuatro mujeres en Estados Unidos han vivido con su pareja sin haberse casado con ella, antes de los 30 años de edad. Esto de acuerdo a un estudio de los

Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), del Departamento de Servicios Humanos. Dicho estudio también revela que solo el 40% de las parejas que cohabitan terminan en matrimonio después de 3 años (se asume que se refiere solo al matrimonio civil). El resto continúan en unión libre o se separan.

De acuerdo a CDC, el grupo étnico que tuvo un mayor aumento de parejas conviviendo en lugar de casarse durante el período del estudio -entre 2006 y 2010- fue el de los hispanos, con un incremento del 57% con respecto al mismo estudio realizado en 1995.

Entre los católicos, las estadísticas no son tan distintas. Según un análisis exclusivo para el periódico Our Sunday Visitor realizado en 2011, el número de matrimonios por la Iglesia ha disminuido dramáticamente, casi en un 60%, entre 1972 y 2010. En el año 1972, el 79% de los adultos y el 69% de los jóvenes adultos, estaban casados por la Iglesia. En 2010, estos números disminuyeron a 53% y 38% respectivamente.

Según otro estudio realizado en 2007 por el Center for Applied Research in the Apostolate, 40% de los jóvenes católicos casados, de la generación del Milenio –de entre 18 y 34 años de edad– no se casan por la Iglesia, solo por lo civil.

En la Arquidiócesis de Denver, las parejas hispanas que conviven fuera del matrimonio comprenden la mayoría de aquellas que se acercan a prepararse para recibir el sacramento del matrimonio. Esto lo señala Viviana Martínez, coordinadora de la pastoral familiar hispana de la Arquidiócesis de Denver, quien junto a su esposo Jorge Paredes, también imparte desde hace 10 años el retiro de preparación matrimonial ‘Dios entre nosotros’. “Los motivos por los que conviven son varios y a simple vista pareciera que han decidido postergar el sacramento del matrimonio para estar ‘a prueba’. Pero muchas veces, los verdaderos motivos son más complicados”, comenta. “Las personas postergan el compromiso conyugal por razones económicas, por dificultades legales o situación migratoria, y también por no entender qué significa realmente el sacramento del matrimonio, por la falta de fe”.

El P. Ángel Pérez, doctor en filosofía, licenciado en teología moral y profesor de los Seminarios de la Arquidiócesis, señala los tres tipos de relación de pareja que encontramos en nuestras parroquias: primero, la situación ideal para dos bautizados es el matrimonio por la Iglesia. Ellos pueden “recibir la gracia sacramental para así, al colaborar con dicha gracia, desempeñar la vocación del matrimonio de manera que se alcance la santidad”. Luego existen los matrimonios solo por lo civil, seguidos de las parejas que cohabitan. Para el P. Ángel el matrimonio meramente civil entre bautizados es insuficiente. No obstante, dice, “puede encontrarse allí un cierto compromiso a los ojos de la sociedad civil que hasta un punto, brinda alguna protección a los hijos y a la mujer”.  En cambio, en la unión libre, falta dicho compromiso oficial. Se agrava, por tanto, “la injusticia para con los niños que nacen sin ningún tipo de protección y sin el contexto adecuado para su educación”, indica el sacerdote.

La enseñanza moral de la Iglesia ubica el ejercicio de la sexualidad en el matrimonio solo por lo civil y en la unión libre, como pecados graves “que caen bajo la misma especie”. En palabras simples, dice el experto en moral, cuando el hombre y la mujer no contrajeron matrimonio con anterioridad, el pecado en cuestión es la fornicación. “Éste atenta contra el significado de la sexualidad humana, tanto el procreativo como el unitivo. Además, tener hijos fuera del matrimonio es algo injusto para los niños”, afirma. En este contexto de pecado grave, podría decirse que en la unión libre esta injusticia adquiere incluso “mayor gravedad”.

