Ha sido un honor servir a la comunidad hispana en Colorado

Después de casi tres años de servicio como editora, Mayé Agama deja el periódico para dedicarse más directamente al servicio apostólico de su comunidad. Con profunda gratitud por el tiempo vivido, ella se despide y comparte su experiencia en este servicio.

¿Qué ha significado para ti ser editora de El Pueblo Católico?

Ha sido fascinante trabajar en El Pueblo Católico. En primer lugar debo decir que me encanta la misión del periodismo al servicio de la verdad, y qué mejor que servir a la Verdad misma, aquella que trae el Señor Jesús. Entonces he disfrutado mucho este servicio evangelizador.

Han sido años de cambios tanto para la Iglesia local como universal…

Efectivamente. El día en que yo empecé a trabajar como editora, fue el mismo día en que se hizo público el nombramiento del Arzobispo Samuel J. Aquila como Arzobispo de Denver. Fue muy bonito participar en los inicios de su ministerio en el norte de Colorado. Asimismo, llegó la nueva directora de Comunicaciones de la Oficina de la Arquidiócesis, con quien compartimos el ardor por la misión de evangelizar cada vez a más personas, y en mi caso, particularmente a los hispanos.

Y, como dices, a nivel de Iglesia universal también hubo grandes cambios. En primer lugar, la renuncia del querido Papa Benedicto XVI. La verdad para mí, así como para el equipo de El Pueblo Católico, fue un honor informar a la comunidad sobre un hecho histórico de tanta trascendencia. Recuerdo con especial cariño la edición en la que recogimos con admiración el legado del querido Papa Ratzinger.

Y poco tiempo después, Dios nos volvió a sorprender: El primer Papa latinoamericano fue elegido para guiar a la Iglesia en nuestro tiempo.  ¡Qué gran alegría poder realizar la tarea del periodismo informando sobre Francisco, quien llegó a la Iglesia con su sencillez y alegría particular, que prontamente conquistó al pueblo católico, y a muchas más personas de buena voluntad!

¿Qué es lo que más te ha conmovido en estos años de trabajo en Denver?

Al mes de empezar mi trabajo de editora, me tocó cubrir el tiroteo en Aurora. Son ya más de dos años desde que esa tragedia ocurrió y la verdad me conmovió muchísimo. Ver tanto dolor, tanta confusión, fue muy duro. Pero a la vez fue hermoso ver los gestos de solidaridad en medio de la tragedia.  También las inundaciones en Colorado, que afectaron a tantas personas, especialmente hispanas, fueron muy tristes. Pero como suele suceder, ante un mal o un grave sufrimiento, brilla la nobleza de los seres humanos. Y eso recuerdo con especial cariño.

Iniciaste tu servicio justo con la llegada del nuevo Arzobispo. ¿Cómo has visto la relación entre la comunidad y Monseñor Aquila?

¡Excelente! Ha sido muy bonito ver el encuentro entre el pastor y sus ovejas. Desde el inicio, Mons. Aquila mostró una real preocupación e interés en la comunidad, y parte de ese interés se vio reflejado en su esfuerzo por aprender a hablar español. Desde el primer día en el que vino a Denver para el anuncio de su nombramiento, él fue a Centro San Juan Diego para conocer de cerca el ministerio hispano. En las distintas misas y conferencias que tuvo con la comunidad, también siempre hizo el esfuerzo de dirigirse a los fieles en español, mostrando de esa manera su cariño y cercanía de pastor. Y estoy segura que la comunidad valora ese empeño.

¿Hay alguna historia en particular que recuerdes con cariño?

¡Uy! ¡Son muchísimas! Pero sólo voy a mencionar tres: El testimonio de Evelia Silva, una mujer valiente y llena de fe, que desde que nació fue pronosticada con una grave enfermedad que acabaría con su vida a los tres meses de edad; y sin embargo, con 42 años ella compartió con nosotros el milagro del amor de Dios, que aún la sostiene con vida. Recuerdo también las palabras de Alexandra Salazar, quien expresó su certeza en la vida eterna, luego de haber acompañado a su marido en una dura enfermedad que terminó con su vida en pocos años; la fe de Alexandra fortaleció mi propia fe. Y otra persona que recuerdo con cariño es al abogado que por amor a Dios se hizo amo de casa. Se trata del mexicano Carlos Escobedo Gaytan quien a pesar de vivir con una enfermedad terminal, alaba a Dios y comparte su amor con su familia y comunidad parroquial.

