“Hay que traer de regreso a las personas a Dios”

Entrevista con el arzobispo de Denver monseñor Samuel Aquila

Los desafíos de liderar una arquidiócesis son muchos y complejos. Pero para el arzobispo Samuel Aquila la solución comienza y termina con la oración y trayendo a las personas a una amistad con Cristo.

Han pasado cinco años desde la instalación de monseñor Samuel Aquila  como el octavo arzobispo de Denver. El 18 de julio de 2012  regresó a la arquidiócesis luego de haber servido por 10 años como obispo de Fargo en Dakota del Norte. Él fue ordenado sacerdote para esta arquidiócesis en 1976.

En entrevista con Denver Catholic, el arzobispo reflexiona sobre lo más destacado en este quinquenio, así como en las prioridades de la arquidiócesis en los años que vienen.

Se cumplen hoy cinco años como arzobispo de Denver ¿Cuáles han sido los momentos más destacados?

“Desde mi llegada de la diócesis de Fargo en 2012 ha habido muchos momentos inspiradores, y voy a mencionar aquí algunos: El primero que viene a mi mente es el apoyo y la calidez que experimenté de parte de la gente cuando el Santo Padre me llamó para ser pastor de esta arquidiócesis. Nunca imaginé regresar a la arquidiócesis donde fui ordenado y fue una gran bendición recibir este don del Señor. Otro momento importante ha sido el nombramiento de monseñor Jorge Rodríguez como nuestro obispo auxiliar el año pasado. Su corazón de pastor y su intelecto son dos grandes dones para nuestra arquidiócesis y de manera particular para la comunidad hispana.

La apertura de la causa de canonización de Julia Greeley también ha sido un momento importante, dado el hecho de que su causa es la primera en la historia de nuestra arquidiócesis y que ha sido tan bien recibida.

En el campo político, la derrota del proyecto de ley del senado 175 que hubiese consagrado el “derecho al aborto” en las leyes de nuestro estado, ha sido una gran victoria. Ha sido muy motivador ver el impacto que las personas de fe pueden tener en el proceso político y ver a la Iglesia públicamente firme dando testimonio de que toda vida es sagrada. Ha sido muy positivo ver a tantos católicos hablando en contra de la legalización del suicidio asistido. Aunque este fue aprobado, la Iglesia ha permanecido fiel a su empeño por defender la vida en cada una de sus etapas.

Y en el tema de la formación, la Arquidiócesis de Denver ha tenido unos logros significativos. En 2016 Centro San Juan Diego ha ayudado a 28 mil personas en formación catequética y de liderazgo. El Biblical School y el Catechetical School también han aumentado su alcance en diferentes parroquias, incrementando sus matrículas en un 50 por ciento.  En la primavera pasada hemos tenido un número record de estudiantes participando al retiro Mountain Madness y al congreso anual Steubenville of the Rockies, cuya asistencia estuvo también en el tope. También es importante mencionar que pronto se abrirá la academia católica Frassati en Thornton el próximo año académico y que hay un aumento en el interés por la educación clásica católica que se hace evidente en lugares como la escuela Our Lady of Lourdes.

Finalmente hemos sido bendecidos con la ordenación de 35 nuevos sacerdotes y 36 diáconos permanentes en los últimos cinco años”.

Al mirar al futuro de la Arquidiócesis de Denver ¿qué espera ver desarrollado especialmente en el campo de la evangelización?

“La Arquidiócesis de Denver ha estado experimentando una afluencia de personas desde hace algún tiempo debido al desplazamiento de población a las partes sur y oeste de nuestro país. Desafortunadamente, a pesar del crecimiento de la población, las estadísticas de los fieles que asisten a Misa se mantienen casi iguales. Somos afortunados de tener muchos apostolados y católicos comprometidos en nuestra arquidiócesis trabajando para revertir esta tendencia. Los últimos papas, comenzando por el beato Paulo VI, han llamado a una evangelización “nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión” (Evangelii Nuntiandi, 14). Espero que en los años que vienen veamos mayores y mejores esfuerzos para traer el Evangelio a personas de manera que se responda a la profunda soledad y aislamiento que muchos experimentan. Esto podría comenzar estableciendo auténticas amistades que puedan eventualmente conducirlos a la conversión. La pobreza espiritual de tantos en nuestra sociedad solo puede ser saciada si reestablecemos en ellos la amistad con Cristo”.