Desde una perspectiva pastoral, el P. Ángel Pérez motiva a rescatar la autenticidad de la familia, su labor y su vocación, así como su testimonio como matrimonio. “Muchos jóvenes podrían ver a sus padres y preguntarse ‘¿por qué quiero casarme, acaso quiero acabar así como mis padres?’”. Más allá de señalar lo que está mal, agrega el sacerdote, es también importante esa reflexión interna de cómo las familias católicas viven para ser imagen de Cristo e iglesia doméstica. “Es labor del matrimonio enseñar a los hijos, sobre todo con el ejemplo, a ser buenos cristianos, encaminarlos para que sean ciudadanos del cielo, y si son llamados al matrimonio, a ser buenos esposos y esposas”.

Cualquiera que sea el problema, la Iglesia siempre desea recibir a sus hijos con la ternura de una madre. Viviana Martínez concluye con una invitación: “La preparación al matrimonio, a la vida conyugal y familiar, es de gran importancia para el bien de la Iglesia. La decisión es de tal importancia, que no se puede dejar a la improvisación”.

Si conoce a alguien interesado en recibir el sacramento del matrimonio en Denver invítelo a visitar www.diosentrenosotros.com  Si desea más información acerca del matrimonio y la familia, visite www.centrosanjuandiego.org/familia.

 

 

Próximamente: El sexo en la adolescencia. La familia sí hace la diferencia

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Por: Giuliana Caccia Arana

Pese a todo lo que podemos pensar sobre la conducta sexual de los jóvenes hoy, les tengo una noticia: Un reciente estudio realizado por los Centros de Control de Enfermedades, la CDC, de los Estados Unidos, que realizó entre los años 2011 y 2015, arroja unos resultados bien interesantes. Pero yo me voy a centrar principalmente en uno.

“El porcentaje de adolescentes norteamericanos que confiesa haber tenido relaciones sexuales ha continuado cayendo desde los años 80”.

Y voy a leer: “Según este estudio, si en 1988 el porcentaje de varones de 15 a 19 años, que se había iniciado en el sexo, ascendía al 60%, en el 2015 había descendido al 44 %. En cuanto a las muchachas que en el primer año mencionado, es decir en 1988, exhibían un 51%, en el segundo, es decir en el 2015, ya cifraban 7 puntos porcentuales menos”.

Pero lo más interesante que describe este estudio es una de las razones por las cuales ha decrecido este porcentaje. Inclusive los mismos investigadores se sorprendieron al descubrir que los valores morales tenían mucho que ver con el cambio de conducta.

Y dice así: “Al abordar los motivos de la decisión de no tener relaciones sexuales, el hallazgo es que los valores morales con todo y el omnipresente bombardeo de mensajes sobre sexo, continúan perfilando los puntos de vista de los más jóvenes respecto a la sexualidad”.

Así, la principal razón que daban las chicas por no haber tenido relaciones sexuales, fue que iba en contra de sus convicciones morales o religiosas. Y para los chicos la principal razón fue que no habían encontrado aún a la persona indicada.

Entre los resultados también se encontró un temor importante a contraer enfermedades de transmisión sexual, que bordea el 70%.

Pero hay un punto que a mí me llamó mucho la atención y fue que mucho de los chicos encuestados dijeron que para ellos era muy importante el rol que cumplía su familia. Sí, su familia.

Las chicas, sobre todo, manifestaron que aquellas que vivían con sus padres biológicos, manifestaron con mayor rotundidad que las otras que vivían solo con uno de los padres o con ninguno, que quedar embarazada les causaría mucha angustia.

Esto dice algo: ¿Cuál es el rol de los padres para poder educar a nuestros hijos de la mejor manera cuando hablamos de sexualidad? Nuestros hijos nos necesitan y nuestros hijos confían en nosotros y en esos valores que les vamos a transmitir.

Los padres de familia tienen que estar ahí para ayudar a los jóvenes en desarrollar su conducta ética y que sepan diferenciar lo que es el verdadero amor de una simple atracción, que sepan discriminar entre lo que es una relación buena y una tóxica, que sepan diferenciar entre lo que es una actitud ética y la que no lo es.

Nuestros hijos se ven sometidos a una presión social y cultural muy fuerte y debemos enseñarles a ir contracorriente.