Ahora que dejas el periódico, ¿qué pasará con El Pueblo Católico?

La Oficina de Comunicaciones de la Arquidiócesis de Denver viene desde hace ya algún tiempo trabajando por nuevos cambios y nuevos horizontes de evangelización, utilizando nuevas herramientas de comunicación. De hecho el teleforum que se realizó el 21 de diciembre con el Arzobispo Aquila es una de ellas. Por ello, no me cabe la menor duda que el futuro del periódico se presenta prometedor. Si bien aún no contamos con el nuevo director de contenido, estoy segura que pronto llegará la persona adecuada que seguirá adelante con esta hermosa misión. Por mi parte, estaré rezando mucho para que todo salga adelante.

Próximamente: La ballena de la muerte

¡Regístrese en una suscripción digital a Denver Catholic En Español!

La semana pasada se dieron a conocer las infelices declaraciones del supuesto autor del juego “La Ballena Azul”. Philipp Budeikin, ruso, de 22 años, expulsado de la facultad de psicología y detenido desde noviembre pasado, dijo sin mostrar ningún tipo de remordimiento: “Sí, realmente lo hice, murieron felices. Les di lo que no tienen en la vida real: calidez, comprensión y comunicación”.

Y según sus declaraciones, Budeikin se cree con el criterio de dividir a los adolescentes en dos grupos: “personas” y “residuos biodegradables”.  De incitar a los jóvenes que pertenecen al segundo grupo (según su tétrica clasificación) a quitarse la vida. “Los residuales son aquellos que no tienen ningún valor para la sociedad, sino que, al contrario, le hacen daño a esta. Yo estaba limpiando la sociedad de esas personas residuales”, comentó a la prensa.

Cincuenta retos en cincuenta días que se aprovechan de jóvenes vulnerables, (¡cuántos de nosotros lo fuimos también!) que viven quizás en alguna situación de soledad o que pasan por un momento de tristeza o confusión y que, al no hallar un sentido en su vida real, buscan refugio en el mundo virtual. Es allí donde estas mentes tan moldeables se encuentran con un juego que los atrapa, con maestros anónimos por quienes se dejan “guiar” y hacia quienes sienten temor por las amenazas que reciben en contra de sus familias si no les hacen caso.

Uno de los retos es ver por un día entero películas de terror enviadas por su “maestro” para alterar sus emociones, hacerlos más vulnerables y predisponerlos para aceptar los retos más peligrosos: cortarse la piel hasta tatuarse una ballena, pararse frente a un piso alto y finalmente lanzarse desde un edificio para morir.

Al ver este fenómeno, que al parecer también ha cobrado víctimas en Colombia, me pregunto por la situación de estos jóvenes. Quizás muchos de ellos adolecían de esa “calidez, comprensión y comunicación”. Quizás sus padres estaban demasiado ocupados y pensaron que la mejor manera de entretenerlos era llenándolos de aparatos. A lo mejor no hubo tiempo para una adecuada supervisión sobre lo que veían en las redes. Ni para un diálogo abierto sobre los peligros de navegar solos en el ciberespacio sin ningún límite.

Es normal que los adolescentes se hagan preguntas sobre el sentido de su propia vida. Que experimenten una fuerte necesidad de ser queridos y orientados. En sus mentes van gestándose los sueños que serán decisivos para el desarrollo de su vida adulta.

Necesitan sentirse valiosos (¡y lo son!) y superar retos en los que descubran sus capacidades. Pero estas inquietudes deben plantearse en el mundo real y no a maestros anónimos. Es en el seno de una buena familia, de profesores comprometidos donde encontrarán la “calidez, comprensión y comunicación” pero no aquella inventada por Budeikin sino la que ofrecen de seres humanos que buscan orientarlos en un momento que es clave, hacia una vida llena de sentido. En la que entiendan están muy lejos de ser “residuos biodegradables”.