Usted lideró una delegación de 18 miembros a la Convocatoria de líderes católicos en Orlando a principios de este mes. Cuéntenos a cerca de esta experiencia.

“La convocatoria, denominada “La alegría del Evangelio” ha sido diseñada para permitir a la Iglesia de Estados Unidos discutir sobre cómo aplicar la exhortación apostólica del Papa Francisco Evangelii Gaudium. Fue una experiencia de unidad al tener a más de 150 obispos y 3.500 católicos de todos los lugares del país para celebrar y compartir la fe que nos une.  También fue muy edificante ver a tantas personas y apóstoles trabajando para responder a los desafíos que la Iglesia espera. Nuestra delegación fue capaz de tener una discusión muy fructífera en los desafíos que tenemos a nivel local y tengo un gran deseo de integrar muchas de las ideas que fueron mencionadas en nuestros planes arquidiocesanos”.

El próximo año serán los 25 años de la Jornada Mundial de la Juventud en Denver y de la visita de San Juan Pablo II ¿Por qué este evento es importante para la arquidiócesis así como el legado de Juan Pablo II?

“La visita de San Juan Pablo II a Denver fue un momento clave para la Iglesia en Estados Unidos y para nuestra arquidiócesis. Mientras que el Santo Padre ya venía hablando desde hace algún tiempo de “nueva evangelización” por mucho tiempo, no fue sino hasta la Jornada Mundial de la Juventud en 1993 que pudimos ver lo que significaba este impulso espiritual aquí en Denver. Después de la visita del Papa, la Iglesia pudo testimoniar “la ola Juan Pablo II”: Nuevas vocaciones sacerdotales y religiosas. Gente joven respondiendo al llamado de conformar santos matrimonios y el nacimiento de muchos apóstoles dedicados a la nueva evangelización.

A medida que nos vamos acercando al 25 aniversario de la Jornada Mundial de la Juventud, debemos recordar las cosas buenas que Dios ha hecho con nosotros, como dice el salmista y renovar nuestro compromiso de aquella petición que nos hace Jesús: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar»”.

Usted va a consagrar la arquidiócesis de Denver al Inmaculado Corazón de María el 13 de octubre. ¿Podría explicarnos más por qué alentar a todas las parroquias y feligreses a hacer parte de este acto de consagración?

“Cuando María se apareció a los tres pobres pastorcitos el 13 de julio de 1917 cerca del pueblo de Fátima, Portugal, ella les mostró su inmaculado corazón rodeado de espinas que parecían perforarlo. Ellos entendieron desde ese encuentro que su inmaculado corazón había sido “ofendido por los pecados de la humanidad que anhelaban ser reparados”. Vivimos en un mundo que ya no tiene en cuenta el impacto que el pecado le da a la relación personal con Dios. De hecho, como el papa Benedicto XVI dijo durante su visita a los Estados Unidos en 2008 el problema va aún más lejos. Dijo él que estamos viendo “una creciente separación entre la fe y la vida.  La gente vive como si Dios no existiera”.

Este año que se cumplen cien años de las apariciones de Fátima y su mensaje todavía cobra vida. María quiere asistirnos a través de su inmaculado corazón, en traer de regreso a Dios al mundo. Es por eso que estoy alentando a las personas a que se unan para en la consagración de la Arquidiócesis a su Inmaculado Corazón”.

Usted habla frecuentemente de la importancia de la orar y alentar a las vocaciones ¿Nos puede explicar por qué esto es una prioridad?

“Este tema lo traigo frecuentemente a colación porque la Iglesia está trabajando por crear una cultura vocacional y tenemos un largo camino que recorrer en ese sentido. En Denver estamos bendecidos con un gran número de hombres y mujeres jóvenes que están escuchando y respondiendo el llamado de Cristo al sacerdocio, a la vida religiosa y al matrimonio. Pero también tenemos que preguntarnos cuánta gente no está escuchando ni respondiendo a este llamado. Creo que el número creciente de personas que dicen no tener fe responde esta pregunta. Necesitamos trabajar para establecer una cultura en nuestras familias que ayude a los hombres y mujeres jóvenes a responder a su vocación. Un componente crucial que puede ayudar a esto es la continua oración por las vocaciones y por las familias y de manera particular poner la oración en el corazón de la vida familiar”.

Traducido del original en inglés por Carmen Elena Villa.

 

 

 

Próximamente: Monseñor Rodríguez habla sobre su primer año como obispo

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En entrevista con Denver Catholic en Español el obispo auxiliar de Denver monseñor Jorge Rodríguez habla sobre su primer año en el episcopado, sobre las nuevas tareas que ha debido asumir y sobre las reflexiones que le surgen en estos primeros doce meses.

 ¿Cuáles han sido los momentos más destacados en este primer año como obispo?

La ceremonia de ordenación el 4 de noviembre del año pasado, mi visita como obispo a mi diócesis de origen y la celebración con mi familia. También el encuentro con el Papa Francisco el pasado 14 de septiembre.

¿Cómo ha sido para usted esta experiencia de transición de ser párroco de Holy Cross a obispo auxiliar de Denver?

No fue fácil. Como sacerdote uno tiene necesidad de su familia parroquial. Tuve que dejarla y con ella dejar los planes y sueños en que veníamos trabajando. Como obispo el ritmo de trabajo es más intenso que el que tenía en la parroquia, pero muy diverso.

Recientemente fue también nombrado Vicario para el Clero ¿cómo es su experiencia de acompañar a los sacerdotes de la arquidiócesis?

Descubrí que la oficina del Vicario para el Clero incluye mucho trabajo de administración. Mi reto es no dejarme absorber por ella, sino estar disponible y en contacto frecuente con mis hermanos sacerdotes. Gracias a Dios, siempre he tenido mucho aprecio por mis hermanos sacerdotes y me da mucho gusto estar en su compañía. Mi nueva posición me da la oportunidad de transformar la amistad con ellos en servicio y apoyo. Ojalá que ellos también sientan que cuentan conmigo, más como hermano que como un burócrata encargado de supervisarlos. Los sacerdotes, junto con nuestro Arzobispo y nuestros hermanos diáconos, formamos una unidad. Quiera Dios que esta unidad que viene y fue querida por nuestro Señor Jesucristo, pase también por el corazón y la fraternidad.

¿Cómo ve la comunidad hispana en esta arquidiócesis? ¿Qué fortalezas y cuáles aspectos por mejorar?

La veo como un regalo providencial de Dios, como una infusión de vida, de fe, de tradiciones y de alegría en nuestra Iglesia Católica. Los católicos hispanos traen una fuerte devoción a la Eucaristía, a la Virgen María, al Santo Padre. Tienen mucho aprecio por sus sacerdotes y llenan de actividad las comunidades, por medio de los grupos de oración y los movimientos apostólicos.

Pero la comunidad hispana viene a insertarse en la Iglesia Católica que vive en los Estados Unidos y que tiene también su propia belleza y dones. Esto significa que hay que aprender a adaptarse a sus modos organizativos y a su empeño personal y económico con la parroquia. Al venir a los Estados Unidos, los hermanos hispanos se encuentran en un medio diverso, donde la mayoría pertenece a una grande variedad de iglesias protestantes. Por ello es importante que se eduquen en la fe, que conozcan su fe católica para que puedan responder a sus cuestiones y retos. Nuestra comunidad hispana tiene un corazón católico grande, pero necesita crecer en su conocimiento de la fe.

Las estadísticas dicen que solo el 3% de los seminaristas de Estados Unidos son hispanos ¿Cómo incentivar la pastoral vocacional en esta comunidad?

Nos conviene hacer un plan. El plan debe partir de las familias porque está comprobado que las vocaciones sacerdotales suelen venir de familias católicas sólidas y practicantes. Las vocaciones nacen más naturalmente de familias que rezan unidas, que asisten juntos a la Santa Misa los domingos; familias honestas donde se vive la fe y el amor.

Pero también hace falta una pastoral vocacional hecha de oración por las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada; de un programa de retiros, charlas y actividades en las que se presente a los jovencitos y chicas la belleza de consagrar la vida a Dios y al servicio de los hermanos; actividades de servicio a los más necesitados y a los que sufren, donde los jóvenes sientan la alegría del dar y que se ensanchen sus corazones para la donación total. El plan también debería incluir una participación más directa de los párrocos, que son los primeros en descubrir signos de vocación en los jóvenes.

En la vida de hoy se hace más difícil escuchar la llamada de Dios. El ruido del mundo impide que nuestros jóvenes oigan ese susurro en su corazón. Creo que parte del plan sería también encontrar medios para proteger a los jóvenes de la superficialidad y  el egoísmo del mundo, y abrirlos a la vida de oración, a la vida interior y a la apertura al llamado de Dios.

Los inmigrantes afrontan hoy muchos desafíos con el nuevo gobierno y el anuncio de la cancelación del DACA. ¿Qué mensaje podemos darles?

El mensaje de la esperanza. No está dicha la última palabra. Los gobiernos pasan, cambian, rechazan leyes, hacen leyes nuevas, las modifican. Dios es el Señor de la historia y del mundo. Su Palabra nos invita a poner toda la confianza en Él. ¿No nos dijo Jesús que valemos mucho más que los pajarillos y los lirios, que Dios cuida con tanto afecto y atención? ¿Y que no cae la hoja del árbol sin que Dios lo sepa? La vida sigue adelante y nunca hay que renunciar a los sueños. Siempre hay que ser un dreamer en la vida.

¿Qué frutos puede traer el V Encuentro a la pastoral hispana de Estados Unidos?

Creo que el V Encuentro tendrá un primer gran fruto en los que lo están caminando porque cada uno de ellos descubrirá al final del camino, que ahora posee un alma misionera, que está encendida por el amor de Dios. Estos líderes misioneros llevarán el fuego del V Encuentro a sus comunidades. Esto podría convertirse en un gran incendio del fuego del Espíritu, capaz de transformar la Iglesia Católica en los Estados Unidos, pasando de ser una Iglesia encerrada en sí misma a ser una Iglesia misionera.

Otro fruto creo que será darnos cuenta de la fuerza transformante que los jóvenes hispanos poseen en nuestra Iglesia. Ellos tomarán conciencia de su grande protagonismo, y los adultos nos daremos cuenta de la vida y futuro que los jóvenes representan para todos.

Usted estuvo recientemente en Roma en una reunión de nuevos obispos con el Santo Padre ¿Cómo fue esta experiencia? ¿Cuál fue el mensaje del Papa a quienes comienzan en el ministerio episcopal?

Siempre estar en la presencia del Santo Padre te da una emoción especial. Sabemos que es un hombre, pero al mismo tiempo como que nos hace sentir a Jesús, y nos hacer sentir Iglesia. Es un hombre sencillo en sí mismo, sin pretensiones y cercano. Cuando te saluda te mira a los ojos y hace ese momento fugaz muy personal. Cuando lo tuve enfrente aproveché para agradecerle su apoyo a los inmigrantes en los Estados Unidos.

Su mensaje a los nuevos Obispos fue de apertura al Espíritu Santo, que es quien guía a la Iglesia; apertura a nuevos modos, nuevas ideas, nuevas estrategias, evitando la rigidez y cerrazón en esquemas pasados que ya no corresponden a la realidad.